Capítulo
48
Somebody’s Watching You
Seki bajó las escaleras, sacudiéndose el cabello.
No había dormido en toda la noche como era de esperar y se
veía fatal, a diferencia de su apariencia habitual. Pero
no era algo que le importase en esos momentos. La búsqueda
del día anterior tampoco había rendido frutos y sentía
que en cualquier momento se iba a poner a gritar.
Su padre lo miró mientras hablaba por teléfono. –
Ya… sí... – murmuró, como si no prestase
ninguna atención a decir verdad, pasándose la mano
por la frente. – Gracias. – susurró antes de
colgar. – Una persona dice que vio a Goro en la carretera,
cerca de la ciudad, acompañado de un adulto. No sé
pero tenemos que ir aunque sea de nuevo un aviso falso o una tomadura
de pelo.
– Vamos ya... – asintió el chico, arrodillándose
para ponerse las zapatillas, frunciendo el ceño. Se sentía
extraño, quería emocionarse, quería creer que
iban a encontrar a Goro esta vez pero... cada vez empezaba a desanimarse
más. – No tiene sentido... que se vayan a la ciudad...
– No pero hay que ir. – el moreno que circulaba como
un fantasma por la casa desde la desaparición de Atsushi
cogió su cartera, guardándosela en el bolsillo del
pantalón gris. Saliendo de la casa con su hijo y llevándolo
al coche. –No tiene sentido nada…
– No pueden haber desaparecido de la faz de la tierra. No
es lógico. – Seki lo miró, deseando darle ánimos
a su padre como siempre pero él mismo tenía la reserva
baja. – A Goro le gusta este pueblo y también a Atsushi-san,
¿no?
–Sí, eso creo pero ya no sé nada. – abrió
un poco la ventana, colocándose el cigarrillo en los labios
y mirando a la calzada. A veces le parecía que todo hubiera
sido una tomadura de pelo muy bien orquestada. Tenía ganas
de actuar sin lógica, de hacer algo que le quitase aquella
angustia y aquella furia contenida. A veces le temblaban las manos,
no recordaba haber sufrido tanta ansiedad nunca.
Seki se quedó en silencio observando a su padre. No recordaba
haberlo visto así antes. Claro, lo mismo podría decirse
de él. Ni siquiera se había pasado un cepillo por
la cabeza desde la desaparición y aunque pareciera una tontería,
en él demostraba mucho. – Vamos a encontrarlos. –
sentenció de pronto, serio, mirando por la ventana de nuevo.
Okuma no contestó, no podía estar tan seguro y tampoco
quería sumergir a su hijo en sus temores y fantasmas. No
dejaban de pasársele por la cabeza teorías a cada
cual más hilarante y todas igual de desesperanzadoras. –
Cuando leí los informes de la mujer de Atsushi… Había
bastantes cosas raras. Al parecer era adicta a algunas sustancias.
No fármacos, sino drogas naturales.
– ¿Crees que Goro y su padre también? ¿Crees
que eso los volvió... locos? – bajó un poco
la voz porque no quería llamarlos así. Pero era lo
que se preguntaba. – La madre de Goro... – sacudió
la cabeza, disipándose la mente. Ella nunca había
regresado, jamás la habían encontrado. Eso no les
podía suceder a ellos. – ¿Y si el sueño
era cierto? Si la madre de Goro le ponía algo a la leche...
– No creo que le pudiese poner nada que fuera a afectarle
a día de hoy, tal vez cuando era un bebé pero no ahora.
De todos modos ellos no se comportaban como dependientes a una sustancia
ni nada por el estilo. Es cierto que podrían tomarla en cualquier
momento que nos descuidásemos pero no, no. Yo no creo que
fuese eso, no sé qué pensar, Seki. – suspiró
con fuerza, bajando un poco más la ventana y dejando el brazo
apoyado en el marco.
Paró el coche donde supuestamente habían visto a
Goro con un adulto. Había un sobre en el suelo, cubierto
en cierta medida por la tierra levantada por los pocos coches que
allí circulasen. – Hay un sobre en el suelo. –
dijo abriendo la puerta.
Seki se arrodilló en el suelo, apartando la tierra con sus
propias manos sin que le importase ya y abrió el sobre al
descuido. Era casi imposible que les hubieran dejado una nota allí,
en todo caso lo habrían hecho en la casa, ¿no? Se
quedó paralizado al ver lo que contenía el mismo.
Una fotografía suya con su padre, completamente desprevenidos
en sus pesquisas del día anterior. La nota que la acompañaba
escrita de manera apresurada al parecer por la letra. “Váyanse
a casa, citadinos.”
Okuma sujetó la foto, observándola y sintiendo que
el corazón le galopaba con fuerza en el pecho. Inmediatamente
se giró sobre sí mismo, buscando la presencia de alguien
a su alrededor. – Diría que hay que mostrarle esto
a la policía pero ya no estoy seguro de que sea muy buena
idea. Estoy pensando en pedir ayuda a las autoridades fuera de este
pueblo de mierda.
– Sí... Yo... Estoy asustado, papá... –
Seki lo miró aún con aquel gesto tenso en el rostro.
– Es imposible que la policía no haya encontrado nada,
ni una pista... nada.
– ¿Cómo iban a encontrar nada si no han hecho
nada? – el moreno tuvo que contenerse para no hablar bruscamente
y mucho más aún para no pegarle un puñetazo
a algo. – Ojalá pudiera largarte de aquí, decirte
que te fueras a la ciudad con tu madre… – apoyó
la mano en el capó, bajando la vista y subiéndose
las gafas por el puente de la nariz.
– No me iré, no me voy a ir sin Goro. – protestó
enseguida, luchando por no levantarle la voz. Ya sabía que
los dos estaban tensos. – ¿Qué quieres que haga
en la ciudad? ¿Deprimirme? ¿Preocuparme? Yo lo amo,
papá.
–He dicho que ojalá pudiera mandarte pero no puedo.
Sé lo que sientes y no soy tan imbécil. Además
te… Te necesito. – murmuró, frunciendo el ceño
y metiéndose en el coche. – Entra. Vamos a buscarlos
nosotros y vamos a encontrarlos.
Seki se quedó allí un momento, corriendo al coche
luego y entrando, abrazando a su padre con fuerza antes de ponerse
el cinturón. – Te quiero... vamos a encontrarlos...
– asintió, suspirando. – Ojalá Goro tuviese
un móvil...
– Seguro que no se lo habría llevado, hijo. Si salieron
desnudos…– el moreno sonrió un poco, por desesperación
casi, tratando de actuar con esperanza. –Vamos a aquella casa,
donde encontrasteis a la loba y al acantilado donde os sucedió
aquello, no vamos a dejar un rincón de este pueblo sin buscarlos.
– Sí... ¿sabes una cosa? En esa casa... había
una bañera... con los grifos en forma de cabeza de lobo...
Recuerdo que pensé que era un lugar extraño para una
bañera, como una sala... – le comentó, sin saber
si tendría algo que ver pero cada detalle le parecía
importante. – Creo que aún funcionaba.
– ¿Una bañera como las occidentales? –
le preguntó su padre, extrañado aunque ya nada le
chocaba demasiado en aquel pueblo.
– Sí, y en medio de un salón enorme... La ropa
también era occidental por cierto. Aunque... ya la destruí
casi toda. – sonrió un poco aunque sin muchas ganas,
apartándose el cabello del rostro.
– La restauraste. – el moreno lo miró de soslayo,
pasándole la mano por la cabeza y dejando que se desviase
de la conversación con lo que fuera al menos por unos segundos.
Le apretó un poco la nuca y devolvió la mano al volante.
Frenando de golpe al ver que salía una mujer al camino. Les
pidió el alto, haciendo que luego una hilera de niñas
atravesase la carretera.
Seki desvió la mirada observando a las niñas, una
de ellas saludándolo y riendo, el chico devolvió el
saludo sin muchos ánimos hasta que la niña fue reñida
y apresurada para que cruzase, la mujer mirándolo molesta
como si él hubiera hecho algo malo.
– Qué gente más rara. – murmuró
el moreno, mirando luego atrás por el retrovisor a medida
que se alejaban por la carretera. – En cuanto los encontremos
nos los llevamos de aquí. Volvemos a la ciudad, ya encontraré
trabajo donde sea.
– Sí, no te va a costar trabajo... – sonrió
aunque recordaba que era la razón por la que habían
ido allí en primer lugar. – Incluso a Atsushi-san le
irá mejor con sus relojes y Goro... – se le quebró
la voz, haciéndolo bajar el rostro para no dejarse llevar
por la tristeza. Quería pensar de manera positiva.
– A Goro también le irá mejor. No te pongas
a llorar o te dejo en casa. – le advirtió aunque mentía,
no lo pensaba dejar ni loco.

Continua leyendo!
|