.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 23
Fair Games

– ¡Ah! Pero cuéntame más cosas…– se quejó la chica que estaba sentada desde hacía una hora al menos con Seki, Goro y algunos chicos más, pasando de su novio y atendiendo a lo que Seki les contaba de la ciudad y la universidad en la que estudiaba.

Goro podía ver las caras celosas de los otros chicos. Seki había atraído y captado la atención de casi todas las chicas del grupito y algunos de los chicos que se sentían interesados por aquel extraño chico de Tokio. Bebió un poco de su Pepsi, sintiéndose un poco celoso de que estuviese hablando con toda esa gente en lugar de prestarle atención.

Hideo que ya había hecho buenas migas con el chico, estaba colgado del respaldo del sofá con los brazos por encima de sus hombros, fumándose un canuto y riéndose con lo que contaba el chico. Le daban ganas de darle una patada en el culo pero no quería verse infantil o posesivo.

– Pero si no hay más que contar... Que ya te he hecho una mini biografía... – se rió Seki, bebiendo también de su Pepsi que había pedido más que nada por acompañar a Goro y observando la cara del chico, sonriéndole a ver si se relajaba. – Pero sabes... Si me vuelvo famoso, te voy a contratar para que modeles algunas cosas. – bromeó con la chica, inclinándose sobre la mesa luego, mientras que Nao, bebiendo de su propio vaso, le cubría preventivamente la boca a Hideo al verle la sonrisa. – El problema es que mi musa ahora mismo es solamente un chico...

– Calla…– Goro lo empujó un poco, enrojeciendo ligeramente y maldiciendo los “Qué mono…” que había escuchado entre dos niñas.

– Nao, no me metas mano. – se quejó el rubio. – Yo también quiero modelar para Seki…

– No, tú lo que quieres es que te sobe… – protestó Goro alzando una ceja, el rubio saltando por encima del respaldo y sentándose a su lado, rodeándole los hombros y hablándole al oído.

– “¿Ya hacéis algo?”

– “Que no… deja, no es cosa tuya…” Nao, dile que me deje…– se quejó Goro riéndose rojo.

– Hideo, déjalo... – le riñó Nao, yendo a halarlo un poco por una oreja. – ¿Qué cosas estás preguntando? ¡Y no digas que te meto mano! – le gritó finalmente interesado en reñirlo por aquello que le había dado vergüenza.

Seki se rió, pegándose a Goro. – Jo, sí, déjalo, Hideo que es mío. – Lo cierto es que se sentía triunfal. Podían refunfuñar todo lo que quisieran esos chicos, pero ahora tenían el problema de que sus novias los llamasen retrógrados. – “¿No quieres salir un poco más temprano?” – le preguntó en susurros a Goro, más o menos calculando la hora en su mente y aprovechando que los otros dos chicos se habían puesto a discutir bizarramente atrayendo la atención.

– “Quiero estar un poco a solas contigo… vamos… allá…”– le hizo una seña con la cabeza para mostrarle los sofás que había tras unas columnas. Había otras personas allá pero todos se veían “muy ocupados.”

– “Vamos”. – el chico se puso de pie, aprovechando aún la confusión y tomando la mano de Goro para apresurarse. Para cuando una de las chicas se dio cuenta de que no estaban, ya ellos casi llegaban a las columnas.

Goro se rió, sentándose en la esquina que encontró más refugiada y solitaria. Le sujetó una mano, acercándolo para que se sentase a horcajadas sobre él. – Me celo… – le confesó, sonriendo un poco y sintiéndose infantil.

– No te celes... – le sonrió de vuelta acariciando su cabello. – Te quiero sólo a ti...

– Ya lo sé, pero me celo igual soy baka… Ya se me pasará, supongo. – Se rió, mordiéndose un poco el labio inferior y atrayéndolo con suavidad para besarlo. – ¿No te gusta Hideo? ¿Ni un poco?... – preguntó, no se le había pasado durante la noche el hecho de que le recordaba un poco a esa foto de su ex.

– No... Es guapo pero no como tú. – le aseguró, besándolo él y bajando sus manos para acariciar su cuello. – Sólo me gustas tú, créeme...

– Ya, te creo… pero me celo igual ¿Vale? – sonrió, atrayéndolo un poco más con las manos en sus nalgas, besándolo otra vez y recordando lo sucedido al medio día. Se estremeció un poco y cerró los ojos mientras se besaban, subiendo una mano por su espalda bajo la camiseta. Entreabriendo los ojos de pronto y girándose un poco para que no fuera a verle nadie, ni siquiera un trozo de espalda.

– Vale... – murmuró el chico pensando que era encantador y besándolo una vez más, apretando sus caderas con las piernas y bajando una mano para sentir su sexo a través de los jeans.

– Seki… – Goro lo miró a los ojos, su sexo reaccionando a las caricias de inmediato, apretándose contra el pantalón sobre la pierna. – ¿Quieres que salgamos… a la playa o algo así?– le preguntó sumamente serio por lo nervioso que estaba, sintiendo cómo le subían los calores al rostro. Sabía que allí era donde iba la gente a enrollarse. También ahí lo estaban haciendo… pero a él le daba vergüenza.

– ¿A la playa? – lo miró confundido por un momento. ¿Qué no habían ido allí precisamente a estar solos? – Bueno... si tú quieres, vamos. – asintió, comprendiendo de pronto al ver a las personas alrededor.

– No, podemos quedarnos aquí… pero si no te pasas… porque esto es un pueblo… y no quiero que mi padre mañana tenga el parte… – lo miró rojo, aprovechando que el peinado le ocultaba un tanto la mirada. – Es que has ido a tomarme ahí directo…– dijo riéndose de pronto.

– Lo siento, creí... – Seki se rió apartándole el cabello del rostro para mirarlo a los ojos. – Creí que eso hacíamos... Es que no sé comportarme pueblerinamente.

– ¡Que no me llames pueblerino! Me pondré una boina y verás lo que es un pueblerino…– se rió, pegándole una nalgada. – Yo también quiero tocarte… ¿Qué te crees? No fue muy gracioso que entrase tu padre justo en ese momento, ¿Sabes?... No he dejado de pensar en cómo se sentía…– su sexo pulsó con tanta explicación y le sujetó la mano, poniéndola sobre él de nuevo. Mirándolo a los ojos, nervioso y aproximándolo a él con una mano, apretando entre sus nalgas sobre el pantalón plateado y sintiendo el ano del chico, creándose ansias a sí mismo, descargándolas en su boca mientras lo besaba.

Seki le devolvió el beso, acariciándolo y sintiendo cómo se apretaba su sexo contra la ropa, su propio cuerpo reaccionando a las caricias del chico. Quería devorarlo por completo, sentir sus manos por toda su piel.

Goro lo sujetó con ambas manos, pegándolo a él todo lo que podía, rozando el sexo del chico contra el suyo y deslizando una mano por dentro del pantalón, apretando sus nalgas, buscando ansioso. Rozando por fin aquella zona caliente y palpitante en su cuerpo. Empujó el dedo corazón en él, lentamente, luchando con la presión y disfrutando de ella. – ¿Te gusta?– le preguntó con el corazón acelerado.

– Me... encanta... Goro... – jadeó el chico mirándolo a los ojos grises, sonriendo apenas un poco y dejando que su mano libre se colase bajo la camiseta del moreno, besándolo a su vez.

El moreno se recostó contra el respaldo del sofá, observando su rostro excitado y besándolo de nuevo. Se sentía en el paraíso, le daba igual si la gente los miraba o si había otras personas, para él estaban solos por completo en aquel lugar. Tensó los músculos bajo la mano de Seki, besándole el cuello y pasando la otra mano por sus piernas, tocándole entre estas, apretando la forma de su sexo.

– “Goro... te quiero...” – susurró el chico, encendido, apretando más su sexo aún. La verdad tenía deseos de hacerle otras cosas pero no era el lugar, claro. Ahora deseaba haber aceptado aquello de salir. – “Lo tienes grande, Goro” – susurró de nuevo, mordisqueando el lóbulo de su oreja.

Goro enrojeció, sonriendo un poco, no era que no lo supiera ya pero si se lo decía Seki era mucho más importante para él. Le pasó la mano por la espalda, arqueándosela y besándole el pecho sobre la camiseta. –“Me voy a colar en tu cuarto de noche…”– le anticipó, en parte buscando su permiso.

– “Ten cuidado.” – le contestó, claramente dándole paso libre y sonriendo. Le coló la mano por dentro del pantalón disimuladamente para tocarlo al menos un segundo, riendo bajito.

El moreno siguió su mano con la mirada, sintiendo sus dedos rozar su sexo como si le quemasen. Lo miró a los ojos y le pasó la mano por el cabello, besándolo de nuevo y moviéndose un poco bajo él para rozarse contra el sexo del chico. Tenía que colarse en su cuarto como fuera, desobedeciendo a su padre por primera vez. Eso no le hacía sentirse orgulloso precisamente pero necesitaba estar con él a solas, aunque sólo fuera un rato. – “Pero no vamos a hacerlo…”– le dijo de pronto.

– “¿Por qué...?” – Seki lo miró sorprendido, parpadeando y deteniendo las caricias de pronto, aunque sonriendo luego. Claro, era Goro, era la única persona que le diría algo así. – “No tenemos que hacer nada... sólo quiero estar contigo.”

– Yo también…– lo rodeó con sus brazos con fuerza, besándolo de nuevo y levantándose con él. Apoyándose en la pared y apretando su sexo contra el de Seki, sus manos sujetándole las nalgas con fuerza. Le besó el cuello, entrecerrando los ojos y sintiendo por primera vez el sonido de la música y aquella oscuridad caliente como algo agradable, excitante incluso. – Pero sí te voy a tocar… No puedo evitarlo… y no quiero…Quiero verte desnudo otra vez…

– Y yo a ti... completamente desnudo... – sonrió, entrecerrando los ojos y dejándose hacer, acariciando su cabello y su cuello. Lo que no sabía era si no se iba a correr de todas maneras, tan sólo por la manera en la que lo tocaba. – Esta noche, te estaré esperando entonces.

– No te quites esto…– le tocó las estrellitas que tenía pintadas en la cara y sonrió. – Me gustan, te quedan bien…– se las besó y sonrió, apoyado en la pared, pensando que no podía dejar de desearlo y a la vez tratando de tranquilizarse un poco. No podía olvidar que estaba en el mismo pueblo de siempre donde todo el mundo se enteraba de todo, no quería dejar en mal lugar a su padre ni que hablasen mal de Seki. – ¿Quieres… ir a dar una vuelta? Afuera hay una feria cutre y venden cosas para comer… y eso… Es que si no… no puedo dejar de meterte mano por todas partes… – se rió, pasándose la mano por el cabello hacia delante.

– Vale, además me gustan las ferias... – sonrió, pensando que le sucedía lo mismo. – Le compraré algo a mi papá que ya le toca comer algo no saludable de nuevo.

– Porque mi padre no hace comida basura. – se rió Goro, llevándolo con él de la mano y avisando a Nao de que salían, sólo porque había sido al primero que se encontraba de camino. – ¿Tienes frío ahora?– le preguntó por si acaso aunque no tenía con qué taparlo y a él le parecía que hacía calor.

– No, para nada. – se rió sintiéndose igual que el chico y sacudiendo la cabeza. – Es la primera vez que salgo de una discoteca y me encuentro con un cielo así... – comentó, mirando el cielo estrellado y luego a Goro. Le encantaba su rostro, se sentía distinto junto a él como si hubiera algo especial.

– Qué mal… – lo miró y apartó la vista un poco cortado por cómo lo miraba. –Oye… seguro que tu padre nos ayudó sólo para estar con mi padre a solas…– se rió y le apretó un poco la mano, alzándosela y besándola. – ¿Crees que algún día viviremos juntos? Los cuatro… o algo así… como si fueran heteros… ¿Crees que tu padre quiere a mi padre?

– No lo sé... creo que le gusta mucho. – sonrió, un poco divertido con tantas preguntas. – Pero si te digo la verdad, mi padre no es de los que demuestran mucho las cosas, así que quien sabe. Sí se preocupa mucho por cómo tratarlo, jamás lo vi así con mi madre. No es sólo sexo, puedo decirte eso.

– Bueno… es que siendo mi padre como es… yo creo que debe estar ya enamorado… y haciéndose pajas mentales todas románticas seguramente… Y yo soy igual… – se rió de sí mismo, parándose delante de un puesto de comida y comprando un dulce relleno de crema, ofreciéndoselo a Seki y continuando por la estrecha calle plagada de gente.

– ¿Eres igual? Así que te haces pajas mentales románticas conmigo... – sonrió de medio lado, mordiendo el dulce, estaba delicioso. – Puedes hacerlo con libertad. Yo estoy enamorado, Goro. – le contestó un poco distraído como si no acabase de decir nada importante.

Goro lo estrujó contra él, sonriendo ampliamente y besándole una mejilla. – Yo también. – confesó aunque probablemente era sumamente obvio para cualquiera que los viese. Lo levantó un poco para cogerlo a horcajadas y lo dejó en el suelo de nuevo. – Seki… ¡sh!– lo escondió contra la pared, sonriendo ligeramente y susurrándole al oído. Cotilleando al ver a su padre paseando con Okuma por la calle. No parecían una pareja, el doctor iba fumando con las manos en los bolsillos y cara de ir en su mundo y su padre al lado, sonriendo en lo que a él le parecía un gesto bastante gracioso. Alzó una ceja, percatándose de pronto de que seguramente él tenía la misma cara hacía unos segundos.

– ¿Qué? ¿Están paseando? Qué irresponsables... – bromeó Seki, observando a su padre. Jamás hubiera soñado verlo en una feria de pueblo, seguramente estaba buscando un lugar en donde beber algo. – ¿Qué te parece, eh? Ya no le compro nada... o tal vez... – sonrió pensando en darle un regalo en celebración de su “cita”.

– ¿Tal vez qué?– preguntó Goro divertido por cómo se metía con ellos, riéndose en bajito y notando cómo se paraban a mirar un puesto y Okuma le tocaba las nalgas a su padre, volviendo a fumar luego como si nada. – ¡Oye!...– se tapó la boca luego, escondiéndose más.

– ¡Ah! ¡Lo vi! Es un brusco... – se rió su hijo, sin dejar de mirarlos. – Tal vez no debí decirle que siguiera sus instintos. Pero a tu padre no pareció molestarle, Goro...

– Pues será que le gustan los machotes…– se rió Goro que seguía rojo y mirando a las nalgas de su padre como si le fueran a cambiar en algo. – ¿Los seguimos?... ¿Crees que lo han hecho antes de venir? – empujó un poco a Seki para que saliera tras ellos, siguiéndolos entre la gente.

– No lo sé, creo... Sí, seguro que sí. – se rió, ya conociendo a su padre. – Mi papá es muy guapo, además te apuesto que a Atsushi-san sí le sonríe.

– ¿Tú crees? Pues eso sí que sería shokizante…– Goro se rió, sujetando a Seki por las caderas, en parte porque ahora estaba su padre ahí y ya no le preocupaba mucho si le decían algo o no. Se movió un poco entre las personas al ver que los mayores se detenían de nuevo a ver otro puesto. – Oye… tu padre tiene una obsesión con las nalgas de mi padre eh…

Vio que uno de los chicos que estaban con ellos iba caminando con su padre que había ido a buscarlo y cómo se acercaba al suyo y se alteró. Sabía que se habían estado pasando un poco en la discoteca.

– Atsushi-san…– le saludó el hombre con cara de indignación que miró de paso al extraño como si nunca hubiera visto a una persona. Okuma mirándolo y poco menos que echándole el humo en la cara porque ya no le gustaba su actitud.

– Yusuke-san.. – lo saludó el hombre, sonriendo amablemente aunque había visto su expresión. – Hacía mucho tiempo que no lo veía. ¿Cómo estás, Raicho? – saludó al chico también. – Y supongo que aún no conocen a Okuma-sensei. Es el nuevo médico.

– Hola. – contestó el chico mordiéndose una uña con cara de pasar de todo.

– Encantado…– el hombre le estrechó la mano a Okuma que no dijo nada más que un “ha” poco interesado. – No quiero ser grosero… lo digo por usted, mi hijo ha visto al suyo con un chico raro… y dice que estaban…– frunció el ceño buscando una palabra adecuada. – magreándose en la discoteca.

Okuma apretó un poco las mandíbulas, manteniéndose en silencio y apartándose un poco el cabello de la cara, bajando la cabeza ligeramente, sintiendo que iba a sonreír de pronto.

– “¿Oye qué pasa?” – preguntó Goro a Seki como si el chico no estuviese en las mismas que él. Se estaba asustando un poco.

– “No lo sé, pero no se ve bien...” – murmuró, nervioso también. No tenía deseos de ser castigado. Pero tampoco de que le dijeran alguna tontería a su padre, ese chico no le había agradado para nada.

Atsushi sonrió, aunque todo rastro de amabilidad había abandonado su rostro. – ¿Magreándose, eh? No creí que fueras de los que utilizan ese tipo de palabras... Pero estoy seguro de que estás equivocado. Goro está con Seki, el hijo de Okuma-sensei y es un chico muy agradable. Ya sabes... cómo les gusta inventar cosas a las mentes ociosas y malpensadas... – continuó, mirando al chico de una manera que parecía advertirle que no dijera nada más.

– Pero yo lo vi…– el chico sonrió con algo de chulería. – Sí que se estaban metiendo mano de mala manera…– se rió, en realidad molesto porque su novia lo hubiera dado de lado para estar con ellos.

– Pues si es su hijo debería atarlo corto…

Okuma lo miró con el cigarro en los labios, sin molestarse en sacárselo para hablarle. – ¿Atarlo? ¿A mi hijo? Ahora ya sé por qué el tuyo es tan anormal, seguramente de tanto atarlo lo estrangulaste y no le llegó el riego al cerebro. A mí no me hacen falta esas cosas, si mi hijo se magrea con su novio en una discoteca, no voy a llevarme las manos a la cabeza…

– ¿Cómo?– preguntó el hombre furioso de que los insultasen a ambos.

Okuma suspiró, mirándolo con algo de chulería, como si le aburriese aunque ahora estaba serio.

– Ya lo dijo claramente Okuma-sensei, ¿no? – intervino Atsushi, tratando de controlarse. Una cosa que no permitía era que atacasen a Goro y por ende ahora a Seki. – Seki podrá ser distinto a los chicos del pueblo pero una cosa es segura. Comparado con algunos, tiene mejores modales y mucha más consideración. Al menos no anda por allí metiéndose en lo que no le interesa. Es un buen chico y también lo es Goro. Y el que los quiera acusar de algo será mejor que se mire a sí mismo primero porque jamás he conocido a un adolescente de sangre fría, a menos que sea un frígido. ¿Tienen algo más que decir?

– Vosotros sabréis lo que hacéis con la educación de vuestros hijos…– murmuró el hombre que vio mucho mejor para la seguridad de su hijo y de sí mismo el emprender una retirada elegante a tiempo. Okuma miró a Atsushi alzando un poco una ceja. – Que patético…

Goro miró por su parte a Seki, preocupado aún –“Yo sé que mi padre me defendería aunque matase a alguien… pero a ver si luego no me mata a mí…”

– “Lo mismo digo...” – le sonrió el chico, nervioso también. En Tokio no tenía esos problemas. Ya era bastante difícil que alguien te viera a ti y a tu padre el mismo día.

– ¿Patético? Imbécil dirás... – Atsushi apretó los puños, mirando cómo se iba el hombre. Había tenido unos deseos intensos de golpearlo. Más le valía no haber continuado.

Okuma le dio unas palmaditas en la espalda. – No dejes que te afecte. No le hagas ese favor, que le den por el culo, si llega a decir una palabra más le tiro los dientes.

– ¡Papá!– Goro lo llamó sin poder evitarlo, no se podía aguantar la incertidumbre de si estaba enfadado con él o no hasta dentro de una hora.

– ¿Goro? – el moreno alzó el rostro, sorprendido de encontrárselo antes de tiempo y tratando de ocultar lo enfadado que estaba realmente. No quería pagarlas con su hijo sólo porque ese hombre lo hubiese molestado. Aún así, no fue capaz de sonreír. – Goro... ¿Qué te dije...? – suspiró, meneando la cabeza y rodeándolo por los hombros. – Vamos a casa.

– Hola, papá... – lo saludó Seki con esa sonrisa que parecía decir “¿no estás enfadado con tu adorable y cariñoso hijo, verdad?” – Llegaron muy temprano, quería llevarte algo de comer.

– Tengo hambre…– murmuró el moreno pensando que además no quería irse, era sábado y sólo eran las dos de la madrugada. – Vamos a tomar algo… – le dio una nalgada un poco más fuerte de lo habitual de todos modos aunque no estaba enfadado, le parecía absolutamente normal y sano. Era la edad de hacer esas cosas por más que no quisiera que lo hicieran en su casa o con él delante.

– ¿Por qué nos vamos? – preguntó Goro notando que estaba enfadado. – Es pronto y yo no hice nada que no hagan todos los demás, sólo que ellos están con chicas y nadie los critica… Sólo nos estábamos besando y le toqué un poco…

– No. – Okuma lo detuvo a tiempo. – No queremos saber los detalles, Goro.

– Porque quiero hablar contigo, Goro. Por eso... – suspiró, mirando a Okuma y meneando la cabeza. Sabía que estaba exagerando, siempre lo hacía cuando se trataba de su hijo. No podía evitar querer protegerlo. – Bien, vayamos a comer algo, pero aún tenemos que hablar Goro.

– Papá, no hicimos nada, en serio... No miente... – le sonrió Seki, sujetándose del brazo de Okuma ya que se veía como el más fácil de convencer. Por otra parte, no veía lo malo, ese chico sólo estaba celoso.

– Ya lo sé… Yo sé que mi hijo tiene la suficiente educación e inteligencia como para no dar un show delante de todo el mundo… en una discoteca de pueblo… Tú no eres tan estúpido, hijo. Sabes que todos se enterarían y luego yo te encerraría en tu cuarto hasta que pudieras hacer como Rapunzel… – lo miró de soslayo, en realidad no es que estuviera seguro, era una advertencia… encantadora.

Goro asintió con la cabeza, caminando al lado de su padre y pensando que era injusto, a él le iban a echar la bronca por besarse con Seki, pero eso era lo que hacía todo el mundo con sus novias. – Pero Seki es mi novio… ¿Qué pasa con besarnos?...– insistió después.

– Sabes que no es lo mismo. Por algo te dije que tuvieras cuidado. – le contestó Atsushi mirándolo de soslayo. – No te digo estas cosas por castigarte, ¿sabes? Lo hago por tu bien. No todo el mundo piensa como nosotros. Además, hay ciertos tipos de besos que no se dan en público, así tengas la novia más femenina del mundo.

Seki los miró pensando que aquello estaba mal. Cada cual debía ser quien era sin importar el lugar, pero... ahora no se atrevía a decir nada al respecto. Ya con la advertencia de su padre le llegaba. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ese breve apretón de nalgas planeando esgrimirlo luego si las cosas se ponían muy feas.

– Pero yo no me quiero estar escondiendo papá… No me importa lo que digan de mí… o si no me dan un empleo después. Porque si va a ser así no quiero quedarme aquí… No…– se sintió extremadamente nervioso y apretó un puño. – ¡No voy a obedecerte si me dices que no puedo comportarme con Seki como si fuera mi novio! ¡Es mi novio, me da igual lo que eso acarree!

Okuma suspiró, apartándose un poco con su hijo para que no se metiera. Eso eran cosas entre padre e hijo, ellos tenían que mantenerse al margen y cada uno con su tema. Goro no parecía ver la realidad, lo cierto es que aquello podía acarrearle problemas a su padre a la hora de tener empleo. A él también, pero era más difícil negarse a ir a una clínica médica cuando no hay otra y estás enfermo.

– ¡No me grites, Goro! – le riñó su padre sin soltarlo para que no fuese a salir corriendo. – Me preocupo por ti, ¿qué no lo entiendes? Quiero que tengas una vida normal, que seas feliz...

Seki los miró, preocupado, quería ayudar a Goro. Lo comprendía, no entendía por qué su padre no decía nada.

– Pues no voy a ser feliz escondiéndome del mundo ni negando lo que soy, no soy feliz ahora…– el moreno frunció el ceño con fuerza y bajó la cabeza, mordiéndose el labio sin saber qué decirle para hacerlo comprender y un poco remecido porque le alzase la voz. – Te entiendo pero no comparto tu manera de llevar esto… – “No quiero ser como tú” pensó, mirándolo a los ojos y reprimiéndose el hacerle daño de ese modo.

– ¿No eres feliz? – le preguntó su padre, dolido, aunque suponía que era por el momento. Eso quería pensar al menos. Lo soltó por fin, suspirando. – Bien, lo haremos a tu modo entonces. Pero si no eres feliz luego de eso... – desvió la mirada sintiéndose un poco confuso. No tenía ningunas ganas de ir a comer y fingir que todo estaba bien.

– No, no me hace feliz que me grites y que no me apoyes…– lo miró a los ojos y le sujetó los hombros. – Yo no tengo miedo, papá, el mundo no es este pueblo… Si aquí no me quieren… tendrán que joderse hasta que me vaya… y hasta que me dé la gana a mí de irme… Si no les gusto, que no me miren, también quiero que tú seas feliz. – bajó un poco las manos por sus brazos sin dejar de mirarlo fijamente.

– Yo soy feliz, baka. Te tengo a ti. No me interesa ir anunciando lo que soy o tener que lidiar con lo que piensen los demás de mí. No soy esa clase de persona. – continuó mirándolo a los ojos y le pasó una mano por la nuca. – Lo único que me interesa realmente es que tú seas feliz.

Goro se abrazó con fuerza a él, sonriendo un poco y mirándolo después sin soltarse de él. – Yo tampoco lo voy anunciando pero tampoco quiero ocultarlo.

Atsushi lo rodeó con los brazos, suspirando y mirándolo a los ojos. – No lo ocultes entonces. Ya tendré yo que hacerlos callar. – le sonrió, acariciando su cabello. – Pero quiero que me ayudes a limpiar en el trabajo mañana...

– Papá… pero si no hice nada malo… cómo te pasas…– se quejó el moreno que sentía cierta dependencia a estar con Seki a todas horas, además acababa de fastidiarle el pasar la noche con él. – Vale… pero tendrás que hacerme hamburguesas para comer… como dos o tres…– se rió saltando sobre él y abusando un poco sin importarle un pimiento si se veía infantil o no para los que estaban por allí.

– No me paso... ¿No vas a ayudar a tu padre que te consiente y acaba de otorgarte lo que deseas? Qué mal hijo... – bromeó intentando bajarlo. – Te haré cuatro... vale...

– Vale… pero no me bajo, tendrás que llevarme así hasta el coche…– se rió, abrazándose más y sujetándose con las piernas. –Me aprovecho… luego seguro que ya no podrás conmigo…

Okuma le pasó la mano por el cabello a su hijo y dejó caer el brazo por encima de sus hombros. – Mierda… me parece que nos tocará irnos a la cama pronto…

– ¿Tenías planes? – se rió su hijo mirándolo de soslayo y pensando que el que tenía planes era él.


– Parece que tú también los tenías… pero nos han jodido… – le dijo Okuma a su hijo, mirándolo de soslayo y luego a Atsushi, rascándose un poco el cuello y negando con la cabeza.

– “Te vi.” – susurró Seki, sonriendo maliciosamente y adelantándose con los otros para huir un poco.

– Seki... ¿no quieres ayudar tú también? Pero a limpiar, no a distraer a mi hijo... – le ofreció Atsushi sabiendo que eso haría feliz a Goro. Dios, era un blando, no podía ni reñirlo por más de dos segundos.

– Sí quiere… – Goro se rió pensando que seguro que no quería pero le daba igual. Se bajó de su padre para no destrozarle la espalda y sujetó a Seki de la mano, besándole una mejilla porque siempre le daba miedo besarle los labios con Okuma delante. – “Esta noche no va a poder ser…”– le susurró al oído. Mirando después al doctor que caminaba atrás como si la cosa no fuera con él.

– “Ya vendrán mejores tiempos...”– le contestó el chico como en clave, sonriendo y mirando a Okuma también sólo por ver qué expresión tenía.

Okuma alzó una ceja, preguntándose qué tanto cuchicheaban y por qué no dejaban de mirarlo. Abrió la puerta del coche y se sentó en el asiento del conductor pensando que ni había bebido esa copa ni nada de nada. Abrió la ventanilla y sacó el brazo por fuera mientras se subían los otros tres.

Goro pasó tras Seki y lo atrajo hacia él, recostándolo un poco en su pecho y pasándole la mano por el rostro con suavidad. – “¿Tienes sueño?”

– “¿A estas horas? Nunca.” – se rió, bromeando y dejándose abrazar, acomodándose mejor.

Atsushi miró a Okuma un tanto cohibido. – Lo siento... No quise arruinarte la noche.

– Ya te lo reclamaré…– lo miró de soslayo mientras desaparcaba el coche, luego cómo Goro abrazaba a su hijo. Era extraño pero ahora que los veía así… No, realmente no se imaginaba a Seki abrazando a una chica.

– “¿Te vas a conectar?” – siguió cuchicheando Goro cerca de su oreja.

El chico sonrió, tomando una de sus manos y dibujando un “Sí” con su dedo, jugando, mientras que Atsushi se dedicaba a mirar por la ventana preocupado de haber espantado un poco a Okuma.

Goro se rió en bajito y lo rodeó por el pecho con los brazos. – Luego te digo…


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