.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 40
Happiness is Simple

Goro se movió, rodeando a Seki mejor y murmurando algo en bajito. Ni siquiera recordaba que se había quedado dormido en el sofá como un tronco después de comer, dejando al pobre Seki sepultado por él y los dos cachorros.

Okuma siguió hablando con su hijo entonces. – ¿Qué expresión tenía?...

– Estaba muy serio, nunca lo he visto así pero supongo que es porque estaba dormido... ¿no? – le preguntó el chico a su padre, acariciando el cabello de Goro, sin poder evitar sonreír un poco por cómo dormía.

– Lo normal es tener la expresión ausente. – le explicó a su hijo. No era que desconfiase de Goro o algo así pero quería saber qué había sucedido exactamente. – ¿Hablaba?

– Sí... – Seki lo miró a los ojos preocupado. Aún no había querido decirle que lo había asustado un poco. – Pero también serio... dijo que me estaba observando...

– ¿Que te estaba observando? ¿Qué observaba? – preguntó, tratando de seguir con la misma expresión inexistente que cuando hablaba con un paciente de algo comprometido. Esta vez era diferente claro. – ¿Por qué estaba desnudo? ¿Se estaba masturbando?

– No... No, sólo estaba ahí sentado... – le aseguró el chico, apretando a Goro contra sí, recordando cómo estaba sudando, con el sexo erguido... Pero no podía decirle eso, seguro que luego no los dejaban solos nunca más.

– ¿Creías que estaba despierto? ¿Sabes que puedes despertarlo? No es verdad eso que dicen sobre que no se puede despertar a un sonámbulo. Quiero que lo despiertes si vuelve a comportarse así y que me avises. No me gusta… ¿Entiendes? – se inclinó hacia él para hablar más privadamente. – “¿Qué sucedió? ¿Sucedió algo malo?”

– “No, no me hizo nada si eso piensas.” – murmuró, aún acariciándolo, a pesar de que uno de los lobitos le lamía la mano para que le hiciera caso a él. – No sabía... que podía despertarlo. De todas maneras, Atsushi-san ya me pidió que le avise.

–Vale… pero avísame a mí mejor…– lo siguió mirando a los ojos. Sabía cuando le estaba mintiendo pero no iba a continuar con aquello, comprendía que no quisiera contar si lo había molestado. O tal vez era verdad y él sólo estaba demasiado preocupado. – “Atsushi también ha estado sonámbulo esta noche… Imagino, aunque nunca había visto a uno antes y no estoy seguro pero… parecía despierto… Distinto a como es pero despierto.”

– “Sí... Goro también, pero yo tampoco he visto uno antes.” – confesó Seki, acariciando por fin al lobito para que se quedara tranquilo. – “Tal vez es algo de familia, ¿no?”

– “Puede serlo, sí, pero ya me sorprende que no se pegaran un cabezazo uno contra el otro.”– se rió malditamente, recostándose en el sofá de nuevo y mirando a su hijo.

– “Baka papá...” – se rió el chico también, observándolo y luego a Goro de nuevo. – “Tendré que vigilarlo para que no se lance por las escaleras.”

– Habrá que poner una puerta si siguen así… Pueden hacerse daño y a ti te voy a cerrar con llave, eso si no le coso la punta a tu novio. – alzó una ceja, amenazándolo por “listo”.

Goro se giró, como si lo hubiera escuchado. – ¿Qué de coser? – preguntó con cara de dormido, mordiéndole una oreja a uno de los cachorros que se volteó para atacarlo. – Ay… me come… – se quejó reído, sentándose y besando la mejilla de Seki.

– Nada... El único que cose aquí soy yo y no me gusta tanto... – El pelirrojo se rió, besándole la mejilla de vuelta. – Bienvenido a la vida, bello durmiente.

– Me voy a trabajar. – murmuró el doctor levantándose para ir a la clínica. –Hm… ¿Por qué no salís a dar un paseo? – les preguntó, dibujando una sonrisa.

– Vale. – Goro se rió también porque había pillado la indirecta, aún así le hacía mucha gracia.

– Gracias, papá... – Seki le envió un beso, pensando para sus adentros que era genial que su padre tuviera novio. – Goro... así no me voy a poder levantar.

– Porque no os quiero donde haya camas... y Atsushi ya os perdonó… – negó con la cabeza, saliendo antes que ellos y observando al relojero por el escaparate. Deteniéndose un momento a observarlo trabajar.

– ¿Dónde vamos?– le pregunto Goro a Seki.

– Podemos ir al lago o al pueblo de al lado, ¿no dijiste que querías ver a los demás? – le sugirió el chico sonriendo, pensando que no necesitaban camas realmente, eso era ingenuo.

– Vale. ¿A dónde prefieres? Es que me preocupa ir sin avisar porque a lo mejor no están… – meditó. – Podemos ir al lago a ver si así me canso y no me despierto por la noche haciendo cosas raras en pelotas. – dijo reído porque ya no le afectaba.

– Vale, vayamos al lago...De todos modos prefiero estar solo contigo... – se rió, besándole los labios ahora, susurrando luego. – “Aunque la parte de que andes en pelotas no me molesta... ¿eh? Creepy o no, te veías muy guapo.”

– ¿Era creepy? – se rió y lo miró a los ojos, sujetándole la mano y correteando un poco, luego andando de nuevo hacia el lago. – Tú siempre estás guapo… Me gusta mucho como te arreglas. La gente del pueblo casi nunca lo hace.

– Yo digo que debes tener estilo, no importa en dónde estés. – sonrió, guiñándole un ojo. – Y no, creepy creepy no, pero eras diferente.

– Pero te gusto más normal. ¿No?– le preguntó de pronto dudando de sí mismo aunque no tenía idea de cómo había sido. – ¿Qué te dije?

– Claro que me gustas más normal, baka... Pero seguía siendo tu cuerpo, no iba a dejar de mirar. – se rió, besándole los labios. – Nada, te pregunté qué hacías y dijiste que me estabas observando.

– Oh… qué pervertido… ¿No te dio miedo? A mí seguro me da un infarto si me despierto de pronto y alguien me está viendo fijo. – sonrió un poco. Se sentía un poco mal eso de hacer cosas y ni siquiera recordarlo. Se sentó en el embalse, descalzándose y hundiendo los pies en el agua.

– Me asusté pero... eras tú. No me das miedo. – sonrió, sacándose la camiseta para sentir el viento en su torso. – Además, te detuviste cuando te lo pedí...

– Qué mal. – bajó la mirada, apoyando la mejilla en su hombro y besándoselo suavemente. – Seguro que fue desagradable. Me voy a trancar la puerta.

– No seas tonto... No fue nada, como si hubieras tenido un sueño. – le alzó el rostro para que lo mirase. – Además, ya mi padre me dijo que te puedo despertar.

– Vale. – lo miró a los ojos y le besó los labios. – Menos mal que no me puse desagradable o algo. – se rió después, tirándose hacia atrás en la madera y pasándole la mano por la espalda. – Estás muy delgado.

– ¿Quieres un novio gordo, o uno fuerte y cachas? – se rió, inclinándose un poco hacia él. – Me pregunto si lo que pasa es que no puedes dejar de pensar en mí.

– No puedo dejar de pensar en ti. – le dio la razón pues la tenía, sonriendo y haciendo morros para que lo besase. Bajó una mano por el borde del embalse y lo salpicó. Apoyándola en su pecho después y acariciándolo. – Te quiero…

– Pues no me mojes, baka. – Lo besó suave y lentamente, susurrando luego sobre sus labios. – “Yo también te quiero.”

– Te mojo… Así luego puedo hacer esto…– lamió las gotas de agua, acariciándole los pezones y riéndose por lo rojo que se estaba poniendo mientras lo hacía. – Yo siempre que veía aquí solo me acostaba y cerraba los ojos… Me inventaba un novio… No te rías. – se rió él mismo.

– No me río. – se rió, más bien por lo que había hecho el chico y lo empujó con suavidad para sentarse a horcajadas sobre él. – Me vas a poner caliente... – le lamió el pecho, riendo, metiéndose con él.

– Es igual. Siempre lo estás te ponga yo caliente o te pongas tú solo. – se rió y le sujetó las piernas. – Tu padre dijo que no nos quería dentro por las camas. Si supiera que queremos hacerlo aquí.

– Oye, yo no siempre estoy caliente... a veces estoy tibio...– bromeó el chico, recostándose un poco sobre él. – Y sí, yo también lo pensé... ¿Sabes? Deberíamos conseguir algo de vino, sería genial...

– Nooo… ¿Para qué? Si con un poco que bebí ya me puse todo memo. – se rió, enrojeciendo y siguiendo la línea de su columna con un dedo. – Yo sé dónde conseguir y que no se enteren.

– ¿De verdad? Serás el proveedor entonces. – bromeó el chico lamiéndole la nariz, aún jugando. – Te ves encantador cuando bebes.

– Eso dices tú que me ves encantador siempre. – se quejó a medias, sonriendo. – Pues soy muy sexy… que lo sepas…– se rió y se volteó sobre él, sujetándose en las manos y besándolo de nuevo. – Voy a bañarme…

– Sexy y encantador... ¿Qué más quieres? Tu novio te adora... – se rió, apoyándose en sus codos. – Báñate, yo te observo ahora...

– No. Tú vienes conmigo que si no me da vergüenza pensar que me estas mirando. – se rió y tiró de sus manos para levantarlo también. – Vamos…– se quitó el pantalón pensativo. – Seguro que mola bañarse desnudos… esa noche…

– Molará... – asintió el chico dándolo por hecho y quitándose sus propios pantalones. – Tengo derecho a verte, eres egoísta... Pero... no es como que me desagrade que me miren a mí. – se rió, corriendo hacia el lago y lanzándose. Goro lanzándose tras él y abrazándolo en el agua. Lo besó profundamente, buscando el amparo de los árboles. – ¿Tu madre se quedó con vuestra casa en Tokio? – Preguntó de pronto.

– Ajá... –asintió el chico, mirándolo a los ojos y sonriendo. – Se quedó con casi todo en realidad.

– O sea que tendremos que alquilarnos un piso. Qué pena, yo quería ver tu cuarto. ¿Ya no te llevas bien con ella? ¿Se divorciaron amistosamente? – le interrogó.

– No, podemos quedarnos en la casa igual. Se divorció de mi padre, no de mí. – Seki se rió, saltando un poco sobre el chico. – Pero yo prefiero no hacerlo, es un poco pesada... Y sí, más o menos... Quiero decir, su relación ya era bastante fría de por sí.

– Vale, pues vamos a ver tu cuarto y luego que la zurzan. – Goro se rió y lo sujetó por debajo de las nalgas para mantenerlo sobre él. Le besó el pecho y se frotó la cara contra él, revolviéndose el cabello y mirándolo después. Sonrió sin despegarse del todo de su piel. – Nosotros no vamos a estropearlo nunca.

– Claro que no... Nosotros estamos coordinados como nuestros padres ¿no? – se rió, besándole la nariz. – Te quiero Goro y es la primera vez que lo digo en serio.

– ¿Y las otras veces no? Yo siempre te lo dije en serio. – le recriminó, tirándolo al agua en venganza y riéndose después.

El chico emergió de nuevo, riendo y echándose el cabello mojado hacia atrás. – Baka... me refería a las otras veces... con otras personas... Quiero decir, es la primera vez que amo a alguien. – confesó, un poco más serio después.

– Oh… – se rió, rojo y cogiéndolo en brazos, haciéndolo emerger un poco del agua y besándolo profundamente. Cerró los ojos, pensando que lo quería, lo quería mucho. – Seki… vamos a debajo del puente… o allá…– dijo señalándole la arboleda por donde el lago bordeaba.

– Vamos... – sonrió el chico nadando hacia allí, sonriendo. Era feliz, sin discotecas, ni bullicio, ni tiendas. Aún así estaba feliz, se sentía un poco extraño.


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