Capítulo
36
What You Want to Believe
– ¿Siguen durmiendo? – preguntó Goro,
mirándose un pie para ver cómo estaban las heridas
esas, en realidad lo que le dolía era la cabeza con ese chichón.
– Es que tengo hambre…
– Pues yo creo que sí. – se rió Seki,
imaginándolos. – Vamos a buscar algo, no estamos tan
mal. Son unos exagerados...
– Ya… es que así es mi padre y tu padre…
Yo qué sé. – se rió, levantándose
y estirándose ruidosamente. – Tu padre es como todos
los médicos. – dijo reído, cogiendo a su lobito
luego. Si lo dejaba ahí su padre seguro se lo comía
después.
– Lo sé... pero si pasas ahora por el cuarto, ni te
responde. Duerme como una roca. – se bajó de la cama,
emitiendo un gemido al apoyar el pie, apoyándose en el otro
luego. – Shhh...
– ¿Sh? Si te duele, baka…– sacó
a los cachorros y luego cogió a Seki en brazos, cerrando
la puerta y bajando por las escaleras a la cocina. – Voy a
hacer comida para todos. – le fue explicando. Sonrió,
dejándolo sentado en una de las sillas de la cocina y apoyándole
el pie sobre una de las sillas. – ¿Sabes qué
pensaba antes? Que ahora ya no sé si es romántico
o cagante hacerlo en el lago.
Seki se echó a reír, cubriéndose la boca después.
– Yo sigo pensando que es romántico... El lago está
lejos del acantilado... Y ya estuvimos allí con nuestros
padres de noche, no creo que suceda nada.
–Ya… pero… – el chico suspiró, cogiendo
huevos y batiéndolos para hacer una tortilla dulce, no tenía
ganas de ponerse un siglo allí. – Yo también
había estado en ese acantilado antes y nunca pasó
nada. Claro que no era por la noche… – meditó,
suspirando y rascándose la nuca después. – ¿Mucha
hambre o normal?
– Normal, luego del desayuno de tu padre... – sonrió,
apoyándose en una mano y observándole las nalgas mientras
cocinaba. – Tal vez tengas razón. Soy de la idea de
que no te debes dejar ganar pero... nunca me he encontrado con algo
así. La verdad es que pensé que iba a morir...
–Yo no… pero sí que estaba muy asustado. –
suspiró con fuerza, mirándolo de soslayo porque sabía
lo que hacía y continuando con la comida, sólo que
ahora rojo. Le puso azúcar a los huevos y se empezó
a reír, bajándose un trozo del pantalón para
mostrarle el trasero. – Ahora somos hermanos… es una
nalga prohibida para ti.
– No... Yo creo en el incesto a partir de... ahora. –
se rió, enviándole un besito y enseriándose
un poco. – ¿Sabes? Estoy bromeando mucho pero... la
verdad es que sigo teniendo miedo. No quiero, no es mi estilo pero...
Yo no creo que haya sido una broma.
–Ya… yo tampoco lo creo… pero quiero creerlo
y no me gusta estar asustado o lamentándome. Quiero olvidar
que sucedió y seguir con mi vida tal y como estaba. No quiero
creer en cabezas volantes ni nada de eso… ¿Entiendes?...
Cuando te miré te habías convertido en un viejo horrendo…–
enroscó la tortilla y la apretó en la esterilla de
bambú.
– ¿Yo? Pues tú eras un cadáver lleno
de gusanos... – se rió porque ya parecía que
se insultaban.
– Vale… pero al menos moría hermoso. –
se sentó en la mesa tras haber cortado la tortilla en rodajitas.
Metiéndole un trozo en la boca a Seki. –Ahora sí
estoy mas seguro de que no me quedo aquí, me voy contigo.
– Bueno, algo tengo que agradecer entonces... – contestó,
hablando un poco extraño por culpa del trozo de tortilla.
– Cocinas muy bien... me salvé.
– Baka. – le empujó la frente con un dedo como
quejándose de que lo pusiese a cocinar aunque en realidad
le daba igual. – tú también haces muy bien otras
cosas. – se rió, devolviéndosela.
– Claro, es mi pago. Si no, no estamos balanceados. –
se rió de nuevo, suspirando. – Ya no hay vuelta atrás.
– Seki… ¿Crees que ese lobo era el padre de
los lobos? La cabeza…
– ¿Cómo lo voy a saber? No... no quiero...
– el chico bajó la mirada un poco triste. – A
ellos no les va a pasar nada.
– No, están con nosotros, no vamos a dejar que nada
les pase… Yo… pienso que mi padre va a protegerme de
todo… aunque ya sé que no es superman. No soy tonto.
– No, ni el mío. Pero a veces me preocupo por él
también, ¿sabes? –sonrió mirándolo
a los ojos. – Cree que puede con todo y no es así.
Además... yo sé cuando no puede por más que
finja. Siempre lo he sabido.
– Bueno, Seki… Yo no creo que piense que puede con
todo. Creo que quiere que tú pienses que puede con todo para
preocuparse él y que tú puedas estar tranquilo. –
movió un poco un redondito de tortilla con los palillos y
lo miró a los ojos. – Porque creo que eso hace mi padre…
– Sí, supongo que eso hacen... Pero nosotros también
podemos, ¿no? – le sonrió, metiendo los palillos
entre los del chico como luchando. – Aunque sí que
me gusta meterme con él...
– Yo lo hago continuamente… Hacer que nada me afecta.
– sonrió y luego le quitó el trozo de tortilla,
comiéndoselo y sonriendo.
– No te preocupes, siempre me lo puedes decir a mí.
Y yo te lo diré a ti. Así no tendrán que preocuparse.
– continuó sonriendo y robándole un trozo a
él ahora.

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