Capítulo
26
Something’s Cooking
– Yo creo que podemos lograrlo, sólo tenemos que insistir
un poco más. Aunque se me ocurre algo. – le sonrió
el chico a Goro, aún caminando.
– ¿Qué? … ¡eh! Tú, ven aquí…–
salió corriendo y sujetó al lobito que se había
ido a perseguir una libélula completamente emocionado. Seguía
enfurruñado porque no le dejasen pasar la noche con Seki.
– Me parece que me ve como un niñito…
– Bueno... así son los padres... – le contestó
Seki cuando lo hubo alcanzado. – Pero mira... creo que si
molestamos muchos a mi padre y no le damos tiempo para... eso, al
final nos enviará él mismo a acampar.
– ¡Ah! Eres terrible, Seki…– se rió
abiertamente y lo abrazó, besándole los labios. –
Pasemos la tarde con ellos y por la noche hasta que se vayan a dormir…–
sonrió de oreja a oreja, sintiendo que era un plan triunfal.
– Claro... es que los queremos mucho... Y ellos también.
– se rió, señalando a los lobitos que ahora
se encarnaban en una importante lucha para ver quien tumbaba al
otro. – Hagamos eso entonces. Te aseguro que para el final
de la noche mi padre estará harto de nosotros.
– ¡Ah! ¿Quieres que les digamos de ir a cenar
al lago? Podemos hacer una hoguera allí… ¿Quieres?–
le sujetó la mano, olvidándose de que sólo
era una estrategia ya.
– Vale... – le sonrió pensando que era un despistado
pero así era mejor.
– Tengo ganas de ir al río… pero con ellos no
podemos…– dijo, refiriéndose a los lobitos. –
Antes mi padre venía conmigo pero este año aún
no porque claro… no estamos tanto tiempo juntos como antes…
A ver si le puedo convencer de que se bañe con nosotros…
dinamito a tu padre… – dijo reído.
– Me gusta como piensas... – Seki lo abrazó,
reído, besándole la mejilla. – Oye... seguro
le está sobando las nalgas al tuyo ahora.
– Seguro… aj… no digas eso…– lo empujó
un poco, riéndose y sujetándolo de nuevo. –Seguro
que mi padre también le soba las nalgas al tuyo. ¿Qué
te crees?
– Seguro que sí, pero yo creo que mi padre es el activo,
¿eh? No lo veo yo con nada entrándole por atrás,
en serio. – se rió, hablando con absoluta ligereza.
– Por cierto... realmente me encantó lo de anoche.
– A mí también…– el moreno enrojeció
terriblemente, sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo
y abrazándolo de medio lado, besándole la mejilla
y apretando los labios contra ella. – Te quiero.
– Yo te quiero a ti... – sonrió, mirándolo
de soslayo. – “Y sí la tienes grande”
– Mejor. ¿Crees que aún me crecerá?
– le preguntó rojo, estaba aún más orgulloso
desde que sabía que a Seki le gustaban así. Bajando
la mano y tocando el sexo de Seki sobre la ropa. Mirándolo
a la cara por si le decía algo. –A mí me gustó
el tuyo… y tu cuerpo, todo… eres justo como había
soñado… en todo… mejor aún.
– ¿Me habías soñado? – sonrió
el chico, besándole con suavidad los labios. – Y vas
directo... – bromeó por molestar un poco. – Puede
que sí, no lo sé pero a mí me gusta como es.
Si crece sólo será un bonus.
– Idiota. – se rió, poniéndose como un
tomate y subiendo la mano a su abdomen, jugando con la cintura de
los jeans. – No voy nada… sólo era un cariñito…
uno un poco guarro…
– Bueno, pero mi sexo también necesita cariñitos...
Y te quiere mucho. Y es novio del tuyo y no lo ha visto de cerca
en siglos... – se rió, pegando su frente a la de Goro,
como acariciándose.
– Calla, baka… ahora ya nada… ya no hay mimos
guarros que me da vergüenza. – se rió y le besó
los labios, rodeándole la cintura y susurrando en bajito.
– ¿Sabes qué pensé?... por la noche cuando
me metí en la cama… me puse a pensar en ese pueblo
abandonado… y sí es verdad lo que dice mi padre, realmente
no hay nadie… ¿No sería guay ir allí
y hacer lo que nos diera la gana en cualquier parte?
– Sí, yo creo que lo sería, pero... –
se gachó sujetando a su lobito, el otro mirándolo
con cara de incomprensión. – ¿Crees que sea
cierto lo que dijo esa anciana? Me da un poco de nervios...
– No, yo siempre le creo a mi padre. Aunque me dijo que no
debíamos ir pero nunca me deja hacer nada, siempre teme que
me averíe. Es comprensible, claro…– se rió,
observándolo jugar con el lobito y agachándose también,
sentándose en la hierba para jugar con un palito, luchando
con el otro. –¿Alguna vez fuiste a un lugar abandonado
además de donde yo te llevé? Es muy interesante ver
lo que la gente se ha dejado allí. Imagínate un pueblo
entero.
– No, siempre voy a lugares llenos de gente. No hay muchos
lugares abandonados en Tokio... Hum... bueno, una vez sí
me quedé en una casa que se suponía embrujada. Una
de esas apuestas. Pero si salió un fantasma, yo no lo vi.
– se rió, pasando de aclarar que había estado
ocupado como para notar nada. – Debe ser interesante. Cuando
nos quedemos a acampar... podríamos ir allí, ¿no?
– sugirió ya dando por sentado que les darían
el permiso.
– Sí, eso estaba pensando yo… aunque mejor ir
de día…– meditó, preocupándose
un poco después de que el chico hubiera mencionado la palabra
fantasma. – ¿Ya estás haciendo algo con las
telas esas que encontraste? Ah… ¿Tienes un kimono,
Seki?
– Sí... y sí – le sonrió, asintiendo.
– Tengo dos, uno largo y uno corto. Ah, y uno bizarro hecho
por mí. – se rió de nuevo. – Bueno, remodelado
por mí... Y estuve intentando algunas cosas pero no sé
si funcionan, tal vez me puedas dar tu opinión luego... O
no, tenemos que molestar a nuestros padres hoy.
– Los molestamos pidiéndoles la opinión también…
hum… deberíamos volver por si acaso…– murmuró,
mirándolo y poniéndose de pie de pronto. ¿Y
si estaban haciendo guarradas en ese momento? No lo podían
permitir. – ¿Te puedes poner kimono esta noche?...
¿Sí?– sonrió, alzando al lobito bajo
su cara para ver si le tumbaba la resistencia posible.
– Como si me fuera a negar... – sonrió dándole
a escoger. – ¿Corto o largo?
– Hum… corto, corto…– se rió, enrojeciendo
y haciéndose pajas mentales ya. – Le diré a
mi padre también, así no se nota que es por perversión
mía. – se rió sacando un poco la lengua.
– ¿Tu padre en kimono? Le diré a mi padre que
lleve gasas... –bromeó, imaginándolo como en
los animes, con un chorro de sangre bajo la nariz.
Goro se rió. – Claro, mi padre tiene varios…
tiene uno azul, que es el que le voy a decir que se ponga…
así nos fundimos con el entorno retro…– se rió.
– Yo también tengo uno.
– Y te lo vas a poner, ¿no? Quiero verte... –
se le acercó, de pronto alzando al lobito también
frente a su rostro, imitándolo.
– Sí. – se rió, besando a Seki y luego
la nariz del lobito. – Pero el mío no es cortito…–
le hizo una seña gay para meterse con él.
– Si quieres, uso el largo y ya... – comentó,
pasando de largo serio aunque sólo lo hacía para devolverle
el juego.
– Nooooo – lo abrazó por detrás, apretándolo.
– El cortito… – le pidió suplicante.
– Vale, pero sólo si me besas ahora... – se
rió como si fuera la gran amenaza mostrándole el lobito
por encima de su cabeza.
– Vale, pero no hay de esos besos para él…–
se rió, abrazándolo mejor y besándolo con suavidad,
apretándolo contra él.
……………
Okuma le siguió besando el cuello, pasando las manos por
las de Atsushi aunque estuvieran manchadas, “ayudándolo”
a lavárselas y respirando contra su piel. – “A
saber a que sabrá eso…”– susurró,
pensando que no se fiaba de nada que hubiera cocinado o medio cocinado
él.
– Sabrá bien... Puede verse... interesante, pero no
le echaste nada extraño, ¿verdad? – se rió
concentrándose en limpiarse. Realmente no se le daba bien
aquello pero había sido invaluable el verlo cocinar con esa
cara de seriedad.
– Sólo lo que tú me dijiste. – sonrió
levemente, echándose un poco sobre él, apretándolo
contra el mueble mientras cerraba el grifo.
– ¡Papáaa! – le llamó Goro entrando
en la casa. – Tenemos una idea guay…
– Ah... ah... ¡Goro! – exclamó el hombre,
enrojeciendo y apartando un poco a Okuma. – Estamos aquí...
Seki entró corriendo tras del chico sonriendo al ver la
cara de su padre. Los habían interrumpido, eso era obvio.
Miró el recipiente de comida, alzando una ceja extrañado.
Okuma alzó una ceja a la vez, pensando que eran unos inoportunos
y cogiendo un cigarro, prendiéndolo, ya se había acabado
la paz. – ¿Cuál es la fantástica idea?
– ¿Estabais besándoos?– preguntó
Goro, mirando a su padre y luego sin querer a su pantalón
por si acaso.
– No, y no es asunto tuyo. – le contestó su
padre acercándose y murmurando. – ¿Y vosotros?
– No, antes de venir. – contestó Seki con sinceridad,
sonriendo al ver que enrojecían tanto padre como hijo. –
Queremos ir a cenar junto al río, ¿se puede?
– Claro, id. – los largó Okuma por una vez sin
esperar a que Atsushi decidiese.
– Los cuatro. – dijo Goro, ampliando una sonrisa. –
Hacemos una hoguera… y luego nos bañamos… Papá…
hace siglos que no vamos juntos…– protestó sujetándole
una mano.
– ¡Y nos ponemos kimonos! Papá, sé que
tienes uno... lo he visto... – le insistió Seki por
si no quería, sujetándolo del brazo. – “Y
seguro que te queda muy bien.”
– Bueno... no veo por qué no, aunque no sé
lo de los kimonos. Háganlo ustedes si quieren. – sonrió
Atsushi incapaz de negarse a su hijo cuando se ponía así.
– Sí, papá, kimonos sí…–
dijo Goro sonriendo y mirando la comida. – ¿Qué
es… eso?
– Comida. – sentenció Okuma, haciendo que el
chico lo mirase, comprendiendo que él debía ser el
artífice, no se veía muy bien… No, esperaba
que no supiese como su aspecto. El doctor miró a su hijo
que seguía colgando de su brazo. – No sé si
lo he traído, pero Atsushi sí se lo va a poner…
– ¿Eh? – Atsushi lo miró, parpadeando,
preguntándose por qué decidía por él
y suspirando finalmente. – Bien, no les puedo ganar a los
tres. Y eso... es perfectamente comestible, Goro. – le sonrió,
acariciándole el cabello.
Seki miró a su padre, sonriendo malditamente. – Sí
lo trajiste, yo me encargué... – canturreó,
sentándose a la mesa como si no hubiese dicho nada.
– Dios… qué crío más retorcido…–
murmuró el doctor, observando la cara de Atsushi y notando
cómo se había molestado, sonriendo con algo de maldad
y besándole una mejilla antes de sentarse al lado de su hijo,
rodeándole los hombros y acariciándole uno con los
dedos a modo de cariño. Lo cierto es que no se sentía
nada mal pasar tanto tiempo con su hijo, no, no estaba tan mal el
pueblo.
Goro le besó a su padre la otra mejilla y le echó
la lengua a Okuma aprovechando que estaba de espaldas, Atsushi dándole
una palmadita en la cabeza para que se comportara aunque le había
hecho gracia.
– No soy retorcido... si me dejaras diseñarte algo...
¿Me dejas diseñarte algo? – Seki le sonrió
de manera maliciosa de nuevo a sabiendas de lo mucho que le gustaban
a su padre sus diseños.
– Si no es rosa o terriblemente hortera… – le
autorizó sorprendentemente, cruzando las piernas y esperando
a que se sentasen. Lo cierto es que las tortillas rellenas de arroz
más parecían tortillas revueltas con arroz, esperaba
que al menos no supiesen mal. – ¿Y qué vamos
a cenar ahí?
– Pescado o algo así…– dijo Goro que estaba
más bien pensando en las otras veces que en el pueblo de
al lado habían hecho algo y había ido con sus amigos.
– ¿Te vas a bañar conmigo, papá?
– Sí, Goro... hace tiempo que no lo hago, ¿no?
Tú mismo lo dijiste... – le sonrió, sirviéndole
un poco quisiera o no. Estaba seguro de que no sabrían mal.
– No te sienta el rosa. – sentenció Seki serio,
de nuevo bromeando de aquella manera y sirviéndose él
mismo en su plato.
– Nunca lo averiguaremos. – sentenció de vuelta
su padre, probando la comida primero ya que la había hecho
él. – Sabe normal. – les anunció para
su seguridad.
Goro lo probó y se rió. – Sí…
aunque parezca que lo hayáis pisado antes de servirlo…
¿Okuma-san se va a bañar?
– Sí. – contestó, en realidad había
tenido ganas desde que había visto el lago.
– Bueno, te dije que no tenía por qué saber
mal... – sonrió Atsushi comiendo también y tratando
de no pensar demasiado en Okuma vistiendo un traje de baño.

Continua leyendo!
|