.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 60
Love You Even More

– No lo estás haciendo bien... Baka... Déjame enjabonarte la espalda... – se rió Seki, tomando la esponja y pasándola con suavidad por la espalda de Goro, cuidando de no tocarle la herida. – No le digas a mi madre de los cachorros... Ya me gritará cuando se entere...

– Vale, si de todos modos no iba a decirle nada que no la conozco. – Goro se rió, dejando que lo enjabonase. – Tu casa es muy grande. – meditó, observando a los cachorros echarse carreras y tropezarse contra las paredes de lo desfogados que estaban. Se volteó y lo atrajo contra él para que les cayera el agua a ambos. –Tengo ganas de salir y todo eso… No de ir al médico.

– Pero mi padre tiene razón, es mejor que te vean. – lo miró a los ojos, enseriándose un poco. – Me asusté mucho, ¿sabes? No quiero que te suceda nada...

– Lo sé pero es igual, eso ya pasó y la policía me dijo que iban a devolvernos nuestras cosas, que ni siquiera tendríamos que volver allí si no queríamos… Aunque supongo que mi padre venderá la casa y el negocio. – le pasó las manos por la espalda sin moverse de debajo del chorro de agua caliente. – Podría quedarme así por horas… – se rió y miró abajo las nalgas del chico, extrañamente pensando en que no podía creerse que Seki hubiera usado una pistola o que él hubiera hecho esas cosas. Jamás se lo creería y pronto ni siquiera se acordaría de ello.

– Da igual, quiero que me lo asegure alguien. Y ya sé que mi papá es doctor pero tampoco tenía todo lo necesario... – insistió, sonriendo un poco. – Yo también... Se siente bien...

– Sí… hum… Seki… vamos a dormir en tu cama…– se rió y lo cogió en brazos, cerrando el paso del agua y llevándolo con él empapado desde el cuarto de baño hasta la habitación. Dejándolo caer en el colchón, sonriendo. – ¿Te muestro que ya estoy bien? – preguntó, mirándolo a los ojos enrojecido y sonriendo mientras rozaba su sexo contra el abdomen de Seki.

– Estamos mojando la cama, luego no vamos a poder dormir bien... – se rió sujetándolo por el cuello igual. – Te amo, Goro... Quisiera gritártelo como esa noche...

– No me lo grites que si no tu madre…– se rió, fijándose atrás que estuviera la puerta cerrada y lo besó profundamente, jugando con su cabello empapado. –Que se moje. Luego cambiamos las sábanas. – se deslizó sobre él, besándole las caderas y pasando luego la cara por su sexo, acariciándose contra él antes de metérselo en la boca.

– Mmm... – sonrió Seki, arqueando la espalda con las manos delicadamente sobre los hombros de Goro, excitándose. Aquello era el cielo, casi podía creer que todo lo demás había sido un mal sueño. No parecía real.

Goro alzó un poco la vista, enrojeciendo al observarlo y acariciando su erección contra las sábanas, alzando las manos para sujetar sus nalgas y moverlo él mismo dentro de su boca, cerrando los ojos porque ya le avergonzaba seguir observándolo. Se apartó sólo para tumbarse a su lado y llamarlo con una mano porque le daba vergüenza. Sonriendo, quisiera que no.

Seki se acercó, besándole los labios y observando cómo se sonrojaba. – Así, así me gustas... Con ese cuerpo y esa sonrisa... – se metió con él aunque era cierto. Subió, tal y como quería Goro y comenzó a lamer su sexo como si fuera un gatito.

– Ba…kah…– el moreno le pasó las manos por la espalda y bajó hasta sus nalgas. Su lengua parecía quemar mucho más que nunca, lo estaba volviendo loco y no pudo evitar alzar un poco las caderas buscando más y levantando la cabeza para lamer entre sus nalgas. –Hum…– jadeó contra su piel, sujetándolo por la cintura y alzándolo un poco, lamiendo su sexo por completo y haciéndolo bajar después para sentirlo entrando hasta su garganta.

Seki gimió contra su sexo, separando más las nalgas y succionando el de de Goro por completo, casi con urgencia. Quería hacerlo olvidar, hacerlo sentir bien y estaba sumamente sensible por la manera en la que reaccionaba.

– Seki… – Goro hundió los dedos dentro del cuerpo del chico, moviéndolos en su interior y acariciándolo por dentro. – Nuestros padres ya han olvidado… no dejarnos dormir juntos… – le dijo, sonriendo levemente mientras pasaba la lengua por la punta rosada de su sexo, succionándola después con fuerza y soltándola para que rebotase contra el abdomen de Seki. – Te quiero…

El chico dejó de lamer el sexo del moreno para reír de aquella forma jadeante, mirándolo. – Yo también te quiero, Goro... Te amo... – se giró sobre el chico para besarlo, apoyándose en sus manos, finalmente moviendo un poco las caderas para que su sexo rozara con el del moreno.

– “Guapo…” – susurró Goro al romper el beso, observando sus ojos azules, frunciendo un poco el ceño por el placer y sujetando las nalgas de Seki para hacerlo frotarse más duro contra él, notando cómo ambos sexos se aplastaban y rozaban. Le apretó una nalga y sujetó después su propio sexo para rozarlo contra la entrada del chico, mordiéndose el labio sólo por recordar cómo se sentía. Apoyó los pies sobre la sábana para doblar las piernas y lo miró serio y terriblemente rojo. – ¿Lo haces tú?

Seki lo observó, sonriendo malicioso aunque más que nada era porque lo encontraba encantador. Se le acercó de nuevo, acariciándole el rostro. – Eso y todo lo que quieras... – lo besó de nuevo, colocándose sobre el chico y apoyándose un poco hacia atrás antes de introducirse el sexo en su ano, dejándolo ver, gimiendo con suavidad, cuidadoso de que no los fueran a escuchar aunque igual había cerrado la puerta con cerrojo por si acaso.

Goro estiró una pierna de nuevo, temblando un poco incluso y moviéndose bajo él. Lo observaba sin perdérselo ni un sólo momento, apoyándose en los codos y sujetando con una mano el sexo del chico, masajeándolo suavemente, extendiendo los flujos que manaban de él por todo su sexo. – Te… quiero…– le repitió de nuevo, fascinado por él como siempre.

– Goro... – Seki lo miró, respirando fuerte sin dejar de mover las caderas para que lo penetrase mejor, finalmente inclinándose hacia delante, apoyándose en sus manos de nuevo, para mirar al chico a los ojos. Se sentía caliente, completamente excitado, más aún por la manera en la que estaba Goro.

El chico lo sujetó por la cadera, acostándolo sobre él y abrazándolo con fuerza mientras se volteaba para quedar sobre su cuerpo, penetrándolo con mucha más urgencia y besándolo profundamente. Rompió el beso para mirarlo a los ojos y de nuevo besarlo, jadeando contra sus labios y cerrando los ojos, completamente entregado al placer.

– Go...ro... – el chico lo sujetó por la nuca, besándolo de nuevo, cada vez de manera más desesperada mientras rozaba su sexo contra el abdomen del moreno sintiéndolo caliente, pulsante, su ano apretando el sexo de Goro a más no poder. Seki se estremeció alzándose de nuevo y arqueando la espalda, dejando escapar un gemido algo alto al sentir que se iba a correr. Soltó una pequeña risita y se inclinó de nuevo para besar a Goro, acallando los gemidos del orgasmo ya incontenible.

– Ahg… Seki… me corro… – le dijo, apartando los labios de él y cobijándolo contra su pecho sin poder evitar gemir un poco cuanto más urgente se movía dentro de él, apretando las mandíbulas y corriéndose, mordiendo la almohada mientras se dejaba ir dentro de él. Se relajó por fin, dejándose caer sobre Seki, quien dejó escapar otra risita, acariciándole el cabello y besándole una mejilla.

– “¿Te gustó? Yo lo necesitaba ya...” – susurró sin dejar de abrazarlo, contento como estaba. Ya iban dos veces que pensaba que lo perdía, ahora no lo iba a dejar escapar por nada del mundo.

–Y yo…Me gustó mucho, sí…– se rió, dejándose caer al lado del chico y atrayéndolo para acostarlo sobre él. – Estabas impresionante… hum…– se rió de nuevo, girándose de lado entre las sábanas sin dejar de abrazarlo. – Ya… Mañana de nuevo… Aún me queda amor que darte.

– No programes el amor, pero vale... Así te portas bien en el doctor. – se rió, haciéndole cosquillas en un sobaco. – Oye... ¿no te duele estar así?

– A buenas horas… – el chico se rió. – No, no me duele. Me he tomado ese calmante e igual tu padre me ha requete vendado eso. Ya no se me abre la herida. – mintió un poquito porque a ratos sí le había dolido. Pero no tanto como para dejar de hacerlo con las ganas que tenía.

– Te creo... pero espero que no me mientas. – le advirtió, quitándose de encima y acostándose a su lado. – Es la primera vez que me siento feliz de que mi padre sea médico... – bromeó riéndose ya que antes le había dado igual.

– Pues a mí me da igual que mi padre sea relojero. – le dijo sólo por jugar, riéndose y apoyándole una mano en el muslo. – ¿Estarán bien?

– Sí... Yo creo que sí. Aunque creo que mi padre le va a gruñir al tuyo por un rato pero eso es buena señal. – sonrió, recostándose por completo y entrecerrando los ojos. – Nosotros estamos bien...

– Que no le gruña. ¿Por qué le tiene que gruñir? – se quejó Goro.

– Porque han sucedido muchas cosas, porque Atsushi-san... – Seki le sonrió para tranquilizarlo. – No es que se quiera vengar, es sólo que a mi padre le resultan difíciles ciertas cosas... Pero si no tuvieran futuro no hubiera creído en tu padre, ni estaríamos aquí ahora. Me refiero a que no estarían durmiendo en la misma habitación y eso... Creo que es lo mismo que yo de cierta manera. – lo miró a los ojos enseriándose un poco. – Gruñe porque estaba asustado.

Goro lo miró fijamente sin saber muy bien qué decir. – Pero me sigues queriendo tanto como antes. ¿No?

Seki negó con la cabeza, sonriendo. – Te quiero más. ¿Has escuchado eso de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”?

– Sí pero yo no quiero comprobarlo. – lo miró a los ojos sin ocultar que tenía miedo.

Seki le acarició el cabello, sonriendo un poco más. – Eres tan baka... te amo. Me refería a mí. Yo lo comprobé y tú no me vas a perder así que quita esa cara.

– Luego… cuando se me pase…– se giró y lo abrazó, pasándole una pierna por encima y apretujándolo. – Mañana te pones fashion para mí. – murmuró mimoso.

– Te voy a poner fashion a ti... – se rió Seki, pegándose al chico contento. Era como si hubiera renacido.


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