| Capítulo 15
Glass jail
Tsuru entró en el piso, sonriendo, con dos bolsas en las
manos, y preguntándose si Hajime-san aún estaría
trabajando. No quería molestarlo, pero deseaba verlo. Dejó
las bolsas en su cuarto dirigiéndose a su lugar de trabajo
en la casa, y tocando la puerta. - ¿Hajime-san?
-Espera- El albino se levantó de la silla y abrió
la puerta observándolo. - Quítate el calzado antes
de entrar aquí… a veces se me caen algunas piedras…
y pasa…- se echó a un lado de nuevo en aquella sala
casi al completo negra salvo por las piezas de cristal y joyas a
medio hacer distribuidas por toda la sala.
- Sí – se quitó el calzado entrando con cuidado,
y observando aquellas piezas en las que estaba trabajando. –
Son muy hermosas.... – sonrió, acercándose y
abrazándose a él. - ...pero tú te ves mejor.
¿Estás cansado, te interrumpo?
-No… estaba pensando en dejarlo por un rato- lo alzó
un poco por la cintura para besarlo profundamente, entrecerrando
los ojos y notando cómo olía distinto a lo normal.
–Desnúdate…- se alejó un poco y cogió
unas llaves del bolsillo de sus pantalones.
- Como desees – sonrió, sacándose la camiseta
y luego bajándose el pantalón seductoramente, finalmente
la ropa interior.
-Precioso…- lo observó atentamente, deslizando una
mano por su pecho y acariciándolo con suavidad, cogiendo
un brazalete de oro y platino, subiéndolo por su muñeca
y cerrándolo en esta. Deslizó varias tiaras de diamantes
en uno de sus dedos y lo observó de nuevo, cogiendo otro
anillo esta vez para su sexo, lamiéndolo y haciendo pasar
la turquesa en la barra hacia dentro de su pene, ajustándolo
bajo el glande –Te ves aún mejor… te mostraré
lo que te prometí ayer…
- Está bien... – susurró algo excitado y a
la vez contento, observando sus movimientos sin poder evitarlo.
El albino lo llevó sujetó por la nuca con suavidad,
acariciándolo conforme lo llevaba con él hacia otra
puerta. La abrió, dando paso a una sala completamente de
cristal sobresaliendo en el vacío, como si se tratase de
un balcón extraño. Una caja de cristal, árboles,
columnas, incluso flores y en el medio, un lago artificial de cristal
y espejo, incluso las mariposas eran de cristal -¿Te gusta?
Al principio es difícil caminar por el cristal sin mirar
al vacío…
Tsuru agrandó los ojos, asintiendo, y avanzando un poco
a pesar de aquello, con cuidado, con miedo de que se fuera a romper
bajo sus pies, finalmente arrodillándose sin poder dejar
de mirar todo aquello, susurrando. – Es lo más hermoso
que he visto en mi vida..... Ni siquiera parece real.
Hajime permaneció en la entrada de aquella sala, observando
su piel pálida reflejándose en el cristal y los espejos
–Entra en el lago Tsuru… - dio unos pasos adentro, cerrando
la puerta a su espalda, apoyándose en el espejo que la adornaba
por dentro –y mójate…
- ¿Puedo?.... – lo miró por un momento, porque
no había estado seguro de que fuera real el lago, poniéndose
de pie, y entrando al lago, sintiendo el agua fría rodearlo,
tomó un poco con las manos, mojándose el rostro. Se
sentía extrañamente conmovido.
El hombre lo observó atento a cada uno de sus movimientos,
observando cómo el agua resbalaba por su piel y goteaba desde
su cabello –Nunca había entrado nadie aquí…
temía que pudiesen romper algo… pero tú pareces
formar parte de él…- sus ojos magenta siguieron observándolo
excitado y maravillado a la vez –Quiero que te acuestes en
el agua… y después arrodíllate de nuevo.
- No rompería nada, es demasiado hermoso. – sonrió
aunque tenía los ojos aguados y de no ser por el agua, probablemente
hubiera sido algo imposible de ocultar. Se acostó como le
pedía, su cabello flotando en la superficie de la misma.
Y se arrodilló luego, tal como le había pedido. –
Me siento honrado.
-Tócate para mí, pero hazlo siempre permaneciendo
hermoso, mírame a los ojos.
Tsuru asintió observándolo, sonriendo con dulzura,
y bajando una mano a su sexo, mientras la otra se acariciaba el
pecho delicadamente, excitándose más sin apartar la
mirada de aquellos ojos magenta.
-Separa más las piernas Tsuru… quiero ver tu reflejo…-
respiró con fuerza sujetando una barra de cristal sobre las
flores y extendiéndola hacia él –Toma…
úsalo… quiero ver como entra en ti, completamente…
El chico extendió la mano tomando la barra, observándola
y pasando la lengua por la misma, coqueteando un poco, antes de
bajarla entre sus piernas, abriéndolas más y moviéndose
un poco para permitirle ver mejor, introduciéndola lentamente
en su entrada, sintiendo el cristal frío contra su piel,
y en su interior, gimiendo y jadeando, el cabello mojado goteando
por su rostro, su otra mano aún sujetando su sexo, y masajeándolo.
El sexo del albino pulso con fuerza y apretó las mandíbulas
sin dejar de observarlo. Era realmente hermoso, no creía
haber visto jamás a nadie como él. Se acuclilló
apoyando una rodilla en el cristal y extendiendo una mano para que
la lamiese. Haciéndolo inclinarse un poco más, el
chico gimiendo de nuevo al hacerlo, lamiendo la mano del albino
con lentitud, repetidas veces, moviendo la barra de cristal en su
interior, más profunda ahora, aún sintiendo aquel
frío que le provocaba estremecimientos.
Hajime le alzó la cara con la mano, llevándolo hasta
sus labios y besándolo profundamente, sintiendo los gemidos
y jadeos contra sus labios, bajando la mano sobre la del chico y
tocando su sexo él mismo, sintiendo el anillo que lo rodeaba
–No podrás correrte hasta que te lo quite, así
que no te olvides de pedirme permiso…- movió un poco
el metal para hacer que la turquesa en su interior masajease la
uretra.
- Hajime-san.... – gimió el chico, enrojeciendo por
el placer, sintiendo su mano sobre su sexo erguido, la sensación
dentro de su cuerpo acrecentándose. – ....haré
cualquier cosa.... por ti...
-No sabes cuanto me agrada escuchar eso…- observó
sus ojos azules deseando creerse aquellas palabras, lamiéndole
los labios –Date la vuelta… y no dejes caer la barra…
vamos… sin levantarte…
- Síh.... – jadeó el chico girándose
con cuidado, apretando las nalgas al moverse y sintiendo un escalofrío.
Hajime le abrió más las piernas, apoyando la mano
sobre sus nalgas y haciéndolo bajar un poco más sobre
el agua, observando cómo su sexo rozaba el líquido
goteando después, el interior del chico revelándose
a través de la barra transparente, la movió él
mismo, empujando los bultos más gruesos dentro de él
con fuerza, moviéndola adentro y afuera, observando cómo
su ano se estrechaba y dilataba conforme lo penetraba -¿Ves
eso delante de ti Tsuru? Lámelo, hazlo como si fuera mi propio
sexo.
Los ojos celestes del chico se fijaron en la pequeña escultura
junto al lago, y se inclinó, pasando la lengua a lo largo
de la misma, entrando en cada curvatura, y subiendo de nuevo, gimiendo,
más excitado que nunca. No le importaba esperar para correrse,
estaba disfrutando aquello.
-Muy bien Tsuru… muy hermoso…- el albino respiró
algo más fuerte, su mano libre acariciándole la espalda
y el pecho, bajando por su abdomen y entre sus piernas, rozándole
los testículos y el sexo, masajeándolo con fuerza,
inclinándose para lamer y besar sus nalgas.
- Nn... Hajime-san.... – gimió el chico estremeciéndose
y sintiendo cómo pulsaba su sexo pidiéndole que lo
liberase. Lamió la escultura de nuevo tratando de aguantar
un poco, llevado por el orgullo de que lo felicitase.
Hajime empujó el cristal dentro de él, moviéndolo
en círculos y empujándolo de forma más profunda
–Aprieta más Tsuru, así…- le succionó
los testículos para premiarlo, tirando de ellos hacia atrás
y empapándose al seguir penetrándolo con la mano sobre
él, sintiendo cómo ráfagas de sangre recorrían
su sexo inflamado, sintiendo lo mucho que pulsaba, deseando el alivio
al fin –Arrodíllate… muy despacio y gírate
hacia mí… si no dejas salir el cristal ni siquiera
un poco de tu interior, te dejaré correrte en mi boca…
¿lo deseas lo suficiente para complacerme?
- Por supuesto! Lo deseo..... y deseo complacerte... – gimió,
estremeciéndose de nuevo y apretando las nalgas, cuidando
de girarse arrodillado, sin soltar la barra aunque estaba algo resbalosa
ya. Lo miró brevemente, acercándose un poco para lamer
el sexo del albino como dándole las gracias.
El albino lo observó y sujetó su cabeza un momento,
pegándolo a su sexo sobre la tela para probarlo, pero aún
así pese a que vigilaba el reflejo del chico, el cristal
permaneció dentro de él. Lo dejó apartarse
de nuevo y le sujetó las mandíbulas, besándole
los labios profunda y apasionadamente, tocando su sexo una vez más
y notando cómo le temblaban las piernas, sonriendo con algo
de malicia, disfrutándolo plenamente mientras le quitaba
el anillo.
- Ah.... – Tsuru gimió con fuerza, aún aguantando
porque deseaba hacerlo en su boca como le había dicho, pero
se le hacía difícil, cada vez que lo tocaba, aquel
cristal aún dentro de sí, apretado contra su interior.
-Bien Tsuru… lo mereces…- besó sus pezones,
aún así tentándolo, lamiendo la línea
de su abdomen y recorriendo aquel sexo ardiente y palpitante, sujetándole
las nalgas con una mano y apretándoselas para asegurar el
cristal dentro de él, haciéndolo penetrar su boca
completamente, lamiéndolo dentro de ella y succionándolo
con fuerza.
- Hajime-san.... – gimió, cerrando los ojos y tocando
su cabello con cuidado, sintiendo cómo lo succionaba, estremeciéndose
y corriéndose casi al instante, con gemidos más fuertes.
El albino dejó que el semen colmase su boca, sintiendo los
movimientos de Tsuru al convulsionarse, detenidos por su mano, obligándolo
a sufrir toda la intensidad de aquel momento. Se irguió cuando
aún apenas se calmaba y lo acarició con una mano,
sujetándole la mandíbula con la otra, haciéndolo
entreabrir los labios y derramando su propio semen entre ellos –Bébelo…-
le acarició el cabello observando cómo el líquido
pasaba por su garganta, el chico bebiendo ávidamente, como
si fuese lo mejor que le hubiesen dado en la vida, incluso lamiendo
los labios de Hajime para evitar que se derramase una sola gota,
mirándolo a los ojos extasiado y apartando su mirada, recordando
que no debía mantenerla por mucho tiempo.
-¿Estás cansado, Tsuru?- dejó salir la barra
de cristal de su cuerpo, apoyándola sobre el cristal de espejo
del lago.
- Sí... pero más feliz que cansado – sonrió,
cerrando los ojos. – Quisiera quedarme en este lugar todo
el tiempo posible.
-Está bien… puedes hacerlo si lo deseas…- se
quitó la ropa y se sentó a su lado en el lago artificial,
cogiéndolo sobre sus piernas y sintiendo aquel cuerpo desnudo
sobre su sexo erguido como algo terriblemente tentador –Más
tarde hablaremos, puedes descansar ahora si lo deseas…- lo
acarició suavemente deslizando la mano por su pecho.
- Hajime-san.... ¿sabes que me he enamorado de ti? –susurró
sonriendo y suspirando luego.
El albino le sujetó la mandíbula besándolo
con suavidad y acariciando su rostro –Tsuru, espero llegar
a corresponderte… por el momento… ya eres indispensable
para mí.
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