Capítulo
27
I Want Him to Understand Me
– Y hacen esa fiesta en verano…– le dijo Goro
a Seki, sentado en el campo y mirando a su padre y a Okuma que estaban
apoyados en las maderas que protegían el despeñadero
del vacío, aprovechando para besar a Seki mientras no miraban.
En realidad Okuma le había sugerido a Atsushi que fueran
a dar una vuelta a ver si así podían quedarse solos
pero para su desgracia los chicos se habían apuntado de inmediato.
– Qué interesante... me gustaría ir. –
el chico cruzó las piernas, haciéndose el loco por
si su padre los veía. – “Mira sus manos...”
– susurró, notando cómo Atsushi la movía
un poco cerca de la de Okuma como inseguro de si debía sujetarla
o no.
– Ha pasado tiempo desde la última vez que hice algo
así... Si no fuera por Goro...
– Es comprensible aquí. Bueno, yo no digo nada, me
pasaba todo el tiempo en la clínica, tenía mucho trabajo.
Sin embargo aquí tengo todo el tiempo libre del mundo…
esto está empezando a gustarme… – Lo cierto es
que no había notado su mano pero le pasó el brazo
por los hombros mirando al acantilado, cómo rompían
las olas.
– “Es bonito…”– le dijo Goro, refiriéndose
a la relación de sus padres. – Es una fiesta que sólo
hacen en verano, aún es la semana que viene… seguro
que van todos los de ayer… idiotas incluidos… –
le explicó después.
– Bueno, ignoremos a los idiotas – se rió Seki,
mostrándole una florcita y pasándosela por los labios.
– “Yo creo que al final vamos a vivir juntos.”
– Me alegro, es un lugar hermoso, siempre lo he pensado.
Tranquilo... pacífico... – Atsushi miró al médico,
sonriendo un poco. – Y por primera vez, absolutamente completo.
– Ya lo hago. – le dijo Goro a Seki, sonriendo y mordisqueándose
el labio después por las cosquillas. – “Ojalá…
pero seguro nos cierran con llave”
– “Bueno, pero yo sé hacer copias de las llaves”
– susurró Seki a su vez, besándolo ahora que
sus padres estaban distraídos de nuevo. – “Están
susurrado también”
–“Quisiera saber qué cotillean…”–
le tocó con la lengua en los labios y sonrió, mirando
de soslayo a sus padres, asegurándose de que no miraban antes
de besarlo profundamente, la verdad es que era divertido hacer eso.
Se rió en bajito, tirándose boca arriba en la hierba.
Okuma lo miró de soslayo, besándole los labios estuvieran
delante o no los chicos, claro que suavemente. Aproximándose
más a él y pensando que le había ayudado a
superar por completo el divorcio, no quería hablar de eso.
– “Te enfadaste cuando te dije lo del kimono…¿Hum?...”
Atsushi enrojeció, un tanto avergonzado. – “Un
poco... lo hubiera hecho de todas maneras si me lo hubieras pedido,
¿sabes?”
– “Era mi forma de hacerlo…” –Le
explicó el doctor, mirando atrás de soslayo porque
ya le parecía extraño tanto silencio y risitas.
– “La próxima vez trata de ser más delicado.
Tampoco quiero que Goro se lleve una mala impresión.”
– le riñó de todas maneras a pesar de que se
sentía extrañamente excitado cuando le hablaba así.
Era realmente confuso.
Seki saludó a su padre, sonriendo ampliamente con cara de
inocencia y acostándose en la hierba también. –
“¿Les preguntamos?”
– “Tú, a mí me da vergüenza…”–
Goro le sujetó la mano, poniéndosela en los labios
y besándosela varias veces, apoyándosela contra la
mejilla. – “Yo estoy pensando en cómo te sentará
el kimono… y en que espero no empalmarme cuando estemos bañándonos
con ellos… sería el infierno…”– se
rió, rojo.
– “Ya… comprendo.” – Okuma miró
a de nuevo a Atsushi. – “Preferiría que le explicases
que es mi modo de ser… me parecerá ridículo
hablar de otro modo y no diré nada…”
– “Está bien... pero seguiré molestándome”
– le advirtió, suspirando. – Chicos... ¿qué
tanto cuchichean? – les preguntó adelantándose
y dándoles un sobresalto.
– Es lo que íbamos a preguntar... Nosotros sólo
hablábamos de la fiesta. – mintió Seki, a sabiendas
de que no le creerían.
– Eso no lo estaríais cuchicheando…– le
dijo Okuma a su hijo. En realidad ahora estaba molesto porque Atsushi
siguiera con eso, si tanto le molestaba su modo de ser…
– También estabais cuchicheando…– les
acusó Goro, riéndose y lanzándole una florcita
a su padre.
– No, estábamos hablando cosas de adultos, no es lo
mismo. – se rió el moreno sin darse cuenta de el gesto
de Okuma aunque Seki sí, asumiendo por supuesto que era porque
ellos estuviesen allí.
– Nosotros hablábamos cosas de adolescentes pues.
– No seas irrespetuoso. – Okuma miró a su hijo,
apoyándose con los codos atrás, en la barandilla.
– ¿En la ciudad se oye lo que dices cuando vas por
la calle andando y hablas? – preguntó Goro de pronto,
que no se enteraba demasiado de si había una guerrilla o
no.
– Pues depende de qué tan alto hables... – se
rió Seki, inclinando un poco la cabeza. – Gomen, Atsushi-san...
– No importa... – le sonrió el moreno, pensando
que por lo menos se había salvado de responderle y mirando
a Okuma, preocupado de pronto.
– ¿Qué? – el moreno lo miró a
él, notando que lo observaba. Goro rodando por la hierba
por la cuesta abajo cogiendo a uno de los lobitos que se escapaba,
riéndose.
Seki los miró por un momento, suspirando y corriendo tras
de Goro. – ¡No nos dejes solos!
– Tened cuidado... – les advirtió Atsushi, volviendo
a mirar a Okuma. – ¿Estás enfadado?
– No. – sentenció, mirándolos rodar por
el campo, pensando que su hijo parecía haber vuelto atrás
en el tiempo y ser más pequeño ahora de lo que era
antes.
– ¿No? Pero algo te molesta. – le insistió
calmadamente Atsushi aunque estaba nervioso. No era para nada maduro,
a cada rato sentía ese miedo.
– Que me digas cómo debo comportarme y que digas que
si no lo hago te vas a enfadar. – lo miró, alzando
una ceja y preguntándose si le parecía normal.
– Lo sabía, pero tú me dices cómo comportarme.
Y también dijiste que es tu forma de ser. – le comentó,
desviando la mirada.
– ¿Yo te digo como comportarte? ¿Cuándo?
– lo miró, frunciendo el ceño ligeramente. –
¿No me estarás comparando que te diga que te pongas
una prenda con que tú me digas que no me exprese tal y como
soy y finja…?
– No te estoy pidiendo que finjas. Pero tampoco puedes pedirme
que no tenga una reacción. – suspiró, desesperándose
un poco. – ¿Por qué te pediría que fingieses?
– Me has dicho que sea más suave. ¿Suave? No
voy a ser suave… chst…– chasqueó los labios
sin dejar de mirarlo fijamente. – El por qué me pides
eso, lo sabrás tú.
– Ya veo... Así que la idea básica es que yo
debo ceder y aceptarte como te comportes. Pero tú no piensas
ceder nada. – frunció el ceño sin poder contenerse
más. No quería pelear, no con él y no en esos
momentos. Pero le era imposible.
Okuma movió un poco una pierna, no era como discutir con
una mujer. Era mucho más tenso, en realidad de haber sido
su mujer ya le habría alzado la voz pero estaba seguro de
que en este caso no era buena idea. No al menos si no quería
enzarzarse a hostias con él y desde luego que no quería.
– Que no me puedes comparar una cosa con la otra, Atsushi.
Yo no te estoy diciendo que te comportes de ninguna manera y de
todos modos si no quisieres hacer lo que te digo no lo hagas y punto.
– Pues no lo haré. Y tú compórtate como
te dé la gana entonces. – refunfuñó,
sin mirarlo sintiendo que le hervía la sangre. Y a la vez
le dolía, era una tontería.
Goro miró a Seki, notando la cara del doctor que no le decía
nada a su padre, sólo lo miraba fijamente y se tapó
los ojos con la mano un momento. – “Ay Dios… ya
lo enfadó…”
– “Sí... ya sabía que iban a pelear...”
–suspiró el chico que había notado el ambiente
extraño antes de ir tras Goro. – “No te preocupes,
yo hablo con mi padre antes de la cena.”
Okuma le sujetó el cuello, tenso, haciendo que lo mirase.
– ¿En serio me estás comparando que tú
me digas cómo debo comportarme a que yo te dijera que usases
una prenda?
– Y ¿lo de la acampada? ¿No lo decidiste tú?
– le preguntó sintiéndose violento y respirando
con fuerza. – Ya te dije que puedes hacer lo que te dé
la gana. ¿Cuál es el problema ahora?
– No sé, dímelo tú. ¿Quieres
pegarme?– le apretó más la nuca, tenía
el corazón acelerado en el pecho. – Me sales con lo
de la acampada… tienes razón, enfádate porque
quiera verte en kimono porque pienso que estarás sexy o porque
quiera pasar una noche contigo…
– ¿Quieres pegarme tú? – le preguntó
mirándolo retador a los ojos y empujándolo luego.
– Basta, no quiero discutir más. No me enfado por eso,
me enfado por cómo lo decides.
– ¡No puedes empujarme y luego decirme que no quieres
discutir! – Okuma sintió que le hervía la sangre,
ahora sí aguantándose para no pegarle, apretando la
mano en la barandilla de madera y bajando por la pendiente para
evitarlo.
Goro miró a su padre preocupado, había estado a punto
de levantarse para ir a defenderlo.
– Okuma... – protestó el moreno, frunciendo
el ceño y cruzándose de brazos. ¿Qué
se creía que hacía él apretándole la
nuca? – Idiota...
Seki miró a su padre, suspirando de nuevo. – ¿Quieres
ir a hablar con él? – le preguntó a Goro observando
para dónde miraba.
– Sí… lo siento. – se levantó,
corriendo para ir con su padre, caminando cuando se acercaba y sujetándole
un brazo, notando lo tenso que estaba. –Papá…
¿Qué pasa?
Seki suspiró yendo en busca de su padre también.
Eso iba a estar difícil.
..........
Atsushi miró a su hijo, abrazándolo contra sí.
– No pasa nada, no te preocupes.
– Sí pasa…– Goro lo abrazó porque
suponía que era lo que le hacía falta en esos momentos
y le acarició la espalda. – ¿Qué te hizo?
– Nada, es un cabeza dura. Es tan... – se alborotó
el cabello, desesperado, sentándose luego. – Tal vez
soy yo el idiota. No comprendo...
– ¿Tan qué?... No entiendo nada…–
Goro suspiró, pensando que no le decía nada completo.
– Obstinado. – lo miró, cansado. – Le
dije que me molestaba que decidiera las cosas de esa manera.
– Hum… – Goro se sentó a su lado, apoyándose
en su pecho. – ¿Qué cosas?
– Lo del kimono y... otras cosas – contestó sin
querer revelarle aún lo de la acampada. – Y le dije
que fuera más suave. Okuma dice que quiero que finja... No
entiende nada.
– No parece que sea la persona más comprensiva del
mundo, papá… pero todo el mundo tiene defectos…–
hizo circulitos en su pecho con un dedo sobre la camisa azul y negra.
– Tal vez aún le es difícil… adaptarse
a ti… y tú a él…
– Lo sé pero me molestó. Cómo seguía
insistiendo. Le dije que hiciera lo que le diese la gana. No sé
qué quiere de mí. – refunfuñó,
acariciando a su hijo como si eso lo tranquilizase y cerrando los
ojos un momento.
–Hum… seguramente que lo entiendas… lo mismo
que tú quieres de él, pero las cosas no siempre son
tan fáciles… – se dejó acariciar y entrecerró
los ojos. –Me parece una tontería discutir por eso.
¿Por qué no querrías tú ponerte el kimono?...
Discutís por tonterías…
– No es acerca del kimono en sí... – lo contradijo,
un poco frustrado por la sorprendente madurez de su hijo aunque
sonriendo levemente después. – Tengo miedo, ¿sabes?
Hoy le dije que lo amaba.
– ¡¿En serio?! ¿Y qué te dijo
él? – preguntó, alzando la cara para mirarlo
a los ojos.
– Nada... aunque estaba bromeando acerca de secuestrarme.
Pero no sé qué hacer con eso. – sonrió,
sintiéndose estúpido. – No quiero perderlo.
Aún no sé... ni en donde estoy parado con él.
– Por la noche vamos a cenar igual. Seki lo convencerá
de que venga y haréis las paces, estoy seguro. Seguro que
se siente mal por haberse enfadado contigo. – le besó
una mejilla, pensando que esperaba que sí y no estuviera
hartándose de su aventura homosexual. Suponía que
no… que él había leído demasiado…
– Me disculparé... pero no puedo ahora. Tampoco creo
que él quiera escucharme.
......
– Papá... no me huyas... – lo llamó Seki
alcanzándolo para mirarle el rostro. – ¿Qué
sucedió? ¿Por qué discutieron?
– Porque es un… yo qué sé…–
el moreno caminó más despacio, contrariado. –
Me dice que le hable con más suavidad, que Goro se va a llevar
una idea equivocada. ¿Qué idea equivocada? ¿Qué
soy como soy?... me importa un carajo… Bien que le gusta cuando
no hay nadie delante. Si hiere su orgullo masculino que me comporte
del mismo modo delante de su hijo por mí puede irse a tomar
por el culo… eso quisiera él…– siguió,
de lo enfadado que estaba porque lo hubiera empujado así,
delante de Seki aún encima.
– Papá... no te pongas así, no es bueno para
el corazón. – Le sonrió, sujetándose
de su brazo quisiera o no. – Ya te dije que a todo el mundo
le gusta que lo traten con consideración, ya sea hombre o
mujer. No significa nada. A él le gusta cómo eres
o no estaría contigo en primer lugar, ¿no es así?
– Pues no lo sé, a lo mejor lo que le gusta es cómo
me lo follo. ¿No? – torció una sonrisa en los
labios y no estaba precisamente contento ni bromeando. Poniéndose
serio de pronto y mirando adelante, pensando en cómo le había
dicho que lo amaba y negando con la cabeza, caminando hacia casa.
– Me voy a dormir, tengo sueño… “¿Por
qué me estoy poniendo así?” – murmuró
para sí, subiéndose las gafas más que contrariado.
– No... espera... – el chico no lo soltó preocupado.
Lo conocía demasiado bien, aún y con esa cara de gruñón
que ponía. – Atsushi-san no es así. Es un romántico,
me lo ha dicho Goro. Papá, muchas veces... las personas pelean
por cosas sin importancia. Se molestan en un momento, con facilidad.
Yo creo que sólo necesitáis hablar y escucharos. Por
ejemplo, Goro no va a pensar absolutamente nada malo de su padre
así que ya puedes disiparle esa duda.
– Ya lo sé, es él quien no lo sabe. –
le pasó el brazo por los hombros, no podía quedarse
inmune a sus esfuerzos por ayudarlo. – Pero es igual, lo hecho,
hecho está y no voy a disculparme por nada… No he hecho
nada. Tú sabes cómo soy, él no me comprende…
pues no hay nada que hacer.
– No, así no es como funcionan las relaciones. Y sé
que eres un necio., pero aunque no te disculpes deberías
hablar con él sin discutir. Porque yo no creo que lo tuyo
sea sólo sexo. – le habló con sinceridad y por
una vez en su vida realmente serio.
Okuma lo miró a los ojos. – No sé qué
decirle que no le haya dicho, Seki, sólo regresaremos a lo
mismo… y me ha faltado esto…– alzó la mano
haciéndole una seña con los dedos. – Para pegarle.
– Si esperas a calmarte seguro se te ocurre algo. –
suspiró pensando que no tenía remedio. – Papá,
¿realmente crees que no le agrada tu forma de ser?
–Yo qué sé…– dejó salir
el humo entre sus labios. – Sé que cuando estamos haciéndolo
desde luego que le agrada… pero no sólo de eso se puede
mantener una relación.
– No, tienes razón. – comentó, pensativo
apretándole ligeramente el brazo. – Yo te quiero ¿sabes?
Pero a veces me desesperas, como el otro día...
– ¿Cuando? Y no es lo mismo, yo soy tu padre, me tienes
que querer igual. – refunfuñó, pensando que
no era así pero era lo que quería pensar. Entrando
en la casa y sentando a su hijo sobre él.
– No, no tengo que hacerlo. Ya ves... pero te quiero –
le aseguró por si acaso. – Ya no lo recuerdo, dijiste
algo sobre el ser gay... También sentí que no me aceptabas
pero no era por eso, ¿verdad?
– No tengo ni idea de qué hablas… no recuerdo
nada de eso, pero sí te acepto, me estoy acostando con un
hombre. ¿No? No hay modo de que esté tan ciego como
para no aceptar tu relación con Goro, es un buen chico. Yo
pensaba otra cosa. – meneó un poco la cabeza negativamente.
Recostándose después en el sofá y apoyando
la cara en las piernas de Seki. – Déjame dormir un
rato.
– Necio... – le colocó la mano sobre la cabeza,
acariciándolo. – Iremos a cenar esta noche, papá...
– No. – frunció el ceño, cerrando los
ojos porque le daba gusto que le tocasen el cabello.
– Sí iremos. – neceó el chico sin dejar
de acariciarlo.
Okuma entreabrió un ojo y lo miró de soslayo, entregándole
su cigarro para que lo apagase y los cerró de nuevo, dispuesto
a dormirse y pensando “No”.
– “Sabes que sí” – le susurró
su hijo de nuevo, comprendiendo y pensando que era un necio. No
iba a permitir que arruinase así su relación.

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