| Capítulo 12
Amar no es estar enamorado
El moreno se quedó delante de la entrada del banco y se
pasó la mano por el pecho, respirando nervioso y besándole
la nariz a Tsuru –Bueno… voy a entrar…si me dejan…-
se rió suavemente, pensando que al menos ahora su ropa estaba
entera y era de marca, claro que se la había comprado Shihei…
aún así, llevaba un collar de esclavo en el cuello
–Voy…
- Buena suerte! – exclamó el chico sonriendo, y sintiéndose
casi tan nervioso como él. Realmente deseaba que no saliese
lastimado. Lo saludó con la mano, observando cómo
lo revisaban antes de dejarlo entrar.
-Si sigues así acabará gustándome…-
el moreno se rió observando cómo el guardia de seguridad
le pasaba las manos por los muslos. Notó que enrojecía
irguiéndose de nuevo y dejándolo pasar y se quedó
sentado en uno de los sofás de cuero de la sala de espera,
observando un cuadro enorme que colgaba en la pared de enfrente.
Lo encontraba horrendo, claro que él no era un crítico.
......
Shihei cerró la gaveta, guardando el bolígrafo y
entregando los papeles que acababa de firmar al chico que esperaba,
mirándolo a los ojos. - ¿Algo más?
- No.... bueno.... – el empleado carraspeó, desviando
un poco la mirada. – Hay alguien.... extraño en la
sala de espera.
- ¿Extraño? – Shihei alzó una ceja,
un tanto divertido en molestarlo, aunque no tenía idea de
a qué se refería.
- Pues es que tiene un collar de esos....
- Ah – la sonrisa del chico se ensanchó, inmediatamente
poniéndose de pie. Claro que podía ser otro pero no
lo creía. – Así que sabes para qué son
esos collares.... – casi le susurró, dejando al chico
rojo, y por poco riéndose en voz alta él mismo, antes
de dirigirse hacia allí.
Seijuro se levantó sin poder evitarlo, a pesar de haberse
mentalizado para esperarlo allí a ver si le hacía
caso o no –Shihei-sama…- se fue junto a él, sonriendo
levemente.
- Seijuro... ¿qué haces aquí? – le sonrió,
en realidad contento de verlo, pero seguro que a su padre le daba
un infarto. Le pasó la mano por la mejilla de todos modos,
mirándolo a los ojos. – No te pasó nada ¿verdad?
-No… sólo quería venir a verte… ¿he
hecho mal?- bajó la cara para acariciarse con su mano, besándole
los labios.
- No.... es agradable que quieras verme. – le tomó
la mano llevándolo consigo. - ¿Vienes a mi oficina?
-Vale…- sonrió mordiéndose un poco el labio
inferior y echándole una miradita de orgullo al guardia de
seguridad, despidiéndose de Tsuru con una mano para que no
lo esperase más -¿Es muy grande?
- Viniste acompañado.... – notó Shihei, llevándolo
consigo al ascensor. – Sí, es bastante grande. ¿Por
qué? ¿Deseabas verla? Podías habérmelo
dicho.
-Acaba de ocurrírseme… - se abrazó a él
en el ascensor, apoyando los labios en su cabello y cerrando los
ojos –Y sí… es mi mejor amigo… él
también tiene un amo… aunque aún no lo ha comprado…
- ¿Aún no? No debe ser tan irresistible como tú
entonces. – se rió, bromeando y esperando que abriese
el ascensor, llevándolo consigo, ignorando las miradas de
los que rondaban los pasillos, y entrando en su oficina. Estaba
decorada con colores más oscuros y no se parecía al
resto del edificio. Una gran ventana, ofreciendo la vista de la
ciudad.
-Qué grande…- se acercó a la ventana, observando
por ella. Nunca había visto una tan grande y tampoco desde
un piso tan alto, apoyó las puntas de los dedos en el cristal
y lo miró de soslayo –Sí es irresistible…
es sólo que su amo es muy frío… le ha dicho
algo… una condición para comprarlo…- sonrió
de nuevo y volvió a mirar hacia la calle. –Has ido
a la universidad ¿verdad?
- Claro, alguien como yo no podía escaparse de eso... –
se rió, abrazándolo por detrás. – Una
condición.... cada cual con sus juegos, ¿no? Pero
me pondré celoso de que lo llames irresistible.
Seijuro se volteó apoyando la espalda contra el cristal
y rodeándole el cuello con los brazos antes de besarlo profundamente,
jugando con sus labios después y sonriendo –Es sumiso…
no lo hemos hecho nunca… A pesar de dormir juntos casi cada
noche… mi amor por él es platónico…
- Pero aún así, hay amor... – continuó,
aunque no estaba celoso realmente, pasándole un dedo por
la mejilla.Se giró, sobresaltándose un poco al escuchar
cómo se abría la puerta de su oficina, sin que llamasen
siquiera, frunciendo el ceño, y observando al hombre de aspecto
respetable en el marco de la misma.
- Shihei, ¿qué significa esto?
-No sé de qué hablas.... Padre, este es Sei....
- No me interesa si es el rey de Persia, ¿qué hace
aquí? – el moreno lo miró claramente furioso,
incluso le palpitaba una vena en la sien.
- Me extrañaba y quiso visitarme. ¿No es tierno?
– sonrió el chico sin preocuparse para nada por la
expresión de su padre, el hombre frunciendo más el
ceño.
- Quiero verte en mi oficina, ahora.
- Estoy ocupado.....
- ¿Hasta cuando vas a seguir con estas cosas? Shihei, en
mi oficina, ahora. No olvides que aún soy tu padre. No puedes
faltarme al respeto así.
- No lo hago, lo que haga con mi vida privada no es asunto de nadie.
– contestó serio ahora, como retándolo.
- Esto no es privado, ya sé lo que sucedió en el
restaurante. ¿Qué crees que va a decir la gente si
traes a tu nuevo juguete aquí?
- No es un juguete! Y no tengo deseos de seguir con esto. Vas a
causar un escándalo. – le devolvió, pasándose
la mano por el cabello.
Seijuro suspiró levemente, observando a aquel hombre de
arriba abajo y sonriendo mientras se guardaba las manos en los bolsillos
–El señor no debería excitarse tanto…
es malo para el corazón y a esa edad…- se giró
de nuevo hacia la ventana, dándole la espalda y mirando abajo.
Con el orgullo que tenía, no le gustaba que lo llamasen juguete
así lo riñese después Shihei –Bueno a
esa edad debería haber aprendido ya la diferencia entre una
persona y un juguete…
- ¿Cómo?! – el hombre dio un paso adelante,
aunque claro, deteniéndose, Shihei riendo un poco sin poder
evitarlo.
- Tiene razón, ¿lo sabes? – se acercó
a su padre, tratando de guiarlo hacia fuera. – Eres tú
quien está llamando la atención sobre esto.
- Shihei, es un irrespeto. Me estoy cansando de tu actitud. –
lo reprendió, soltándose y suspirando. – Y encima
este...
- NO... digas nada malo sobre Seijuro. No es tan distinto de mí,
¿no es así.... – lo interrumpió, mirando
de soslayo al moreno. - ¿Qué vas a hacer? ¿Despedirme,
desheredarme? ¿No te sentirías culpable?
- De veras, no sé por qué dices esas cosas siempre.
Eres imposible. Y mejor no me tientes. – alzó un dedo
como en una amenaza sin mucho efecto. Saca a ese chico de aquí
ahora, y ven a mi oficina.
- Iré luego, y por ahora, Seijuro se queda. – le respondió
serio. – Y eso es todo lo que tengo que decir ahora. –
observó cómo su padre miraba a Seijuro de nuevo, negando
con la cabeza en su desaprobación y alejándose, seguramente
porque sabía que su hijo era capaz de formar un escándalo.
Shihei cerró la puerta, trancándola, y suspirando,
sonriendo luego. – No le hagas caso, es un amargado.
-Yo sólo te hago caso a ti, amo y de todos modos- se acercó
a él despacio, suspirando suavemente –Me hace feliz
que me defiendas… sea por el motivo que sea… además…
es excitante ver cómo te impones a él… - se
rió arrodillándose a sus pies y tirando de su pantalón
para bajárselo, lamiendo su sexo y observándolo con
las manos sujetas a la tela negra.
Shihei sonrió, pasándole la mano por el cabello,
excitándose. – Eres increíble, Seijuro. –
le sujetó el cabello con fuerza, retirándolo en lo
que para otros podría verse como un gesto de crueldad, pero
era todo lo contrario. - ¿De veras me extrañabas tanto?
-Sí…amo - alzó un poco la cara, lamiendo la
piel del brazo que sujetaba su cabello, cerrando los ojos y deslizando
las manos por el sexo y los testículos de Shihei.
El chico gimiendo con suavidad, sujetando su sexo y colocándolo
contra sus labios, empujando de manera violenta.
El moreno cerró los ojos mientras succionaba su sexo con
fuerza, como si no existiese nada más en el mundo, arrastrando
la lengua excitado, sintiendo la piel suave y las venas abultadas
bajo ella. Abrió las piernas sujetando su propio sexo con
la mano, apretándolo con fuerza.
- No tienes que hacer eso.... – jadeó el chico, apartando
su boca de su sexo a pesar de que el chico succionaba de aquella
manera. Estaba demasiado excitado, jamás había hecho
algo así en su oficina. – No trajiste tu regalo, ¿verdad?
Tendremos que improvisar.... ¿quieres? – se agachó
frente a él, mirándolo a los ojos y pasando la mano
delicadamente por su sexo marcando las partes que la mano del chico
no cubrían aún.
-Shihei-sama….- el moreno tembló suavemente abriéndose
el pantalón y ofreciéndole que hiciera lo que desease
con él –¿Debería llevarlo todos los días?-
observó preguntándose qué iba a hacer, deslizando
las manos a su pecho para poder tocarlo.
- No lo sé..... estaba pensando que eso... me demostraría
cuanto aprecias tu regalo... – sonrió, besándolo
y alzando la mano para buscar en su escritorio, estirando un elástico
de sujetar papeles delante del chico, y luego estirándolo
contra su piel, golpeándolo ligeramente. - ¿Deseas
que te la ponga? Dímelo.... me gusta escucharte.
-Sí, por favor…- se estremeció por el trallazo
y apoyó las manos en el suelo tras su propio cuerpo, alzando
un poco las caderas hacia, él, jadeando excitado –Pensé
que no debía ponérmelo si no me lo ordenabas, lo haré…-
sonrió levemente, lamiéndose los labios.
- Y yo creí que no eras sumiso. – bromeó, dándole
otro trallazo esta vez contra su sexo, sonriendo ante su reacción
y colocándola como mejor podía alrededor de sus testículos.
No era ideal pero serviría. Se acercó besándolo,
y acariciando sus testículos ahora apretados, y su sexo,
de manera suave, cariñosa. – Me dices si no aguantas.
-Aguanto…- casi jadeó temblando a sus caricias junto
con aquel dolor tan agradable. Lamiéndole los labios y rozándose
contra sus colmillos –No soy sumiso… soy… perfecto…
no es lo mismo…- se subió un poco sobre uno de sus
muslos aplastándose los testículos contra él
–Ah!- casi gritó, apretándole suavemente los
hombros al tiempo que sujetaba su sexo con la mano, acariciándolo
con suavidad.
- Ah.... perfecto.... – sonrió jadeando, más
excitado aún por su voz, y por lo que hacía., subiendo
el muslo y ayudándolo, aplastándolos más, y
moviendo la pierna para rozarlos. – De veras creo que eres
increíble.
-Amo…ahn! Shihei-sama! - le besó los labios, lamiéndole
el cuello y pasando la mano por su sexo cada vez más fuerte.
Sonriendo con las mejillas enrojecidas y sudando por el dolor, empujándole
los hombros para acostarlo y sacándole la corbata, colgándosela
del cuello y haciendo un nudo corredizo, le pasó un extremo
y lo besó antes de bajar poco a poco, lamiendo su cuerpo
y subiéndole la camisa –Shihei-sama… ¿sabes
qué hacer con eso? Me encanta…- alzó la mirada
para observarlo un momento mientras lamía su sexo.
- Lo sé... –sonrió, halándola y apretando
un poco el nudo, respirando agitado, abriendo las piernas para que
se rozase con su sexo, susurrando. – Cuando estés a
punto de correrte....
Seijuro lo observó a los ojos, lamiendo su sexo y succionándolo
completamente sumergido en ello, sintiendo la presión en
su cuello e incluso algunas venas marcándose en los músculos
de este. Deslizó los dedos dentro del cuerpo de Shihei, moviéndolos
con fuerza y cerrando los ojos mientras lo lamía incluyendo
sus testículos -¿Dentro? Amo…
- Dentro.... sabes que me gusta, aunque tal vez.... – sonrió,
asintiendo de todas maneras, bajando su otra mano para acariciar
su sexo, apretándolo un poco, halándolo hacia sí.
-¿Quéh?...nh…- lo besó de nuevo, a
pesar de su mano rozándose por completo contra su cuerpo
–Si no me ordenas tendré que hacer lo que yo desee…-
se rió entre jadeos.
Shihei riéndose también y mirándolo a los
ojos. – Adentro, Seijuro. – se relamió los labios,
besándolo luego, y apretándolo contra sí, halando
el elástico alrededor de sus testículos antes de soltarlo
nuevamente.
-Agh! Shihei….- sintió que le bajaba una lágrima
por la mejilla y deslizó su sexo dentro del chico bajo él.
Jamás había sentido tanto placer con nadie, el dolor
que le hacía sentir, aquellas torturas, eran exquisitas,
crueles, pero a la vez sentía sus manos y su voz suave. Se
empujó dentro de él aún más profundamente,
sintiendo que se fundía con él –Te amo…
- Y yo a ti, Seijuro.... – susurró el chico, besándolo
suavemente de nuevo y abrazándolo con sus piernas, para apretarlo
más contra sí, halando de la corbata en su cuello,
un poco más.
Las manos del moreno moviéndose entre ambos, aplastadas
entre sus cuerpos y luchando por tocar aquel sexo de cualquier modo.
Lo miró a los ojos, apretando las mandíbulas, sintiéndose
ahogado y jadeando con fuerza, la saliva resbalando por su labio
inferior mientras se movía sobre él salvajemente,
a todo lo que daba su cuerpo, su sexo agitándose un poco
antes de deshacerse en su interior.
Shihei apretando con fuerza el nudo en su garganta, observándolo
jadear por aire, mientras se movía, y sintiendo cómo
lo llenaba, sin apartar la mirada ni un segundo, gimiendo, su propio
sexo pulsando tanto por el roce y la mano del chico como por aquella
visión. Se corrió, apretando un poco más inconscientemente.
Seijuro apoyó la frente en su pecho, exprimiendo hasta la
última gota de semen de su pálido sexo, llevándose
la mano empapada por fin al cuello, aflojando la tela de seda roja
que lo asfixiaba y jadeando con fuerza sobre él, tratando
de recuperar el aire, la piel amoratada en aquella zona. Se rió
y observó sus ojos verdes, pero el chico lo observaba serio,
aún agitado. Le pasó la mano por la mejilla, apartando
el cabello y acercándolo delicadamente para que lo besase.
El moreno cerró los ojos, besándolo suavemente también
aunque no podía dejar de sonreír -Amo…- susurró
contra sus labios, acariciando su rostro contra el suyo y deslizando
la mano por su pecho mojado, rodeando uno de sus pezones con la
punta del dedo –Te quiero…
- Y yo a ti, Seijuro.... tengo mucha suerte, ¿no? –
le sonrió por fin, acariciando su espalda y bajando la mano
para liberar sus testículos. – Me alegra que hayas
venido a verme.
-Ah…- apretó un poco los labios contra su mejilla
caliente –Dios… me duelen…- se rió con
suavidad, tocándoselos con una mano y cerrando los ojos mientras
lo abrazaba contra él –Yo soy el que tiene suerte…
- Pero esa es la idea... – lo acarició de nuevo, refiriéndose
al dolor y cerrando los ojos. – Pues somos muy afortunados
ambos. Seijuro.... te considero como alguien importante, quiero
que sepas eso.
-Claro… dices que me amas ¿no? Se supone que sólo
ames a alguien importante para ti…- se quedó serio,
observándolo –Es igual… ¿quieres que me
vista ya?
- Sí.... vamos, te invito a comer, no iba a hacerlo solo.
– abrió los ojos de nuevo, tocándole la mejilla
y sonriendo.
-Vale…- sonrió levemente, vistiéndose y mirándose
la marca morada en el cuello delante de un espejo, casi se la tapaba
al completo el collar de cuero –Shihei-san…- lo miró
por el reflejo poniéndose el jersey -¿Me amas o estás
enamorado?
- ¿Hum? – lo miró, sorprendido metiendo la
camisa por dentro de los pantalones. - ¿Hay alguna diferencia?
No quiero estar sin ti, me gusta todo lo que haces y..... cómo
lo haces.
El moreno se cubrió el cuello con la bufanda y se volteó
para observar sus ojos, jugando con la lana y tapándose un
poco los labios, mordiéndola –Cuando te enamoras…
puede desaparecer rápido… un flechazo… y cuando
amas a alguien… sabes que no cambiará y que nadie podría
sustituirlo… sabes que si pierdes a esa persona… es
como si algo dentro de ti muriese…
- Bueno, no sé si estoy en ese punto aún. –
lo miró, sincero, acercándose. – Pero no creo
que nadie pudiera reemplazarte, eres único. Y si bien fue
un capricho el buscar un esclavo.... tú no lo eres. O no
te hubiera comprado.
-Ya lo sabía…- lo miró a los ojos fijamente,
alzando un poco más la cara –Haré que te sientas
así… creerás que es mejor estar muerto que estar
sin mí…
- Hazlo, me gustaría sentirme así.... – lo
besó de nuevo, con suavidad, girándose para colocarse
la corbata que minutos antes había estado alrededor del cuello
de Seijuro, dejándola un poco suelta.
-No lo digas como si hubiera una fórmula matemática
para conseguirlo…- le besó la nuca mientras rodeaba
su cintura con los brazos, subiendo las manos para tocar sus pectorales
y oliendo su piel, el chico sujetando sus manos contra su pecho.
- Bien, entonces muéstrame cómo se hace, porque no
tengo idea. – sonrió, apretando sus manos un poco y
recostándose contra él. En realidad, estaba feliz,
todo aquello había resultado completamente inesperado.
-Ya lo estoy haciendo… desde el primer momento…- se
rió con suavidad y deslizó un dedo por su pecho apoyando
la mano sobre su corazón –Ya no podrás sacarme
de aquí…- lo observó en el reflejo y lo hizo
girar con él para salir de la oficina –Llévame
a comer a uno de esos sitios de comida italiana… nunca he
ido a uno…
- ¿De veras? Te llevaré a uno muy romántico,
entonces. Y pediremos de todo – se rió, caminando hacia
el ascensor, sin prestar atención a las miradas disimuladas
de los empleados.
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