.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 32
Laying the Ground

– Mira, Seki, aquí no hay casi piedras. – le dijo Goro, tocando el terreno de hierbas bajas y limpiándolo para que el chico no fuera a pasar mala noche. Estaba hiperactivo perdido, hasta se había arreglado, cosa que no se le habría ocurrido en ningún otro caso para ir de acampada.

– Es genial, Goro. Sabes mucho de esto. – sonrió el chico acercándose. – Espero que no llueva o algo así, no soporto el lodo.

– No creo… y el lodo no se colará en la tienda. – Goro se rió, pensando que era un “fisno” claro que por eso también le gustaba mucho más. Abrió la tienda en el suelo, clavando las piquetas y extendiendo dentro dos mantas de espuma que había llevado para que Seki estuviera cómodo, haciendo rolos por ellas para comprobar que no se clavase nada, sacando la cabeza por fuera de la tienda y sonriendo. – Todo suave, majestad…

– Tienes mi aprobación como vasallo... – bromeó el chico haciendo ademanes de grandeza y besándole la frente. – Me alegro que hayamos podido convencer a nuestros padres. Creo que al final hasta resultó beneficiosa la discusión rara esa.

– Sí, les sirvió para apasionarse con el tema. – Goro se quedó acostado boca abajo dentro de la tienda. – Me alegro de no dormir en casa hoy, que se les veía muy contentos. Me dan escalofríos los dos.

Seki se rió, sentándose a su lado. – No... A mí me gusta ver a mi padre contento. Siempre está estresado y con el ceño fruncido... No sé cómo no asusta a los pacientes.

– Yo creo que sí que los asusta. A lo mejor eso les ayuda a ponerse bien antes, con tal de no regresar a la consulta. – se rió y salió de la tienda a gatas, metiendo las bolsas dentro y caminando luego por el campo. – ¿Un paseo? Total nadie nos va a robar nada.

– Un paseo suena perfecto. – aceptó el chico, saliendo de la tienda tan dignamente como podía y sujetando la mano del chico. – Muéstrame más de tu mundo.

– Llámalo así pero seguirá siendo un paseo por el campo. – se rió, sujetando su cintura y aproximándolo a él. – Espero que nos limpien tu cuarto ya que no estamos y como tienen tanta prisa por estar viviendo juntos…

– Eres un genio malvado, Goro... – se rió Seki, recostándose en el hombro del chico. – No me rompas la fantasía.

– Jo… vale… – el chico se rió, besándole el cabello y oliéndoselo. Deteniéndose para abrazarlo con fuerza. – “Estoy un poco nervioso.”– susurró, porque quisiera que no, había dado por sentado que iban a “jugar” esa noche.

– “No lo estés. Me gustas mucho.” – le susurró de vuelta, acariciando su espalda y sintiendo sus músculos. Nadie los iba a interrumpir esta vez.

– Ya… – lo apretujó más contra él, pensando que eso no le iba a consolar mucho como hiciera el ridículo de alguna manera. Él quería gustarle en todos los sentidos y no sólo por ser mono o a saber qué pensaba Seki de él. – ¿Tú crees que soy mono?

– Claro que sí, monísimo y guapo y divertido... “Y la tienes muy grande.” – se rió, tocándole la mejilla con la punta de la lengua y besándola luego.

– No seas guarro que no estábamos hablando de eso. – le apretó las nalga con una mano y lo besó con suavidad. – “Pero yo quería que fuera en el lago…”– se quejó. – “Pero no lo vamos a hacer hoy. ¿Verdad?”

– No, no tenemos que hacerlo hoy... Lo haremos cuando tú quieras... – sonrió, pensando que así sólo lo hacía desearlo más. Era extraño, era la primera vez que un chico se le negaba de esa manera tan inocente. Por lo general era al revés.

–Vale… es que le dije a mi padre que no iba a hacer nada. – se mordió un poco el labio, enrojeciendo sin dejar de abrazarlo para evitar mirarlo a la cara. Tocándole la espalda con las manos y cerrando los ojos.

– Goro, cada vez te quiero más. – Seki lo apretó contra él sonriendo. – Me tienes hipnotizado.

– Seguro que lo que quieres es pegarme con algo en la cabeza. – se rió, besándole una mejilla y separándose para seguir caminando. Por él se quedaba ahí abrazado a Seki a saber por cuanto tiempo pero seguramente eso no le parecería a él muy divertido. Lo cierto es que a parte de todo tenía otro miedo… cuando lo hiciera con Seki y se hubiera acostumbrado a él… A lo mejor perdía el interés por quedarse en el pueblo. ¿No? Miró hacia arriba de la cuesta sin pensar muy bien si iba a un sitio u otro, sólo caminando sumido en sus preocupaciones.

– ¿Qué tanto piensas? – le preguntó el chico, examinándolo detenidamente con la mirada. – Estás muy callado, ¿no? ¿Dije algo extraño?

Goro negó con la cabeza y lo miró a los ojos, sonriendo levemente y apretándole un poco la mano. – Estoy pensando en si te irás cuando acabe el verano para acabar la carrera y en si te olvidarás de mí luego como en las películas con los novios de verano. – se rió aunque no le hacía gracia pero al menos así se sentía menos memo.

Seki le tocó la quijada con suavidad, sonriendo un poco. – Goro, yo no me voy a olvidar de ti. Puedo bromear todo lo que quieras pero cuando doy mi palabra... Pienso venir cada vez que tengamos algún día libre.

– Ya… a lo mejor ahora piensas eso pero después ya no vas a estar tan colado por mí y vas a estar con tus amigos en Tokio. Y yo voy a acabar siendo una molestia.

– No digas tonterías. ¿Dudas de mí, Goro? – el chico retrocedió mirándolo a los ojos, serio ahora. – No soy una persona tan superficial. Si te digo que te quiero es porque te quiero. Nunca he conocido a nadie como tú y no quiero perder esto.

– No dudo de ti, dudo de mí… de poder mantener tu atención…– lo miró a los ojos un poco preocupado de que se fuera a enfadar con él. Lo abrazó aunque Seki se hubiera apartado, él no era como su padre u Okami. No tenía ningún interés en dejarse llevar por el orgullo o algo así, no quería discutir con él.

– Quieres decir... ¿qué tú sí te olvidarás de mí? – le preguntó con la voz un tanto temblorosa. No podía creer lo mucho que le dolía pensar en eso.

– ¡No!– lo miró a los ojos, pensando que no comprendía nada. – Quiero decir… lo que he dicho. – dijo, pensando que no sabía explicarlo mejor, sonrió un poco y le besó los labios. –No va a pasar nada malo, vale. No debería ver tanta tele.

– Lo que has dicho... Pero no sé qué significa. No puedes decir algo así y luego actuar como si no lo hubieras dicho. ¿Cómo no vas a poder mantener la relación?

– No, es que yo he dicho que me da miedo no poder mantener tu atención.– Goro lo miró a los ojos confundido.

– Oh... – Seki se rió bajito primero, alzando la voz luego. – Eres un baka, Goro... Y yo asustándome. – lo besó en los labios, abrazándolo. – Sí vas a mantener mi atención. No hay nadie en Tokio que se te compare.

–Ya… ya…– se rió el moreno, pensando en su ex novio ese… Le tenía una manía… –Yo ya creo que voy a ir a verte a la universidad un día para que todos vean que eres mi novio.

– Hazlo, así puedo presumir yo también, del novio grande y fuerte que tengo... – se acercó un poco susurrando en su oído. – “Goro, cuando termine la carrera, vendré a quedarme contigo”

– “Vale…”– Goro sonrió, alzándolo del suelo y cogiéndolo a horcajadas, besándolo profundamente y oliendo su pecho después. – Estoy súper enamorado de ti, Seki.

………

– Coge esto. – le pidió Okuma a Atsushi, pasándole una caja que había encima de uno de los armarios, la mayor parte de las cosas eran de la mujer de Atsushi y eso no le estaba poniendo de muy buen humor.

– Vale... imagino que debería de dar esto a la caridad o algo así, pero... tendré que llevarlo al próximo pueblo. – suspiró, con algo de pereza, precisamente la razón por la que siempre lo postergaba. – Los chicos... no limpiaron pero nada.

– No. ¿Creías que lo harían? Mira que eres iluso. – el moreno se bajó de la banqueta, abriendo el armario y fijándose que no quedase nada en el interior. –Mañana llevaremos las cosas al pueblo vecino entonces… aquí sólo estorban. – “Y me molestan a mí” pensó para sus adentros.

– No te ponen celoso ¿verdad? – preguntó, sintiendo que estaba demasiado insistente con eso. Tampoco podía borrar su pasado completamente. – El único en mi corazón eres tú.

– No estoy celoso. – sentenció, el cigarro colgando de sus labios mientras seguía recogiendo cosas y metiéndolas en cajas, sonriendo un poco y aguantándose la risa.

– No, tú no te pones celoso. – comentó igual de serio el otro moreno, girándose para sacudir el polvo de una ventana, sonriendo ahora.

Okuma se levantó porque lo había visto de todos modos y lo sujetó por detrás, apoyando la mano con el cigarro en el marco de la ventana y besándole el cuello. Pegándole una nalgada después. – No me vaciles eh…

– ¿Por qué no? Te ves muy guapo así. – se rió, girándose y sujetándolo de la camisa para atraerlo contra su cuerpo, besándolo. – Pero es en serio, eres el único.

– Lo sé. – sentenció, besándolo de vuelta, bruscamente, como si no estuviera tan seguro como predicaba. –Tú puedes estar bien seguro de que también…– se rió entre dientes, metiéndose con él un poco.

– Yo no tengo dudas de eso. – le aseguró el moreno, alzando una ceja y girándose para seguir limpiando.

Okuma sonrió, apagando el cigarro en la cornisa y dejando caer la colilla afuera, volteándose para seguir recogiendo también. Sacando otra caja y apilándola junto a las otras tres que estaban fuera. Bajó al salón a buscar las de la ropa de Seki.

Atsushi suspiró, ligeramente decepcionado de que no le siguiera el juego, pero suponía que debía comportare como el adulto que era. – ¿Necesitas ayuda?

– No. – le contestó Okuma, mirándolo y dejando las cajas a un lado de la cama para que su hijo se encargase de ellas puesto que él no pensaba hacerlo, el amor paternal no le daba para tanto. Se quedó mirando a Atsushi, sacudiéndose las manos.

El moreno se giró, sintiéndose nervioso. – ¿Qué sucede? ¿Tengo algo... de sucio o algo así? – le preguntó, enrojeciendo por la manera en la que lo miraba.

– No… – lo llamó con una mano para que se acercase. – ¿No hay nada por recoger en tu cuarto?

– No, nada... pero debería ir haciéndote espacio... – sonrió seductoramente Atsushi, acercándose.

– Qué cosas más pervertidas de decir. – Okuma se rió entre dientes, sujetándole la cintura del pantalón y acercándolo de una vez, tratando de besarlo a pesar de que el moreno se alejó un poco. Lo sujetó por la nuca con firmeza y le besó el cuello.

– Okuma... – protestó Atsushi, sujetándole un brazo y separándolo un poco, sonriendo luego antes de besarlo. – Lleguemos a una cama esta vez.

Okuma se echó hacia atrás llevándolo con él y tirándose en la que sería la cama de Seki, sujetándole las nalgas y subiéndolo mejor sobre su cuerpo, apretándoselas sobre los jeans y estrujándolo contra él. – Ya está, ahora sácate esto…– le quitó la camisa de cualquiera manera, revolviéndole el cabello y pasándole una mano por él bruscamente, observando su rostro excitado, Atsushi observándolo a los ojos, sonriendo un poco y tocándole el rostro, bajando las manos para empezar a desabrocharle el pantalón con algo de torpeza.

El moreno se sacó la camiseta también. Volteándose sobre él y sacándole él los jeans en lugar de dejar a Atsushi quitarle los suyos. Observándolo desnudo en la cama y bajando una mano, frotándole el pecho con fuerza.

Atsushi le sujetó la mano, deteniéndolo a pesar de que se sentía bien, pero le gustaba retarlo, le gustaba esa cara que ponía. Se mordió el labio inferior, intentando desabrocharle los pantalones nuevamente. Okuma sujetó sus muñecas, subiéndole las manos sobre la cabeza, se inclinó sobre él, besándolo y rozándose contra él. Bajando a su cuello y mordiéndoselo. Alzó un poco la cara, mirándolo a los ojos como si estuviesen teniendo una lucha en lugar de sexo, acercando los labios a él sin besarlo, el moreno entreabriendo los suyos como si lo necesitase urgentemente.

Se los relamió, intentando luchar contra el agarre del médico, alzando un poco la cabeza para besarlo y moviendo una pierna inquieto, su sexo erguido tocando levemente a Okuma que respiró contra sus labios con fuerza, su lengua deslizándose por la lengua del hombre, succionándola. Apretó más sus muñecas, mirándolo a los ojos, desafiante, su otra mano bajando por su cuerpo, acariciándolo y sujetando su sexo, masajeándolo intensamente. Observando de soslayo cómo Atsushi alzaba una pierna contra él por el placer y bajando la cara contra su cuerpo, besándole el pecho y lamiendo sus pezones, mordiendo sus pectorales. Ese hombre… lo prendía al punto de querer acapararlo por completo, se sentía casi violento, en una lucha por demostrarle que era suyo. Su respiración sonaba pesada contra su piel y su sexo duro pujaba bajo la tela de los pantalones, palpitante.

Atsushi bajó su mano acariciando el sexo duro del médico, sintiéndolo bajo la tela, apretándolo un poco y sonriendo. Si no quería que le quitara los pantalones, no lo haría. Era parte del juego.

Okuma le sujetó la mano, apretándosela sobre su sexo y respirando aún con más pesadez, deslizándola luego por sus abdominales y su pecho, inclinándose sobre él y besándolo profundamente. Golpeó sus caderas contra las de Atsushi, abriéndose él mismo los jeans sin soportarlo más y frotando su sexo contra la ansiada piel.

– Ah... ah... – Atsushi jadeó, encendido, sintiendo el cuerpo acalorado como nunca. Extrañamente se sentía como si hicieran algo prohibido pero eso le agradaba. Movió sus propias caderas aumentando la fricción y sujetándose de su cintura.

El moreno le mordió el cuello, besándoselo después, succionando su piel y metiendo las manos bajo su cuerpo, apretándole las nalgas, alzándoselas un poco y estrujándolas en sus manos. Le sujetó las caderas, mirándolo fijamente y alzándoselas, atrayéndolo a la vez hacia sí e inclinándose. Su lengua se deslizó entre las nalgas de Atsushi, el calor y la sensación le hubieran obligado a cerrar los ojos de no ser porque no podía dejar de observar sus reacciones.

– Nnnh... – el moreno sí cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones, arqueando un poco la espalda al sentir cómo lo penetraba con su lengua. No podía evitarlo, Okuma lo volvía loco, era casi como si lo quemase por dentro. – Más... – pidió sin pensar en lo que decía siquiera.

La lengua del moreno se movió dentro de él salvajemente, arrastrándose por sus nalgas cada vez que salía, mordiéndoselas y entrando en él de nuevo. Sus manos apretándole los muslos, exponiéndolo a él. No podía creerse que un hombre se dejase tratar de ese modo, para él era inconcebible… y a la vez le volvía loco. Arrastró los labios por su sexo, besándolo y metiéndoselo en la boca tan profundamente como podía, deslizando la lengua a lo largo de este y mirándolo. Subiéndose por completo sobre su cuerpo y sujetándole la nuca para besarlo. Empujándose sobre las sábanas y penetrándolo, embistiéndose con fuerza en él. – Ahg… – Sus dedos estrujaron el cabello negro de Atsushi, sus ojos azules observando aquellos ojos plateados.

– ¡O... kuma! – exclamó el moreno, al sentir cómo lo penetraba de improviso, sus mejillas enrojeciendo más por el placer intenso, sus nalgas apretándolo dentro de sí. Deslizó sus dedos por la espalda del médico acariciándolo con fuerza, gimiendo.

Las manos del doctor se deslizaron por su cuerpo, sujetándole las piernas y cargándose en ellas mientras se movía sobre él. Era increíble… Le sujetó los tobillos, arrodillándose entre sus piernas y abriendo los brazos para exponerlo más. Golpeando sus caderas contra él, sudando y jadeando, observando sus labios y sus ojos.

– Okuma... bésame... – le pidió, aunque sujetándolo por la nuca para besarlo él, haciéndolo inclinarse más sobre su cuerpo. Su sexo pulsando y goteando aquel líquido transparente, el moreno sin controlarse para nada. Jadeando y gimiendo por momentos.

La lengua de Okuma moviéndose en su boca intensamente, succionando la suya. Entrecerró los ojos, lamiéndole la mandíbula y el cuello, moviéndose con más intensidad dentro de él y rodeándole la espalda con un brazo para pegarlo a su cuerpo. Bajó una mano entre ellos, sujetando su sexo y acariciándolo. Estrujándolo con fuerza.

Atsushi aferrándose a sus brazos con fuerza, sintiendo su sexo pulsar a punto de correrse ya con eso. Respiró pesadamente, entreabriendo los ojos sintiendo su cuerpo entero estremecerse, sin poder detener ya el orgasmo. Ni siquiera lo estaba intentando.

Okuma, se separó de él, observando cómo el semen manchaba su abdomen y pecho, moviéndose con más fuerza dentro de su cuerpo para hacerlo disfrutar, saliendo entonces de él al fin y sujetando su propio sexo con el de Atsushi. Pasó la otra mano entre el vello de su propio sexo, tensando sus músculos mientras se corría, manchándolo y mojándolo con aquel líquido caliente. Hacía siglos que no se corría con tantas ganas.

– Okuma... – jadeó el moreno de nuevo, sonriendo un poco y sintiendo que no paraba de cometer locuras. Pasó un dedo por el sexo de Okuma, manchándoselo y lamiéndolo luego para probar su semen.

– ¿Qué ?– Lo miró a los ojos, usando su propia camiseta para limpiarlo, recostándose sobre él y dejándose caer de frente a su lado. – Debería haberme corrido en tu boca. – se sintió golpeado por la imagen aun y se pasó la mano por el cabello húmedo, retirándolo hacia atrás, en realidad no había pensado decirlo en alto.

– Okuma... – repitió enrojeciendo y desviando la mirada. – La próxima vez.

– Ven…– el moreno tiró un poco de él, haciéndolo apoyarse en su pecho y besándolo, deslizando la mano por su espalda con suavidad aunque de forma no muy cuidada. – Me tienes loco…– murmuró, sobándole la nuca.

– Tú a mí... como a un adolescente... – se rió, sin poder contenerse. De todas maneras, ¿qué importaba? Los chicos no estaban allí. Lo más que podía pasar era que asustase a los lobitos.

– Peor, porque encima nosotros tenemos licencia para todo. – se rió sin separar los labios, deslizando los dedos por su cabello. – Tengo ganas de dormir contigo. – le confesó aunque le era incómodo hablar de ese modo. – Esta noche solos… será de agradecer.

– Esta noche... – sonrió Atsushi, pegándose más a él. – Le inauguramos el cuarto a Seki. Ya no tiene excusas...

Okuma le dio una nalgada, sonriendo. – Pero aún pienso inaugurar el tuyo. – habló más serio de pronto. – Hasta que ese cuarto no recuerde a nadie más.

– ¿Aún sigues celoso? Que no teníamos ese tipo de relación... – le insistió, suspirando, pensando que era necio.

– Tuvisteis un hijo… y con ella no era difícil… Tú lo dijiste, además da igual, déjalo, no quiero hablar de eso.– se giró en la cama. Cogiendo un cigarro y encendiéndolo. Pensando que lo comprendería si fuera heterosexual o algo así. Ahorrándose el decirlo porque ni siquiera acababa de cuajar bien esa lógica en su mente.

– No era lo mismo. Y no era tanto... – refunfuñó, suspirando por fin porque no le veía el motivo a aquello. No iban a pasar su única noche solos discutiendo por un fantasma.

– Que vale… – lo sujetó por la mandíbula, besándolo y mirándolo a los ojos al romper el beso. – Eres mío.

– No tienes que repetirlo. – contestó Atsushi serio en su manera de decirle que sí, abrazándose a él de nuevo.

– Eres mío. – le repitió, por joder. Mordiéndole la mandíbula. – “Me tengo que levantar…” – le susurró.

– ¿Por qué? ¿A dónde vas? – le preguntó el moreno, mirándolo confundido. ¿No se suponía que iban a dormir juntos?

– Tengo hambre. – se pasó la mano por la mandíbula, cerrándose los jeans y mirándolo a los ojos.

– Oh... – Atsushi se giró en la cama para mirarlo mejor. – ¿Quieres que te caliente algo?

– Si me vas a malcriar así, sí. – se rió con el cigarro colgando de los labios. Observándolo acostado en la cama y fijándose en cómo se dibujaba su cuerpo por los músculos, pasándole la mano por el cabello y pegándole la cara a su pierna.

– Vale... no me molesta malcriarte. Te lo mereces... – le sonrió dejándose acariciar y levantándose finalmente, poniéndose la ropa interior y la camisa. – Espero que los chicos se estén comportando.

– Mejor que nosotros al menos. – lo rodeó por detrás, besándole la espalda. –Así… No te vistas más, es un despropósito.

– No voy a bajar a la cocina desnudo... – protestó, aunque haciéndole caso, pasándose una mano por el cabello. – ¿Vienes?

– Sí. – murmuró el moreno, alzando una ceja y siguiéndolo. Pensando que era un necio.


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