| Capítulo 7- Chronically Unemployed
- No Más! ¿Me oyes? No más! ¿Sabes
cuanto falta de la caja registradora esta semana?
El chico torció la boca en un gesto contrariado, fijando
sus ojos aquamarinos en su jefe, dándole su mejor mirada
de cachorro perdido. – Pero no fui yo, en serio......
- A mí no me vengas con eso! ¿Crees que te voy a
creer? Eres el más nuevo! Esto no pasaba antes. Eso me pasa
por contratar desconocidos.
- Pero es que.... de veras que no fui yo. Lo juro........ –
sus ojos se apartaron para observar a un chico rubio que sonreía
ligeramente, casi escondido entre los demás empleados que
observaban el espectáculo.
- No quiero oírlo! Te me vas a hora mismo! Ve por tus cosas!
- Bien, bien, ya me voy. No desespere.......... – suspiró
Yûhi, haciendo un gesto con la mano y adentrándose
en los vestidores para quitarse el uniforme. De veras que tenía
mala estrella, y para una vez que no cometía ningún
error, lo despedían por algo así. Lo peor es que sabía
quien había sido, pero acusar al hijo del jefe no le iba
a ganar muchos puntos. – No, es que el mundo no quiere que
trabaje. – sonrió, terminando de colocarse su propia
camiseta, y sonriendo para sí, mientras tomaba su cámara,
revisando en los archivos varias de las fotos que les había
tomado a los otros chicos en las escasas semanas en las que había
sido empleado del “Country Chicken Diner”
Su sonrisa se extendió más al ver la cara de contrariedad
del rubio en una de ellas, con una mano extendida hacia delante
como si fuera alguna celebridad huyendo de los paparazz y pegó
un salto cuando escuchó el grito de su ex -jefe afuera. –
Yûhi! ¿Qué tanto haces?! Si no sales, entro
a buscarte!
- No! Ya voy! No encontraba mis medias! – se excusó,
abriendo el casillero del rubio rápidamente, gracias a la
cantidad de veces que lo había visto marcar su número
de combinación. Después de todo, estaba acostumbrado
a notar esas cosas. Y sacó un fajo de billetes de los bolsillos
de su jeans. Si quería quejarse luego, tendría que
explicar por qué llevaba tanto dinero consigo. Cerró
el casillero, casi corriendo afuera, y por poco estrellándose
con su jefe que ya entraba a sacarlo.
- Una para recordarlo! – exclamó, tomándole
una fotografía y por supuesto, dejándolo casi ciego
con la luz del flash, antes de salir huyendo, escuchando los improperios
que le dirigía. Esa no iba a ser una foto muy bonita precisamente.
El chico dirigió sus pasos hacia su apartamento, preguntándose
cómo iba a explicarle a su compañero de piso, el que
lo hubiesen despedido de nuevo. Bueno, seguramente el comprarle
la cena, suavizaría el golpe. Y claro, eso saldría
de sus gastos de indemnización.
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