Capítulo
38
Caught Near the Act
Goro se despertó, observando a Seki dormir y acercándose
a él, abrazándolo adormilado y besándole el
puente de la nariz. Sonrió ampliamente por haberlo visto
a él antes que a ninguna otra cosa según se despertaba.
Le besó los labios y se giró sobre él para
despertado molestando. Ni siquiera se preguntaba qué hacía
ahí, estaba demasiado feliz.
El chico despertó, sonriendo aunque protestando un poco,
sujetándole el rostro luego de abrir los ojos. – “Baka...
tienes que ir a cubrirte...”
– ¿Qué? – Goro lo miró, levantándose
con las manos y percatándose de que estaba desnudo. ¿Podía
saberse por qué? Enrojeció violentamente y antes de
que pudiese reaccionar se abrió la puerta del cuarto. El
corazón le golpeó en el pecho con fuerza, palideciendo
al ver a su padre. Se tapó con la sábana a las prisas.
Atsushi se quedó en la puerta, serio con la boca abierta,
sin saber cómo reaccionar por un momento.
– Atsushi-san... no es lo que piensa... Goro estaba sonámbulo
y... – intentó explicar Seki.
– Eso... Así no nos comportamos en esta casa. Goro...
Ve a vestirte inmediatamente, quiero hablar contigo.
– Sí. – el moreno se levantó, llevándose
la sábana y mirando a Seki asustado, el chico estaba vestido.
Se quedó mirando a su padre en la entrada del cuarto, no
era capaz de pasarle por al lado, tenía miedo de que le pegase
o algo.
– Atsushi-san... no le diga a mi padre. No hicimos nada,
de verdad... – le pidió Seki, Atsushi suspirando.
– Tengo que decirle. Y Goro, te dije que te vayas a vestir,
¿qué esperas? – le riñó de nuevo,
haciéndose a un lado, imaginando lo que pensaba. No podía
creerlo, que le faltase el respeto de aquella manera.
El moreno le pasó por al lado casi corriendo, no se había
sentido tan mal en su vida. Ni siquiera con lo de hace dos noches.
Ver esa expresión en su padre, provocada por él…
Okuma, que acababa de levantarse después de la infernal
noche que había pasado, observó al chico ir hacia
su cuarto en sábana, sintió que se alteraba de inmediato.
Era lo que le faltaba, justo eso. Cerró la puerta del cuarto
de golpe y sentenció un – Voy a trabajar. – antes
de bajar las escaleras sin molestarse en desayunar nada, estaba
tan enfadado que ni siquiera quería verlo.
– Okuma... – Atsushi lo siguió observándolo
marcharse y pasándose la mano por la cabeza, contrariado.
Lo que le faltaba.
– Estoy diciendo la verdad, Goro vino a mi cuarto sonámbulo...
y desnudo. Se quedó dormido en mi cama. Fue todo... –
Seki lo siguió apoyándose contra el marco de la puerta,
insistiendo, preocupado. Si hubiera podido, hubiera ido tras de
su padre.
– Mira, Seki... No puedo pensar ahora mismo. Sólo
vuelve a tu cuarto, ya hablaremos más tarde. ¿Quieres?
– Atsushi movió una mano, observándolo luego
de una manera seria, distinta a su habitual mirada, el chico asintiendo
y regresando a la cama, sentándose allí deseando poder
ayudar a Goro.
Goro se acabó de vestir, esperando en su cuarto sin moverse
de la cama donde se había sentado, no se atrevía a
salir, estaba escuchándolo hablar con Seki.
Atsushi entró poco después, mirándolo, caminando
un poco frente a él y sentándose luego en una silla,
en silencio. Finalmente lo rompió, exasperado. – ¿Cómo
pudiste hacer eso, Goro? Confié en ti, ambos confiamos en
ti. Y en Seki. ¿Qué demonios estabas pensando?
– Pero es que yo no hice nada, papá. – Goro
lo miró nervioso, sujetándose las rodillas con las
manos y bajando la vista. – Sólo me acabo de despertar
allí y entonces me alegré de ver a Seki y él
me dijo que tenía que ir a vestirme. No me crees…–
dijo aunque era ahora que le explicaba. Es que hasta a él
le sonaba estúpido.
– No sé qué creo, Goro. Sé que eres
adolescente y que estás enamorado. Que vives con tu novio...
– el moreno suspiró sonoramente sin saber qué
hacer. Goro nunca le mentía pero podía estar pecando
de ingenuo. Por otra parte, era casi lo mismo que le había
contado Seki. – No te quiero más en el cuarto de Seki
sin supervisión, ni a él en el tuyo, ¿comprendes?
Y ni se les ocurra que van a salir solos esta semana.
– ¿Ni por la tarde? – le preguntó, mirándolo
a los ojos y pensando que era injusto. Él no tenía
la culpa de ser sonámbulo. – ¡Papá! ¡Que
yo no hice eso! Y si lo hiciera… ¿Crees que iba a ir
desnudo desde mi cuarto? ¿Y si os hubiera encontrado por
el camino? Puedes revisar el cuarto de Seki. Mi pijama está
aquí… – dijo mostrándole los shorts que
usaba.
– ¡No lo sé! No sé qué pensar,
Goro... – lo sujetó por los hombros mirándolo
a los ojos, serio. – Tú no mientes, Goro pero... las
cosas han cambiado. Ya no eres un niño, no sé si lo
comprendes a veces...
– No. – lo miró a los ojos aunque le daba miedo
y tenía ganas de apartar la vista. – No quiero…
Si no me vas a creer… – sintió que se le aguaban
los ojos, respirando con fuerza. – Me tienes que creer…
– le pidió de pronto. – Papá…–
se abrazó a él sollozando un poco aunque tratando
de no hacerlo.
– Goro... – el moreno suspiró, apretándolo
contra su cuerpo y besándole el cabello. Nunca podía
ser duro con él, no le era posible. – Goro, sí
te creo, ¿vale? Pero tú nunca has sido sonámbulo.
Tal vez... es demasiado para ti, no lo sé.
– Yo no hice nada. – insistió, sorbiendo la
nariz y abrazando a su padre. –Cuando dormimos juntos en el
campo nos tocamos y eso… pero no hice nada. No quería
hacer nada sin hablar contigo. Soy virgen, no hice nada. –
insistió, avergonzado. Pero no le importaba. Sólo
quería que le creyese.
– Ya te dije que te creo... pero por algo tiene que ser,
el que andes caminando por allí desnudo... en el cuarto de
tu novio. – le aclaró sin soltarlo. No le gustaba verlo
llorar y mucho menos si él era la causa. – No te preocupes,
yo hablaré con Okuma...
– Vale. – Goro no lo soltó, apretándolo
más. – Papá… ¿Puedo ir con Seki?...
– Aún no... Yo necesito hablar con Seki también
y no es muy conveniente... – le alzó el rostro, secándole
las lágrimas con los dedos y sonriendo un poco. – Tranquilo...
No me lo voy a comer.
– ¿Y Okuma?– le preguntó, sujetándole
la camisa de pronto. ¿Por qué tenía su padre
que reñir a Seki si era su padre?
– Se fue a trabajar y yo también tengo que hacerlo
a alguna hora... – meneó la cabeza, soltándolo
con suavidad de su camisa. – Sólo voy a hablar con
él, no a reñirlo. Si te creo, debo creerle a él,
¿no es así?
– Sí pero luego… ¿Puedo ir con él?–
preguntó, insistiendo.
– Vale, luego, pero no debes estar con él cuando Okuma
regrese. No quiero problemas, que no se fue nada contento... –
le advirtió, tocándole la mejilla. Sería un
idiota, pero ¿cómo podía enojarse realmente
con Goro?
– Vale, papá…– se quedó sentado,
esperando a que fuera a hablar con Seki y cogiendo a su cachorro
que lo observaba como alucinado de que llorase. Esperando para ir
con su novio.
Atsushi entró en el cuarto de Seki, que también estaba
sentado como si esperase la orden de su ejecución y se sentó
a su lado. – Ya hablé con Goro. Así que... ¿Goro
estaba sonámbulo?
– Sí, estoy diciendo la verdad. Él sólo
entró aquí y... se sentó en esa silla y luego...
cuando se subió a la cama, se quedó dormido.
– Se quedó dormido... pero tú no intentaste
detenerlo cuando... se subió a la cama, ¿verdad? –
preguntó Atsushi sólo por ver si le contaba algo más.
Seguía preocupándole aquel sonambulismo súbito.
– Ya sé lo que piensa, pero yo no soy esa clase de
chico... No me voy a aprovechar de Goro. Realmente lo quiero. –
murmuró Seki sintiéndose un poco molesto a la vez
que desviaba la mirada, Atsushi colocando una mano sobre su cabeza.
– No pienso nada de eso. Pero quiero pedirte algo, necesito
que cuides de Goro Sé que debería estarte riñendo
y que es extraño que te pida esto pero Goro es muy sensible,
no quiero que se haga daño. Jamás había caminado
dormido antes y...
El chico sonrió asintiendo. – La próxima vez
le avisaré...
– Gracias... Y le dije a Goro que hablaré con Okuma
por cierto. No se metan en más líos. – le advirtió,
poniéndose de pie y saliendo afuera, suspirando al ver la
cara de expectativa de su hijo, que le hizo una señita como
diciéndole que iba con Seki, pidiendo permiso y echando a
caminar hacia el cuarto.
– Seki. – se sentó en la cama, hablando en bajito,
pensando en la que se habían metido por su culpa. –Yo
no me acuerdo de nada.
– ¿No? – el chico lo rodeó con un brazo.
– Lástima, yo creía ser memorable...
– No es verdad… No hice nada… ¿A que no?–
le preguntó, preocupado de pronto por haberlo forzado o por
haber estropeado aquello y encima ni siquiera recordarlo.
– No... Me besaste y me manoseaste un poco pero nada más...
– le aseguró besándolo con suavidad ahora. –
Pero debo admitir que te ves mucho mejor despierto...
– Baka… no quiero…– frunció el ceño,
preocupado y sintiéndose mal por haber hecho eso. –
Debiste despertarme o pegarme con algo. ¿Estás enfadado?
No te ves enfadado.
– Claro que no, ¿por qué me iba a enfadar yo?
– se rió bajito porque no quería que Atsushi
lo escuchase y pensase que estaba celebrando o algo. – No
te desperté porque no sabía que estabas dormido, tenías
los ojos abiertos. Y cuando te dormiste totalmente de nuevo... te
veías muy dulce y quería dormir contigo.
– Pues no. Debiste decirme que me fuera a vestirme. Mira
que me han castigado sin salir solos y sin poder estar en tu cuarto
sin permiso. Y tu padre estaba enfadado me dijo el mío. Me
da miedo que me riña. – se rascó un poco el
pecho y se apoyó en el cabezal.
– No te preocupes, yo le explicaré... Y tu padre dijo
que le hablaría también. – le sonrió
fingiendo no preocuparse y susurrando en su oído. –
“Poder dormir abrazado a ti... valió la pena”.
– Baka… – sonrió feliz por eso al menos,
abrazándose a él y besándolo, rogando que ahora
sí no entrase nadie y escuchando por si acaso, de tan paranoico
que estaba. Lo cogió sobre las piernas y lo siguió
estrujando. – Te quiero… Ya me quiero ir a la ciudad.
– Yo también, ya verás... – sonrió
el chico soñando con llevarlo a clubes y a pasear. –
Lo que sucede es que tu padre aún cree que somos niños.
Mi padre también ahora...
– Ya sé que mi padre cree que soy un niño pero
a mí me gusta así y no quiero que eso cambie así
que no puedo quejarme. – se mordió un poco el labio
y lo miró. – Seguramente tu padre ve las cosas distintas
ahora que se siente el único responsable de ti y aún
así dejó a mi padre para que te echase la bronca y
se fue. Muy típico… en los padres…
– No porque si fuera típico, tu padre también
se habría ido y se hubieran cancelado mutuamente. –
se rió el chico pensando que era necio. Se le notaban las
ganas de defender a su padre. – Mi padre se fue porque...
eso hace cuando se enoja mucho.
– Mi padre no es un padre típico… Mi padre siempre
me ha criado solo desde no me acuerdo… Así que hace
tiempo que sabe que él es el único responsable. –
se rió, echándole la lengua. –Y sí, aún
así le dejó a mi padre la bronca. Si estuvierais en
casa seguro que te la echaba igual. Si no estuviera mi padre…
– Si estuviera en casa, no habrías cruzado la calle
para verme... – le sonrió, jugando un poco con su cabello
y alborotándolo. – Casi me hace extrañar los
tiempos en que no admitía que era gay. No hubiera habido
bronca.
– Yo creo que mejor que se enterase paulatinamente. –
se rió en bajito, suspirando levemente y besándolo
otra vez pero suavecito, apretujándolo contra sí.
– Yo quería ir al pueblo de al lado a ver a los otros.
Igual nos dejan ya que no vamos a estar solos.

Continua leyendo!
|