.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 59
Disfunctional As It May be

–Sí… Ya se lo he explicado todo. – repitió Okuma, apoyándose en la mano con un fuerte dolor de cabeza tras haberles estado explicando a los policías lo sucedido, omitiendo claro está los detalles que envolvían a su familia en asesinatos y demás. Les había hecho aprenderse a todos de memoria la misma historia. Una para Atsushi y Goro y otra para Seki y él.

–Y ya está, chico…– le dijo una muy amable mujer totalmente diferente a los hombres rudos que habían estado atendiendo a los demás. Goro, por ser menor y probablemente encantador, había tenido la suerte de ser el menos acosado por las preguntas incesantes. – ¿Y mi padre? – Preguntó, buscándolo con la mirada ya que veía que Seki seguía con el acoso policial.

– Es todo lo sucedido, no, no me he olvidado de nada. – contestó Atsushi asintiendo, intentando no ponerse nervioso de más. Había recordado cada pequeño detalle de aquella historia. No debería haber problemas. – ¿Puedo ir con mi hijo, ahora? Sí... gracias. – le sonrió al oficial, levantándose para ir junto a Goro, pasando al lado de Seki sin poder evitar sonreír un poco, el chico casi estaba inclinado sobre el escritorio.

– Sí... Fue horrible... Yo creí que iba a morir. Lástima que no podíamos llamarte... – sonrió, observando al oficial que intentaba permanecer serio sin comprender qué tenía que ver eso con su declaración. – Tienes una buena figura ¿sabes? Soy diseñador... Pero me gustan los uniformes.

Okuma apoyó la mano en el hombro de su hijo y miró al oficial con cara de querer asesinarlo, el hombre que estaba ahora mirando fijamente a Seki, carraspeó, sintiéndose cogido en el acto. –Ya ha acabado con mi hijo por lo que veo…

– Sí… Sí, por eso estábamos hablando de trivialidades. – el hombre carraspeó de nuevo y se levantó a fingir que colocaba unos papeles.

Goro miró de soslayo al hombre aquel y frunció el ceño, percatándose de pronto de que algo malo había ahí. – ¿Qué pasa? ¿Estaba ligando contigo? – preguntó molesto mientras salían hacia fuera de la comisaría.
– No... Sólo estaba siendo amable porque se ven todos estresados... – sonrió el chico tranquilizándolo. – Además... confunde y ganarás. – se rió, Atsushi colocando la mano sobre la cabeza del chico.

– Tú y tu padre... se parecen. – comentó mirando a Okuma y sonriendo tan sólo un poco.

– A mucha honra. – murmuró el mayor, por fin pudiendo encender un cigarro, aspirando de este con el ceño fruncido por lo pesados que habían sido. Miró la hora en el reloj y luego a Seki. – Llama a tu anciana madre y dile que vamos a quedarnos en casa esta noche con dos amigos. – comenzó a esbozar una sonrisa malévola en los labios seguro de que le encantaría la idea pero no le quedaba mas remedio puesto que la casa estaba a nombre de ambos.

– No creo que la deba llamar anciana... – se rió Seki sacando su nuevo móvil y llamando. – ¿Mamá? Sí... Estamos en Tokio. Pasó algo y necesito quedarme en casa... ¿Mi padre? No, claro que no... Viene conmigo y... dos amigos. – Alejó el móvil de su oreja, poniendo cara de pesadez y sonriendo antes de volver a hablar. – Ya comprenderás cuando te explique, es un lío... pero somos las víctimas...

Atsushi alzó una ceja, no muy contento con ser llamado víctima, pero suponía que lo eran... Aunque él se sintiese algo culpable aún.

Okuma cogió el teléfono de la mano de su hijo, escuchando un trozo de grito. – Calla un poco, anda…– le dijo haciendo que se callara aunque ya imaginaba su cara de odio. – Porque no tengo que irme a un hotel teniendo mi casa. ¿Por qué no te vas tú? – frunció el ceño terriblemente, subiéndose las gafas. –.Muy bien, bien, sí. – colgó el teléfono y se lo devolvió a su hijo. Mordiendo un poco el filtro del cigarro y moviéndolo arriba y abajo.

Seki lo cerró, suspirando. – Y no le hablé de los lobitos... – se rió de manera maldita aunque le había molestado un poco eso de que fueran a un hotel. Claro, aún no sabía lo que les había sucedido.

– ¿Estás seguro de que no te causamos problemas? – Atsushi le preguntó a Okuma aunque no veía otra salida. No tenía dinero para poder quedarse en otro lado y mucho menos quería poner a Okuma a pagarles una habitación.

– No, a ella sólo le molesto yo, dijo que Seki podía quedarse, que era su casa pero que yo estaba de más. – El moreno sonrió de medio lado. – No sabe que así sólo me motiva.

– Okuma... – Atsushi lo miró serio, pero sin saber qué decir ya. ¿Lo iba a reñir? No tenía sentido.

Pero Seki se rió. – Así se hace, papá... Yo sé que mamá comprenderá. Es una amargada pero... – suspiró más aliviado por lo que había dicho Okuma y abrazando a Goro luego. – ¿Por qué tan callado?

– No sé. Estoy confundido. – el chico se rió y luego le rodeó la cintura también. – Es que todo es raro aquí y hay mucha gente en la calle. Es que esto ni siquiera parece una calle… Es gigante y no dejan de pasar coches y está lleno de tiendas.

Okuma miró al chico, percatándose entonces de que debía ser algo muy fuerte para él y de que a la vez era el único que estaba pensando en cosas triviales en ese momento.

– Ya, pero te va a encantar luego... Te voy a llevar de paseo, ya verás... – le aseguró Seki, apretándolo contra él, comprendiendo ahora. En cambio él se sentía como si todo hubiera regresado a la normalidad. Aquel lugar era en donde mejor se manejaba.

– Pero primero deben descansar... De verdad. No quiero que Goro se lastime sus heridas corriendo por allí...

– Atsushi-san... que no vamos a trepar árboles, tranquilo... – sonrió Seki quien de todas maneras quería darse un largo baño y ponerse ropa propia.

Okuma se pasó la mano por el cabello y luego miró a su hijo. – Primeramente hoy vamos a ducharnos, a descansar y mañana vamos al hospital a hacernos una revisión. – dijo más que nada por no señalar que Atsushi y Goro necesitaban una completa.

– Jo… ¿Y eso lleva mucho rato? – Goro puso cara de hastío, si ya no le dolía casi. Lo que quería era ver todo aquello y olvidarse lo antes posible de lo mal que lo habían pasado.

– Lleva lo que tenga que llevar. – Atsushi le colocó la mano en la cabeza ahora a su hijo por no parecer demasiado duro, pero estaba consciente de la situación. – Ya luego puedes pasear todo lo que quieras, cuando sepa que estás bien.

– Yo iré contigo... así que no te preocupes... – le sonrió Seki.

– Pero no molestes. – le advirtió Okuma, pensando en que iba a tratar de que lo contratasen de nuevo y era lo que menos falta le hacía. No quería ni mencionar el hecho de que no lo iba a tener fácil y tal vez no consiguiera el trabajo ni hablando con su suegro con las mil y una razones lógicas. Llamó a la puerta del altísimo edificio.

Goro alzó la vista alucinado. – ¿Aquí vives?

– Vivía. – le aclaró Okuma justo cuando se escuchaba a una mujer hablar y seguidamente abrir sólo con escuchar su voz.

– Y aquí nos quedamos todos ahora... – sonrió Seki pensando que su padre no le tenía ninguna confianza. – Vamos... – Entró corriendo, halando de la mano a Goro, Atsushi frunciendo el ceño.

– No corran, chicos...

La mujer salió a la puerta y sujetó a su hijo, besándole la frente, pasando después a examinar su aspecto. –Por Dios, hijo… ¿Y esa ropa tan horrible? – le peinó el cabello extrañada por verlo así y desde luego desvelando para Goro de dónde salían ciertas cosas que jamás se había explicado con un padre como Okuma. Además era muy guapa y delgada, como una modelo, se veía elegante igual que Seki.

– Hola… Soy Goro, encantado. – dijo cohibido y enrojeciendo un poco. La mujer alzando la vista de pronto y observándolo.

– Qué alto… – dijo algo admirada. – Encantada, pasad. – dijo casi cerrando la puerta a mala leche cuando Okuma llegaba arriba. Interrumpiendo sus investigaciones acerca de la facha de su hijo.

El doctor alzó una ceja y apoyó la mano en la puerta, frunciendo el ceño. – La edad no te hace más educada. ¿Qué tal? – preguntó a manera de fórmula y sin ningún atisbo de que le importase. – Esta es Kira, mi ex mujer. Atsushi, un amigo.

La mujer le dio la mano, sonriendo encantadoramente y lanzándole una mirada fulminante a Okuma después por entrar como si nada en la casa encima para molestar. – ¿Y a qué se debe la visita?

– Disculpe que nos hayamos impuesto así. No quería molestar pero no tenemos a donde ir... – le empezó a explicar Atsushi con cara de que no sabía en dónde meterse.

Seki sonrió, susurrándole a Goro. – “A mi madre le va a agradar Atsushi-san...” Mamá, ¿verdad que no pasa nada? Ven, Goro, acompáñame a la cocina a ver si hay té o algo...

– Vale, es muy guapa tu madre. – le dijo a Seki mientras iba a la cocina con él. Okuma frunciendo el ceño porque seguro que eso inflaba su ego y Kira sonriendo con cara de estar muy feliz y sentirse realizada.

– ¿Quiere un té también… un café o comer algo?– le ofreció a Atsushi, llevándoselo hacia el salón. Lo cierto es que no conocía a ningún otro amigo de su marido con tanta educación. Y tan guapo de paso.

– Un café estaría bien, gracias... – le sonrió el moreno preguntándose por qué Okuma la creía tan antipática aunque recordando luego los gritos en el teléfono.

Seki por su parte, sujetó a Goro en la cocina, besándolo profundamente. – Ya me faltaba.

– Baka… Ten cuidado…– lo besó de vuelta, abrazándolo con fuerza y apartándose de golpe al notar pasos cerca, rojo y haciendo como si nada, mirando las mochilas y preguntándose cuando iban a poder sacar a los lobitos.

– Lo siento por ti, creo que le gustas. – le dijo Okuma a Atsushi, sentándose en el sofá de enfrente y apoyándose una mano en la sien. – ¡Tráeme un calmante!

– ¡¿Calmante de qué?! – le gritó la mujer.

– ¡Para las migrañas! Ya lo sabes tú de sobra…– acabó murmurando después, la mujer cogiéndolo de todos modos pese a estar refunfuñando en el baño antes de entrar en la cocina para llevarle un café a Atsushi.

– Como es tan insoportable. ¿Eh?– Le preguntó a Seki.

– Que no lo es conmigo... Sólo hay que saber descifrarlo... – se rió el chico, abrazando a su madre ahora. – ¿Me extrañaste? ¿Ya me dejas tener un perro?

Atsushi carraspeó ahora que estaban solos, enrojeciendo un poco. – “No digas tonterías... Y no te pongas a pelear con ella... Además ya sabes que no me interesan...” – se quedó callado por si acaso le decía algo de su aventura anterior.

– Aja…– el hombre lo miró, apoyándose en la mandíbula y mirándolo fijamente, alzando un dedo por encima de la mandíbula. –Y no discuto con ella…

– No, sigo sin dejarte un perro… Si tu padre te deja es cosa suya. – protestó la mujer aún así abrazando a Seki. – Claro que te extrañé… además de que no me fiaba de tu padre pero bueno…

– Fíate... – se rió, haciéndole una señal a Goro con la mirada. Si seguía en esas, era mejor no decirle nada aún y simplemente llevarlos a su habitación. – Ya te contará Atsushi-san... Vamos a mi cuarto, Goro...

– Vale, buenas noches. – le dijo el chico, cogiendo las mochilas y siguiendo a Seki. – Tengo ganas de ver tu cuarto.

La mujer sonrió, observándolos caminar hacia el cuarto tan felices. Cogió el café y un vaso de agua y los llevó al salón, ofreciéndole el café a Atsushi y poco menos que lanzándole la pastilla a Okuma.

– Muchas gracias... – sonrió Atsushi aunque mirando de soslayo a Okuma. Se notaba lo “bien” que se llevaban. – Siento imponerme como dije pero no tenemos a donde ir, no conozco a nadie en la ciudad y no tenemos dinero... – empezó a explicar Atsushi, un poco nervioso.

– Venimos de comisaría. El pueblo a donde me mandaron… estaba como regido por una especie de secta o religión extraña…– le empezó a explicar Okuma mientras se tomaba la pastilla.

– ¿Qué dices?– preguntó ella sin disimular el agobio, mirando un momento hacia la habitación.

– Seki está bien, es el único que no salió herido. De todos modos pensaba preguntarte si mañana puedo llevarlos a los tres al Hosp….

– Sí, claro. – sentenció ella frunciendo el ceño por lo nerviosa que se encontraba. – ¿Por qué no llamaste o algo?

– No pudimos. No teníamos ni ropa. – carraspeó ligeramente y bebió un poco más de agua. Notando el gesto de su mujer que se tapaba los labios con la mano estudiadamente.

– ¿Pero qué sucedió? ¿Le hicieron algo a Seki? – siguió, tratando de disimular su histerismo por la presencia del invitado.

– No, Seki está bien... aparte del susto. – le aseguró Atsushi pensando que así debía de ser una verdadera madre. – Está sacudido... pero es un chico fuerte. Es mi hijo el que está peor. Y Okuma... también salió herido. Estuvimos drogados e intentaron sacrificarnos... – le explicó, evitando las peores partes claro aunque se sentía culpable de mentirle. – Pero logramos escapar a tiempo.

– ¡¿Sacrificaros?! ¡¿Cómo?!... Increíble… – se echó adelante en la silla perdiendo un poco la compostura. ¿Cómo era posible que estuviesen tan tranquilos después de eso. – ¿Y qué ha dicho la policía? ¿Qué le pasa a Goro y tú, qué te has hecho?– le preguntó a Okuma. Levantándose y mirándolo.

Okuma se dejó, siguiendo sus movimientos con la mirada y fijándose en cómo le quitaba la venda del brazo. – Con cuidado. – le dijo, frunciendo el ceño aunque ya lo hacía con cuidado de todos modos. Le dio una calada al cigarro y se apoyó en el respaldo. – Creían que Goro era una especie de Dios o algo así, la policía ha dicho que van a mandar a unos hombres inmediatamente y que nos devolverán nuestras cosas en cuanto estén seguros de nuestra versión… y patrañas.

Atsushi suspiró aún sin beber del café. – Sé que suena como una locura... Es una locura. Pero es un pueblo en el medio de la nada... La policía se encargará de todo, en cuanto se den cuenta de que no tenemos por qué mentir... – miró a la mujer observando cómo examinaba aún aquella herida. – Si no hubiera sido por Okuma... estaría muerto...

Kira lo miró y luego a su ex marido que le echó una mirada desafiante por lo que pudiera decir, pero sólo se levantó a coger unas vendas. – Podéis quedaros aquí mientras no arregléis eso. De todos modos yo voy a irme de vacaciones. – Le desinfectó la herida y comenzó a vendarle el brazo de nuevo.

– A ver si hablas con tu padre, me he quedado sin empleo. – el moreno habló en tono bajo ya que no le gustaba demasiado pedir favores y menos a ella, pero la mujer sólo asintió con la cabeza.

– Lo llamaré esta noche. ¿Y usted Atsushi-san? Supongo que lo ha dejado todo allí. ¿Su esposa? – preguntó sin saber si estaba siendo inoportuna.

– Está muerta... Murió hace años. – mintió, desviando la mirada serio aunque en lo que a él concernía, lo estaba.

– Ah… lo siento… – se levantó, cogiendo las vendas sucias para tirarlas. Okuma sujetando las limpias que iba a llevarse y el yodo para usarlas después con Atsushi. – Sólo hay un cuarto para invitados.

– No importa, vamos a dormir juntos. – Okuma se levantó y la miró. – Llama a tu padre. – le recordó ante su rostro de confusión.

– Muchas gracias, de verdad... Sé que es incómodo. – se disculpó Atsushi de nuevo porque le parecía que había sido algo cortante.

– No, tranquilo. – la mujer, que ahora lo estaba observando de diferente manera, siguió allí parada mientras Okuma sujetaba a Atsushi por los hombros y se lo llevaba con él al cuarto de invitados. – Okuma… – le llamó.

– Espera. – zanjó el otro, llevando al adulto hasta el cuarto. – Dúchate, ahora te traigo ropa, voy a hablar con ella.

– Bien, te espero... – asintió Atsushi, tocándole el pecho sin poder resistirse y dirigiéndose al baño luego. No era por obedecer pero realmente lo necesitaba.

Okuma salió afuera y se quedó observando su rostro confuso. – ¿Que quieres? Estoy cansado. – le adelantó para que fuese lo que fuese no lo alargase, aunque ya imaginaba.

– ¿Por qué no duermes con Seki y él con su hijo? – preguntó en lo que le parecía la más discreta manera.

– No, así está bien. – se subió las gafas y sonrió malditamente. – Disculpa si hay mucho ruido. – le dio una palmadita en la cara y se fue al dormitorio de ella a coger las cajas de ropa que la misma había empacado. Llevándolas al otro cuarto.


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