Capítulo
39
No Puedes Resistirte
Atsushi golpeó la puerta antes de entrar al consultorio.
Al menos él no tenía que sacar cita. – Te traje
algo de café y unas tostadas ya que no desayunaste. –
prácticamente le advirtió al médico como diciéndole
que no pensaba aceptar negaciones.
–No tengo hambre. – murmuró, casi gruñendo
las palabras y alzando la vista un poco pese a que no levantaba
la cabeza de donde la tenía, apoyada en su mano mientras
leía el expediente de Atsushi por si había tenido
algún problema anterior. Lo tapó un poco con otro
papel y se levantó tras guardarlos en un cajón. –
¿Has hablado con ellos?
– Con ambos... – respondió, sacando su taza
y sirviéndole café del termo que había llevado
consigo. – Resulta que fue algo... Fue un caso de sonambulismo
e irresponsabilidad. Goro fue al cuarto de Seki, se subió
a su cama y cayó profundamente dormido. No recuerda haberlo
hecho siquiera. Y Seki no quiso despertarlo.
– Hum… – el moreno se apoyó contra la
mesa y miró a Atsushi. – ¿Y ya le había
pasado antes? – cogió un cigarro y lo encendió.
– No, en realidad... puede ser el estrés de la otra
noche o que está creciendo, no sé, pero me gustaría
que lo examinaras. Me preocupa un poco... – le comentó,
pasándole la taza. – Pero sé que no miente,
ninguno de los dos miente.
– Bueno… En niños puede ser normal sufrir sonambulismo
debido a la ansiedad aunque no sea un niño. En mayores es
algo un poco más serio. Creo que deberé hablar con
Seki… Él es quien lo vio. De todos modos si persiste
habrá que tomar algunas medidas. – se tapó un
poco los labios y lo miró a los ojos. – ¿Tú
eres sonámbulo o tu mujer lo era?
– No, ninguno de los demás. Supongo que Naoko pudo
haberlo sido de niña pero creo que me hubiera enterado...
– negó con la cabeza, totalmente serio.
– ¿Ayer dormiste bien? – le preguntó,
cogiendo la taza de café y bebiendo un poco pese a haber
dicho que no tenía hambre.
– Como un bebé... – le sonrió, relajándose
un poco pero sin tocarlo sólo porque no quería que
dejase de desayunar. – Y no seas muy duro con los chicos,
ya les he dicho que no deben estar en el cuarto del otro sin permiso...
Y que no pueden salir solos esta semana, aunque creo que exageré.
– Un poquito. Si ha sido por insomnio, no hay porque castigarlos.
Sólo a Seki por inconsciente. – murmuró, frunciendo
un poco el ceño. – Así que no te has despertado
esta noche. – regresó al tema.
– No... ¿Por qué me haces esa pregunta?...
– Atsushi lo miró confundido, observándolo a
los ojos. – Si estabas durmiendo a mi lado, ¿no?
– Pero te levantaste a arreglar el reloj y discutimos. –
le dijo, dejando caer la ceniza en el recipiente metálico.
– Claro que no, ¿Por qué haría eso?
– frunció el ceño sin comprender nada. –
Estarías soñando...
– No, estarías tú, soñando igual que
tu hijo y si no, cuando vuelvas a casa revisa el reloj. A ver si
lo has tocado o no. De hecho, te molestaste conmigo. – se
cruzó de brazos con el cigarro colgando de los labios. –
Así que los dos sois sonámbulos… qué
bien… Debí hacer como la ratita presumida antes de
mudarme. – se burló.
– ¿Sonámbulo? ¿Yo? – el moreno
desvió la mirada, observando el calendario en la pared, aunque
no lo estaba mirando realmente. ¿Era posible que ambos lo
fueran y nunca se hubiesen dado cuenta? Pero había pasado
algunas noches sin dormir trabajando y jamás había
visto a Goro vagando por la casa. – Y... ¿qué
hago con eso?
– Esperar a ver si se te pasa. De todos modos no suele aplicarse
un tratamiento al sonambulismo. Tal vez algunas precauciones…
tales como que habrá que bloquear las escaleras si seguís
así… si veo que no podéis dormir a menudo…
Tendré que suministraros algún calmante.
– Tal vez... Tal vez ambos estamos estresados, no lo sé.
Nunca me había sucedido. – negó el hombre con
la cabeza, mirándolo luego serio. – ¿No sigues
enfadado, verdad? Porque no sé qué te dije.
– No estoy enfadado. Sólo te pusiste muy pesado con
arreglar el dichoso reloj y no había manera. – suspiró
con fuerza y le sujetó de una trabilla de los jeans, acercándolo.
– Pero no me has dejado dormir. – lo acusó serio,
inclinando un poco la cabeza a un lado y pasándole la cara
contra la suya para rascarlo ya que llevaba al menos dos días
sin rasurarse.
Atsushi sonrió, comentando un poco bromista. – Esta
noche dormirás bien... Voy a ponerme a trabajar todo el día
para que ya no me queden ganas luego.
– Ya me están dando ganas de ponerte a trabajar yo
en otras cosas. – el moreno le sujetó las nalgas con
las manos, apretándoselas y levantándolo para subirlo
a la camilla.
– – ¿Oh, sí? Pero puede que tenga que
trabajar más en el reloj luego... – le advirtió,
respirando un poco pesado sin resistirse mucho.
– Pero no por la noche… – le advirtió.
Apoyándole una mano en el pecho y tumbándolo en la
camilla. Dejó el cigarro a un lado sobre la mesa y lo miró.
Sujetando el cinturón y sacándoselo de la hebilla.
La puerta abriéndose y haciendo que el doctor cerrase la
cortina de golpe, saliendo afuera.
– Doctor… me dejé aquí mi bolso. –
murmuró la anciana que se había asegurado de echar
un buen vistazo antes.
Atsushi se volvió a poner el cinturón, enrojeciendo
y deseando por un momento salir huyendo, pero... si salía
seguro que la mujer esa le empezaba a hacer preguntas. No tenía
deseos de conversar.
– Tome. – sentenció el moreno. – Y la
próxima vez que entre en un consultorio médico le
recomiendo que llame a la puerta. ¿Comprendido? – la
miró a los ojos, frunciendo el ceño, la mujer riéndose
un poco.
– Sí, sí… Siempre estoy despistada. –
se disculpó. – ¿Es que se ha mudado a vivir
con el relojero?
– ¿Y a usted qué le importa?– Okuma la
llevó hacia la puerta y la abrió para que saliese.
La mujer un tanto indignada por no enterarse del cotilleo. Cerró
la puerta esta vez con candado y volvió hacia la camilla
alzando una ceja.
– Creo que mejor me voy... Estarás ocupado... –
se intentó escabullir Atsushi, poniéndose de pie y
apartando la cortina ya que estaban solos.
– No, mejor te quedas. – lo sujetó y le sacó
el cinturón de nuevo. – Quién te dijo que te
pusieras esto de nuevo. – le “riñó”
metiéndose la mano en el bolsillo y entregándole el
collar de cuero. – Ponte esto mejor…
– No tienes que darme órdenes, soy capaz de tomar
mis propias decisiones. – le riñó de vuelta
Atsushi, con el ceño fruncido aunque contradictoriamente
poniéndose el collar.
– ¿Ah sí? – Okuma lo miró a los
ojos. – Pero yo soy tu doctor y deberías seguir mis
indicaciones. – lo molestó de vuelta, igualmente serio.
Abriéndole la camisa de nuevo y tirando hacia abajo por sus
brazos. Le mordió un hombro, besándoselo y mordiéndole
el bíceps. – No tengo que recordarte que siempre te
escapas de los exámenes y ya lo he comprobado… llevas
años sin hacerte uno…
– Pero así no eran los exámenes cuando era
niño... – se “quejó” Atsushi, sujetándole
los brazos al médico pero dejándose hacer, recostándose
hacia atrás contra la camilla.
– Qué raro… – murmuró el moreno,
lamiéndole el pecho y desnudándolo por completo. Se
quitó la bata y la dejó a un lado, sacándose
la camiseta también y llevándose las gafas incluidas.
Tiró de sus muslos. Pasándolos a los lados de sus
caderas y arrastrándolo por la camilla, sus ojos observando
los de Atsushi. Le excitaba sobremanera aquel hombre.
Atsushi lo sujetó por la nuca, atrayéndolo contra
sí para besarlo apasionadamente, alzando un poco sus piernas,
pasando la otra mano por el pecho del moreno.
– Hacía tiempo que no tenía ganas y mucho menos
de este modo… – le dijo, sin saber por qué, por
una vez se sentía dispuesto a hablar incluso en ese momento.
Apretó sus piernas con fuerza, toda la que podía con
tal de sentir la dureza de sus músculos. – Date la
vuelta…deja que te examine a conciencia…
– Como usted diga, sensei, pero no quiero que duela –
bromeó un poco el hombre girándose, sin comprender
su comentario anterior. ¿No tenía ganas hacía
dos noches tan sólo?
Okuma sonrió, sujetando sus nalgas con las manos y masajeándolas,
alzándoselas bien y separándoselas para observar su
ano duro y tenso. Lo lamió ávidamente, la lengua empujándose
en su interior todo lo que podía, moviéndose mientras
sus dedos se deslizaban por la parte baja de su sexo hasta llegar
al glande, acariciándolo en círculos y valiéndose
de los fluidos que resbalaban por él. Apretó un bote
de vaselina con la mano y deslizó los dedos por su ano, observando
cómo entraban y deslizándolos despacio dentro de él.
Estudiadamente en realidad. Acarició su interior, empujando
los dedos en su cuerpo. – No duele nada…
– Oh... No... No dueleh... – jadeó Atsushi apretando
sus nalgas y sintiendo su sexo erguido pulsar, excitado, moviéndose
un poco contra la camilla. – Creo... que esto me quitará
el sonambulismoh... – sonrió sin poder evitarlo aunque
ocultando su rostro a Okuma.
– Te voy a dejar listo para que duermas bien. – sintió
cómo de su sexo manaba líquido transparente en abundancia
a causa del movimiento de sus dedos dentro de él y sonrió.
Deslizando los dedos fuera de su cuerpo y tomando su sexo con la
mano, ordeñándolo, observando su rostro agitado. Se
colocó a un lado de la camilla ahora para verlo mejor. –
Tienes cara de ir a correrte…– lo molestó, aumentando
aún más el tacto en su sexo.
– O... Okuma, así no puedo... – negó
el moreno en efecto sintiéndose caliente, su sexo pulsando
casi dolorosamente ya. Se hizo a un lado para acercarse un poco
más al médico intentando besarlo pero lamiendo su
cuello al no conseguirlo.
– Oh… – El moreno jadeó, entreabriendo
los labios y tumbándolo de nuevo, esta vez hacia arriba.
Subiéndose sobre él y besándolo apasionadamente.
Se sacó los jeans mientras devoraba sus pezones a lametadas,
mordisqueándolos un poco y por fin, desnudo, rozándose
contra él. La camilla crujiendo por el peso de ambos. Lo
miró a los ojos fijamente, empujándose en su cuerpo
de una embestida, la vaselina permitiéndole penetrarlo hasta
sentir cómo su sexo chocaba contra sus paredes. Las piernas
de Atsushi rodeando sus nalgas y apretándolo contra él.
Era… Era hermoso aunque no pudiera decírselo, no podía
evitar pensarlo.
Atsushi lo abrazó contra su cuerpo, ayudándolo a
moverse dentro de sí, jadeando y gimiendo sin poder evitarlo,
su sexo penetrándolo profundamente, el suyo propio al borde
del orgasmo, quisiera que no. Quería decirle que lo amaba
pero se sentía un poco extraño mientras hacían
eso. – Te... amoh... – jadeó de todas maneras,
dándose por vencido, su cuerpo estremeciéndose sin
mucho control.
Okuma le pasó la mano por el cabello, estrujándoselo
mientras se lo revolvía. Besándolo profundamente y
rodeándolo con el otro brazo, apretando su abdomen contra
el sexo de Atsushi. No era capaz de contestarle, claro que lo amaba,
es sólo que esas palabras… Se movió con más
fuerza, él mismo al borde del orgasmo ya, jadeando sin dejar
sus labios ni un momento, ahogando los jadeos de Atsushi en ellos,
el semen manando caliente entre ambos, encendiéndolo aún
más.
Hizo un esfuerzo por no correrse, rompiendo el beso y sujetándole
la nuca, acercándose a sus labios. Su propio semen vertiéndose
por ellos y dentro de la boca de Atsushi sólo con la expectativa.
No pudo evitar estrujarle aquel cabello negro, apretando los dientes
para contener los gemidos, su mirada completamente pendiente del
moreno. Atsushi succionando y lamiendo el semen de Okuma, tragándoselo
todo sin pensarlo siquiera.
Alzó la mirada, observando su rostro de éxtasis,
sonriendo un poco sin poder evitarlo. Jamás se había
sentido tan libre ni tan tranquilo como con él. Ni tan satisfecho
por supuesto.
El doctor deslizó un dedo por sus labios, recogiendo el
semen y arrastrándolo contra su lengua. Se sentía
agotado, pero por puro placer ahora. Se recostó sobre él,
apoyándose en los codos y observando sus ojos. – Y
tú querías huir…– le recordó.
– No huía, te dejaba trabajar... – protestó
el moreno, sonriendo un poco apenas. – Y ¿qué,
doctor? ¿Cómo me encuentro?
– Esto sólo ha sido la prueba de esfuerzo… aún
queda todo lo demás… La tensión arterial…
la frecuencia cardiaca…– murmuró, mordiéndole
el pectoral. –Todo lo hice por tu bien.
– Pero te ves como un hombre... que disfruta su trabajo.
– le alborotó el cabello, alzándole el rostro
para que lo dejase descansar.
Okuma lo miró serio, como contrariado por algo. –
…tengo sueño… por tu culpa…
– No, esto fue tu culpa. Pudiste haber cerrado y descansar.
– Atsushi lo miró de la misma manera por si pensaba
reclamarle más. Okuma se dejó caer sobre el y le tapó
los ojos con la mano.
– ¿Qué haces? – preguntó, confuso
por si pensaba hacerlo dormir también. Era tentador pero...
seguro que el sonambulismo de la noche anterior tenía que
ver con lo poco que trabajaba últimamente. – Hay gente...
esperando sus relojes...
– Media hora. – sentenció, acariciándole
el rostro con la mano y sujetándole la nuca, rozándosela
con los dedos. Lo volteó para subirlo sobre él y lo
abrazó. – No puedes resistirte…– murmuró.
Atsushi suspiró pensando que no, en realidad no podía
pero no le iba a dar la razón, así que sólo
permaneció allí acostado, sintiendo su respiración
y su calor, cerrando los ojos.

Continua leyendo!
|