Capítulo
31
No Time to Waste
– Goro... Estoy en la cocina... – lo llamó su
padre, escuchándolo dar vueltas por la casa. Ya lo conocía,
seguramente Okuma le había dicho que lo estaba buscando y
ahora se estaba imaginando toda clase de cosas en vez de venir a
preguntarle.
Goro entró en la cocina un poco preocupado. Sentándose
en la silla y poniendo al lobito en sus piernas, observando a su
padre como esperando que le cayese una encima.
– No me mires así... Baka... – le sonrió
su padre, moderando el fuego en la cocina y girándose para
verlo mejor. – Sólo quiero hablar contigo de algo.
No es el fin del mundo.
–Ya…– Goro le sonrió un poco, relajándose
al ver que sonreía. Su padre no era del tipo que fuera a
echarle una sonrisa antes de un rapapolvos.
– Goro... sabes lo que estuvimos hablando anoche. ¿Tú
qué piensas? ¿Te gustaría que nos mudásemos
juntos? – se sentó, observándolo, un poco más
serio, nervioso en realidad.
– ¡¿Qué?! ¡Sí! – le
contestó inmediatamente, dejando al cachorro en el suelo
y echándose adelante en la silla para abrazar a su padre.
No quería hablar mucho de eso pero le encantaba cuando estaban
los cuatro, se sentía como una familia… como antes.
Atsushi se rió, abrazándolo de vuelta, no se había
esperado una reacción tan enérgica. – Bien entonces...
Mañana se mudan Okuma y Seki a nuestra casa. Me vas a ayudar
a limpiar el cuarto de Seki, ¿verdad?
– Verdad, papá. – se rió. Besándole
una mejilla y sonriendo más. – Debes estar muy contento…
¿Él te lo dijo?
– Sí, hace un momento. – asintió, separándose
un poco y sonriendo también. – Así que ya no
voy a poder seguir viviendo en el anonimato. Estarás orgulloso,
¿no?
– Pues sí. – se rió, levantándose
y haciendo que se levantase también su padre. – Seguro
que cuando tú te reveles empiezan a salir más…
– le dio con un puño en el pecho, un tanto hiperactivo.
– Yo creo que voy a ir limpiando el cuarto de Seki mientras
no está la comida.
– Hum... qué diferencia... – comentó,
alzando una ceja y pensando que nunca quería limpiar. –
Y mejor no, no queremos que se nos infarte todo el pueblo. –
se rió, girándose y apagando el fuego finalmente para
que no se le fuera quemar la carne.
– Pero papá…– Goro de pronto lo miró
un poco preocupado. – Tú eres mi único padre.
– Lo sé... pero no vas a irrespetar a Okuma, ¿verdad?
– se acercó abrazándolo contra él. –
Tú siempre vas a ser lo más importante en mi vida.
– le recalcó por si acaso.
– Ya sabes que yo no hago esas cosas… pero no quiero
que me riña, que me pone nervioso y ya bastante nervioso
me pones tú ya cuando te enfadas. – suspiró
con fuerza, dejándose abrazar.
– Ya vale, le diré que no te riña a menos que
te portes muy mal. – se rió un poco pensando que era
adorable. – No te portes mal.
– Nooo… – se rió, mirándolo a los
ojos. – Así que como están muy felices…
¿Por qué no lo celebran a solas y nos dejáis
dormir afuera…? Venga papi… papito… que no haré
nada…
Atsushi suspiró, pensándolo con gesto serio. –
Mmmm... Bueno, está bien. Pero no se alejen de su campamento
y no anden haciendo tonterías. Mira que la última
vez que se fueron a explorar regresaste lastimado.
– No… que esta vez no me subo a nada, papá.
– se rió, saltándole encima y recordando luego
su espalda, bajándose y sintiéndose regañado
con su propia mente, abrazándolo mejor y apretujándose
contra él. – ¿Puedo ir a decirle a Seki?...
– Anda, ve, seguro quiere hablar contigo también,
cotillas... Son peores que las viejas ustedes dos. – se rió,
riñéndose mentalmente por darle un mal ejemplo a su
hijo, pero estaba demasiado feliz.
– ¿Qué quieres, papá, si no tenemos
nada mejor de lo que hablar?– se rió el moreno, besándole
la cara y correteando hacia la casa de Seki, topándose con
padre e hijo que venían hacia él. – ¿Ya
venís? Aun no está la comida…– dijo con
cara de que le hubiese tocado la lotería. Cogiéndole
unas maletas a Seki y pensando que sí que se daban prisa
en ir llevando sus cosas.
– Espera, ¡Goro! – se rió el chico mirando
a su padre y luego echando a correr tras del moreno.
– ¡Eh! Con cuidado... – los riñó
Atsushi al ver las dos sombras que pasaban volando por la escalera.
Se asomó a la puerta para ir a ayudar a Okuma. – Pensé
que iban a esperar hasta mañana.
– Íbamos… pero Seki empezó a empacar.
Todo esto son cosas suyas y lo que queda allá. – dijo
frunciendo el ceño el moreno y agradeciendo la ayuda.
Goro, mientras tanto, correteando por la escalera con Seki y dejando
las maletas en su cuarto mientras tanto. Casi lanzándolas
por ahí y corriendo a abrazarlo, alzándolo en brazos
y besándolo profundamente.
– Vamos a vivir juntos... – Seki lo besó de
vuelta, casi saltando entre sus brazos. – Y mira, mi padre
se ve todo serio y compuesto pero seguro que está emocionado
por dentro. Yo lo sé...
– No importa, aunque Goro aún no limpia el cuarto,
imagino que lo harán juntos. – le sonrió Atsushi
entrando las maletas a su casa. – Le he dado permiso... para
que vaya a acampar.
– Sí, nosotros también hemos estado hablando
de eso… – murmuró Okuma, dejando las maletas
a un lado. – ¿Esta noche?
– Esta noche... nos toca inaugurar. – se acercó
un poco, sonriendo. – Aunque la casa sea vieja, no importa...
– ¿Vamos a tirar las paredes? – preguntó,
sujetándolo con una mano por la cintura y atrayéndolo
de golpe para sentir la dureza de su cuerpo, besándolo profundamente
y empujándolo con la cara, apartándolo.
– No sé si las paredes, las necesitamos... –
se rió con suavidad, besándolo ahora él antes
de separarse. – La comida está lista...
–Yo también. – le sujetó la mano, apoyándosela
en el paquete, apretándoselo con su mano por encima de la
de Atsushi, acorralándolo un poco.
– Okuma... van a bajar los chicos... – protestó
el moreno sintiendo un golpe de calor, sin hacer ningún esfuerzo
por separarse aún así.
– Creo que esto me va a gustar. – le dijo serio, besándole
el cuello y encerrándolo entre la nevera y la pared, apretándose
contra él.
Goro sujetó la mano de Seki. – Creo que ya estará
la comida ¿Vamos?– le preguntó por cortesía,
deteniéndose de pronto. – ¡Ah! Mi padre…
“me dijo que hoy podíamos ir a dormir afuera…
tú y yo…”
– El mío dijo que iba a interceder. Quieren la casa
para ellos solos... – se rió el chico moviéndole
la mano como en un juego.
– Normal… – sonrió, sacando la cabeza
por la puerta. – ¡¿Ya está la comida?!
– preguntó. Okuma abajo sonriendo ligeramente y separándose
de Atsushi para sentarse en la mesa, mirándolo y bajando
la vista a su sexo marcado en los jeans.
– Sí... pasen... – enrojeció el moreno
girándose y cubriéndose como mejor podía. –
Chicos... van a tener que tocar la puerta antes de entrar...
– ¿Por qué? ¿Qué le hacías
a Atsushi-san, papá? – le preguntó Seki sonriendo
maliciosamente, antes de sentarse.
– Nada bueno. – contestó el moreno, pensando
que iban a necesitar ceniceros de una vez y levantándose
a apagar el cigarro en el fregadero, notando lo rojo que estaba
Goro a causa de la visión y de su respuesta.
El chico se sentó a la mesa tras llevar el agua y los miró.
– No hagáis eso en la cocina… es gore…
– No hacíamos nada y no es gore. – contestó
su padre, tocándole la cabeza, Seki sonriendo aún.
– Qué mal ejemplo. Como sigan así, voy a aprender...

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