| Capítulo 7
This very tight choker is around my neck, I want to take it off,
but metal accessories are in style.
Tsuru miraba por la ventana, observando cómo cambiaba el
paisaje de deprimente a absolutamente limpio y elegante. Sonrió,
sobresaltándose cuando el chofer le anunció que ya
llegaban y se bajó para abrirle la puerta, al chico que ahora
iba vestido mucho menos convencional. – Gracias. – le
guiñó un ojo, tomando sus dos maletas deportivas que
era todo lo que necesitaba para llevar sus pertenencias, el hombre
quitándoselas de la mano, y guiándolo pisos arriba.
No estaba acostumbrado a que lo tratasen así pero sin duda
podía acostumbrarse.
-Pase…- el hombre esperó a que el chico pasase a aquel
enorme piso. Los muebles se veían de diseño y todo
estaba plagado de figuras de cristal como si se tratase de estatuas
de hielo –Acompáñeme a su cuarto…- lo
guió hasta una habitación amplia con una cama baja
en el medio, todo siguiendo aquella línea. La lámpara
de cristales en el alto techo pendía provocando luces iridiscentes
-Puede esperar al señor aquí o en el salón…
en todo caso… me ha pedido que lo avise de que puede asearse
si lo desea…- abrió la puerta de aquel baño
contiguo al cuarto, perfectamente decorado y modernizado al más
mínimo detalle –Tiene ropa nueva en los cajones…
y… no es necesario que se ocupe de guardar la suya, lo harán
por usted… si no necesita nada más… me retiro…
- No, gracias.... – se inclinó el chico, sonriendo,
y pensando que era muy tieso ese tío, pero suponía
que era su trabajo. Observó cómo el hombre se retiraba,
cerrando la puerta tras de sí, sin siquiera hacer ruido,
y se dio la vuelta, pensando en asearse un poco. No se sentía
particularmente sucio pero a Hajime le gustaría aquello. Se
quedó alucinado observando el baño, dios, no se parecía
en nada al suyo. Más parecía una sala de lujo con
bañera. – Bueno.... – igual entró, abriendo
el grifo y lavándose el rostro, sacudiendo un poco el cabello
para secarlo.
El albino entró en el piso al poco tiempo, de nuevo vestido
de traje y con una maleta de seguridad en la mano.
-Tsuru-san ya ha llegado señor, está en su cuarto…-
el hombre que pasaba hacia la cocina, se paró esperando.
-Avísalo, después de eso, puedes retirarte…dile
que ahora iré…- lo miró un momento y se fue
hasta su cuarto de trabajo, el suelo estaba cubierto por una alfombra
negra y las mesas eran del mismo color. No entró, se quedó
afuera y abrió un armario, dejando allí el maletín
y cerrándolo de nuevo, la puerta del cuarto con una clave
de seguridad. Se fue hacia su propio cuarto para quitarse la chaqueta
del traje mientras tanto.
El chico escuchó los golpes en la puerta y se giró,
mirando, finalmente yendo a abrir, sin camiseta y observando al
hombre de nuevo. – Hajime- san ha llegado. Vendrá en
un momento. – le anunció, esperando, el chico sonriendo.
- Gracias, lo estaré esperando. – lo observó
marcharse de nuevo, sin responder a su pregunta y cerró la
puerta, encogiéndose de hombros y colocándose la nueva
camiseta que había sacado de uno de los cajones. Le quedaba
perfecta, era como si lo hubiera medido.
Hajime se pasó las manos por la cara, echándose después
atrás el cabello y mirando su reflejo en el espejo. Se veía
bien pero lo cierto es que estaba agotado de aquella junta estúpida
y aburrida. Al menos había conseguido lo que quería,
era lo fundamental, lo otro perdía relevancia. Se caló
la camiseta negra y ajustada y subió unos pantalones negros
por sus piernas, otro habría considerado aquello incómodo
para estar en su casa.
Pero para empezar, el traje le resultaba incómodo, continuando,
no le agradaba, lo consideraba un mal menor y necesario y para rematar,
tampoco era adecuado ni justo para Tsuru mostrar desinterés
hacia su propio aspecto. Dejó las gafas a un lado y llamó
a la puerta de su cuarto, entrando al segundo sin más, mirándolo
de arriba abajo –Ya veo que no te has aburrido…Te sienta
muy bien...
- Hajime-san – le sonrió extremadamente contento de
verlo, acercándose. – No, acabo de llegar, apenas me
ha dado tiempo de cambiarme. Tienes muy buen gusto.
El albino sonrió de medio lado –Eso es un poco vanidoso
de tu parte… pero me agrada…- le apoyó la mano
en el cabello y lo aproximó a él deslizándola
por su nuca y sujetándolo con fuerza de pronto, besándolo
profundamente –Lo que no me agrada es que no me saludes como
se debe- lo miró a los ojos serio de nuevo y le pasó
una gargantilla de diamantes y platino por el cuello, cerrándosela
en la nuca –He firmado por un mes… pero no me parecía
adecuado ese collar… así sabrán que eres mío…
- lo cerró con un candado pequeño y se guardó
la llave en el bolsillo –Esto es más adecuado para
ti…
El chico se miró en el espejo, sujetando el collar con dos
dedos y examinándolo, girándose luego y abrazándolo.
– Gracias, me encanta. Y perdóname... – alzó
la mirada para ver sus ojos. - .... no quería hacer algo
indebido.
-Es mi deber enseñarte… - Hajime lo miró a
los ojos fijamente por largo rato, sin decir nada en absoluto -Debes
aprender a no mantenerle la mirada a tu amo…- le alzó
la cara, sujetándole la mandíbula con la mano y buscando
su mirada de nuevo.
- Lo lamento, es sólo que tienes unos ojos muy hermosos.
– le sonrió, permaneciendo así mientras le sujetaba
el rostro. – Estoy muy feliz. Y deseo hacerte feliz también.
El albino observó sus ojos azules y después sus labios
–Puedes mirarme a los ojos, quiero que lo hagas, pero no que
me mantengas la mirada si yo lo hago, ven, quiero que veas lo que
hago… he tenido una junta hasta ahora y ha sido tediosa…-
salió delante de él, llevándolo hacia la sala.
- Permíteme relajarte, soy bueno dando masajes. –
le sugirió, dejándose llevar, y observando su espalda.
Se detuvo antes de entrar en la sala para mostrarle aquello y lo
miró a los ojos –Ven- lo sujetó del collar con
dos dedos, caminando de espaldas hacia su propio cuarto, completamente
sobrio y sin ningún adorno ni cristal. Las luces salían
de los bordes del techo casi por completo al descubierto, dejando
ver el cielo a través de un cristal al igual que una de las
paredes. Tenía razón, debía dejar de pensar
en el trabajo por un momento, se le hacía difícil,
casi imposible.
- Tu habitación es muy distinta al resto de la casa. –
murmuró el chico, observándolo todo. – Pero
es muy agradable.
-A veces necesitas dejar de ver aunque sólo sea por un momento
cosas artificialmente hermosas…- observó el collar
en su cuello y alzó la vista a sus ojos de nuevo, sujetando
la camiseta con las manos a la altura de su pecho y partiéndola.
Lo besó, atrayéndolo sin tocarlo, sujetando sólo
la tela que aún estaba en sus brazos y espalda.
Tsuru le devolvió el beso, alzando un poco los brazos para
tocar su rostro con delicadeza, el corazón latiendo con fuerza
en su pecho.
Hajime lo miró a los ojos, dejando de besarlo, observando
cómo lo tocaba, deslizó las manos por su espalda con
fuerza, pegándolo a su cuerpo –Creí que querrías
hablar y conocerme, pero ya veo lo que quieres…
- Sólo deseo agradarte, ¿no es eso lo que hace un
buen sumiso? – bajó el rostro, recostándose
en su pecho. - ¿No es eso lo que deseas?
-Ya sabes lo que deseo… si supiera cómo conseguirlo
no te necesitaría así- lo miró serio, apretándolo
contra él con un brazo y sacándose la camiseta después,
deslizando la mano por su cabello y enredando los dedos en él
–Lámelo todo .
Tsuru deslizó su lengua por la piel del albino, lamiendo
lenta y delicadamente, agachándose un poco para abarcar bien
toda el área, excitado, cerrando los ojos.
-¿Te agrada mi cuerpo? ¿Es lo que esperabas Tsuru?-
lo observó, excitándose con aquel rostro delicado
y dulce, respirando con algo más de fuerza, bajando su cabeza
con la mano y aproximándolo a su sexo, sobre el cuero.
- Aún mejor.... me fascina.... – contestó,
lamiendo por encima del cuero, sintiéndolo crecer, y sujetando
el pantalón, para abrirlo, esperando un segundo por si le
decía algo.
El albino apartó un poco el rostro de su sexo y se abrió
el pantalón para mostrárselo, sujetándolo con
la mano y rozándolo contra sus labios –Utiliza solo
los labios…
- Como desees... –susurró, lamiendo y succionando,
besándolo incluso. Estaba terriblemente excitado, en realidad,
deseaba tocarlo. Lo succionó con más fuerza, su mirada
subiendo un poco y deteniéndose para no irritarlo.
-Eres muy obediente Tsuru… sabía que eras perfecto
para mí- bajó una mano alzándole el rostro
para que lo mirase y observó sus labios húmedos, deslizó
los dedos contra su lengua, empujándolos y sacándolos
de nuevo –Muéstrame lo que desearías hacer…
El chico sujetó sus dedos, succionándolos una vez
más, y luego tomando su sexo acariciándolo, deslizando
sus manos hacia sus testículos, lamiendo, e incluso rozando
su mejilla contra el miembro erguido de Hajime.
Le pasó la mano por el cabello de nuevo y la otra por la
mejilla guiándolo y comenzando a mover las caderas, penetrando
su boca con fuerza y manteniéndolo pegado a él en
todo lo posible por unos segundos, dejándolo apartarse de
nuevo aunque sin soltarlo, sus dedos acariciándolo, aunque
sus manos lo sujetaban firmemente –Mírame.
Tsuru alzó la mirada, sin dejar de lamer aún así,
respirando con dificultad, más excitado al ver su rostro.
-Deberías poder tenerla entera dentro- el albino apretó
un poco la mandíbula y se separó de él para
sentarse en el borde de la cama –Ven hasta mí…pero
no te levantes, apoya las manos en el suelo y ven despacio- extendió
una mano hacia él –Esta mano no es para que la tomes,
es para que la lamas- le advirtió.
El chico sonrió, asintiendo, y gateando de aquella manera
hacia él, moviéndose sinuosamente, sentía su
sexo pulsando. Se acercó a él, deslizando su lengua
por la mano del albino, sin mirarlo, concentrándose en las
lamidas.
-Así… no te olvides al día siguiente de lo que
te enseño…- lo sujetó con la mano y extendió
la otra mano para sujetar la suya, alzándolo de rodillas
para besarlo profundamente, sujetándolo contra él
por la nuca y mordiéndole los labios con suavidad. Apretó
su mano antes de apoyársela en el hombro y sujetó
su sexo, dándole un toque en la pierna para que las separase
más –Cuando mi mano esté entre tus piernas tienes
que ofrecerte…- lo miró a los ojos, sus dedos aún
sujetándole la nuca.
- Hajime-san... – jadeó el chico con suavidad, abriendo
aún más las piernas y retirando la mirada, bajándola
por su pecho aún así, se sentía sumamente excitado.
-Quiero verte, quítate la ropa y ven a mis piernas- le besó
los labios de nuevo, succionando su labio inferior y mordiéndolo.
Se apartó hacia atrás un poco, soltándolo –Hazlo.
- Como desees... – le respondió el chico, claramente
estremeciéndose y terminando de sacarse los trozos de camiseta
que aún guindaban de su torso, abriéndose el pantalón
luego y bajándolo por sus caderas seductoramente.
-Eres precioso…- observó su sexo y sus piernas, cómo
aquellas manos delicadas bajaban la ropa lentamente hasta deshacerse
de ella por completo –Ven a mí… ya sabes cómo
tienes que hacerlo- apretó las mandíbulas de nuevo,
respirando fuertemente y deseando tocar cada rincón de aquella
piel, mientras Tsuru volvía a colocarse a gatas, acercándose
a él, todo su cuerpo en expectativa. También deseaba
que lo tocase.
-Te dije que debías sentarte en mis piernas- sonrió
levemente y le sujetó la cara alzándosela un poco
-¿No me prestas atención? ¿O es que estás
demasiado ansioso que ni siquiera piensas bien?
- Lo siento, es... la segunda – sonrió, apartando
la mirada de luego y subiendo para sentarse en sus piernas.
El albino le sujetó la cintura con una mano, sintiendo su
peso sobre él y el calor de su cuerpo desnudo. Observó
su sexo y lo rozó con dos dedos, alzando la vista a su rostro,
observando sus expresiones. Bajó las manos por su espalda,
sujetándole la cintura y apretándole las nalgas, pegándole
una nalgada, su piel restallando y enrojeciendo un poco bajo aquella
mano que apretó su carne de nuevo. Lo alzó un poco
y lamió sus pezones con fuerza, succionando su piel, los
dedos de su mano libre rozando su entrada y entrando en ella suave
y profundamente.
Tsuru gimiendo y abrazándose a él, acariciando su
cabello un poco, su cuerpo estremeciéndose, mientras apretaba
las nalgas para sentir mejor sus dedos.
Hajime lo penetró con ellos con más fuerza, tensando
los músculos y moviendo su cuerpo por completo, acariciando
dentro de él y penetrándolo de nuevo de aquel modo,
sujetó con la otra mano su sexo, apretándolo con fuerza
–Muévete en mi mano.
- Sí... – jadeó, apretando los dientes luego
mientras se movía, gimiendo sin poder controlarse, su sexo
pulsando en la mano del albino, el cabello cayendo sobre su frente
sudado.
-Así…muy bien…apriétame más, Tsuru…
¿Cómo se siente tu sexo? Mírame a los ojos
y dime cómo te sientes- empujó los dedos más
dentro de él dificultándole hablar. Todo aquello le
agradaba, probablemente no se enamoraría de él, pero
de lo que comenzaba a estar seguro era de que era como un vicio,
aquel cuerpo y su voz al gemir. Sus ojos azules observándolo
de aquel modo.
- Me siento.... ah... – gimió de nuevo, esta vez sin
dejar de mirarlo, tratando de controlarse. –Está pulsando.....
muy duro.... siento... como si me fuera a correr a cada...instante...
-Sabes que no puedes correrte sin mi permiso ¿verdad? Tienes
que preguntarme si te lo permito…- soltó su sexo y
se lamió las puntas de los dedos sin dejar de mirar sus ojos.
Tocó la punta de este, mojándola y acariciándola
-¿Qué te gustaría? Dime la verdad… ¿quieres
sentir mi boca?
- Sí, por favor... – le pidió, sonriendo un
poco, con el rostro arrebolado. Incluso en esa situación
no podía dejar de pensar que se veía increíble
tomando el control de aquella manera, con esa voz.
-Túmbate en mi cama- apartó las manos de su cuerpo
y esperó, observándolo –Colócate bien…
nunca hagas nada al descuido, pensaré que no te importa lo
que yo crea.
- Es... lo más importante del mundo.... – le aseguró,
colocándose con cuidado, las piernas separadas, respirando
agitado y observándolo, aunque no a los ojos.
El albino se giró hacia él, deslizando una mano por
su cuerpo, recorriéndolo por completo hasta llegar a sus
piernas, tocando su sexo de nuevo, acariciando sus testículos
y apretándolos con suavidad. Se arrodilló entre sus
piernas y se las sujetó, separándoselas, observando
cómo lucían los diamantes en su cuello. Tiró
de él alzándole las caderas con las manos y elevándolas
a la altura de su pecho para poder lamer sus testículos,
arrastrando la lengua por su sexo, estaba muy caliente, el propio,
palpitó con fuerza al recibirlo en su boca. Lo observó
serio, concentrado en cómo su pecho subía y bajaba
sus pezones endurecidos, su lengua se arrastraba por él en
cada succión.
- Hmn... Hajime-san... – gimió, llevándose
una mano a la cabeza, gimiendo aún más, su pecho moviéndose
descontrolado, el chico tratando de no correrse aún.
Lo apretó un poco entre los dientes, succionándolo
de nuevo, sujetándole las piernas y subiéndolas contra
su pecho mientras, al tiempo, lo dejaba caer de nuevo en la cama.
Besó su ano apretando los labios contra él y después
acarició sus testículos con ellos, mordiéndolos
con suavidad, arrastrando la lengua y sujetando después su
sexo con la mano otra vez, masajeándolo intensamente, observando
cómo su cuerpo se estremecía y el sudor resbalaba
por su cuello –Tócate los pezones quiero ver tu rostro
hasta el éxtasis… Mira mis ojos Tsuru, muéstrame
que aún puedes ser más hermoso.
Los ojos celestes del chico se encontraron los magenta de Hajime,
mientras sus manos se dirigían a sus ya de por sí
endurecidos pezones, acariciando y halando suavemente, describiendo
círculos, los gemidos escapando de sus labios sin ningún
control, su lengua humedeciéndolos.
El albino deslizó los dedos de la otra mano de nuevo dentro
de él, moviendo todo su cuerpo y alzándolo un poco
incluso, conforme lo penetraba con ellos, acariciando la glándula
en su interior, forzándolo a desear correrse y a aguantarse
como fuera.
- Hajime-san...! – el chico se estremeció, sintiendo
escalofríos recorrer su cuerpo, y preguntando con la voz
tan suave como podía. – Puedo... ¿Puedo correrme,
por favor?
-Aún no, antes debes ocuparte de mí- lo soltó
despacio, lamiendo los dedos que acababa de sacar de su interior
–Qué caliente…- no pudo evitar pensar en penetrarlo,
pero no, aún no se lo merecía, ni siquiera sabía
comportarse. En cualquier caso, eso le agradaba en él, sus
gestos cuando se equivocaba. Se abrió más el pantalón,
echando las caderas adelante, extendió la mano hacia él
esperando a que se acercase, deseando ver aquellos pasos adormecidos
por la excitación, el chico mirándolo y recordando
colocarse a gatas, jadeando a cada paso, y lamiendo su mano, y luego
su sexo.
Hajime lo sujetó contra su sexo, penetrando su boca y arrastrándose
contra su lengua, sintiendo cómo lo envolvía a cada
movimiento. Se echó un poco hacia delante, empujando los
dedos de su otra mano dentro de él –Separa las piernas…
- su voz sonó algo más suave por el placer y jadeó
apretando las mandíbulas después. Apretó sus
nalgas con la mano, deslizándola por su espalda mientras
se erguía.
Tsuru alzó las nalgas sin poder evitarlo, casi temblando
ya de la excitación, aún así, sin dejar de
succionarlo y lamerlo, abarcando tanto como podía su sexo,
recordando lo que le había dicho antes. Lo succionaba con
fuerza, como reflejando sus propios deseos.
El albino deslizó la mano por su cabello de nuevo, acariciándolo
con más frecuencia, manteniéndolo contra él,
su sexo pulsando contra aquella lengua caliente. Dejó escapar
un rugido entre los dientes apretados, el semen manando violentamente
de su sexo dentro de la boca del chico, se echó sobre él
un poco más, tomando el suyo sin soltar su cabeza aún
pegada a su sexo –Córrete
El chico se estremeció, aún lamiendo su semen y tragando,
su sexo pulsando con fuerza hasta correrse de manera urgente, haciéndolo
gemir descontroladamente de nuevo.
-Qué voz más dulce…- respiró con fuerza
aún, dejándolo apartarse –Has manchado mis sábanas…ya
sabes lo que debes hacer- se pasó la mano por el cabello,
apartándoselo hacia atrás de nuevo, sintiéndose
sudado.
Tsuru alzó la mirada por un momento, cansado, respirando
agitado aún, pero echándose hacia atrás para
lamer las sábanas, observando de reojo, preguntándose
si estaba haciendo bien.
Hajime deslizó la mano por su cabello, observándolo
y deslizando un dedo por el semen en su lengua, lamiéndolo
de su mano después –Estoy muy orgulloso de ti Tsuru…
¿Qué es lo que quieres? Te lo daré si es algo
lógico...
- Iba a pedirte una joya pero... – se tocó el collar
indicando que estaba más que contento con eso y negó
con la cabeza. – En estos momentos, tengo más de lo
que he tenido en mi vida. – se acarició contra él,
como si realmente se tratase de un gato. – Ya sé....
me gustaría que me abrazaras...
-Puedes abrazarme cuando lo desees… a no ser que esté
trabajando- lo miró preguntándose si se veía
tan frío que tenía que pedirle algo así, seguramente
sí. Lo cogió en brazos, sobre sus piernas, abrazándolo.
Era extraño abrazar a alguien, había dicho aquello,
pero hacía siglos que no abrazaba a nadie.
- Es distinto abrazar a ser abrazado. – sonrió, preguntándose
si no lo comprendía y cerrando los ojos contra su pecho.
– Se siente bien....
-Es cierto- lo observó, oliendo su cabello y rozando los
labios contra él –Como ves, tú también
tienes que enseñarme algunas cosas que tal vez haya olvidado…
- Este tipo de cosas nunca se olvidan, sólo pierdes la costumbre
– sonrió de nuevo, besándole el pecho.
-No quiero enamorarme sólo del sumiso, también de
la persona que lo encarna… ¿entiendes eso, Tsuru?-
le habló serio, aunque seguía abrazándolo y
acariciando su espalda, dispuesto a consentirlo hasta que él
desease apartarse –Tendrás que mostrarme eso también.
- Lo sé, estás con él ahora. Hajime-san...
soy sumiso, no es sólo un rol al que juego. Pero también
soy siempre yo. Y también deseo que me conozcas, así
como deseo conocerte. – su sonrisa se suavizó, sin
que el chico se apartase. – No fue sólo tu voz o tu
forma de tratarme, también fueron tus ojos los que me convencieron.
El albino permaneció en silencio durante largo rato, pensando
en lo que acababa de decirle aquel chico. No importaba cuánto
lo probase, siempre respondía lo correcto, incluso en ocasiones,
demasiado correcto, revelando que veía en él más
de lo que le quería mostrar. Era doloroso, sobre todo en
su orgullo, pero tal vez lo que necesitaba era sentir dolor primero…
alguien que no viera sólo al amo, también al hombre…
Lo demás vendría después, tal vez, y sólo
si tenía suerte… -He firmado un contrato con una importante
firma y debo hacer una corona de cristal y joyas… hasta que
acabe con eso no trabajaré fuera de casa… Tu tiempo
libre no se verá apenas reducido… no me gusta que me
distraigan cuando trabajo… De todos modos, será una
ocasión para conocernos mejor…- lo recostó en
la cama y se tumbó a su lado, apartándole el cabello
de la cara con suavidad, sin prisas, observando su rostro y su cuello
delicado. De nuevo había saltado a hablar de su trabajo aunque
sólo había querido decirle lo último.
- ¿Y no hay posibilidades de que me permitas verte trabajar?
Al menos por un momento.... estoy seguro de que todas tus joyas
son tan hermosas como esta – sonrió, tocándose
el collar.
-Si es lo que quieres…- suspiró con fuerza pensando
en que se arrepentiría tras la primera vez - No es divertido…es
un trabajo lento…- deslizó dos dedos por su hombro
y a lo largo de su brazo, sujetando su mano y llevándola
a su cara, besándosela –Ese amigo tuyo de la cafetería…
¿es tu mejor amigo?
- Sí, es él. – sonrió, recostándose
más. – Es muy importante para mí.
-Puedes invitarlo a verte, ahora esta es tu casa…- le rodeó
la cintura de nuevo y lo observó a los ojos –Si confías
en él… sabes que hay cosas muy valiosas aquí.
Si algo desaparece, tú serás el responsable y no quiero
tener que enfadarme contigo.
- No lo harás – respondió desviando la mirada,
lamentando un poco no poder seguir mirándose en aquellos
ojos magenta. – Seijuro jamás haría algo que
me pudiese perjudicar.
-Entonces no tienes por qué preocuparte- lo besó
profundamente de pronto, simplemente lo había deseado. Sujetó
su nuca con firmeza mientras lo hacía.
Tsuru le devolvió el beso, cerrando los ojos. Aún
era muy pronto, pero comenzaba a sentirse cada vez más cerca
de él, no podía evitarlo.
El albino observó su rostro y cómo sus labios quedaban
húmedos y entreabiertos unos segundos antes de sonreír
de nuevo cuando abrió los ojos. Era como una droga…
aquella sonrisa… era lo que le había hecho voltearse
al verlo pasar por primera vez –Aséate y vístete…
saldremos a cenar…
- Por supuesto – sonrió aún más, casi
saltando de la cama, e inclinándose en una reverencia profunda.
– Muchas gracias por todo, Hajime-san.
- Fue… un placer- lo miró salir y sonrió levemente
mientras iba hacia el baño él mismo.
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