| Capítulo 22
Serve The owner
Tsuru salió por fin, acomodándose el cabello húmedo
que aún caía pegoteado contra su mejilla- Sonrió,
como siempre subiéndose al coche en donde le esperaba Hajime.
– Discúlpame por demorar.
-¿Qué hacías? ¿Mandaste a fabricar
el agua?- ni siquiera lo miró, mientras encendía el
coche. Lo cierto es que sí estaba molesto por todo lo que
Junsuke había comentado al chico pero desde luego ese no
era el único motivo, abrió un poco la ventana sintiendo
el ambiente denso.
- No... me entretuve hablando, lo siento.... – se disculpó
de nuevo. A pesar de que suponía que para Seijuro aquello
era una victoria, no se sentía bien de que lo tratase así.
-¿Y qué fue lo que hablasteis? ¿Lo conocías?
Él parecía conocerte….
- No, es la primera vez que lo veo. – murmuró sin
alzar la mirada para no ser irrespetuoso. – Él no comprendía,
creyó que me tratabas mal. Así que le estaba explicando...
-Ya…- siguió conduciendo y pensando en lo que el chico
acababa de decir -¿Te gustó? Hacerlo con él.
- No fue malo... pero no es realmente mi estilo. – sonrió,
mirándolo ahora sí, aunque de soslayo. – ¿Disfrutaste?
-No, no sabes comportarte- apoyó la mano en el marco de
la ventana mirándolo un momento y subiéndose las gafas
un poco retomando el volante –Creí que eras mi esclavo…
y sin embargo lo que sucedió en esa habitación, preferiría
olvidarlo… lo mucho que me has faltado al respeto…
- Lo siento... – bajó la voz hasta casi un susurro,
dolido. – No quise faltarte el respeto, claro que soy tu esclavo.
Ese chico tiene razón....
-¿En qué?
- Dijo que lo había hecho muy mal, que soy un mal sumiso...
– sonrió a pesar de todo. – Tiene razón
porque estaba pensando en mí mismo, aunque no como crees....
-Puedes explicarte, de todos modos no te culpo, ningún sumiso
es malo, sólo sus amos son malos profesores… o bien…
no son sumisos, sólo tratan de serlo… y no todo el
mundo posee esa capacidad de sacrificio.
- Lo siento, seré mejor. Puedes pedirme lo que sea –
se inclinó sobre el asiento, lo viera o no. – Quiero
resarcirte.
-Pues entonces haz que comprenda tu comportamiento- lo miró
de soslayo y respiró con fuerza, apoyando la mano sobre su
cabello y sujetando el volante con la otra mientras lo acariciaba
-¿Por qué no lo hiciste por mí? Sabías
que ese era tu deber… es algo demasiado básico para
que lo desconocieses… ¿por qué lo mirabas a
él y jadeabas su nombre? Explícame eso…- apretó
el volante con la otra mano aunque la mano que acariciaba al chico
seguía suave.
- Porque deseaba que estuvieras celoso, deseaba algún indicio
de que.... me amas. Sé que hice mal – murmuró,
con los ojos aguados. – Es por lo que sucedió la otra
noche, creí que te perdía y... también sé
que no es mi lugar. Si no me amas, no puedo insistir.
-La otra noche…al igual que esta- lo miró de soslayo
–Estaba celoso, pero también molesto por tu comportamiento…
no me respetas lo suficiente, tal vez esté siendo demasiado
blando contigo Tsuru, pero eso tiene un fácil remedio.
- Haré lo que desees.... – le aseguró el chico,
notando que no le había dicho que lo amaba, pero era de esperar.
Al menos había admitido estar celoso.
-Desde luego que lo harás…- devolvió la mirada
a la carretera y aparcó el coche entregándole las
llaves al portero, no tenía ganas de molestarse él
mismo. Le abrió la puerta y le tendió su mano para
que la tomase, el chico tomándola para bajarse del auto sin
subir la mirada. Si lo que quería era más esfuerzo
de su parte, se iba a esforzar.
–Por el momento ni se te ocurra tocarte… estás
castigado… hasta que juzgue conveniente…
- No lo haré.... – asintió, pensando que iba
a ser difícil luego de no haberse corrido. – No volveré
a desobedecerte.
-Espero que esta vez sea cierto… ya que mientes tan bien…-
abrió la puerta para que entrase en el piso –Si te
hubieras comportado esta noche, te habría echo el amor…-
le pasó un dedo por los labios y se guardó las gafas
en el bolsillo del pantalón.
- Lo siento... – murmuró de nuevo, cerrando los ojos
ante aquella breve caricia y aguantándose los deseos de decir
que no mentía. – Hajime-san... ¿aún puedo
dormir contigo?
-Debes hacerlo… - le quitó el abrigo y deslizó
la mano por su cuello alzándole un poco la cara y quitándose
la cazadora con la otra mano, dejándola sobre un sofá
y sacándose el cinturón –Ponte de cuclillas
y pon las manos en mi abdomen…
- Como desees... – contestó el chico haciendo lo que
le ordenaba, la cabeza gacha aunque deseaba mirarlo.
-Tienes un cabello precioso Tsuru…- observó cómo
se movió cuando el chico bajaba la cabeza y le sujetó
las muñecas con el cinturón, asegurándose de
que no fuera a dañarlo o a marcarlo, trenzando el cuero en
sus brazos hasta recogerlo por completo –Ahora sirve a tu
amo…
- Sí... – sonrió un poco, comprendiendo lo
que deseaba que hiciera, y bajando la cremallera con los dientes,
lamiendo su sexo a través de la ropa interior, cerrando los
ojos.
El albino apoyó la mano sobre su cabello guiándolo
y deslizó el pie entre sus piernas, rozando su sexo y entre
sus nalgas con él –Quiero sentir tu sexo en mi pierna,
acércate más y no te arrodilles, sigue acuclillado…-
se bajó la ropa interior en realidad deseando sentirlo, el
chico acercándose, ahora lamiendo su sexo con más
intensidad, incluso con devoción, succionando y acariciándose
contra su sexo alternadamente.
-Muy bien, Tsuru…- sujetó su propio sexo y la mandíbula
del chico con una mano, empujándolo dentro de su boca y moviéndolo,
observando sus labios y apretando las mandíbulas –Tus
labios son míos, Tsuru, no vuelvas a besar a otro- le sujetó
la cabeza con ambas manos haciéndolo moverse contra su sexo
y enredando su cabello en los dedos.
Tsuru succionó con más fuerza, lamiendo hasta la
base de su sexo y dejando que lo moviese cómo deseaba. Al
final, Junsuke había tenido razón, claro, debió
saberlo. Abrió los ojos, observando su abdomen, sus manos
atadas acariciándolo, haciéndole saber que comprendía.
Lo levantó por las muñecas de forma algo brusca,
besándole los labios profundamente y dejando sus brazos apoyarse
en sus hombros, sujetando el cabello en su nuca y acariciando su
sexo sobre la ropa para castigarlo más –Ni se te ocurra
correrte- le advirtió.
- No.... – jadeó, excitado, pero soportando, besando
su pecho y su quijada cuidadosamente, estremeciéndose.
-No- repitió abriéndole el pantalón y acariciando
su propio sexo junto al del chico a la vez que su otra mano lo atraía
de nuevo a besarlo, Tsuru gimiendo entre sus labios, devolviendo
el beso, a pesar de aquella tortura dulce, sintiendo lo mucho que
lo amaba. En verdad haría cualquier cosa por él.
-Precioso… eres precioso, Tsuru…- deslizó la
lengua por su cuello a lo largo de su garganta, besándolo
de nuevo y dibujando sus mandíbulas delicadas con la punta
de la lengua de nuevo -Agáchate… despacio…- se
sujetó la camiseta con fuerza hasta partírsela y le
sujetó la cabeza pasándole la cara por su pecho para
que lo lamiese.
El chico lamiendo con avidez, sintiendo su sabor, bajando a lo
largo del mismo, sin dejar espacio no lamido.
Hajime jadeó entre dientes bajándolo por sus caderas
sin soltar sus muñecas con una mano –Mámamela-
lo empujó contra su sexo, sintiendo su mejilla fría
en comparación con él –Hasta el final.
- Sí, Hajime-san... – susurró, lamiendo su
sexo e introduciéndolo en su boca, apretando los puños,
por la sensación que le producía, succionando con
fuerza, por completo, y envolviéndolo con su lengua, sintiéndolo
crecer. Se estremeció, demasiado excitado, pero conteniéndose
igual.
-Oh…- frunció un poco el ceño humedeciéndose
los labios sin poder evitar pensar en penetrarlo, de nuevo, no podía
dejar de pensar en hacer el amor con él. Cerró los
ojos sujetándolo con fuerza contra su sexo, notando cómo
entraba por completo en su boca, sus labios suaves rozando sus testículos
mientras se corría a borbotones, jadeando con más
fuerza aunque trataba de contenerse más de lo que lo conseguía.
Tsuru apretó más los puños, al sentir el semen
llenar sus mejillas, tragando y saboreando todo lo que podía,
sin dejar de succionar para ayudarlo hasta lo último. Se
sentía completamente enfebrecido. Gimió, sin querer
contra el sexo del albino, cerrando los ojos, y lamiendo de nuevo.
-Ya…- Hajime se separó de sus labios, hablando en
un tono más suave por la excitación aún presente,
cerrándose el pantalón y notando las piernas un poco
menos firmes de lo normal. Apretó su sexo con un pie mientras
desataba sus brazos, observando que no hubiera marcas y acariciándolos
–Mírame a los ojos, Tsuru- le habló firme de
nuevo, observando su expresión.
Los ojos celestes del chico observándolo, lamiendo sus propios
labios, como para no dejar escapar nada. – Hajime-san.....
-Puedes levantarte- le ofreció las manos respirando con
fuerza -¿Te duelen las piernas?
- No, estoy bien. – se puso de pie, sintiendo que en realidad,
sí estaban algo débiles, pero no lo había notado.
– Muchas gracias por preocuparse.
El albino lo cogió en brazos –No es necesario que
de pronto me trates de usted… prefiero que sigas haciéndolo
como siempre, pero para los demás soy tu amo o Hajime-san…
no él…- le aclaró serio, aunque como siempre
que hacía esas cosas, sentía deseos de sonreír,
pero no quería hacerlo sentir mal. Sonrió levemente
sin poder evitarlo y lo recostó en su cama –Qué
expresión tienes….- tocó su sexo con una mano
acostándose a su lado tras desnudarse por completo también
–Qué pena que estés castigado Tsuru…
- Está bien, lo merezco. – le sonrió también
un poco, abrazándose a él. – Quiero complacerte,
Hajime-san. Te amo.
El albino lo miró, observándolo abrazado contra su
pecho –Mañana iremos al médico a que te borren
eso del cuello y después a firmar los papeles. Voy a comprarte,
ya no es posible que tengas otro amo.
- ¿De veras? – alzó la mirada sonriendo, dejando
que las lágrimas bajaran por sus mejillas y recordando bajarla
de nuevo enseguida. – Hajime-san... gracias...
-No llores, Tsuru… mírame, quiero verte sonreír…-
le alzó la cara con suavidad de nuevo, observando su rostro
y pensando que aún así se veía precioso, subiéndolo
sobre su cuerpo para verlo mejor.
El chico sonrió, casi riendo en realidad, y observándolo.
– Lo siento, son lágrimas de felicidad... – le
aclaró, pasándose una mano por el rostro, Hajime sujetándosela
y lamiendo las lágrimas de su mano, besándole las
mejillas con suavidad.
-Duerme ahora…- le apoyó la mano en la cabeza para
que se recostase en su pecho –Mañana tenemos que despertarnos
pronto…- suspiró acariciándole el cabello y
esperando no arrepentirse de aquello, concediéndole aquellas
caricias hasta que se durmiese.
- Como desees, Hajime-san- sonrió, abrazándose más
a él y cerrando los ojos. No podía creerlo, quería
contárselo a Seijuro. Y no podía evitar que algunas
lágrimas se escapasen aún.
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