.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 29
Waking up to this Dream

Okuma miró la hora, respirando con fuerza y llamando a la puerta, Goro abriéndole y sonriendo un poco. – Está dormido aún del pedal que se cogió anoche. – se rió, sin apartarse del marco, pensando que estaban todo el día juntos su padre y el de Seki. Si no era uno, era el otro.

– Déjame pasar que quiero hablar con él. – le dijo, pasando después y apartándolo con una mano en el hombro.

– ¡Pero está dormido! – protestó Goro, siguiéndolo un poco hasta las escaleras, Okuma mirándolo y subiéndose las gafas.

– Me hago cargo… He visto a gente dormida anteriormente. – Okuma le sonrió extrañamente, llamando a la puerta y entrando en el cuarto del mayor. Goro haciendo cara de contrariedad abajo y saliendo de la casa para ir a buscar a Seki.

El mayor entró en el cuarto y le abrió una cortina, observándolo de pie a su lado y quitándose la camiseta, alzando las sábanas para meterse en su cama. Lo rodeó con un brazo y se quitó las gafas, aprovechando para dormir un rato.

– ¿Mhm? – Atsushi protestó, pensando que era Goro y girándose para abrazarlo también sonriendo, abriendo los ojos por fin al notar que ese cuerpo era demasiado grande como para ser el de su hijo. – ¿Okuma? ¿Qué haces aquí? No... No fue anoche... ¿verdad?

– Claro que sí. – mintió el moreno, metiéndose con él sin abrir los ojos, besándole los labios con suavidad y aproximándolo más contra su cuerpo. Estaba muy calentito de las mantas.

– Dios, no debimos. Goro... y Seki... – se preocupó instantáneamente, tocándose la cabeza. No recordaba nada de aquello. – No durmieron juntos, ¿verdad?

– No lo sé… – lo miró a los ojos, sujetándole una mano y apoyándola sobre su pierna para que notase que estaba con los pantalones puestos. – Acabo de llegar, Atsushi y es la una de la tarde pero duermes como un oso.

– Baka... ¿para qué me mientes entonces? Tengo derecho, me hiciste beber mucho... – se quejó, deseando empujarlo pero riendo de todas maneras. – Ahora no puedo levantarme.

– ¿No puedes o no quieres? – preguntó, girándose boca arriba en la cama y atrayéndolo sobre su pecho, acariciándole la espalda con la mano, pensativo. – ¿Recuerdas lo que hablamos sobre vivir juntos?

– Que si lo recuerdo... ¿Cómo se me va a olvidar? – le sonrió, besándole el pecho con suavidad. – No quiero y no puedo.

– ¿Cuándo? – preguntó, tocándole la mejilla con suavidad.

Atsushi enrojeció. No esperaba que se lo pidiera tan pronto. Así lo hacía real. – Cuando... cuando tú quieras. Pero creo que debemos hablarlo con los chicos... más a profundidad, ¿no?

– Sí… hoy… durante la comida podemos hablarlo. ¿O quieres tener una charla en privado con Goro? – preguntó, mirándolo y sonriendo levemente al ver que estaba rojo.

– Creo que sería lo mejor... Es un chico muy sensible y hemos estado solos por tanto tiempo... – lo miró a los ojos, sonriendo tímidamente y pensando que parecía un idiota. – No creo que se niegue pero no quiero que sienta que no lo tomo en cuenta.

– Comprendo. Tal vez yo debería hablarlo con Seki antes, entonces…– se tocó la frente, pensando que seguro que le daba la lata. – ¿Vamos a venirnos para aquí?

– Si eso quieres... No sé si esté listo para abandonar mi hogar. – le sonrió, ahora sí mirándolo directamente. – Y dicen que es bueno no vivir en tu lugar de trabajo.

– Al menos esto parece una casa. En la nuestra no hay casi nada y tampoco le tenemos ningún apego pero supongo que debe haber tres habitaciones… espero…

– Sí las hay... pero tendremos que limpiar un poco... La otra... la he estado usando como almacén casi. – se rió un poco seguro de que tendrían que tirar la mitad de las cosas que estaban allí. – Pero creo que a Seki le gustará, tiene una vista agradable.

– Seguro que no le importa. Lo que sea con tal de tener la opción de colarse en el cuarto de Goro por las noches. – frunció el ceño, pensando que iba a ser todo un dolor de cabeza. Pero quería rehacer su vida con Atsushi.

El moreno se rió, imaginándolo. – Sí... tendremos que vigilarlos. Pero al menos estarán bajo nuestro techo. Son buenos chicos, Okuma. Y tú eres un buen padre... – comentó, tocándole los labios. Era la primera vez que despertaba feliz luego de haber bebido, sin remordimientos.

– No estoy tan seguro. – murmuró el moreno, volteándose sobre él, mirándolo a los ojos, pensando en por qué estaba haciendo eso. Mudándose a vivir con aquel hombre.

– ¿No? Yo sí... Tu hijo te quiere, es la mejor medida, ¿no lo crees? Eso y que se porte bien... – continuó, jugando con uno de sus dedos. Pensar que despertarían así cada día.

– Tal vez. – sintió que le resbalaba el flequillo, colgando un poco por delante de su rostro. – Me siento distinto a cuando decidí vivir con mi mujer. – confesó aunque no se le hacía sencillo hablar así. Se apartó, sentándose en el borde de la cama y tocando su espalda desnuda.

– No soy tu mujer. – Atsushi se levantó un poco sobre un brazo, observándolo. – No sé si eso es bueno o malo, tu comentario, no que... Tú comprendes. – sonrió, enrojeciendo de nuevo.

– Cuando me casé con ella, fue como una decisión lógica, el transcurso de unos acontecimientos, como si no hubiera más opción. Era mi novia de la universidad… había estudiado conmigo, su padre iba a darme trabajo en la clínica de la que era director… – encendió un cigarro, fumando y observando el humo salir del filtro, dando otra calada y poniéndose las gafas de nuevo. – Ahora estoy aquí con un hombre que conozco desde hace cuatro días, deseando vivir con él. Si alguien me hubiera asegurado que esto sucedería… me hubiera cansado de reírme a su costa. – se tocó la mandíbula, sonriendo levemente.

– Y yo jamás hubiera imaginado que el médico del pueblo iba a ser tan guapo. Estaba esperando otro viejecillo o quizás un joven idealista y no muy inteligente. – se rió, tocándole el brazo por sentirlo. – Tampoco creí que me fuera a enamorar de nadie en toda mi vida.

Okuma lo miró, echándose un poco hacia atrás para apoyarse contra él. Le pasó una mano por el brazo, tocando los músculos en este. – Es la primera vez que estamos solos y no lo hacemos.

– Goro está allí afuera... O tal vez fue a ver a Seki pero no lo puedo asegurar. – sonrió el moreno, recostándose contra la almohada de nuevo.

– Se fue con Seki… bastante molesto al enterarse de que iba a ir a tu cuarto estuvieses dormido o no. – el moreno le sujetó una mano, observándola y riéndose al notar que era más grande que la suya pese a ser bastante más delicada.

– Podríamos hacer de esta una ocasión histórica y bajar a desayunar aunque supongo que ya lo hiciste... – continuó, jugando con su mano y sonriendo de aquella manera suave.

– Sí… en realidad…– miró la hora de nuevo, en el reloj de Atsushi ahora, besándole la mano. – Falta poco para la hora de comer. Tal vez debería ir a buscar a Seki y hablar con él de eso. – se colgó el cigarro de los labios de nuevo.

– ¿Vendrán a comer entonces? Si es así, envíame a Goro para acá. – se rió, apartándose el flequillo alborotado de la frente. – “Te ves imponente de kimono.”

Okuma se giró, acostándose sobre él y besándolo profundamente. – No me hagas pensar en tus piernas a través de la abertura… – le pasó la mano por entre las piernas sobre la tela del pijama y lo besó otra vez. Cerrando el puño encima de su cabeza y abriendo la mano de nuevo para acariciarle el cabello. Se levantó, observándolo desde arriba.

– Yo no lo hice... – le sonrió, mirándolo como si fuera una visión. Era increíble que quisiera vivir con él. Esos últimos días parecían como una fantasía de lo perfectos que habían sido, exceptuando aquella discusión, claro.

– Me voy… porque si no, arruinaré el momento histórico. – se echó sobre él de nuevo, besándolo apasionadamente y apretándose contra él. Apartándose por fin y pasándose una mano por el cabello. Saliendo de su cuarto para ir a buscar a Seki.

Atsushi se puso de pie, sin poder dejar de sonreír. Mejor se vestía y preparaba la comida. Estaba seguro de que iba a ser un día histórico de todas maneras.


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