.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 58
Everything is Alright

Okuma se giró en la cama litera del vagón. Recordando una vieja canción que hablaba sobre trenes y lo romántico que era viajar en ellos. “Una mierda” pensó, tan malhumorado como normalmente pero ahora más, mirando a la cama de arriba donde dormía Atsushi. ¿Qué iba a pasar a partir de ahora? Sí, volvían a la seguridad de Tokio pero no tenían papeles, ni dinero… No, ya no tenía ni empleo. Tendrían que ir a la policía, hacer una denuncia, rogar que no hubieran destrozados sus bienes, que los creyeran, que no lo metieran en la cárcel por asesinato… Sentía una gran ansiedad. Cerró los ojos, pasándose las manos por la cara.

Atsushi se giró, murmurando algo medio en sueños y abriendo los ojos, por un momento desorientado. Llevaban tantas horas de viaje que ya se le hacía difícil recordar donde estaban incluso. Se asomó a la litera de abajo, buscando a Okuma. – ¿Has dormido algo...?

– No. – el hombre lo miró en la oscuridad, observando su cabello colgar hacia abajo y riéndose entre dientes.

– ¿De qué te ríes? – le preguntó el moreno con sospecha pero en cierta manera contento de verlo sonreír así. Volvió a subir su cabeza para enderezarse y bajar de la litera, manteniendo el equilibrio. – Deberías dormir un poco, no descansas nada.

– No puedo conciliar el sueño, tengo ansiedad. Estoy preocupado. – se echó sutilmente a un lado por si quería echarse con él. Frunciendo el ceño por culpa de volver a pensar en esas cosas.

Atsushi efectivamente se acostó a su lado, colocando una mano sobre el pecho del moreno, observándolo. – Tienes ansiedad... pero no sé qué va a resolver el que no descanses. No creas que no estoy preocupado yo también.

– No se trata de que quiera o no quiera, es que no puedo, sufro taquicardias y me mareo de lo nervioso que estoy. – apretó las mandíbulas, pasándose la mano por la quijada, la saliente barba rascando en sus dedos y provocando un crujido en el silencio. –Necesitaría tomarme un tranquilizante o un somnífero pero ahora mismo no puedo permitirme ese lujo… cuando volvamos a Tokio…

– Cuando lleguemos a Tokio... te vas a quedar dormido por días... – comentó como si estuviera protestando aunque no lo hacía. – Siento haberte metido en este lío. Y siento tener que depender de ti...

Okuma le dio una palmadita en la mano con la suya, apretándosela después con fuerza. –Tú tienes un oficio, en Tokio tendrás trabajo pronto, no tienes que depender de nadie.

– Sí, pero no podré trabajar hasta que se arregle la situación con mis papeles... Y aún así... pasará algo de tiempo hasta que consiga clientes... – suspiró, sintiéndose derrotado. No quería admitirlo pero luego de todo lo sucedido, incluso le daba miedo llegar a Tokio y descubrir que no había pruebas de su existencia ni de la de Goro. Nada le parecía demasiado extraño ya.

– Lo mejor será que trabajes para alguna relojería durante un tiempo, o como restaurador y no que pongas tu propio negocio. Tokio es muy grande, encontrarás un empleo. – le apoyó la mano en la cara y le dio una palmadita con las mandíbulas apretadas. Quería pensar en que las autoridades iban a ayudarlos. –Y yo encontraré otro empleo.

– Por supuesto, siempre se necesita un doctor... – Atsushi sonrió, bastante convencido de lo que decía. Por más grande que fuera Tokio, Okuma era muy bueno. – Realmente no me importa trabajar para alguien más... siempre y cuando pueda trabajar con relojes...

– Lo sé… Eres un enfermo. – le dijo, frunciendo el ceño aunque en realidad le parecía gracioso aquello ahora que sabía que sólo era… lo de los primeros días. Aquel aprecio a esas maquinarias como si se tratase de seres vivos.

– No soy un enfermo... y de todas maneras tú eres doctor. – le devolvió, frunciendo el ceño también. Lo relajó luego, dejándose llevar un poco por sus aficiones, murmurando. – Es una pena que hayan maltratado ese hermoso reloj... incluso yo...

– Que le den por culo a ese reloj. No quiero verlo delante. – espetó, molesto a más no poder. – Olvídate de él. Haz tú uno si quieres, tal y como desearías que fuese un reloj perfecto.

– ¿Yo? ¿Crees que pueda...? – Le sonrió de pronto emocionado.– No lo sé, hasta ahora sólo he arreglado relojes antiguos... pocos modernos... Supongo que podría intentarlo, sí...

– Sí, claro que podrías, nunca he visto a nadie apasionarse tanto por ningún tema. – se hundió en la cama, apoyándose la mano delante de los ojos y apartándola de nuevo. – Todo se arreglará.

– Todo se arreglará... te lo dedicaré a ti entonces... – sonrió, abrazándose a él, sintiéndose más relajado de alguna forma tonta. – Okuma... vas a encontrar trabajo.

– Eso espero. No creas que me fui al culo del mundo a trabajar por gusto. Si no me queda más remedio montaré mi propia clínica privada pero nunca me han gustado esa clase de riesgos. – murmuró. Girando un poco la cara para mirarlo a los ojos, finalmente para no decir nada.

– ¿Por qué no? Yo sé que tendrías éxito... – lo miró de igual manera, serio. – Lo que dije fue en serio, las personas siempre necesitan médicos. Y muchos de esos hospitales en la ciudad... Estoy seguro de que son muy despersonalizados.

– Sí, probablemente…– dijo pensando que él era el especialista en despachar a la gente rápido en el hospital pero prefiriendo no remarcar ese hecho. Al menos los auscultaba realmente. Le pasó la mano por la espalda para girarlo hacia él. –Le pediré a mi ex mujer que nos deje dormir en casa la primera noche y como el piso aún está a nombre de los dos… no tiene más cojones de todos modos.– frunció el ceño todo lo humanamente posible. – De todos modos cuando sepa lo sucedido… No es tan mala persona, y quiere a Seki, aunque sea una zorra egocéntrica.

– Tienes una mejor familia que yo entonces... – suspiró con algo de tristeza, bajando la mirada porque ya sabía cual sería la reacción de Okuma. – Gracias, Okuma. No he agradecido tanto en toda mi vida.

– Calla. – le dio una nalgada, mirándolo a los ojos igualmente, como retándolo a contrariarle. –Tu familia somos nosotros ahora. ¿O no?

– Sí, lo sois, pero no me calles... – protestó aunque sintiéndose bien. – Mi familia son Goro, Seki y tú ahora... Y no lo digo sólo porque no tenga a nadie más. – añadió rápidamente por si acaso pensaba eso.

– Cállate. – probó, sonriendo de medio lado. No podía creerse que fuera a ponerse borde con él por eso.

– Que no me calles. – protestó, frunciendo el ceño aunque no estaba enfadado por esta vez.

–Te callo.– el moreno se apoyó en una mano, preguntándose qué iba a hacer y si podría seguir con esa discusión eternamente.

– No me calles... – le palmeó el pecho como advirtiéndole, preguntándose si pensaba seguir con eso.

Okuma se enserió, alzando una ceja y tumbándolo de un empujón de vuelta, subiendo la mano por su cuello y alzándole la cara un poco, sujetándole la garganta con firmeza, sin percatarse de que su sexo comenzaba a obrar por sí mismo. – No me empujes… Estoy alterado.

– Fuiste tú quien me empujó, ¿qué te sucede? – lo miró desafiante, respirando un tanto agitado, quisiera o no. Y sujetando la mano que el moreno tenía en su garganta.

El mayor observó su mano, aunque más delicada, más grande que la suya, los pectorales dibujados por la abertura de la camisa de Atsushi que respiraba agitado. Se inclinó sobre él, sin soltarle el cuello, subiéndose sobre su cuerpo y besándolo profundamente, succionándole la lengua. – ¿Tienes más que decir?

– Tengo mucho que decir. – lo retó, sujetando su nuca con la otra mano y besándolo apasionadamente. Había extrañado demasiado aquello.

Okuma le sujetó las muñecas, echándoselas atrás de la cabeza contra el colchón. En parte recordando cuando habían luchado en el pueblo, a muerte… el muy cabrón… había notado su falo tambalearse mientras luchaban. Le había ganado, eso había herido su orgullo tanto que no podía ni creerlo. Arrastró su sexo duro contra el de Atsushi, apretándolo con fuerza contra su muslo. – Pues habla… – lo retó, besándole el cuello y mordiendo la camisa para apartarla, succionando su piel y mordiéndole. Olía y sabía a sudor fresco, no podía negar que aquello lo excitaba más incluso. Resopló contra su piel sintiendo cómo su propio sexo se erigía aún más potente contra el hombre bajo él.

– No me calles... – protestó de nuevo el moreno ya que en realidad sólo se trataba de eso, apartando la camisa de Okuma para sentir sus hombros, sus fuertes brazos sujetándolo mientras continuaba mordiéndole el cuello y el pecho de aquella manera, haciéndolo jadear con fuerza, su sexo erguido.

– No… Ahora no te quiero callado…– le subió la camisa con una mano, sin molestarse en abrirla, arrastrando las manos por sus abdominales y su pecho, sacándose después la suya propia y lanzándola al suelo. Golpeándole el pecho, arrodillado por no sentarse sobre él.

– Okumah... – jadeó el moreno, aprovechando para alzarse un poco, devolviéndole el golpe en el pecho, antes de halarlo hacia él.

El moreno devoró sus labios salvajemente, enredando las manos en su cabello negro y revolviéndoselo, estrujándoselo con fuerza. Tumbándolo de nuevo. Se levantó de rodillas, sus ojos grises observándolo fijamente. Bajándose ligeramente la ropa interior y empujándolo hacia abajo una vez más. Sujetando su propio sexo para meterlo en la boca de Atsushi.

Atsushi lo succionó con fuerza, envolviéndolo en su lengua y mirando al moreno a los ojos casi como si lo retara. Le sujetó las nalgas con las manos, moviéndolo contra sí, alzando una rodilla para controlar sus propias caderas, ya que su sexo se sentía apretado contra la ropa.

Okuma le golpeó los labios con el empapado pene, rozándolo contra ellos sin dejarle alcanzarlo de nuevo, empujándolo otra vez en su boca y apoyando una mano en la pared del vagón, moviéndose dentro de su boca y respirando entre dientes excitado. – Mira ahora qué callado estás…

Atsushi enrojeció, succionando su sexo con más fuerza aún, como si quisiera exprimirlo, a la vez que le daba una nalgada, sonriendo interiormente. Se sentía sumamente caliente, todo su cuerpo, como si se fuera a encender.

El doctor apretó las mandíbulas excitado, apartándose de su boca y sujetándolo para voltearlo boca abajo en el catre que hacía tiempo chirriaba a más no poder con las sacudidas. Se tumbó sobre él apenas le hubo quitado la ropa interior por una pierna tan sólo, rozándose entre sus nalgas y volviendo a sujetarle el cabello que revolvía con una mano mientras la otra rebuscaba el apretado sexo bajo ambos cuerpos contra las sábanas, lo sujetó. Moviendo la mano aceleradamente sobre él mientras le mordía la nuca, jadeando con fuerza y por poco conteniéndose de penetrarlo ya.

Atsushi jadeaba pesadamente contra el catre, su sexo erguido a más no poder, caliente, pulsando contra la mano de Okuma. Alzó las nalgas, golpeándose contra el doctor como pidiéndole que lo penetrara, sus manos apretando las sábanas con fuerza.

– Ohg… – Okuma ahogó un gemido, apretando con fuerza las mandíbulas al entrar en el cuerpo de Atsushi de golpe. Le alzó las nalgas con las manos, sujetándole las caderas con fuerza y arrodillándose de nuevo. Echó el cuerpo hacia atrás, separándose de él y moviéndolo contra las sábanas con fuerza, haciéndolo rebotar contra su cuerpo, observando su espalda pelarse de sudor, cada uno de sus músculos excitándolo aún más.

Atsushi se alzó un poco sobre las sábanas, aumentando el roce de cada embestida contra sus nalgas, dejando que el cuerpo de Okuma lo empujase hacia delante, aún jadeando de aquella manera fuerte, ruidosa, su sexo manchando las sábanas con el líquido transparente que salía de él, su rostro rojo por la pasión.

Okuma se volcó hacia él de nuevo, manteniendo las rodillas apoyadas a los lados de las de Atsushi, apoyando una mano contra su cabeza, sujetándolo mientras lo penetraba y rozando la frente contra la parte superior de su espalda, mordiéndole la piel de nuevo. Apartándose para girarlo de pronto, sin dejar un sólo segundo pasar antes de volver a entrar en su cuerpo. Observó su gesto cansado y sumamente excitado a la vez, casi sintiéndose golpeado por la excitación que le provocaba su expresión. Lo besó profundamente, apretando las caderas contra su sexo. Alzándole un poco las nalgas con una mano y golpeándoselas.

Atsushi lo rodeó con sus brazos, apretándolo contra sí, moviéndose de aquella manera casi salvaje, sus rodillas dobladas contra su pecho, sus labios abiertos, dejando escapar los gemidos y los jadeos sin que le importase nada, tan sólo lo bien que se sentía y lo mucho que necesitaba aquello. Le pasó una mano por la cabeza, espelucándolo y sujetándola de manera que lo mirase a los ojos, su espalda arqueándose al sentir una corriente de placer. Se lamió el labio inferior, moviéndose con más fuerza, intentando durar un poco más pero corriéndose sin que pudiese evitarlo, el líquido salpicándole el pecho, derramándose hacia las sábanas al tiempo que el mismo Okuma eyaculaba ferozmente en su interior.

El doctor rugió entre dientes, soportando el alzar la voz por el gran placer que lo invadía, moviéndose a embestidas profundas sobre él hasta que la última gota hubo manado de su sexo. Sus ojos grises aún seguían observando los azules de Atsushi mientras jadeaba. –Te quiero…– apoyó la frente contra la suya.

– Sí... Yo también, Okuma... – respondió por fin, un poco rojo porque se lo hubiera dicho así y acariciando sus mejilla, aún respirando agitado. – Te quiero...

– Hm…– Okuma no acertó a decir nada, percatándose entonces de que se lo había dicho y no pensado. Estaba tan cansado que tras desahogarse de ese modo ni siquiera estaba pensando bien. Se recostó a su lado, girándose de frente y pasándose la mano por el cabello hacia atrás, Atsushi girándose de lado para acercarse más a él, rodeándolo con un brazo de todas maneras.

– Deberías dormir un poco...

– Sí. – le sujetó el brazo con la mano, acercándolo más para que se recostase en su pecho. Pensando que seguramente ahora podía dormirse, hasta le estaba entrando el sueño. – Duérmete tú también.

– Luego de que te duermas tú... – accedió porque no confiaba en que fuera a descansar, además de que él ya había dormido, no tenía tanto sueño.

El moreno protestó calladamente, demasiado cansado para otra discusión, cerrando los ojos aunque dudaba poder dormirse si seguía mirándolo tan fijamente. Entreabrió los ojos para mirarlo. – Tendré que comprarte un collarcito nuevo.

– No es necesario... – protestó, enrojeciendo y cubriéndole los ojos con una mano. – Duerme...

El moreno le sujetó la mano, bajándola a su pecho de nuevo. – Sí, yo me duermo, pero te compraré otro. – insistió necio y serio.

– Bien... – contestó Atsushi desviando la mirada, pensando que era lo más necio del mundo y sonriendo un poco.

..............

–Seki…– Goro miró al chico entre sus brazos, ni se habían planteado por un momento dormir en distintas camas. – ¿Estás dormido?

– Ya no... – sonrió el chico, estirándose un poco y mirándolo. – ¿No estás cansado?

– Sí… pero no consigo dormirme, estoy pensando en cosas todo el tiempo y cada vez que lo intento se me vienen aun más cosas a la cabeza. – Goro lo siguió mirando atento, sonriendo un poco y enrojeciendo al pensar que parecía un gatito desperezándose. – Toda tu ropa se quedó allá…

– Inclusive lo que estaba diseñando para ti... – suspiró, con cara de pesadumbre. – Por suerte, aún dejé algunas cosas en casa de mi madre... Y supongo que empezaré de nuevo lo que hacía... Diseñaré algo para el nuevo Goro. – le sonrió, pasándole una mano por la frente como deseando que no recordase nada extraño.

– ¿Por qué dices eso? – preguntó preocupado. – ¿Me comporto extraño?

– No... Claro que no... Lo decía porque... dejas todo eso atrás... las cosas malas... – se explicó nervioso.

– Ah… ya… y las buenas…– Goro se quedó mirando a la pared con gesto ausente. – A mí nunca me agradó mi madre. – dijo de pronto, cambiando de tema. – Aunque sí que me gustaba el ruido… Recordaba ruido en la casa… Cuando vosotros llegasteis todo cambió.

– ¿Para mejor? – le preguntó esperanzado. – Voy a hacer mucho ruido si eso quieres, a mí madre le molesta el volumen al que escucho la música... A mi padre también pero él sólo refunfuña... – se rió, intentando distraerlo. Sabía que iba a extrañar su hogar, lo tranquilo que era todo.

– Para mejor, claro.– sonrió y lo miró a los ojos, notando cómo trataba de animarlo. – Pero me pregunto cómo vamos a seguir adelante… qué pasará… Si la poli va a ayudarnos aquí…– siguió conjeturando acerca de sus dudas.

– Claro que van a ayudarnos. No se han apoderado de toda la policía, sólo serían esos... – le aseguró, no queriendo ahondar demasiado. – Y ya te dije, se irán a vivir con nosotros, mi padre hallará un empleo, tu padre también... Terminarás la escuela y... – suspiró porque se quedaba sin aire. – Vas a ser muy feliz.

– Ya… Seki que se te va la olla. – el moreno se rió, pensando que estaba fantaseando muchas conclusiones de la nada. – Pero vamos a vivir juntos. Eso sí es bueno. – Enredó un dedo en su cabello, jugando con un mechoncito. – ¿Crees que quieran vivir juntos o que al final se comprarán cada uno un piso por su cuenta?

El chico se echó a reír, besándolo en los labios. – No seas baka, somos una familia. Claro que vamos a vivir juntos. Además, mi padre está completamente enamorado... Te lo puedo asegurar.

– Pues se pasan la vida discutiendo. – Goro lo miró a los ojos y luego sonrió también, pensando que no debía enterarse de nada, pero a él no le gustaría nada estar así discutiendo con Seki. Con una sola discusión ya se habría traumatizado seguramente. – Yo sí que estoy completamente enamorado de ti. – le tocó la cara con una mano, besándolo suavemente y abrazándolo contra él después. –Espero que nunca cortemos… o imagina qué incómodo…

– No tenemos por qué... Goro... – Seki le tocó el rostro de nuevo, bajando por su cuello y dejando la mano sobre el corazón del chico, eligiendo muy bien las palabras. – No tienes idea de lo mucho que me dolía pensar que te había perdido... Se me curó el miedo al compromiso.

– Baka…– Goro se rió y luego le sacó la lengua. – De todos modos yo ignoraba tus recelos. No te hacía caso con eso. Sabía que me querías en serio. Se te notaba, se te nota. – lo besó suavemente, abrazándolo más y cogiéndolo incluso con una pierna.

– Se me nota... se me nota mucho... – sonrió, besándolo de vuelta y moviéndose un poco en forma de juego. Terror o no, era cierto que Goro lo había elegido incluso cuando actuaba de esa manera tan extraña. – Se te nota a ti...

– Porque te quiero mucho. – lo miró a los ojos, sujetándole la cara con las manos. – No sé lo que sucedió pero te quiero mucho, más que a nadie. Nunca te haría daño y SE que no pasó nada entre esas tías y yo…


– No, no pasó nada. Seguro... – le sonrió un poco orgulloso, aunque aquello no fuera nada sano, porque recordaba cómo se habían molestado en ese momento. Y cómo lo habían mirado desde fuera de su celda. – Goro... Te amo.

– Yo a ti. – el chico lo besó otra vez, cerrando los ojos y pensando en lo mucho que lo quería. Lo abrazó con fuerza oliendo su cabello y comenzando a acurrucarse mejor.

Seki sonriendo más y apretándolo contra sí con suavidad, observando a los lobitos que corrían por el vagón aunque los habían metido a escondidas. – Todo va a salir bien. Ya verás... – le aseguró, un poco más serio, besándole la frente.


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