.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 41
I Know a Little Game

Goro lo sujetó por la cintura para subirlo a la orilla y se apoyó en el campo para salir, trepando sobre él directamente y besándolo amparado por los árboles. Le besó el pecho varias veces y regresó a sus labios. Pasándole una mano sobre la piel y jugando con sus pezones, sonrió y lo besó otra vez. – Todo el día estoy pensando en sobarte.

– Y todo el día estoy pensando en que me sobes... – se rió el chico, observándolo a los ojos y apartándole el cabello mojado del rostro. – Me encanta esa sonrisa...

– Pero no quiero que nos vean y me caiga otra bronca esta vez por exhibicionista. – bajó una mano y la apoyó sobre su paquete, acariciándolo y apretando su sexo con la mano, siguiendo la forma de este, colándose bajo la ropa.

– Pues que no nos vean... – murmuró el chico, respirando con fuerza y tocando el sexo de Goro también por encima de la ropa. – Seguro como siempre...

– ¿Te lo quito? – le pregunto el moreno, dos dedos bajando ya un poco de su ropa interior. Sólo mirarlo hacia pulsar su sexo y la mano de Seki siempre se sentía increíble. Bajó la vista para observar cómo lo tocaba.

– Sólo si yo te puedo quitar el tuyo... – lo tentó Seki, sin dejar de tocarlo, halando un poco la tela de pronto y poniendo cara de inocencia. – ¿Puedo?

– Sí… – el chico sonrió enrojeciendo, ayudándolo a que le quitase aquello y bajando el de Seki. Le pasó la mano suavemente por encima, observándolo pulsar a su tacto. Escuchando el sonido suave de las piernas de Seki rozar antes de separarse ligeramente. Le besó los pezones, acostándose a su lado y succionando uno de ellos mientras jugaba con sus testículos. Se sentía completamente prendido, aún más en aquel lugar. Era como si solo fuera de ellos, aquel lago.

– Goro... – gimió el chico, masajeándolo con suavidad, sintiéndolo crecer en su mano, mientras con la otra le acariciaba el cuello, entrecerrando los ojos. – Definitivamente... me gustas así...

– No se supone que te guste mientras duermo. – sonrió, mordiéndole un poco el pezón, de forma completamente suave y aún así temiendo molestarlo. Le besó el abdomen, bajando por sus caderas y dirigiéndose a su sexo. Se lo metió en la boca, lamiéndolo y succionándolo, apretando el propio contra la hierba y sujetando uno de los pies de Seki, bajándolo para apretarse sobre él.

– No... Se... Se supone que me gustes siempre... – el chico rió, aún mientras jadeaba de aquella manera, moviendo el pie con suavidad para rozar su sexo, estremeciéndose por la excitación.

– A mí me gustas siempre… y todo…– le besó el vello en el pubis y después las ingles, rozándose contra sus testículos y oliendo su piel. Le acarició las piernas, moviéndose para deslizar su sexo entre la hierba y bajo el pie del chico. Le daba pereza dejar de sentir aquello pero aún así le dobló las piernas sobre sí mismo, observando a plena luz esta vez el cuerpo de Seki, besando su ano y lamiéndolo.

– Goro... te amo... – gimió Seki, cubriéndose el rostro con una mano que deslizó luego por su propio pecho, dejándose embargar por el placer, sujetando sus rodillas luego para ayudarle.

–Yo a ti…– el moreno regresó a su sexo, los dedos entrando en Seki con cuidado, acariciándolo y sintiendo la presión, lo sumamente caliente que estaba allí dentro. Respiró con fuerza contra la piel del chico, su propio sexo pulsando con fuerza. – Seki… – se recostó sobre él, apoyando su sexo contra el del chico. –Quiero hacerlo. – le dijo nervioso y avergonzado. – Quiero saber qué se siente y estar aquí… No me aguanto las ganas…

– Está bien... si es lo que deseas... no me molesta. Yo también te deseo dentro, Goro... – lo miró a los ojos, besándole los labios con suavidad mientras se frotaba contra él. – Quiero sentirte...

– Te quiero… – susurró casi, nervioso y serio, completamente rojo mientras sujetaba su sexo sin salirse de encima de él, por un momento inseguro de si debía o no, sintiéndose un poco mal por su padre. Pero quería hacerlo, no hacía falta nada más, ellos se amaban. Lo frotó un poco contra la entrada del chico, besándolo y empujándolo levemente, soltándolo para tomar las manos de Seki. Se empujó en él por completo, sintiendo como si su cuerpo ardiese y gimiendo sin poder evitarlo. Jadeó contra sus labios, los ojos entrecerrados mientras se movía con suavidad aún por si lo molestaba. Sus dedos cerrándose en torno a los del chico.

– Puedes... moverte más rápido... – le aclaró Seki por si acaso, observando sus ojos, enrojecido por el deseo, besándolo de nuevo y abrazándose a él, moviéndose para incrementar la fricción de su sexo con el abdomen del chico y apretándolo con las piernas.

– Sí… vale… – Goro le besó el cuello, completamente perdido en aquello, sujetando su sexo con una mano al notar lo que hacía, ayudándolo y penetrándolo más fuerte, el placer creciendo aún más si era posible, haciéndolo jadear pesadamente. Lo miró a los ojos, besándolo otra vez y soltando su sexo para tomar sus nalgas, alzándoselas un poco para embestirlo mejor. No podía tocarlo tanto como quería.

Se acostó en la hierba y lo miró. – ¿Te pones encima? – le preguntó avergonzado pero demasiado excitado para callarse por eso. – Quiero tocarte…

– Claro... Me encanta cuando te sonrojas... – le sonrió, claramente excitado, besándolo una vez más, profundamente antes de colocarse como el indicaba, él mismo tomando el sexo de Goro para penetrarse, acariciando sus muslos, mientras se movía.

– Ah…mh – Goro cerró los ojos, apoyándose en una mano y sentándose un poco. Moviéndose bajo él y besándole la nuca, los hombros, observando su cuerpo desde atrás y apoyándolo mejor contra su pecho. Su otra mano le acarició, bajando hasta el sexo del chico, masajeándolo con fuerza. – Te quiero…– le repitió.

– Yo a ti... – contestó Seki, girando el rostro un poco para observarlo de soslayo, cerrando los ojos luego y dedicándose a sentir, los gemidos escapando de sus labios como si fueran las únicas personas en el mundo, sus nalgas moviéndose al ritmo de Goro, sintiendo cómo lo penetraba.

El moreno lo sujetó, echándolo hacia delante y montándolo a gatas, haciéndoselo con más fuerza ahora y jadeando contra su espalda. Nunca se había sentido así, sus manos se sujetaron a las nalgas de Seki con fuerza, recorriendo sus piernas después, su espalda. Amarrándose a sus hombros con una para hacerlo chocar más fuerte contra él.

– Go... Goro... – gimió con fuerza el chico, su respiración más pesada, una corriente de placer recorriendo su cuerpo entero, su sexo erguido y pulsante, goteando. – Así...

– ¿Así te gusta? – le preguntó. Había pensado que igual se estaba poniendo muy brusco así que se arrodilló tras él, sujetándole las caderas y dejándose llevar por la pasión, sus manos aferrándose a ellas y haciendo que el chico también se moviera a su ritmo. Echó la cabeza hacia delante, cerrando los ojos y sintiendo el flequillo chocar contra su piel cada vez que se movía.

– Me... encantaaaaaa... – contestó, riendo un poco después por cómo le había salido la voz, volviendo a los jadeos, su sexo pulsando aún con más fuerza. No quería correrse todavía, lo estaba disfrutando mucho, aquella urgencia en el chico, la manera de tocarlo tan apasionada y deseosa.

– Seki… Seki… – Goro lo llamó, sin saber muy bien por qué, ni pensarlo siquiera. Sentía que su sexo iba a derretirse dentro de él. Se acostó sobre él, colando una mano bajo su abdomen para tomar su sexo. Masajeándolo febrilmente y notando cómo resbalaba empapado. – Mhf… – le apoyó la otra mano en la cabeza como si quiera acapararlo absolutamente todo. Su sexo pulsando en el interior del chico, golpeándolo por dentro y haciéndolo correrse quisiera que no. Jadeando ruidosamente contra su cabello, Seki corriéndose a su vez, liberando sus ansias por completo y gimiendo en voz alta, sonriendo un poco.

– Goro... oh, Dios, Goro... – gimió, cerrando los ojos, e inclinándose hacia delante, jadeando con fuerza. – Goro...

– Hmph… – el moreno tragó saliva, respirando fuertemente y estremeciéndose aún, deslizándose fuera de su cuerpo para voltearlo y abrazarlo de frente. Lo besó profundamente, sintiendo que lo quería más que nunca si era posible, apretujándolo contra sí.

Seki le devolvió el abrazo, sonriendo, y recostándose en su hombro. – “Te amo... Goro...Te voy a amar siempre”

– Yo a ti… – lo besó profundamente, abrazándolo con fuerza de nuevo y acariciándole la espalda, las nalgas. Todo. – Seguro que hasta en la cara se me va a notar… No puedo dejar de sonreír… – se mordió el labio inferior, tratando de conseguirlo.

– No importa, yo tampoco. Y no lo intentes, baka... – se rió, separándose un poco para mirarle el rostro. – Ya te dije que me encanta tu sonrisa.

– Ya…lo sé… – se rió y le puso la ropa interior por si acaso. Ahora que habían salido victoriosos no quería estropearlo por vagancia. – Qué asco… quiero dormir contigo…

– Pues tomemos una siesta. Es lo único que se puede hacer. – se rió el chico, acomodándose el elástico de los calzoncillos. – Eres el primero que quiere vestirme.

– Baka… que no quiero que nos descubran…– se rió, apretujándose contra él. – Deja de hablarme de lo que quisieron otros. Por mí, les pegaba. – le sacó la lengua con el ceño fruncido.

– No les pegues que no tienen la culpa... Bueno, te dejo que le pegues a mi ex novio. – se rió aunque ya no le importaba nada. Y pensar que incluso se había deprimido. – Ahora sólo me importas tú de todas maneras. Y lo menciono porque me encanta el contraste.

– Me da igual… baka… No quiero pensar que te tocaron o no. – se acercó a él más, oliéndole el cabello aún húmedo. – Te voy a contar yo de la tía con la que me enrollé, a ver si te gusta. – le amenazó, pensando que probablemente le daría igual en realidad. – Mejor no nos dormimos aquí… no vaya a ser…

– No va a suceder nada... Pero vale, no quiero que nos agarre la noche. Y si no llegamos a cenar, nuestros padres nos matan. – se rió, sentándose del todo. – Ya sé, tenía los senos grandes, una figura para morirse y... era una tía. Yo soy otra especie.

– Baka… los tenía pequeños y era delgada que tampoco soy masoquista y además ya te lo conté. – se levantó, riéndose y ofreciéndole su mano. – ¿Tu madre tiene las tetas grandes y todo eso?

– No, las tiene normales, pero... prefiero no pensar en las de mi madre, agh... – se rió empujándolo un poco, antes de aceptar su mano para ponerse de pie, sacudiéndose hierba de las nalgas.

– Normal. – se rió abiertamente. – Pero mi madre si las tenía grandes… Aunque no cuenta porque no se casó con ella por gusto. – Lo llevó por la orilla del lago hacia el embalse – ¿Quieres verla?

– ¿A tu madre? Claro... Por alguna razón creí que no tenían fotos de ella. – se rió, pensando que era absurdo y se agachó una vez hubieron llegado para recoger sus pantalones y su camiseta.

– Bueno, no es como que tengamos muchas porque no se sacan muchas fotos en mi casa. Mi padre no es de esa clase. – se rió, vistiéndose y sujetándole la mano para llevarlo con él. – Hay algunas en el almacén de la tienda.

– ¿Recuerdas a tu madre, Goro? – le preguntó el chico, un tanto nervioso por si era algo demasiado íntimo o molesto para él. – Quiero decir... que si la recuerdas como persona, no su físico.

– No. No mucho y su físico tampoco mucho. No tengo buena memoria supongo. – sonrió levemente, encogiéndose de hombros porque le daba bastante igual. – Así que no la echo de menos, le tengo un poco de resentimiento en realidad… A veces me acuerdo de cosas. El ruido en la cocina cuando comíamos o mi padre riéndose con ella pero no me acuerdo de mucho. Además a veces tengo sueños raros.

– ¿Qué clase de sueños raros? – le preguntó casualmente aunque prestando atención. Tal vez le diera alguna pista acerca de su sonambulismo.

– Sueños con mi madre de cosas que seguro que no ocurrieron…

– Ya, pero ¿cómo qué? ¿Cómo sabes que no ocurrieron? – insistió curioso.

– No sé porque son cosas raras… Algunas no tanto pero otras…– se rió nervioso, reticente a hablar del tema.

– Ya... a lo mejor sí la extrañas después de todo. Parte de ti... – el chico cedió, pensando que tampoco lo quería obligar. Pero aquello lo intrigaba.

– No. No la extraño, no son sueños agradables de todos modos. Nunca hablo con mi padre de eso. Seguro que se pondría a decir que sólo son sueños o tal vez me riñe… No sé.

– No creo que te riña por soñar. – sonrió el chico de nuevo, sujetándole la mano. – Bueno, por algo sueñas con ella pero yo no soy psicólogo... Aún así, creo que no estaría mal que se lo dijeras ¿sabes? Tal vez te ayude.

– Bueno, igual se lo digo. – se tocó el cabello un poco y miró a Seki. – Mi madre no me daba de mamar. Me daba el biberón. Pero la leche era suya… – hizo una pausa y se quedó callado. – A veces sueño con lo que hacía por las mañanas, siempre se levantaba, me cogía de la cuna porque yo ya estaba despierto. Me llevaba a la cocina y me ponía en una silla de bebés mientras hacía el desayuno… yo la miraba prepararlo… Y siempre vertía leche de esa en el café de mi padre. Yo, como niño en el sueño no le daba importancia, sólo miraba… pero me dijo “Esto no es mi leche” y se rió… Lo sueño muchas veces.

– Vale, parece muy simbólico ¿no? – Seki se estremeció porque prefería pensar que eso no era un recuerdo. No sabía las costumbres que tendrían en un pueblo pero le daba un poco de asco aquello. – Aún así, ahora quiero ver fotos tuyas de bebé... – se rió, aligerando el tema.

Goro se rió. –Vale sí… mejor eso… Pero no recuerdo haberla visto hacer nada raro en directo… Sin ser un sueño, digo. – le confesó sin poder dejar de reírse ahora.

– Vale... porque me lo estaba preguntando... – se rió el chico, más relajado, pegándose a su brazo.

– No. Seguro a mi padre no le hubiera gustado nada ese menú aunque ahora me harás preguntarme si hacían esas guarradas cuando… ug…– negó con la cabeza tratando de no pensar en eso.

– No lo creo, no, además eso suena hentai y tu padre... no sé yo si sea un hentai pero seguro que no heterosexualmente. – se rió de nuevo seguro de que no tenía nada de pervertido en realidad.

– Yo creo que mi padre no es así de ningún modo. Si hace guarrerías raras ya será por culpa de tu padre, que tiene toda la cara de doctor shameless…

– ¿Mi padre? Pero si ni siquiera sabía que era gay... Bueno, como él dice: “No soy gay, sólo me gusta Atsushi.” – lo imitó, frunciendo el ceño, echándose a reír luego.

– Pues mejor, tampoco queremos que le guste nadie más. – se rió y le dio un empujoncito. – Sea gay o no… Mi padre le gusta. – entró en la tienda y correteó con su padre, besándole una mejilla. – ¿Me dejas las llaves del almacén? Le voy a enseñar a Seki las fotos. – se quedó mirándolo, notando lo que llevaba en el cuello y cerrándole la camisa hasta arriba sin decir nada para que Seki no viera. Tampoco quería que se riese de él o a saber, aunque él estaba aguantándose la risa y más con lo que venían hablando.

Atsushi se sonrojó, llevándose la mano al cuello y comprendiendo lo que había sucedido, haciéndose el loco aún así hasta que los chicos pasaran de largo. Ese Okuma...

– Oye, ¿no está enojado, verdad? Casi ni me mira... – le pregunto Seki a Goro, aunque igual seguía riendo un poco contagiado.

Goro abrió la puerta del almacén, entrando y riéndose en bajito. Se acercó para susurrarle al oído. – “Te dije que tu padre era un pervertido… Mi padre…”– se tuvo que esperar a dejar de reír. – “Llevaba un collar de perro en el cuello…”

– Oh... – Seki se quedó sorprendido, echándose a reír luego. Ya ni quería saber qué cosas le pasaban por la mente a su padre. Y luego lo reñía...

– Ay que mal… – dijo Goro riéndose sin parar y abriendo unas cajas. – Mi padre lo va a matar luego.

– ¿Por qué? A lo mejor tienen un trato de que debe usarlo todo el día, ¿no? Pero no esperaba que regresáramos aún. Yo qué sé. Mira, a veces cuando mi padre me da permiso para algo, tiene dobles intenciones...

– Qué horror…– Goro lo miró a los ojos, pensando que era un manipulador. –Yo no sé pero mi padre no es nada sumiso. Si tiene muy mal genio…– dijo haciéndose historias él solo. – O no sé… A lo mejor en el sexo… le gusta jugar a eso. – se quedó quieto como imaginando y se rió, enrojeciendo un poco. – Se ve bien… para ser mi padre.

– Oh, ¿sí? ... – Seki se rió maliciosamente guindándose de su cuello y besándole la mejilla, dejando sus manos reposar sobre el pecho del chico. – Tal vez hay otro niño al que le gusta jugar... ¿Te gusta jugar, Goro?

– Hum… sí pero no a eso…– se rió, espantándose un poco por si acaso iba en serio con eso.


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