| Capítulo 2- It's a Beautiful
Day
El viento estremeció las copas de los árboles bañadas
en la luz anaranjada del atardecer, causando que una bandada de
aves se elevara en el cielo, describiendo una figura imprecisa y
siempre cambiante. El sonido de música entremezclado con
las risas de algunos niños, se coló por la ventana.
Y dentro de la biblioteca, el chico de negros cabellos, dejó
escapar un suspiro y se estiró contra la silla, haciendo
un globo con el chicle que llevaba horas masticando y ganándose
una ofendida mirada de la bibliotecaria, obligándolo penosamente
a botar el mismo enseguida.
Si ignoraba lo que acababa de pasar, era un día casi perfecto.
No, era un día perfecto, siempre lo era cuando pasaba la
mayor parte del mismo estudiando. Y eso que ni siquiera le agradaban
los niños. Mucho menos era dado a dar largos paseos observando
la naturaleza y reflexionando sobre su belleza. Y tampoco era que
le disgustase la carrera que había elegido estudiar, ni lo
que aquello conllevaría.
Pero así, como Nagisa no era muy dado a largas reflexiones,
tampoco era muy dado a pasarse el día tomando apuntes o haciendo
investigaciones. La gran desgracia era que precisamente por eso,
cada vez que tenía un examen, le tocaba una maratón
de estudios que pasado cierto número de horas, se le hacía
inaguantable. Y claro, prefería llevarla a cabo en la biblioteca,
porque si su hermano estaba en casa...........
Empujó libro a un lado, seguro de que lo molestaría
por eso, como lo molestaba acerca de todo y se puso de pie, decidido
a terminar con el tedio. Sabía que no era ningún estúpido
y lo cierto es que aunque le diera vergüenza admitirlo, como
si fuese algo malo, sí prestaba atención en clases.
En cuanto a su hermano............. su hermano ya encontraría
la manera de molestarlo, hiciera lo que hiciera.
Frunció el ceño, molesto, aunque sonriendo levemente
al final, y volviendo a ponerse serio súbitamente. –
Tonto – murmuró consternado, tomando la maltratada
cazadora y llevándola guindada de la mano, como si para eso
hubiese sido hecha, más que para ponérsela.
- Bueno, ya me voy - murmuró al aire más bien, ya
que no había nadie sentado cerca, y buscó en sus bolsillos
otro chicle para reemplazar el perdido tan trágicamente,
aunque decididamente estaba de mejor humor. Seguramente cuando saliera,
el día no sería perfecto, pero al menos, sería
mucho más divertido que pasarse el día encerrado en
la biblioteca, ocultando su rostro tras un libro e imaginando escenas
panorámicas del National Geographic.
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