Capítulo
28
Let’s Have a Little Drink and leave the Past in the Past
Goro mojó los pies en el agua, sentado al borde del embalse
y escuchando cómo sonaban las maderas y la resina chisporroteando
en la hoguera que estaba preparando su padre. Se preguntaba si iban
a venir, sabía que Seki no estaba enfadado pero tal vez quería
quedarse con su padre. – Si no vienen no importa, así
estamos solos tú y yo. – le dijo a su padre, sonriéndole
para ver si cambiaba de cara.
– Sí... – le sonrió Atsushi tratando
de ponerle su mejor cara aunque no tenía ningunas ganas de
sonreír realmente. No quería preocupar a Goro. Miró
en la dirección por la cual debían llegar, suspirando
y continuando con la hoguera.
El lobito aulló, Goro mirándolo y riéndose,
tapándole el morro. – Sh… no hagas eso, baka…
nos va a venir a buscar la policía…– le explicó,
mintiendo como si para el caso le entendiese algo.
…..
Okuma miró a su hijo en casa, dejando que le cerrase el
kimono azul oscuro mientras fumaba con cara de contrariedad. –
Ya te dije que no quiero ir…– murmuró, pensando
que no sabía ni qué decirle.
– Y yo te dije que iremos. ¿No quieres ver a Atsushi-san
en kimono? Seguro se te olvida hasta por qué peleaban. –
se rió ligeramente acomodándole las telas y apartándose
un poco para mirarlo. – Estás muy guapo.
– No. – sentenció el moreno, saliendo de la
casa y llevándose al lobo de Seki en brazos porque empezaba
a hacerle gracia cómo lo mordía todo. – No tengo
ganas de otra discusión estúpida, no escucha cuando
le hablan… – continuó protestando a pesar de
que iba hacía allí.
– “Tú tampoco.” – susurró
el chico siguiéndolo y sonriendo, añadiendo en voz
alta por meterse con él. – Entonces sólo bésalo
y así no tiene tiempo de discutir.
– Sí, claro… con ese genio…– sujetó
el cigarro en los labios y se rió abiertamente de pronto.
– Vete hacia allí… que ahora voy yo…
– No te desvíes, papá... o vendré buscarte.
– le advirtió el chico sonriendo y dejándolo
con el lobito. Después de todo se veía tierno.
– ¡Seki!– le llamó Goro al verlo a lo
lejos, emocionándose instantáneamente al verlo y mirando
para sus piernas, soltando al lobito que se zarandeaba para todos
lados con tal de ir a saludar.
Atsushi alzó la mirada, emocionándose y volviendo
a sus tareas con la ya encendida hoguera al ver que el chico venía
solo.
– ¡Goro! – lo saludó Seki corriendo hacia
él y acariciando el lobito mientras le daba un beso en la
boca al chico.
– Seki… – le riñó, enrojeciendo
un poco y mirando de soslayo a su padre. – “¿Y
tu padre?” – preguntó en bajito, acercándose
más y susurrándole al oído. –“Estás
súper sexy…”– se rió también
en voz baja, tocándole un poco un muslo.
– “Tú también.” – sonrió
el chico tocándole el pecho ya que Atsushi estaba tan distraído.
– “No te preocupes, por ahí llega. Refunfuñando
y diciendo que no quiere venir pero viene.”
– Menos mal…– Goro le sujetó la mano y
se la besó, llevándoselo con él al embalse.
– Ahora viene Okuma, papá. – le anunció
para que dejase de preocuparse. El doctor apareciendo de todos modos
al poco de decirlo el chico, con el cachorrito contra el pecho y
una botella de sake en la otra mano.
Atsushi se puso de pie, mirándolo sin saber qué decir.
Se veía muy sexy de aquella manera, era todo lo que podía
pensar. Dio un paso hacia él, nervioso, preguntándose
si pensaba hablarle.
– “Dios, ¿no quieres sacudirlos?” –
le preguntó Seki a Goro, sentándose en el embalse
y sonriendo al ver lo tranquilo que iba el lobito en brazos de su
padre a pesar de que le estaba masticando la manga del kimono.
– “No, son graciosos.”– Goro se rió,
mirando de soslayo como si fuera una película interesante.
Okuma dejó al cachorrito en el suelo para que fuera a jugar
con el otro y abrió la botella, sirviendo un poco de sake
en una de las tacitas que llevaba, ofreciéndoselo a Atsushi,
observándolo de arriba abajo descaradamente. El moreno enrojeció,
aceptando la tacita con ambas manos bebiendo un poco.
– “Lo siento.” – susurró sin alzar
la mirada.
El moreno se acabó lo que restaba en la tacita y dejó
la botella en el campo junto a la comida. Aproximándose para
besarlo profundamente, haciéndole caso a su hijo respecto
a aquello. Le sujetó la nuca con la mano, frotándosela
un poco, pasándole la mano por la espalda y besándole
el cuello. Goro apartando la vista rojo como un tomate y apoyando
la cara en las piernas de Seki. Susurrando.
– “Ahh…trauma…”
– “Yo te quito el trauma.” – sonrió
el chico besándole el cabello y alzándole el rostro
para que lo besara también.
Atsushi aproximándose al médico, colocando las manos
en su pecho para devolverle el beso, cerrando los ojos.
– ¿No sabes que te hago esto porque me gusta tu cuello?
– le preguntó, sujetándole la nuca de nuevo.
– “¿No te lo demuestro suficientemente?”–
le besó una mejilla, pensando de nuevo que era muy mono y
sintiéndose estúpidamente desarmado. Rodeándolo
con ambos brazos y oliendo su cabello.
– “Creí que lo hacías porque estabas
molesto.”– susurró de vuelta, suspirando entre
sus brazos. – No me importa... cómo digas las cosas.
Fue una tontería.
– “Seki me dijo que te informase de que Goro nunca
pensaría nada malo de ti…” – sonrió
levemente, le hacía gracia que su hijo se preocupase tanto.
Le besó el cuello de nuevo, observando a Seki besándose
con Goro y pensando en lanzarle una sandalia. – Desde que
vine aquí… he estado pensando en bañarme en
ese lago…– sonrió levemente, haciendo que lo
mirase.
– De noche... el agua se siente más tibia. –
le sonrió aún un poco rojo agradeciéndole que
dijera eso de su hijo. Lo hacía sentir mucho mejor. –
Te sienta muy bien ese kimono.
– A ti también… aunque te sentaría mejor
si pudiese tirar de aquí…– se metió con
él, tirando un poco del cinto.
– ¡Tengo hambre!– les anunció Goro enrojecido
y pensando que no había mucho caso a tenerlos ahí
reprimidos si no se reprimían en condiciones.
– Yo también... Me tuve que quedar toda la tarde sentado
en el sofá... – se quejó Seki mirando maliciosamente
a su padre ya que había sido su culpa. En realidad, él
también se había quedado dormido al final.
– Ya va... – Atsushi se separó de Okuma, su
rostro completamente cambiado en cuanto a expresión y se
arrodilló tomando una caja con varios palillos dentro, en
los cuales había ensartado trozos de pescado y vegetales.
– Los cocinaremos sobre la hoguera.
Okuma se sentó a su lado, pensando que seguro lo habían
dicho sólo por molestar. – No hace falta que anunciéis
que tenéis hambre, ya vi cómo os comíais la
lengua. – refunfuñó, exhalando una bocanada
de humo. Goro poniendo a asar un pescado y riéndose rojo.
– Vosotros también… – se defendió.
– Y los padres no deberían hacer esas cosas…
– ¿Por qué no? Los padres somos humanos, ¿sabes?
– le sonrió Atsushi, poniendo su pescado al fuego también,
a la vez que Seki.
– Porque me da vergüenza verlo…– sonrió,
girando el pescado y apartándolo del fuego, probando un poco
y dándole otro trocito al cachorro que se subía sobre
él. – A vosotros tampoco os gusta vernos.
– No es lo mismo porque a mí me dan ganas de estrangularte…–
murmuró Okuma sin ningún mal en realidad.
– No estrangules a mi hijo, Okuma, por favor. – se
rió Atsushi, sintiéndose un poco tonto en su felicidad.
– No, papá, que me dejas sin novio. Qué feo...
– Seki se recostó en el hombro de Goro, aún
con la mano extendida hacia el fuego.
– No puedo estrangularlo, tiene demasiados fans. –
Okuma dejó escapar la respiración por la nariz, sonriendo
y probando el pescado, echándole un poco de soja por encima
y subiéndose las gafas con la mano. – Seki… ¿Vas
a querer volver a la ciudad? Para vivir allí… –
Goro lo miró expectante.
El chico bajó la mano por poco poniendo su comida en peligro
de ser devorada por le lobito y sonriendo un poco. – No lo
sé. Aún tengo que terminar la universidad... ¿Tú
piensas quedarte aquí?
Ahora fue Atsushi quien detuvo lo que hacía para escuchar.
– Sí… – Okuma siguió comiendo,
mirando a Atsushi después. – Si Atsushi deja de empujarme
cuando se enfada.
Goro se mordió un poco el labio sin decir nada al respecto,
pensando que seguro que si se iba ya le empezaría a gustar
otro y cosas por el estilo, que no querría volver y demás.
– No me enfades... – bromeó Atsushi, sirviéndole
un poco más de sake y susurrando en serio. – “No
te empujaré.”
Seki miró a Goro de soslayo notando su expresión.
No sabía qué decirle, le agradaba aquel lugar pero
tenía miedo de comprometerse. Nunca sabía lo que podía
pasar. – Goro... ¿a ti no te gustaría vivir
en la ciudad?
– Tengo que ir al colegio aún, un año más…–
lo miró de soslayo y le sonrió un poco, como para
que no se preocupase por él. – Pero tú tienes
que ir a la universidad, ya vendrás en las vacaciones. No
puedo cambiarme de colegio, necesito estar con mi equipo de Básquet.
Okuma los miró, no le hacía mucha gracia dejar que
su hijo fuera a vivir solo, tampoco se la hacía quedarse
solo en la casa, no sabía qué hacer. No había
mucho que hacer en realidad, no podía estar cambiando de
trabajo y arriesgarse a perder ese con la cantidad de tiempo libre
que le daba y lo seguro que era.
– Bueno... no es momento para pensar en esas cosas. Ocupémonos
del ahora, ¿vale? Creo que por esta noche... no estaría
mal si los chicos prueban un poquito de sake. Sólo uno. –
ofreció Atsushi intentando liberar la tensión. Sabía
que aquello pondría triste a Goro.
– Sólo un poquito... – repitió Seki como
pidiéndole a su padre, sonriendo y pensando que él
bebía mucho más que eso. No sabía qué
hacer. Se estaba planeando seriamente el quedarse allí, pero...
aún así tenía que terminar sus clases. También
pensaba que tarde o temprano Goro tendría que irse si realmente
quería ser un profesional.
– Seguro que me sienta muy mal.– Goro arrugó
un poco la nariz, seguro de que de todos modos no le iba a agradar
a pesar de que notaba por qué su padre le estaba dejando.
Okuma mirando a Seki y riéndose entre dientes.
– Pero si mi hijo aguanta más que yo… eso seguro…
– A ver. – sentenció Goro, echando la mano adelante
para que le sirvieran, bebiéndoselo con cierta desconfianza
aunque tragándoselo todo. – Sabe horrible…–
se tiró en la hierba reído. – Asco.
Atsushi se rió, bebiendo un poco también. –
Mejor entonces... Tú sigue bebiendo Pepsi, hijo...
– ¿No puedo beber otro? Papi... – le pidió
Seki sonriendo encantadoramente luego de haberse acabado el suyo.
– Sí, total ahora no bebes nada. – Okuma le
sirvió y le pasó la mano por el cabello pensando que
era muy guapo.
– Es mío. – le dijo Goro, abrazando a Seki desde
la hierba y mirando a Okuma, riéndose.
– Era mío primero. – Okuma lo miró, preguntándose
si estaba borracho con eso. De tal palo tal astilla… pensó.
– Soy de ambos... no peleen. – se rió el chico,
bebiendo la segunda tacita y dejándose abrazar de aquella
manera.
– Debiste decir que no eras de nadie. – bromeó
Atsushi empezando a sentir los efectos también, sobre todo
ahora que bebía con las defensas abajo.
– Pues si no es mío estamos bien…– Okuma
lo miró, sonriendo y notando que se le estaba subiendo el
alcohol. Pasándole la mano por la cintura y bebiendo de la
botella. – Bebe… – le invitó adrede. Goro
riéndose y apoyando la cara en las piernas de Seki, moviendo
la tela con la mejilla para sentir su piel, cerrando los ojos y
enrojeciendo muy serio, mirándolo fijamente.
– A ver, Goro…– le dijo Okuma aunque en realidad
le iba mal de la risa.
– A ver ¿qué? No me lo molestes, papá...
– le riñó Seki viéndole las intenciones
y acariciando el cabello del chico. Claro que se veía adorable
así, le daban ganas de comérselo.
Atsushi bajó la botella, exhalando. – Okuma... sabes
que no debo beber... – protestó a pesar de haber estado
haciendo precisamente eso por sí solo.
– Yo no te obligo y yo creo que sí debes, un poquito
no mata a nadie…– le besó una mejilla. –
“Y te ves tan bien…”– le susurró
al oído. – “Te comería…”–
le mordió un poco el lóbulo y le besó la mejilla
de nuevo.
– ¡Vamos a bañarnos, Seki! Que me duermo…–
protestó Goro, levantándose y abriéndose el
kimono, dejándolo por ahí y corriendo para lanzarse
desde la liana al agua.
– ¡Goro! ¡Ten cuidado! – le previno su
padre, recostándose luego contra Okuma, sonriendo enrojecido.
– No se supone que me comas ahora...
Seki sonriendo antes de quitarse el kimono y dirigiéndose
hacia el río. – Allá voy...
Goro se escondió debajo del puente, riéndose un poco
y esperando a que saltase para asustarlo. Okuma metiéndole
la mano por entre el kimono a Atsushi y acariciándole el
pecho. – Debí hacerlo esta mañana entonces…
– Su mirada se dirigió a cómo se abría
el kimono mostrando sus piernas.
– ¿Goro? – preguntó Seki asomándose
preocupado por no verlo, lanzándose igual al agua.
Goro sujetó a Seki por detrás de pronto, metiéndolo
con él bajo el embalse y besándolo profundamente,
riéndose y deslizando las manos bajo su bañador. –“Seki…”–
susurró acelerado por estar borracho y a escondidas.
– “Me asustaste” –susurró el chico,
sonriendo y sujetándose a su cuello, besándolo.
– Okuma... los chicos están aquí... –
protestó Atsushi, sujetándole la mano aunque se sentía
caliente y no ponía el suficiente esfuerzo.
– Lo sé… pero no hago nada. – deslizó
la mano bajo la suya, tocándole el abdomen e inclinándose
a besarlo. – Atsushi… ¿Has pensado en vivir juntos?
En el futuro…
– ¿Qué si lo he pensado? – se rió
Atsushi llevado por el alcohol. – Lo he soñado. Te
amo, Okuma.
Okuma sonrió levemente por lo dulce que era, tocándole
el pecho de nuevo sólo que ahora con más fuerza pese
a que trataba de controlarse. Apretándole un poco los pectorales.
– Lo haremos… – lo besó profundamente,
sujetándole el cuello. – No veo a los niños…
– ¿Mh? – Atsushi miró a su alrededor,
enseriándose de pronto y poniéndose de pie. –
¡¿Goro?! ¿Dónde estás?
Goro se rió debajo del puente, tapándole los oídos
a Seki. – ¡En el agua ¿Dónde más?!
– Están bajo el puente, creo…– murmuró
Okuma, levantándose y apoyándose en la espalda de
Atsushi, abriéndole el cinto y besándole la nuca,
dejando caer el kimono por su cuerpo. Torturándose.
– ¡No seas baka! – suspiró su padre, sin
oponer resistencia a las caricias de Okuma. En cierta medida, la
broma de su hijo lo había desarmado aún más.
– “Oye... se supone que los interrumpamos pero... prefiero
jugar contigo ahora.” – se rió en bajito Seki,
metiéndole la mano por el bañador también.
– Sí… – Goro se pegó a él,
bajándole el bañador y tocándole las nalgas
con ambas manos, apretándoselas con fuerza y mirando abajo
para ver su sexo. – “… Quiero eso…”–
le susurró, besándole el cuello sin pensar muy bien
por el alcohol.
Okuma se quitó el kimono también y lo giró
hacia él, besándolo profundamente y empujándolo
después en venganza por lo de la tarde. – Vamos a bañarnos.
– Necio... – se rió el moreno, besándolo
de vuelta y poniéndose de pie luego, echando a correr hacia
el agua. – ¡Goro! ¡Más te vale no estar
haciendo nada problemático!
Seki riendo y volviendo a subirle el bañador aunque ya se
sentía excitado. – “Ya lo tendrás.”
– “Mal… estoy empalmado…”–
pasó buceando por debajo del agua y le dio una nalgada a
su padre, nadando hacia el otro extremo. Okuma desnudándose
calmadamente en el embalse y lanzándose al agua después.
Hundiéndose y saliendo de nuevo, pasándose las manos
por el cabello.
Hacía siglos que no nadaba, se sentía bien y el agua
estaba bastante caliente al tratarse de un lago. Se le ocurrían
mil cosas que hacer de no haber estado los niños.

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