.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 22
If the Sofa Could Speak

Okuma se recostó un poco contra la silla del ordenador, preguntándose si debía ir a ver a verlo o no. No estaba muy seguro de si se sentiría agobiado o incluso presionado, lo cierto es que estaban pasando mucho tiempo juntos desde el primer día, más del que había pasado con su mujer jamás sin discutir. Observó cómo salía el humo de su cigarro y devolvió la vista a la pantalla.

Mientras tanto, Atsushi se debatía lo mismo fuera de su puerta. Había asumido instantáneamente que una vez que los chicos se fueran, iban a pasarlo juntos pero ahora se preguntaba si no se estaba apresurando. Aún así, allí estaba frente a la puerta. Pensó en regresarse, tratando de imaginar luego lo que Goro le diría y decidiéndose a llamar.

El moreno se levantó rápidamente por la sorpresa, parándose de pronto en el marco de la puerta al percatarse de cómo se había levantado. Negó con la cabeza un poco, riéndose de sí mismo y pasándose la mano por el cabello, bajando despacio por las escaleras y esperando que al menos fuera él y no una visita tediosa. Abrió la puerta y se apartó un poco para que entrase. – Pasa… iba ir a verte…

– ¿En serio? No quería interrumpirte o algo... – sonrió, enrojeciendo un poco e intentando ocultarlo. – ¿Estás ocupado?

– No, sólo estaba curioseando un poco en Internet y eso…– le metió un dedo por la cintura de los jeans para aproximarlo y lo besó profundamente. Se había tenido que aguantar todo el día sin hacerlo. – ¿Has dejado al cachorro en casa? A ver si cuando vuelves no está destrozado todo.

– Sí... creo que debí traerlo... a jugar con el tuyo. – sonrió, ahora preocupándose un poco aunque había estado perfectamente dormido cuando salió. – Me alegra haberle dado permiso de conservarlo. – comentó, besándolo de nuevo sin poder contenerse.

– Sí…– Okuma lo sujetó por la cintura con una mano y lo besó también. – ¿Quieres ir a buscarlo?

– Sí... creo que será lo mejor... No quiero que Goro me riña... – se rió, separándose por fin de Okuma. Lo hacía sentir cómodo casi sin que se diera cuenta.

– Vale…– le sujetó la nuca, acariciándosela con fuerza y cogiendo al cachorro de su hijo de encima del sofá, donde le había dicho ya unas mil veces que no se subiera. – Mejor nos quedamos en tu casa, de todos modos tendré que salir a buscarlos luego.

– Está bien, pero nada de vino... – bromeó por si acaso. Ya sabía que era un hombre responsable pero también lo decía por él mismo. – Goro se veía muy contento.

– Sí, los vi. Debiste ver cómo miraba a Seki. – sonrió de medio lado. – ¿Por qué temes al vino, Atsushi-san?

– Sabes muy bien por qué. No quiero terminar haciendo tonterías ahora que Goro no está. – le reclamó, sonriendo. Si olvidaba que había que irlo a buscar, se mataba él mismo.

Okuma sonrió, dejando al cachorro que estaba hiperactivo encima del que dormía para que lo molestase, cosa que efectivamente hizo, comenzando a morderle las orejas. Miró a Atsushi y de nuevo a los cachorritos. – Pensé que te quedaría bien un collar así…– confesó, señalando el collar del que colgaba un huesito.

– ¡¿Eh?! ¿A mí? No... No creo... – lo miró, sorprendido, riéndose nervioso. – ¿De qué estás hablando?

– ¿No?... A mí me parece muy sexy…– sonrió malditamente y se acercó a él. – ¿Te da vergüenza? Sólo es un trocito de cuero con un hueso…

– Sí pero es de perro... – protestó, enrojeciendo más. Claro que le daba vergüenza, ¿cómo no le iba a dar vergüenza eso?

– No… Es mío… – lo besó de nuevo pero esta vez en la mejilla, lamiéndole un poco una oreja y mordiéndosela mientras se metía la mano en el bolsillo, poniéndole un collar igual que el del lobito pero rojo. Lo arrinconó contra la pared, besándolo profundamente para que no protestase. Se sentía un poco extraño y tenso, como si pudiera caber la posibilidad de que acabasen a puñetazos pero eso extrañamente le excitaba también.

Atsushi lo sujetó con fuerza por la camisa como para apartarlo pero sin hacerlo finalmente. No podía resistirse a sus besos y su cuerpo estaba reaccionando por más que lo avergonzase.

Okuma respiró con fuerza contra sus labios, golpeándole el pecho con las palmas de las manos y frotando sus pectorales con intensidad. Lo rodeó con un brazo, tirando de su camisa para sacársela del pantalón y mirándolo a los ojos. Cada vez que estaban solos su cuerpo se encendía irremediablemente, le volvía loco ese hombre. Sus dedos se hundían levemente en los músculos de su espalda como si estudiase sus formas.

Atsushi jadeó contra sus labios, devolviéndole la mirada y empujándolo de nuevo aunque su cuerpo se sentía hervir. Se apoyó contra la pared, desabrochándose los pantalones, brevemente pensando que estaba actuando estúpidamente de nuevo, pero tampoco deseaba detenerse.

– ¿Me empujas? – lo vaciló el doctor, sonriendo levemente, excitado por su comportamiento en realidad. Se quitó las gafas y las dejó a un lado antes de sacarse la camiseta y tirarla por cualquier lado. Se acercó a él de nuevo, empujando una rodilla entre las piernas de Atsushi y bajando una mano por dentro de sus pantalones, masajeando su sexo fuertemente y mordiéndole un poco el labio inferior. Le lamió el cuello y arrastró los dientes por él.

– Okumah... – jadeó el moreno, resignándose por un momento y luego apretándolo con fuerza contra sí, sonriendo. Le estaba gustando ese juego aunque no quisiera admitirlo. Deslizó sus manos por la espalda del hombre, conteniendo un poco los gemidos a medida que su sexo crecía en sus manos.

El doctor le besó el pecho, lamiendo sus pezones. Se sentía enfebrecido. Le bajó la camisa por los hombros apretándole los pectorales con la otra mano y deslizando la mano a su espalda, apretándole las nalgas bajo la ropa y rozando los dedos entre ellas. Empujó dos dentro de su cuerpo, mirándolo a los ojos y lamiéndole los labios. Esta vez le daba igual, fuera un hombre o no… No iba a dejar de hacerle de todo.

Atsushi se estremeció, gimiendo esta vez y apretando las nalgas contra sus dedos, el calor recorriendo su cuerpo. Ya ni siquiera se acordaba de lo del collar, sólo quería ser suyo. Sacó una pierna de los pantalones subiéndola contra el cuerpo de Okuma, estrujando su cabello con una mano mientras le devolvía el beso, sus sexos rozándose con fuerza.

Okuma le sujetó la pierna, acariciándosela y apretándola para sentir la firmeza de sus músculos. Se arrodilló en el suelo, levantándola sobre su hombro y besándole las ingles, su lengua deslizándose por los testículos y el sexo erecto del hombre. Sus dedos profundizando más en él. No se lo podía creer, estaba arrodillado frente a un hombre… jadeando encendido y mordiéndole los muslos a cada rato de lo excitado que se encontraba.

El moreno gimió, inclinándose un poco hacia delante, su sexo pulsando con fuerza. Incluso se sentía mareado. En las otras ocasiones también había sido así pero esta vez, por alguna razón se sentía distinto, más intenso aún. Se pasó una mano por el pecho como acariciándose a sí mismo, tocando su sexo luego, masajeando a pesar de la lengua de Okuma que se arrastró por sus dedos también. El médico le sujetó la muñeca, levantándose.

Lo miró a los ojos y tiró de él, llevándolo hacia el sofá y pasándose a su espalda. Le apoyó contra el respaldo y pasó la mano por su espalda hasta su cabello, bajándole la cabeza y abriéndose los jeans, pasando su sexo después contra sus nalgas, apretándolo contra ellas con fuerza.

Le pasó las manos por las caderas firmemente, apretándole la cintura un momento y golpeándole una nalga, sus manos bajando por los músculos del moreno y separándole las piernas. Le encantaba escucharlo respirar con esa pesadez. Se apoyó con una rodilla en el suelo y le lamió las nalgas, deslizando la lengua alrededor de su ano y hundiéndola en su cuerpo. Empujándola más dentro de él y separando sus nalgas con las manos.

– Okumah... ahn... – Atsushi bajó la cabeza, estremeciéndose y apretando el respaldo del sofá, gimiendo sin poder controlarse, la lengua del moreno moviéndose más profundamente dentro de su cuerpo, sus manos apretándolo de aquella manera que lo hacía sentir que se iba a correr en cualquier momento. Su sexo golpeando el sofá un poco sin que le importase si se manchaba o no, su mente estaba muy lejos de aquellos detalles técnicos.

La lengua del moreno se arrastró sin control alrededor de su entrada y dentro de esta. Era una sensación increíble, la deslizó por sus testículos, lamiendo su sexo y succionándolo intensamente antes de levantarse tras él de nuevo. Se frotó entre sus nalgas, sus manos aferrándose a los hombros de Atsushi, apretándoselos con fuerza. Miró hacia abajo, cómo su sexo se rozaba entre aquellas nalgas, resbalando por fin dentro de su ano. Haciéndolo apretar los dientes, su pesada respiración escuchándose aún así salir entre estos.

– A...así... – le pidió Atsushi, una mano aún aferrándose al sofá, la otra sobre la mano de Okuma en su hombro, moviéndose contra el mismo, rozándose un poco a medida que el médico lo penetraba cada vez con más fuerza, haciéndolo gemir y jadear sin que se pudiera contener. Su sexo completamente erguido pulsando con urgencia, goteando contra la tela del mueble.

– Oh…Atsushi…– entrelazó los dedos de su mano con los de Atsushi, soltándolo entonces y apretándole las caderas con fuerza, golpeándose contra sus nalgas con las fuertes caderas, su piel restallando contra la del moreno, su cabello moviéndose al inclinarse hacia delante. Olió el sudor en la espalda de Atsushi, lamiéndolo y mordiéndole la espalda. Se rozó la cara contra ella, sus caderas cada vez embistiéndolo con más fuerza, su sexo empapado por los flujos del moreno, el cual gimió, corriéndose sin poder soportarlo más. El semen cayó contra el respaldar del sofá y el piso, mientras su cuerpo se estremecía sin mucho control, aún sintiendo intensamente cada embestida de Okuma, lo caliente de su sexo, cómo lo llenaba por completo.

Bajó el rostro, exhalando, gimiendo suavemente aún, sintiéndose casi débil ante el orgasmo.

– ¡Humpf! – Okuma se irguió de nuevo, su sexo palpitando dentro de Atsushi intensamente, el semen manando dentro de él mientras jadeaba liberadamente. Salió de dentro de él y acabó de correrse sobre sus nalgas. Le acarició las piernas, rozándose entre ellas mientras se iba calmando, su mano sujetando el sexo del otro y acariciándolo con suavidad hasta hacer salir de él hasta la última gota de semen.

– Okuma... – gimió el moreno dejándose caer hacia delante sobre el sofá, cansado y sonriendo un poco. – Por Dios, Okuma...

– Dios no tiene nada que ver en esto…– le dio una nalgada suave y lo levantó para apoyarlo contra su espalda, girándolo hacia él y besándolo suavemente. Se tiró en el sofá con Atsushi encima. – Eres increíble… – le dijo, serio pese a que se sentía muy bien y además le hacía gracia el huesito que colgaba del cuello de Atsushi.

– Tú eres increíble... – se pasó la mano por el collar sonriendo. – Y un baka pero si esto te hizo ponerte así... No me molesta.

– Tú me haces ponerme así…– estiró la mano, buscando sus gafas y rindiéndose porque no las encontraba fácilmente, sujetándole la nuca y masajeándosela un poco. – Esta vez debimos usar la cama…

– Lo sé... ahora debo limpiar... – se rió, contento como siempre, recostándose contra él. – A este paso, la próxima vez será en las escaleras...

– Me gustaría verle la cara a la señora de la panadería entonces…– respiró con fuerza, acariciándole la espalda y deslizando los dedos por ella. – Atsushi…– murmuró serio. – ¿Vas a decirme qué pasa con ese pueblo? Siempre te pones nervioso cuando los chicos hablan de él.

– No pasa nada, sólo... Creo que es peligroso. Es un lugar abandonado después de todo y ya viste cómo regresó Goro sólo de pasear por el bosque... – suspiró, cerrando los ojos. – Además... No lo sé, son tonterías y supersticiones...

– Está bien. – el moreno se giró sobre él en el sofá, aguantándose en los brazos para verlo bien. – Te has escapado de la revisión… de nuevo…

– Tú... – lo miró por un momento, sin comprender, sonriendo luego. – Creo que me has revisado bastante bien...

Okuma sonrió y deslizó una mano bajo sus nalgas, inclinándose sobre él para besarlo de nuevo. – ¿Y si nos vestimos y vamos a tomar algo también nosotros? A la ciudad, ya que tengo que ir…

– Suena bien pero... No sé si deba dejarte conducir luego de beber... – sonrió, pensando que él no iba a beber nada de todas maneras.

– Siempre lo hago. ¿Sabes?– se levantó, poniéndose los pantalones y mirándolo. – En algún momento voy a querer pasar la noche contigo… Lo sabes ¿No? No vamos a estar siempre a escondidas…

– No... Pero quiero darle algo de tiempo a Goro. Tal vez estoy exagerando... – se sentó, poniéndose la camisa de nuevo y mirándolo. Tenía deseos de preguntarle si estaba considerando aquello como una relación pero una vez más, le daba miedo presionarlo. – No importa si siempre lo haces, esta vez vas conmigo.

– Conduce tú si quieres, no tengo ningún interés especial en hacerlo yo. – Se puso la camiseta y encontró por fin las gafas, poniéndoselas y mirando el sofá. –Es preciosa la nueva decoración del tapizado.

– Dios, debería limpiar antes de salir... No quiero que Goro vea eso... – se puso de pie subiéndose los pantalones y recordando de pronto que aún llevaba el collar, quitándoselo con cuidado para guardarlo en uno de sus bolsillos.

Okuma se rió entre dientes, cogiendo un cigarro y prendiéndolo en sus labios. Le pegó una nalgada y besó su nuca, metiéndole la mano en el bolsillo para guardar el collar él. – Sólo yo te lo puedo poner así que no lo necesitas.

– Así que lo vamos a estar usando de nuevo... – sonrió, enrojeciendo pensando que estaba loco, pero no le había desagradado. Se fue a la cocina por un trapo, limpiando el sofá luego como mejor podía, casi luchando con los lobitos que insistían en arrebatarle el trapo, seguros de que era algún tipo de juego.

– Te queda bien… – el moreno sonrió al ver a los cachorros jugando con el trapo y observó a Atsushi fijamente, guardándose las manos en los bolsillos. –Voy a buscar una cazadora… Te espero en el coche…– murmuró con el cigarro en los labios.


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