.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 17
Family

Okuma llamó a la puerta un poco molesto y sin insistir demasiado, al menos veía la luz de la cocina encendida y eso era que había aún alguien despierto.

Atsushi se levantó con cuidado, intentando no molestar a Goro que dormía por fin hecho un ovillo en su cama con el lobito entre los brazos. Suspiró, bajando las escaleras con cuidado y asomándose antes de abrir la puerta. – Okuma... ¿todo está bien?

– Sí, lo siento, le dije a mi hijo que iba a ver cómo estaba Goro. En realidad voy a enterrarla, no quiero que esté más tiempo en la clínica. El caso es que me ha dicho que cuando regresase le dijera como está…– se explicó incómodo y frunciendo más el ceño por estar molestando.

– Claro... – sonrió el moreno acomodándose una mecha de cabello que lo estaba molestando. – Goro está bien, se ha quedado dormido por fin... Yo creo que se cansa más por intentar fingir que no le sucede nada...

– Eso agota. – se metió la mano en el bolsillo y le dio unas pastillas y una pomada junto con una venda. – Toma, que se ponga esto y se la vendas flojo. Esto es para el dolor y esto por si no puede dormir. – apoyó las cosas en su mano una a una y lo miró a los ojos para ver si había comprendido.

Atsushi asintió serio. – ¿Y tú? ¿Vas a estar bien? – le preguntó por si necesitaba ayuda. No quería dejar a Goro solo pero tampoco le parecía justo que Okuma cargase con todo el peso de aquello.

– Tranquilo, la meteré en el coche e iré a enterrarla por el monte… Descansa. – se rascó la mandíbula antes de voltearse. – Buenas noches.

– Buenas noches... Okuma. – se despidió, sin saber si debía besarlo o no pero no se atrevía.

– Papá…– Goro se levantó de la cama, asomándose a las escaleras y llamándolo con el cachorro pegado al pecho, buscándolo al ver que no estaba.

– Ya voy, Goro... – Atsushi cerró la puerta, subiendo y tocando la mejilla de su hijo. – ¿Qué haces levantado? Vamos a la cama de nuevo. Okuma sólo vino a preguntar por ti...

– Vale…– contestó sin comentar nada acerca de que había temido que lo dejase solo. Se acostó en la cama de su padre de nuevo y se tapó, incluyendo al lobito que no había hecho otra cosa que comer y dormir en todo el tiempo. –Papá… ¿El doctor y tú sois novios?

– No... – negó Atsushi sonrojándose un poco. – No sé qué somos en realidad... Somos... las cosas están yendo bien, es todo. – sonrió, acariciándole la frente. – Me trajo unas pastillas por si te duele la mano y una pomada...

– Vale. – cogió una pastilla y se la tragó, la verdad es que le dolía bastante pero seguro que era de cargar a la loba que pesaba mucho. –Pero ocurrió algo más ¿No? ¿Estuvisteis juntos hasta que llegamos? Desde que yo me fui… Pasó mucho rato.

– Estuvimos... hablando y... dejamos que las cosas tomaran su curso. Dame tu mano, déjame ponerte la pomada... – le pidió, tanto preocupado por él como intentando evitar el tema en ese momento.

– Toma. – estiró la mano y lo observó sin levantar la cara de la almohada, bajando un poco al lobito que insistía en ponerse delante de su cara. – Pero sí le gustas ¿No? Él fue el que vino. ¿Qué hicisteis toda la tarde? ¿Hablar?

– No... Sucedieron cosas... Goro. Pero sí, sí le gusto... Creo que está confundido, tú tenías razón después de todo. – sonrió, pensando que no tenía escapatoria con él, y colocándole la pomada antes de ponerle la venda.

– Hum… ¿Qué cosas? ¿Pervertidas?– preguntó riéndose en bajito.

– Cla... claro que no. Cosas... naturales. De mayores, así que compórtate. – se rió contento de verlo reír a él aunque fuera por aquello.

– Ya… ya…– se rió, pensando que su padre estaba gracioso así. – Pues yo le pedí a Seki que fuera mi novio.

– Imagino que te dijo que sí... – continuó sonriendo, terminando de vendarlo con suavidad y por una vez reprimiendo el regaño.

– Sí. – sonrió pensando que por un momento había pensando que le diría que no. – Pero sólo nos hemos besado… Así que no tienes que estarte preocupando, ya sabes que yo soy responsable… aunque haga estas cosas…– cerró un poco la mano para ver si le dolía mucho. – Seki y yo queríamos salir mañana por la noche pero ahora ya no sé…

– ¿No lo sabes porque te duele? ¿O porque ya no tienes deseos? – le preguntó, pensando que por él mejor no salían. Sabía que se preocupaba demasiado pero no podía evitarlo. De sólo pensar en cómo se había sentido cuando escuchó la voz de Seki... – Pueden posponerlo hasta que te sientas mejor...

– Porque no me siento bien y no quiero dejarlo solo… al bebé…– le apretó un poco una oreja y el lobito hizo un intento de morderle el dedo. – Pero a lo mejor mañana ya me siento mejor… No sé… Tú lo que pasa es que no quieres que salga…– se rió, conociéndolo.

– No es eso, me preocupo, lo sabes... – sonrió, tocándole una oreja a él. – Puedo cuidarlo yo si quieres. Te he estado cuidando a ti y hasta ahora no creo haber hecho un mal trabajo.

–Ya…– se tapó la oreja y sonrió acercándose a él y poniéndole al cachorro sobre el pecho para apoyarse él también allí. – ¿Me abrazas?

Atsushi rodeó a su hijo y por ende al cachorro, besándole la cabeza a Goro. – Te quiero mucho... ¿Ya sabes qué nombre le vas a poner?

– No lo sé, a lo mejor Seki para hacerle la pareja con él. – se rió y le apretó la oreja de nuevo para que le mordiese. – Es malo…– lo tumbó en la cama boca arriba sujetándole las patitas y guerreando un poco con él. – ¿Crees que se haga pis en la cama?

– Espero que no... No sé qué tanto pueda nuestro detergente contra el pis de lobo. – se rió en bajito, lo cierto es que era adorable. – Pero no dormirá en la cama para siempre, ¿eh? Sólo es por esta noche... ¿vale? Luego le haremos su propia camita. – le advirtió seguro de que igual terminaba en la cama de Goro todas las noches.

– Pobrecito, papá… Se pondrá a llorar y yo también…– lo sujetó en brazos y se lo puso al lado de la cara mostrándole que no podía contra ambos.

– Eso es trampa... No pueden juntarse los dos contra mí... – se rió, bajándole la cabeza a su hijo. – Ya veremos... pero tú limpias el pis.

– Vale… Es tu nieto papá… Tienes que quererlo más que no vas a tener otro. – se burló, aproximándose más a su padre y oliéndole el pecho, aliviado al ver que olía a él esta vez. Era extraño pero ese olor le calmaba, que fuera distinto le ponía un poco nervioso. – Ya me voy a dormir. – le informó rodeándolo por la cintura.

– Vale, descansad los dos. Me avisas si te duele o no puedes dormir, Goro... Sin importar si estoy dormido... – lo dejó saber, abrazándolo contra sí, aliviado de verlo mejor. – Buenas noches...

– Buenas noches, ecchi papa… – susurró el moreno algo reído por lo que estaba pensando.

– Te debí vendar la boca... – bromeó su padre, apretándolo un poco más, y subiendo las sábanas para cubrirse junto con él.


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