.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Epilogo

Capítulo 3
“You May Be Through With the Past...”

Okuma alzó un poco la mano al ver que era su hijo quien entraba y luego frunció el ceño, bajándola de nuevo y apartando la mirada de unas chicas que lo habían saludado equivocadas. Dejó el periódico sobre la mesa del restaurante en el cual estaban esperándolos y se levantó.

– Tu padre parece nervioso. – le dijo Goro a Seki, sonriendo y metiéndose con el mayor mientras no lo escuchaba. – ¡Papá! – lo llamó como si no lo hubiese visto hace tan sólo dos días.

– Goro, estamos aquí –lo llamó su padre como si no los hubiesen visto ya, sonriendo. Siempre lo ponía feliz ver a los chicos, sin importar cuanto tiempo hubiese transcurrido.

Seki se abrazó a su padre besándole la mejilla. – No me gruñas que te extrañé.

– ¿Cómo te ha ido? – le acarició la nuca, apretándosela un poco y apartando una silla para que se sentase. No es que fuera muy dado a las galanterías, era para que estuviese a su lado.

Goro se sentó también tras abrazar a su padre y saltarle encima. –Le fue genial, claro. – pasó su brazo por encima del chico y sonrió, besándole la mejilla.

– Goro, tienes que sentarte en tu propia silla – le riñó su padre, sonriendo y abrazándolo de todas maneras, contradiciéndose.

– Me fue muy bien, mis diseños gustaron mucho. Y creo que me van a contratar permanentemente. – asintió Seki que los observaba sonriente también.

–Ya va, papá… pero quiere a tu niño…– dijo sobre sí mismo como si fuera pequeño. En realidad ya era tan alto como su padre lo cual le hacía sentir orgulloso.

– Va… Larga que le destrozas la espalda…– le dijo Okuma, pegándole un toque en el brazo y haciendo que Goro se riese.

– No voy a decir nada… Me voy a contener…– dijo el chico reído.

– ¿Permanentemente?– preguntó Okuma ahora que podía prestarle atención a su hijo. – Pero eso…

– No me voy a ir... Sería diseñar para la sucursal aquí en Japón y viajar para los desfiles como lo he estado haciendo... –le sonrió, comprendiendo lo que le preocupaba y poniéndose un poco más serio. – Yo no me quiero alejar de mi familia.

– Pero tu familia quiere que seas feliz, Seki. – Atsushi le aseguró aunque sabía lo que estaba sucediendo. No le parecía bien que el chico sintiese que estaba atado.

– Atsushi-san... que yo soy feliz con esto. No estoy renunciando a nada. – le sonrió por si se había explicado mal.

– Pero su padre no sería feliz con su hijo tan lejos…– comentó Okuma serio. Sincero pese a si era egoísta o no.

–Yo no puedo dejar el equipo de todos modos y Seki no se va a ir sin mí. – Goro miró al chico, sujetándole la mano bajo la mesa y sonriendo un poco rojo.

– ¿Qué van a tomar? – preguntó de pronto una voz femenina. La chica morena observando a Atsushi fijamente.

– Yo nada... estoy bien con el agua, gracias. – le sonrió el moreno previniendo lo que le ocasionaba el alcohol y de paso preguntándose si tenía algo extraño en el rostro, lo ponía nervioso mirándolo así.

– Atsushi-saaaaaan, es una celebración. – se rió Seki, como siempre, intentando contribuir a la felicidad de su padre. – Pero yo quiero un ponche de frutas.

– Atsushi-san… a usted deberían gustarle las celebraciones. – dijo la camarera sin dejar de observarlo.

Goro se rió, observando a la chica y preguntándose si es que le gustaba su padre o algo, pero Okuma tenía cara de querer eliminarla del planeta. – Yo quiero una cola…

– Bien. – dijo la chica, observándolo y sonriendo.

– Yo quiero una cerveza… – “Y que te pierdas” pensó Okuma.

– Y muchas gracias. –le sonrió Atsushi porque ya le veía la mirada a Okuma y no quería que se pusiese pesado con la chica. – Un momento... Mejor tráigame una cerveza a mí también. – cambió de opinión confiando en que una no le afectaría mucho.

– Cualquiera cree que las cervezas matan. – se rió Seki pegándose un poco a su padre. – “No te pongas celoso de una extraña...”

– “No estoy celoso, es sólo que es impertinente.”– protestó el moreno frunciendo el ceño.

– ¿Entonces un ponche de frutas, dos cervezas y leche?

– ¿Leche? No, cola… una cola… – le dijo Goro, pensando que la tía esa debía estar por lo menos en otro mundo.

– Claro… – sonrió, volteándose y caminando hacia la cocina, pero Atsushi se había quedado serio, siguiendo a aquella chica con la mirada, intentando recordar si la había visto antes.

No era posible, seguramente estaba siendo paranoico y tan sólo era una camarera distraída. Se giró sobresaltado al escuchar la voz de Seki.

– ¿Atsushi-san? ¿Está bien? – el chico lo miraba preocupado así como Okuma, sus ojos azules penetrantes.

– Sí... No es nada, tonterías mías. – sonrió el moreno, negando con la cabeza y mirando a Goro por si se había inquietado.

– Que tía más rara ¿no? – preguntó el chico, observando a Okuma levantarse sin dilación, detrás de la chica, entrando en la cocina y recibiendo el aviso de que no se podía pasar.

– Quiero la hoja de reclamaciones. – dijo el hombre

– ¿Ha sucedido algo, señor?– preguntó una mujer arreglada que parecía la jefa de cocina.

– Un problema con una camarera, ponía Mandy en su pecho…– le explicó.

– No… No hay ninguna camarera con ese nombre aquí… – la mujer lo observó, fijamente, saliendo con él al local. – ¿Cuál?

Okuma miró a las chicas, pero ni siquiera llevaban el mismo uniforme.

Seki se levantó, acercándose a su padre, asustado.– ¿Qué sucedió? –le preguntó, mirando inmediatamente a la mesa por si acaso.

Pero Atsushi continuaba sentado allí, observando a Goro, seguro de que no era nada. Todo había terminado tres años atrás, era su culpa por estar comportándose extraño.

– ¿Señor? – la mujer lo miró preocupada.

– No es ninguna de estas chicas… ¿Verdad, Seki?

– No... Y tenía otro uniforme, estoy seguro. – asintió ya que nunca podía evitar fijarse en cómo vestían los demás.

– Dios mío…– la mujer se quedó alucinada. – Debe ser esa loca…

– ¿Loca?– preguntó Seki.

– Sí, una chica, está mal de la cabeza y hace esa clase de cosas…– les explicó la mujer, Okuma subiéndose un poco las gafas.

– Si nos disculpan… De todos modos, nos vamos…

– No, pero señor...

Okuma sujetó la muñeca de su hijo y se lo llevó con él. –Atsushi, nos vamos de aquí, el servicio es penoso…– dijo por no asustarlo con sus propias paranoias.

– Okuma... ¿Qué sucede? –le preguntó el moreno, preocupado de nuevo, sin creerse esa excusa para nada.

– No pasa nada, es que la tía de la cocina se puso borde con mi padre. – intentó fingir Seki, sonriendo y abrazando a Goro. No sabía si tan sólo era cualquier loca que se creía camarera, pero de todos modos no quería que Goro pensase en eso siquiera.

– Oh… Pues vámonos…– Goro los miró, cogiendo a Seki por la cintura. –Aprovechemos para comer comida basura. – dijo reído sin comprender por qué se enfadaban tanto.

– Por un día… – les dio licencia Okuma que sólo quería volver a la normalidad de nuevo y no preocupar a Atsushi.

– Bien... Aunque mañana quiero que vayan a comer a la casa. – accedió Atsushi prefiriendo seguirles la corriente. No quería pasar por eso de nuevo. Seguro que no era nada.

– Bien... Pero llevaremos a Gorito y a Sekito. – le advirtió Seki, haciendo lo mismo y apretándose contra Goro.

– No. – se negó el doctor, poniendo cara de sufrimiento. – Se suben a los sofás y lo ensucian todo, además son enormes…

Goro se rió, señalando luego una hamburguesería. – Pero si los amaaaaas…

– Sí, los amaaaaaaaas... – Seki le hizo coro, halando a Goro con él para guindarse del brazo de su padre.

– Creo que no tenemos opción, Okuma...– sonrió Atsushi, distraído por aquello, pensando ya en cómo evitar que los lobos se metieran en las habitaciones o destrozaran la casa. Habría que quitar cualquier cosa rompible. Tan ensimismado iba que ni siquiera registró el suave pero familiar aroma que percibían sus sentidos.

Naoko se giró, separada de ellos tan sólo por unas cuantas personas. Una sonrisa extraña, casi infantil iluminó su rostro, sus ojos centrándose primero en la espalda del moreno, pasando luego a Goro, el cual seguía abrazado a Seki como si separarse fuera inconcebible. Y en un susurro apenas audible, los labios de la mujer se entreabrieron, dejando escapar las palabras. – “Te he encontrado, Cernunnos.”


FIN

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Y

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