Capítulo
61
Piercing My heart, It Draws Blood
– Tenían la puerta cerrada. – informó
Okuma frunciendo el ceño al hombre que estaba sentado en
la cama con una toalla alrededor de las caderas. Se arrodilló
delante de él para cambiarle las vendas de la pierna y desinfectarle
la herida. – Ahora te dejaré ropa… aunque supongo
que los pantalones te quedarán cortos. Ya compraremos algo
mañana.
– Gracias... no tienes que preocuparte... – le aseguró,
mirando hacia la puerta y pensando en los chicos. – Supongo
que están cansados... no pasa nada.
– Seguro…– le dijo Okuma nada convencido y muy
seguro de lo que estaban haciendo. –Recuerda que estás
hablando de nuestros hijos. Eso no va a detenerlos. – Se levantó
y abrió una de las cajas, buscando ropa y encontrando sólo
trajes y más trajes que era lo que usaba para trabajar en
el hospital. Lo demás lo había llevado al pueblo.
– No tengo nada para dormir aquí. De todos modos tampoco
te hacía falta nada.
– Puedo seguir con la toalla. – lo retó serio,
aunque enrojeciendo un poco. – Y no tienen nada de malo, son
chicos. Y si yo quiero pensar que se están portando bien...
tampoco tiene nada de malo.
– Eres un inocente y no es que se estén portando mal,
pero tu hijo tiene una herida y no es lo más responsable
ponerse a pegar bot…– se quedó a media metáfora
callado tras percibir la terrible visión imaginaria, frunciendo
el ceño y hasta sintiendo que se le hinchaba una vena en
el cuello. –Vamos a dejarlo… Mañana tienes que
ir al médico. ¿Quieres que te acompañe?
– ¿No...? Yo creí que vendrías conmigo
ya de por sí. – lo miró confundido sintiéndose
un poco consciente ahora. – Ser irresponsable es portarse
mal.
– Te dije que lo dejaras. – insistió, frunciendo
más el ceño y encendiendo un cigarro mientras se dejaba
caer en el colchón, apoyando la espalda contra la pared y
rascándose los jeans con una uña a la altura del muslo.
–Está bien iré, después de hablar con
mi suegro.
– Está bien... pero no tienes que venir si no quieres.
– comentó por si acaso. Lo que menos deseaba era que
se sintiera obligado. – Tu ex... parece una buena persona.
La había imaginado de otro modo.
– No es una mala persona, sólo es una zorra. –
Dejó caer la ceniza en un joyerito de cristal y se echó
un poco más contra el respaldo, sacándose las gafas
y dejándolas sobre la mesilla.
– Al menos quiere a Seki... – suspiró, comprendiendo
que no se podía hablar con él de eso y recostándose
en la cama. – Menos mal que los chicos se recuperan rápido.
– Sí, lo quiere pero no tanto como a sí misma.
– el moreno se llevó el cigarro a los labios de nuevo,
pasándose la mano por los pectorales. – No sé
si Seki está o no recuperado, no le gusta mostrar sus debilidades,
es todo.
– Me recuerda a alguien... – comentó Atsushi,
mirándolo de soslayo y luego directamente.
Okuma sonrió de medio lado y dejó salir el humo entre
los labios, lo cierto es que nunca antes se había sentido
tan unido a su hijo como en aquellos últimos días.
Se sentía orgulloso de él. – Es una buena cualidad,
así nadie puede conocer tus debilidades. Tengo que afeitarme.
– dijo hilando pensamientos y de nuevo reflexionando en lo
pesado que iba a estar su suegro a la mañana siguiente. Seguía
pensando que se arrastraba al volver al hospital.
– ¿Nadie? – preguntó Atsushi cerrando
los ojos por un momento. – Okuma... confías en mí
¿no es así?
El moreno lo miró de soslayo. – Me lo pregunto…
– Te lo preguntas... – Atsushi abrió los ojos
observándolo dolido. Suponía que era de esperar, no
sabía para qué hacía preguntas de ese tipo.
Era un ingenuo. – Comprendo...
– Estás muy cambiado desde que sucedió esto
y supongo que es comprensible pero sinceramente…– movió
un poco un hombro, incómodo por hablar de aquello. –
El único hombre por el que yo pueda sentir algo más
que amistad es el que conocí esa noche en el pueblo. –
volvió a llevarse el cigarro a los labios notando que estaba
un poco nervioso.
– Y ¿qué se supone que piense? ¿Qué
sólo te gusto cuando estoy ebrio? – Le preguntó
sin querer mirarlo. Claro que no era eso, no sabía qué
más decirle. Él no se recuperaba tan rápido
como Goro, no podía fingir que nada de eso había sucedido.
– En el tren dijiste que me querías...
– Sé lo que dije pero si sigues a la defensiva conmigo
voy a acabar por cabrearme de verdad, no lo puedo evitar. También
te dije que no me gustan los hombres y no me gustan. – Lo
miró a los ojos de nuevo y apoyó el brazo en el respaldo.
– Sé a lo que jugamos ambos y eso me gusta, tú
lo sabes, yo no me ando con estupideces. Pero cuando te conocí
eras una persona mucho más dulce y comprensiva. Si pudiera
enamorarme de un hombre normal y corriente… probablemente
ya lo hubiera hecho. No estoy hablando de borracheras, estoy hablando
del hombre que se dejaba abrazar en aquella cocina y que sonreía
cuando lo tomaba. ¿Queda algo de eso?
Atsushi cerró los ojos de nuevo, tratando de contenerse
y de verse fuerte. – Por supuesto, todavía soy yo,
¿no es así? Pero este soy yo cuando no estoy bien
y también es parte de mí. Lo estoy intentando... –
abrió los ojos de nuevo, alzándose un poco en la cama.
– Y no puedo actuar femenino... – le advirtió
por si acaso.
–Yo no te estoy diciendo que hagas el ridículo. ¿Acaso
crees que eso me gustaría? – Okuma frunció el
ceño sólo de pensar en Atsushi actuando de forma femenina.
De hecho, ni siquiera podría soportar que fuese medianamente
delicado como su hijo. – Me gusta que seas masculino. –
le sujetó la cara con firmeza, alzándosela un poco
para ver sus mandíbulas fuertes. – Que seas fuerte
y que tengas este cuerpo… – le apretó los bíceps
y le hizo mirarlo. – Que tengas ese carácter y que
respondas a mis ataques. Pero quiero de vuelta a la persona tranquila
y cariñosa que eras, lo siento, debo ser un egoísta
pero vas a tener que hacer un esfuerzo… Mírame, tal
como eres, no es que me gustes, es me vuelves loco…
Atsushi suspiró mirándolo a los ojos. – Okuma...
lo siento... – bajó la mirada cansado sin soltarse
de su agarre. – No eres egoísta, yo lo soy. Te lo debo
todo... mi vida, la de mi hijo... todo. Y no hago más que
ensimismarme... Pero no quiero perderte.
Okuma lo miró a los ojos. – Déjalo estar…–
lo aproximó contra su pecho, frunciendo el ceño por
haber tenido que hablar así. Realmente no debía de
querer perderlo él tampoco o jamás se hubiera sincerado
de ese modo. – Sólo deja de gritarme.
– No te estoy gritando... – protestó, abrazándose
a él. – Disculpa... pero me duele que aún no
confíes en mí. Aunque lo comprendo.
– No hablo de hoy… Es igual, no es que no confíe
en ti como persona. – Frunció más el ceño
deseando que por fin acabase aquella conversación infernal.
– No importa... te lo demostraré. – sonrió,
sintiéndose un poco mejor entre sus brazos. Extrañaba
aquella forma de abrazarlo. – Aún puedes atarme a la
cama de noche si tanta preocupación te causo.
Okuma se rió entre dientes y le apretó un hombro.
–¿De qué hablas? Pedirme a mí que te
ate, inconsciente…
– Lo decía por... tú sabes por qué lo
decía. – enrojeció, pensando que mejor no hubiera
dicho nada pero lo había escuchado reír y eso lo aliviaba.
– Aunque yo te tuve atado... supongo que sería lo justo.
El doctor miró hacia abajo para verle la cara pese a que
muy bien, no podía, dada la postura. –“Prefiero
que estés suelto… a no ser que vayas a resistirte hasta
que te haya sujetado.”– le olió el cuello, hablando
contra su piel justo antes de mordérselo.
– “No voy a resistirme a menos que eso quieras.”
– le contestó, exhalando con suavidad el sentir aquella
ligera mordida en su cuello.
– No me digas que de pronto te has convertido en un cachorrillo…
– siguió murmurando en su cuello, apretándole
la nuca y jugando con los dedos entre el cabello corto y negro.
– Cachorrillo... eso quisieras tú... – bromeó,
aunque un poco rojo, apretándolo contra su cuerpo, su sexo
reaccionando.
– No… No tienen cuerpos como estos. – le pasó
la mano por el costado, bajándola por la toalla y subiéndola
después bajo esta, sujetando su sexo y acariciándolo.
– Quítame las gafas.
Atsushi le quitó las gafas, observando sus ojos azules ahora
sin ningún impedimento. – Te amo... – jadeó,
dejando las gafas en la mesilla con algo de dificultad por lo que
estaba sintiendo. – Okumah... – lo besó profundamente,
la toalla cayendo al piso al inclinarse hacia delante.
El moreno le pasó las manos por el pecho, apretando sus
pectorales y besándolo de nuevo, girándose con él
para apoyarle la espalda en la pared y encerrarlo contra su cuerpo.
Apoyó el antebrazo al lado de su cabeza, besándole
el cuello y succionándoselo mientras su otra mano se movía
ansiosa sobre el sexo del hombre. Se apartó un momento para
quitarse la camiseta, recorriéndolo con la mirada y comenzando
a abrirse los botones de los jeans.
Atsushi bajó las manos para ayudarlo, apresurado como estaba
por sentirlo contra él, su sexo pulsando erguido en la mano
del moreno. Le bajó la ropa interior, tomando su sexo también
y masajeándolo con fuerza mientras volvía a colocar
una mano contra el cuello de Okuma.
Okuma lo apartó, sujetándole las muñecas por
encima de la cabeza y estirando sus propios brazos, tensando los
músculos mientras se rozaba contra Atsushi, lamiendo sus
labios y mordiéndole el inferior. – Me parece que mañana
sólo van a encontrar huellas mías…
– No sabía que buscarían huellas... –
contestó Atsushi, enrojeciendo un poco al percatarse de lo
que quería decir y tensando sus propios brazos aunque sin
soltarse. Estaba demasiado excitado y lo necesitaba en esos momentos.
– “Déjame tus huellas...” – susurró
finalmente, cerrando los ojos.
– Humphf… – la respiración salió
con fuerza de las fosas nasales del hombre que mordía sus
fuertes pectorales, succionando su piel. Realmente lo volvía
loco. Lo volteó de cara a la pared, echando sus brazos atrás
y haciendo que los cruzase tras la espalda. Le sujetó las
muñecas con su mano, penetrándolo de una vez y empotrándolo
un poco contra la pared. Entrecerró los ojos, apoyando la
mano libre en la cabeza de Atsushi y revolviendo su cabello a contrapelo.
El moreno bajando la cabeza empujado por Okuma, jadeando con fuerza
mientras se movía con sus embestidas, apretando los glúteos
para recibirlo mejor, su sexo aplastándose un poco contra
la pared manchándola de sus fluidos, quisiera que no.
Okuma llevó sus manos hacia atrás, apoyándolas
sobre sus propias nalgas y rodeándolo con un brazo por el
pecho, dejándose caer contra él y penetrándolo
con fuerza, sujetando su sexo de nuevo con la otra mano, frotándolo
aún y si sus nudillos golpeaban a veces contra la pared.
Le lamió la nuca, besándosela y jadeando con fuerza.
–Atsushi…
– Okuma... – respondió con los ojos cerrados,
estremeciéndose y apretando sus nalgas instintivamente, el
calor concentrándose en su entrepierna. Se sentía
al borde.
El doctor lo giró hacia él de nuevo, ni muerto hubiera
admitido que era porque deseaba ver su rostro. Lo sujetó
por las nalgas, alzándolo contra sus caderas y dejando escapar
un gruñido por el esfuerzo, empotrándolo de nuevo
contra la pared para ayudarse con el peso, su sexo internándose
completamente en su cuerpo gracias al mismo. Frunció el ceño
apretando las mandíbulas y sintiendo la sangre mojar la venda
en su brazo, aún así moviéndolo sobre él
y besándolo profundamente para distraerlo de aquello, jadeando,
succionando su lengua hasta que su sexo palpitó dentro de
él, haciéndolo romper el beso y derramarse en su cuerpo.
El semen de Atsushi bañando su abdomen de forma abundante,
salpicando su pecho.
– Okuma... Okumah... – gimió el moreno, entrecerrando
los ojos y sonriendo un poco, sintiendo cómo el semen se
derramaba por entre sus piernas a la vez que descargaba así
su pasión. – Te quiero... – murmuró aún
sin darse cuenta de el esfuerzo que había hecho el moreno.
Okuma lo dejó bajar despacio, besándolo de nuevo
y apretándolo contra él, frotando su nuca húmeda
en sudor. – Deberé hacer más pesas. –
jadeó, burlándose de sí mismo pese a estar
acostumbradamente serio.
– Ya eres fuerte... – lo contradijo Atsushi, deslizando
las manos por sus brazos, cayendo en cuenta entonces. – Okuma...
estás sangrando... – lo miró, preocupado aunque
sin alzar la voz sólo porque no quería empezar con
eso de nuevo.
– No es nada. Ni me enteré. De todos modos, mañana
me darán unos puntos imagino. – se miró la venda
manchada y luego se apartó el cabello mojado de la cara,
apoyándole en el pecho una mano para que caminase de espaldas
hacia la cama. – A la cama… Mira cómo me cansas,
a estas horas…– lo culpó por molestar.
– No... Okuma. Tienes que vendarte eso de nuevo, yo lo hago...
– frunció el ceño aunque dejándose llevar
hasta que cayó sentado.
– Déjalo para mañana. – se sentó
en la cama y se recostó a su lado, tirando de él para
que se acostase también. –Ven…
– Pero Okuma... Te vas a desangrar... – insistió,
a sabiendas de que exageraba un poco pero no le era posible no preocuparse.
– Tienes que empezar a cuidarte.
Okuma se rió y cogió una venda, pasándosela
para que se quedase tranquilo. – Eso está mejor, que
me cuides y dejes de gritarme.– dijo, metiéndose con
él de nuevo.
– Que no te grito, Okuma... – protestó, frunciendo
el ceño de nuevo y exhalando con fuerza. – Siento haber
estado así, no me di cuenta...
El doctor le sujetó la mano, apretándosela con fuerza
y acariciándosela mientras se giraba de espaldas para dormir,
quisiera el otro vendarlo o no.
Y efectivamente Atsushi deslizó su mano de la de Okuma para
buscar las vendas. No iba a dejarlo así, además, no
podría dormir sabiendo que sangraba.

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