Capítulo
62
The Future Starts Today
Atsushi se quedó sentado observando cómo el médico
examinaba la herida de Goro. Incluso le habían sacado una
radiografía por ver si tenía alguna otra factura interna
que no hubiesen detectado.
– Te quedas acostado un poco más, ya regreso. –
le aconsejó el doctor al chico, mirando al padre luego. –
Está muy bien, no parece que haya complicaciones por el momento.
Vengo enseguida. Y recuerde no apoyarse en ese pie.
Atsushi asintió, sonriendo un poco. – Gracias, doctor...
– esperó a que el hombre saliera para ir a sentarse
junto a Goro. – No te duele ¿verdad?
Goro negó con la cabeza, sonriendo un poco y pensando que
era un latazo estar allí encerrado cuando afuera hacía
buen día y Seki lo esperaba. –Me dolió eso…–
se tocó el esparadrapo donde le habían quitado sangre
y miró al techo. –Me quiero sentar.
– Que no... Te dijo el médico que no te sentaras aún,
te marearás. – le acarició el cabello sonriendo
ante su impaciencia. – ¿Cómo te sientes, aparte
de eso?
– Quiero salir con Seki y ver Tokio. Me dijo que me iba a
poner fashion. – se rió y miró a su padre, dejando
que lo acariciase pues sus manos siempre lo habían tranquilizado.
–Tengo miedo de dejar de gustarle ahora que ha vuelto y estará
lleno de tíos… más atractivos que yo.
– No va a suceder... Seki te quiere mucho y ha permanecido
a tu lado incluso con todo lo que ha sucedido... – le recordó
sin dejar de acariciarlo. Lo hacía feliz verlo así...
tan inocente y cariñoso como siempre. – No es un chico
superficial.
–Ya… pero yo no soy muy cool y su ex sí, que
lo vi en una foto del móvil… y luego se la eliminé.
– se rió, tratando de sentarse de nuevo pero recordando
que no podía y quedándose allí acostado e inquieto
un tiempo más. – ¿Vamos a vivir los cuatro juntos,
verdad?
– Su ex es su ex... Y tú eres muy... cool. –
carraspeó ya que no estaba acostumbrado a utilizar esas palabras,
poniéndose serio por un momento. – Y sí, vamos
a vivir los cuatro juntos. Tendrás que terminar la escuela
aquí...
–Has dicho cool…– le dijo muy serio, riéndose
luego y tapándose la cara con su mano. – Qué
rollo. Quiero irme ya.
Un hombre entró en la sala con una libreta en la mano. –
¿Le importaría acompañarme?– le preguntó
para que lo siguiese.
– Sí, claro... – asintió, poniéndose
de pie y dándole otra palmadita en la cabeza a Goro. –
Tú quédate quieto... – le sonrió para
tranquilizarlo aunque él estaba nervioso. Cerró la
puerta tras de sí al salir, mirando al médico serio.
– ¿Sucede algo?
– No, sólo voy a hacerle unas preguntas, ahora irá
un médico con su hijo, por favor, siéntese. –
le pidió señalando la silla con la mano.
– Oh... – Atsushi sonrió, aliviado de que no
fuera nada malo, sentándose. – Disculpe, estoy un poco
nervioso...
............
– Okuma–sensei... – Seki se abrazó al
cuello de su padre por detrás, ya que se hallaba sentado
en el sofá y no lo había escuchado aproximarse. –
¿Por qué no fuimos con ellos?
– Porque iba a ser demasiado tedioso. – el moreno
se levantó, sujetándole los brazos y levantándolo
con él. Dejándolo bajar luego porque lo asfixiaba.
Carraspeó, poniéndose las gafas. – Vamos a visitar
unos pisos mientras tanto.
– Vale... pero que tengan buena vista, sobre todo en el cuarto
de Goro, ¿sí? – se rió porque sabía
que frunciría el ceño. – Y es más tedioso
para ellos...
– No, nosotros sólo íbamos a estar ahí
sentados sin hacer nada y debía hacer esas llamadas. –
protestó frunciendo el ceño. – Quedarse esperando
en el banco te parecerá muy romántico pero es muy
inútil. Le harás más favor comprándole
ropa y encontrando un sitio para vivir… lejos de la histérica
de tu madre.
Seki se rió sujetándole la mano a su padre. –
Ya sé que la amas. – se rió, continuando luego
con sus pensamientos. – También voy a comprar tela...
Se supone que le estaba diseñando algo... Oye, papá...
¿te va bien con Atsushi-san o no?
– ¿Por qué preguntas eso?– le soltó
la mano y lo sujetó por los hombros, pensando en si creía
que era un chiquillo aún para ir así.
– Porque te conozco... por eso. Y porque Atsushi-san está
tenso, es obvio... – le contestó seguro de que los
dos seguían tan necios como en el pueblo. – Lo que
me pregunto es por qué me respondes con una pregunta...
– Porque no tengo que responderte de ningún modo en
concreto que no sea el que a mí me de la gana. ¿Pero
con quien crees que estás hablando? – le apretó
la nuca con la mano, frunciendo el ceño. – Nos va muy
bien, gracias por el interés doctor amor.
– No me gruñas, me preocupo por tu bienestar... –
sonrió sin arrepentirse de haber preguntado, si tan sólo
era por ver esa reacción.
–No seas toca pelotas y busca una tienda para comprarle ropa
a Goro, yo iré allí. – dijo llevándolo
con él de todos modos. – Como tenga que ver un sólo
día más a Atsushi con los pantalones por los tobillos…–
se rió malditamente de pronto, mordiendo el filtro del cigarro.
– Se te sale la cola papá... – se rió
el chico dejándose llevar, poniéndose serio por un
momento. – Todo... va a estar bien, ¿verdad?
– Sí, hijo. – le contestó, pasándole
la mano por el cabello y aproximándolo a él en un
desacostumbrado gesto cariñoso. – Aunque ellos digan
algo contra nosotros, no los creerán.
– No me refería a eso. Me refería a nosotros.
– lo miró de soslayo sin querer parecer débil
o algo así, pero lo cierto es que había tenido una
pesadilla la noche anterior. No era tan fácil olvidarlo todo.
– Estamos bien. Pronto las cosas volverán a la normalidad
y olvidaremos todo eso. – le dijo, mirando unos jeans y preguntándose
si sería eso cierto, apoyando la ropa sobre el mostrador
sin mirar siquiera al dependiente y buscando camisetas, decidiendo
ser un poco malvado. – Busca unas camisetas para Atsushi,
Seki…
– Tus deseos son órdenes... – sonrió
el chico iluminándose enseguida y pensando en el cuerpo del
moreno. – Lo voy a poner sexy para ti... – se detuvo,
mirándolo y sonriendo sinceramente de pronto. – Gracias...
– No digas bobadas. – Se apartó, incómodo
porque le dijera eso, cogiendo un jersey negro y apoyándolo
también en el mostrador. – Seki…– dijo
de pronto. –Recuerda que tenemos que comprar collares nuevos
para los pulgosos…
– Sí... pero no tiene pulgas... – se rió
porque había pensado en Atsushi y Goro sólo por aquella
vez en la que habían visto el collar. – No te preocupes...
– Le avisó, sacando una camiseta de tela suave, seguro
que le quedaría justa... pero eso le iba a agradar a su padre.
Con Goro podía ser más atrevido.
– No se viste muy bien… Hay que modernizarlo un poco.
– dijo de pronto Okuma que apreciaba el gusto de su hijo a
la hora de escoger ropa. Sobre todo porque sabía encontrar
algo adecuado para todo el mundo y no sólo porque a él
le agradase. Cogió unos jeans para sí mismo, ya que
en casa sólo tenía trajes, y resopló. –
Va a echar humo la tarjeta.
– Van a echar humo muchas cosas... – se rió
el chico, buscando otra camiseta para Atsushi. –Pero Goro
sí veía modas por lo menos sólo que allá
no las conseguía. Algo azul, algo azul... – murmuró
recordando que era su color favorito, aún así tomando
unos jeans negros con rotos y alfileres que seguramente le quedaban
muy bien al moreno.
– Vas a matar a su padre. – sonrió, viendo la
ropa que escogía el chico. –Puedes coger algo para
ti, si quieres.
– ¿De verdad? Gracias... – sonrió el
chico que definitivamente había dejado toda su mejor ropa
en aquel pueblo. Se suponía que se las devolvieran pero aún
así... nunca se desaprovechaba la oportunidad de comprar
algo nuevo.
Okuma alzó una ceja, notando cómo se había
iluminado su rostro y miró a otro lado. Claro que lo había
hecho sólo para eso. – Ahora vengo. – dijo notando
que llamaban por teléfono y atendiendo afuera la llamada
para que fuera a buscarlos al hospital. De paso advirtiéndole
de que había conseguido que lo readmitiesen en la clínica.
– Gracias. – murmuró como si se le atragantase.
Seki continuó eligiendo ropa, variando entre cosas para
él, para Goro y aún recogiendo camisetas para Atsushi
cada vez que encontraba una que pudiese verse bien. Mirando a su
padre de soslayo, preguntándose si estaba todo bien.
– A ver… Trae que pague eso, ya hay que ir a buscarlos.
– Le dijo el hombre. Ayudándolo y pensando que se llevaban
media tienda, frunciendo el ceño de nuevo pensando en lo
que se iban a gastar. Le iba a pedir a Atsushi pago en especies.
– Bien... pero no me gruñas... gruñón...
– sonrió, colocando todo aquello sobre el mostrador
y pensando que ya se alegraría cuando viera a su novio con
aquella ropa. – ¿Están bien?
– Pues eso no es algo que vayan a decirme por teléfono,
además, era tu madre y ya sabes lo que nos gusta hablar.
– le pasó la tarjeta al chico y cogió las dos
bolsas, cruzando la acera con su hijo para entrar por las puertas
de cristal del hospital. – Lo bueno es que ya tengo trabajo
otra vez y no nos ha dado tiempo a buscar un piso… Maldita
sea.
– Ya lo haremos, todos juntos... ¿no quieres? –
sonrió, saludando con una mano al ver a Atsushi y Goro esperándolos
allí, el moreno sujetando a su hijo por los hombros aún
preocupado de que se fuera a marear.
– No, no quiero. – contestó sincero el moreno,
pensando que lo iban a marear demasiado para algo tan sencillo como
decidirse por un piso normal y corriente. –Ve con ellos yo
voy a hablar con Yamada.
– Vale... necio. – sonrió corriendo hacia Goro
y besándole la mejilla. – Fuimos de compras para vosotros...
– Menos mal, gracias... ¿Okuma...? – preguntó
Atsushi confundido porque no hubiera ido con él.
– Fue a hablar de cosas aburridas, ya viene...
– Pues podía haber saludado antes al menos…–
se quejó Goro tras ver la cara de su padre. – ¿Qué
me compraste? – preguntó después, cotilleando
dentro de una bolsa. – ¿Ropa para verme cool?
…….
Okuma, mientras tanto, entró en la sala para hablar con
el doctor acerca del examen mental al que los habían sometido.
Se sentó en la silla frente a él, esperando a ver
que le tenía que decir, algo nervioso.
– Van a tener que seguir viniendo algunas veces más…
Sobre todo Atsushi-san…
– Comprendo. – dijo, cogiendo la libreta de notas del
hombre. – Pero… ¿Hay algún problema grave?
– No, es sólo que me parece lo más oportuno
teniendo en cuenta lo que han pasado y lo que no quieren reconocer
haber pasado. Es lo más prudente.
– Hum… – Okuma le devolvió la libreta
y se levantó, sentencioso. – Gracias.
...........
– Se verá muy bien... Mi padre lo aprobó...
– Seki estaba intentando convencer a Atsushi de que las camisetas
no eran demasiado ajustadas, ya que le hacía gracia. –
Goro... Tú vas a ser ese nuevo chico cool que a todos les
llama la atención... pero no te olvides de mí.
– Claro que no, baka. Tú eres lo único cool
que yo tengo. – se rió, abrazándolo y mostrándole
luego la venda que le habían puesto en las costillas. –
Me dijeron que reposo… – arrugó un poco la nariz
en señal de que no le hacía mucha gracia.
Okuma apoyó la mano en la cabeza de su hijo y miró
a Atsushi. – ¿Vamos? He quedado con dos inmobiliarias
para ir a ver unos pisos.
– “No te preocupes, yo te reposo...”– se
rió Seki, susurrándole en el oído y luego pasando
la nariz con suavidad por su mejilla. – Y tenemos que comprar
comida para los lobitos...
– Vamos... Pero creo que los chicos deberían quedarse
en casa primero, ¿no? En casa... – les recalcó
Atsushi por si pensaban escapar y pensativo, sin estar seguro de
que fuese una buena idea dejarlos solos.
– Hum…– Okuma los miró de soslayo y apartó
a su hijo a un lado. – Es importante que repose. ¿Entendido?
Reposo absoluto.
– Sí, reposo... Yo me encargo... En serio... –
sonrió ante la mirada sospechosa de Atsushi y su padre. –
Vas a ser bueno, ¿verdad, Goro?
– Sólo si no me queda más remedio. –
El moreno alzó las cejas varias veces por meterse con su
padre aunque sí pensaba serlo.
– Bueno y si no lo eres sólo tendrás que venir
de nuevo a que te hagan más pruebas. – le amenazó
Okuma.
– No, gracias. – se rindió el chico.
– Bueno, entonces nos vamos, llevad las bolsas para casa.
– se quedó un momento parado en mitad de la acera y
miró a Atsushi. – ¿Y a ti no te han dicho nada
de reposo con esa pierna?
– Que no me apoye en ella... – lo miró, enrojeciendo
un poco porque no pensaba usar muletas ni nada por el estilo, le
parecía exagerado.
– Atsushi-san... Se guía con el ejemplo... –
bromeó Seki sujetándose del brazo de Goro con toda
la tranquilidad del mundo.
– Entonces vete a casa con ellos. – Le dijo el doctor,
mirándolo atentamente y bajando la vista a su pierna sin
un buen motivo, cogiendo la cartera y dándoles un billete
del dinero que había tomado del banco. – Coged un taxi,
yo volveré luego de esas visitas.
– Claro que no, Okuma. Estoy bien... He estado caminando
todo este tiempo, no pasa nada... – protestó ya que
no le parecía muy bien dejarlo ir solo por ahí buscando
piso. Y era cierto, le parecía exagerado el tener tanto cuidado
después de todo aquello.
El moreno frunció el ceño de pronto, más porque
le llevase la contraria al médico que otra cosa. –
¿Te cuesta mucho reposar un poco ahora que puedes? Tardarás
más en sanar si no paras quieto.
– Es sólo que no me parece justo que hagas todo esto
solo. Ya has hecho bastante... Y no me voy a morir... – le
contestó, intentando hacerlo comprender.
Okuma se aproximó a él y lo miró a los ojos.
– Vete a casa, yo volveré pronto. ¿De acuerdo?
Cámbiate de ropa, coge el periódico y busca un empleo.
Pero estate quieto.
Atsushi suspiró, resignado. – Está bien...
Te estaré esperando... No te esfuerces mucho tú tampoco.
– Pruébate la ropa. – Le dijo el moreno, apretándole
un poco el cuello y pensando en hacer algo totalmente estúpido
mientras lo miraba. Apartándose finalmente y encendiendo
un cigarro nuevo mientras caminaba hacia donde tenía la cita.
– Vamos, papá. – le dijo Goro, sujetándole
un dedo para que caminase con ellos.
– Sí, vamos... – Atsushi le rodeó los
hombros a Goro pegándolo a él, mientras Seki sonreía
pensando que ambos se parecían bastante.
– ¡Recuerda lo que te dije, papá! – se
despidió el chico, alzando una mano en el aire y caminando
hacia atrás. Su padre alzando la mano también para
hacerle ver que lo había captado aunque frunciendo el ceño
de nuevo, pensando que ese maldito niño lo tenía consintiéndole
todo.
.....
– ¿Te gusta la ropa que te compré? Sabía
que te gustaría... – sonrió emocionado Seki,
ahora que Atsushi se encontraba en la habitación revisando
el periódico tal y como le había sugerido Okuma, ambos
chicos en su propia habitación, con los lobitos correteando
por todos lados. – Aún pienso diseñarte algo...
Serás mi “muso.” – se rió aunque
lo decía en serio.
– ¿Tu mousse? – Se rió el moreno quien
se había puesto la ropa nueva tan pronto Seki se la había
dado, entre otras cosas porque si la había comprado él
significaba que le gustaría que la llevase puesta. –
Me gusta mucho. – Se sentó en la cama con él,
pensando que era un rollo estar encerrado. –Yo quería
ir a ver tu universidad.
– Y no tienes por qué no venir... Sólo que
lo haremos otro día. Ya te dije que me muero porque te conozcan...
Y además, quiero llevarte a muchos lugares. Te voy a mostrar
todo Tokio. – le sonrió, besándole la mejilla.
– Tenemos mucho tiempo. Le he dicho a mi padre que consiga
un piso con una vista bonita para ti.
– Pero si ya te tengo a ti. – El moreno lo miró,
sonriendo y besándolo suavemente, abrazándolo y apretujándolo
todo lo que podía sin hacerse daño, tirando un poco
de él para que se sentase sobre sus piernas. – Estaré
nervioso cuando se acabe el verano y tenga que ir a estudiar a un
sitio nuevo. Ojalá pudieras venir conmigo. – Se rió
enrojeciendo porque eso era una bobada.
– Te iré a buscar a la salida, siempre que pueda...
Y si no, vienes a buscarme tú. – Se rió, comprendiéndolo,
él también querría acompañarlo. Se sentía
un poco protector ahora.
– Claro. – Sonrió levemente, echándose
hacia atrás y tumbándose en el colchón. Mirando
al lobito que corría sin parar por el suelo, saltando a la
cama y mordiéndole una mano. – Es un caníbal
este… – se rió, sujetándolo y aplastándolo
contra las sábanas con una mano, lo cual sólo parecía
animar a la criatura.
…………..
Okuma entró en la casa con cara de tener más sueño
que otra cosa y se dirigió hacia el cuarto, observando a
Atsushi que sí se había cambiado de ropa tal y como
había estado esperando, ya que los pantalones le habían
quedado cortos. –Ya he encontrado un piso, mañana vamos
a verlo con los chicos antes de decidirnos. Cogeremos un taxi para
que no se esfuercen. – se sentó a su lado y le pasó
la mano por la espalda.
– Bien... Estoy seguro de que será agradable. –
Le sonrió un tanto cohibido ya que se sentía extraño
con esa ropa. No era lo que él hubiese escogido, claro está.
– Pero me siento bien, Okuma.
–Y te ves bien. – Le calmó Okuma al notar que
estaba cohibido, pasándole una mano por el pecho sobre la
ajustada camiseta. – Creo que voy a tener que alegrarme de
que no te dejen salir de casa.
– No digas esas cosas, Okuma... – le sonrió
más cohibido aún. – Los chicos se han portado
bien, creo. – comentó cambiando el tema por si acaso.
– ¿Y eso? ¿Para que tome ejemplo? – Torció
la sonrisa y luego se llevó el cigarro a los labios, mirándolo
descaradamente. – He recuperado el empleo, así que
no habrá ningún problema.
– Te dije que lo harías, me alegro... – asintió,
mostrándole el periódico. – Yo he encontrado
algunas cosas... Pero voy a tener que salir si quieres que consiga
empleo.
– Sí, pero eso será cuando te recuperes, que
es lo que quiero ahora. – Le pasó la mano por el pecho
de nuevo y se sacó el cigarro de los labios. – Te sienta
muy bien esta ropa… Seki escogió bien. – Murmuró,
torciendo la sonrisa y dejando salir el humo a un lado, tocándole
después el cabello con dos dedos y mirándolo a los
ojos. – Bien, lo intentaremos de nuevo.
– Me siento extraño con esta ropa, es muy ajustada
y no sé... – Comentó, ya que no solía
usar ese tipo de colores oscuros. Suspiró, observando cómo
el humo hacía una semi espiral saliendo del cigarrillo de
Okuma. – Nunca voy a dejar de estarte agradecido.
– Calla. – Lo besó, apagando el cigarro en el
cenicero de la mesilla. – Yo también tengo mucho que
agradecerte. – Lo miró a los ojos y le tapó
la boca con la mano y se levantó, pasándose la mano
por la nuca. – Voy a pedir comida.
Atsushi frunció un poco el ceño pensando que era
un necio pero sonriendo de nuevo sin poder evitarlo. – Mañana
puedo cocinar yo. ¿Se me permite ir a la cocina o no?
– Sí. De todos modos ella saldrá de vacaciones
esta noche. Pero no te estés de pie. – Se apoyó
en el marco de la puerta y lo miró de soslayo. – Voy
a avisar a los niños. – Le informó justo al
momento en el que recibía una llamada en su teléfono
móvil. Lo descolgó, descubriendo que era una llamada
de la policía y escuchó un tiempo lo que el agente
le decía sin darle muchas oportunidades para hacer otra cosa
que no fuera asentir.
Hizo una seña a Atsushi para que pusiera el televisor en
el segundo canal y golpeó la puerta de Seki.
Atsushi encendió el televisor, mientras que Seki salía
de la habitación con cara de pereza. – ¿Qué...?
– Se quedó callado al ver la noticia. Las imágenes
de aquel pueblo que habían dejado atrás, la voz de
la reportera, narrando.
– “... al parecer se trataba de una antigua secta feminista...
basada en antiguas costumbres celtas... Hasta el momento la policía
ha arrestado a gran parte de sus miembros, aún están
investigando en las cercanías... Por la información
que nos han otorgado, parecen ser culpables de muchas desapariciones
en la región... “
Atsushi se cubrió la boca, escuchando tan sólo partes
de lo que decía la mujer en realidad, su vista fija en la
pantalla, sin poder evitar estar conmocionado. Alzó el rostro
haciéndole un gesto a Goro para que se acercase.
El chico se sentó junto a su padre, observando cómo
se llevaban a algunas personas del pueblo, muchas tratando de cubrirse.
Se veía su casa y la tienda de su padre. El cristal estaba
roto… como si la hubiesen asaltado. Lo abrazó sin poder
dejar de mirar el televisor.
– Sí, ya veo… – dijo Okuma. – Sí…
Bueno, es lo importante, sí… Gracias. – Colgó
el teléfono y suspiró con fuerza, observando también
las imágenes.
– ¿Qué te dijeron? – Le preguntó
Seki ya que veía a Atsushi y a Goro, demasiado interesados
en la filmación como para poner atención a nada más.
Claro, le parecía natural.
El moreno rodeó el hombro de su hijo, abrazándolo
suavemente contra sí, reconociendo a varios de los detenidos,
observando cómo aquel pueblo que había sido su hogar
iba pareciendo un lugar extraño, problemático. Como
si su pasado estuviese siendo destruido una vez más.
– Que habían asaltado la relojería y sólo
eso… – Murmuró el moreno. –Seguramente
buscaban ese reloj. – Supuso el moreno, observando a Atsushi
y a Goro con algo de lástima. –Nos devolverán
nuestras cosas pronto. Ven…– Se llevó a su hijo
con ellos a sentarse en la cama y les apoyó las manos en
la cabeza a Atsushi y a Goro. Apagando la televisión. –
Todo comienza ahora…
Atsushi lo miró, sonriendo un poco aunque sus ojos se veían
cansados. Pero extrañamente, se sentía libre, más
tranquilo. – Sí, todo comienza ahora...
FIN
To Be Continued (Epílogo)

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