.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 15
Goro y Seki

Okuma se subió un poco más las gafas y bajó la mano sobre la del hombre que acariciaba su pecho. Llevaban un buen rato en el sofá y no tenía ganas de levantarse ahora que estaba acomodado en sus piernas. – ¿Qué le vas a decir a tu hijo? No quiero que Seki se entere de alguien que no sea yo. Seguro que se pone insoportable… Se pondrá insoportable de cualquier modo…– murmuró después frunciendo el ceño.

Atsushi riendo sin poder evitarlo. – No lo sé... le diré que... las cosas van bien entre nosotros. – contestó preguntándose si Okuma veía aquello como una relación o no, aún no le quedaba claro y no quería sonar desesperado. – Seki es un buen chico. Lo sé porque a Goro le agrada.

– Lo es. Un buen chico al que le gusta tocarle los cojones a su padre. – se echó el cabello hacia atrás, irguiéndose para sentarse a su lado. Observándolo y pasando un brazo por encima del respaldo del sofá. –Van bien. ¿Eh?– preguntó sonriendo de medio lado y acariciándole el pecho.

– No... ¿Van bien? ¿Qué quieres que le diga? – le preguntó, enrojeciendo un poco intentando sonsacarle una respuesta. – ¿Qué le dirás a Seki?

– No lo sé… Sólo lo que consiga sonsacarme. – se rió entre dientes, tocándole la mejilla al ver que enrojecía y girándole la cara un poco hacia él, besándolo. –No van nada mal…

– No, nada mal... – murmuró el hombre entrecerrando un poco los ojos y besándolo de nuevo, acariciando su cuello.

– Tal vez hay algo en este pueblo… Ya sé por qué no hay niños. – se burló un poco aunque estaba serio y le mordió la mandíbula con suavidad. – ¿Por qué no me acompañas mañana? Tengo que ir a comprar unas cosas para la clínica…

– Sí, ¿por qué no? Aunque creo... que pasaré esta noche con tu reloj... Me ha estado esperando por mucho tiempo ya... – sonrió, como si hablar de aquella manera fuera lo más natural del mundo. – No hay nada en este pueblo.

– No, tendré que ir a la ciudad esa. ¿La conoces? Si no, tal vez sea un problema encontrar la farmacia que me han dicho. – buscó en su bolsillo y le mostró el papel donde tenía apuntado el nombre y la dirección. Observándolo y pensando que era un friki. – Tampoco te preocupes si estás cansado, no lo necesito con urgencia. Aunque me parece a mí que te preocupa el reloj y no yo.

– Claro que no... Y sí, sé dónde queda... – sonrió, suspirando. – Puedo hacer ambas cosas. Cuando estoy trabajando en un reloj así... no me canso.

– Vale… friki…– dejó salir la respiración por la nariz, le daba la risa esa actitud. – ¿Puedes vivir con lo que ganas de arreglar relojes en un pueblo? – sacó un cigarro y lo prendió en sus labios. – Hm… ¿O es que te envían relojes para restaurar o algo así? – murmuró mientras se guardaba el encendedor en el bolsillo. Sujetando el cigarro con los labios.

– Sí, recibo envíos desde otros lugares... ¿Te sorprende? Claro... tardan en llegar y eso... Pero asumo que son personas que aman a sus relojes tanto como yo. Puede parecerte una tontería pero soy bastante bueno en esto.

– No me parece una tontería, no seas ridículo. ¿Por qué iba a parecérmelo? – frunció un poco el ceño y se inclinó para coger el cenicero que le había traído después de comer. –Supongo que de todos modos no gastas mucho dinero…

- No, la vida en un pueblo es muy económica. Y Goro no es un chico muy exigente. Sólo me exigió la internet y pues... – se rió recordando cómo se había puesto, casi no lo dejaba pensar con la necedad. – ¿Qué te va pareciendo? La vida aquí...

– No he tenido mucho tiempo para aburrirme aún. Cierto relojero me ha tenido la mente ocupada. – le dio una calada al cigarro, mirándolo. – Supongo que no está nada mal teniendo en cuenta que aquí cobro más por estar desplazado y a la vez tengo mucho tiempo libre.

– Las personas de por aquí son bastante saludables en realidad... Más que nada son achaques de vejez o Goro haciendo travesuras. – sonrió, observando cómo fumaba. Era extraño, cómo se podía sentir tan familiar todo aquello a pesar del poco tiempo que había pasado.

Okuma lo miró a los ojos y tiró de él para subirlo a horcajadas en sus piernas. – Tal vez debería venir el papá de Goro a hacerse una revisión. ¿Hum?– le dio en las nalgas con una mano, echándose más sobre el respaldo y observándolo. – La última vez que fuiste al médico fue a los veinticinco…

– No he estado enfermo desde entonces... – se rió sin poder evitarlo. – Y ya tú me revisaste bastante. ¿Qué más te queda?

– Hacerlo sin pensar con la polla. – se tocó la mandíbula serio y sonrió de pronto.

Atsushi se echó a reír a toda boca ahora sí. – Vale... pero no me gustan mucho los médicos... dentro de las clínicas.

– Anda… Si te portas bien luego te doy un caramelo. – se rió de él y lo aproximó para besarlo, Atsushi respondiendo al beso hasta que fueron interrumpidos por los gritos de Seki buscando a su padre.

El moreno se puso de pie, con el corazón acelerado, corriendo hacia fuera.

– ¡Papá! ¡¿Y el doctor?!– preguntó Goro que ya no podía más de cargar a aquel animal y estaba todo lleno de sangre.

Okuma salió afuera asustado por escuchar a su hijo llamarlo así, calmándose de inmediato al ver que no se trataba de ellos. – ¿Qué es eso? ¿Un lobo?– preguntó, pensando que estaban locos.

– Sí, pero tiene que ayudarla, se está muriendo…

– No soy veterinario. – se quejó el mayor que no se sentía muy capaz, llevándolos a la clínica de todos modos, bajando al sótano. – Ponlo en esta camilla.

– Tienes que ayudarla... No tenemos a nadie más... – le pidió Seki, aún cargando con los cachorros y siguiéndolos.

– Ven... Sácalos de aquí por ahora...Chicos... dejen a Okuma trabajar. – les pidió Atsushi mucho más aliviado de que nada le hubiera sucedido a su hijo. Había sentido que se moría cuando escuchó gritar a Seki. – Podéis ir a casa y darles algo de leche... – les recomendó, dispuesto a quedarse y ayudar aunque no tenía idea.

– Ve con ellos, Atsushi…– le pidió el moreno al ver lo que tenía en la espalda y el cosido bajo el vello del abdomen. Mejor que no viese nadie más eso, bastante le estaba llegando con verlo él.

– ¿Estás seguro? – le preguntó, indeciso, obedeciendo después y llevándose a los chicos con él. No quería causar inconvenientes.

– “Tranquilos... Todo va a estar bien” – susurró Seki a los cachorros como si lo pudiesen entender.

– Papá… Me hice daño…– le dijo Goro a su padre, mostrándole la mano aunque ahora sólo se veía un montón de sangre de lobo. – Bueno… No se ve. – cogió a uno de los bebés, seguro de que Seki estaba cansado de cargarlos y se lo dio a su padre, pensándolo mejor al percatarse de que estaba lleno de sangre de su madre.

– ¿Dónde? ¿Qué te hiciste? – le preguntó Atsushi aún así aceptando al pequeño lobo sintiéndose un poco triste por él en medio de todo aquello.

– Sólo se golpeó... No fue tan grave como... – aclaró Seki por si pensaba que parte de esa sangre era del chico.

– Sí… la sangre es de la loba. – le explicó, frotándose la mano en la camiseta y pensando que mejor se cambiaba antes de nada. –Ahora bajo. – se pasó la mano por la nariz, pensando que cuando estaban llegando, la loba ni siquiera se quejaba ya. Le daban ganas de llorar.

– Goro... – Seki quiso ir tras él, su padre deteniéndolo.

– Mejor limpiemos a estos dos y les damos un poco de leche, ¿vale? Será lo mejor. – le explicó aunque sabía que tampoco estaba muy bien el chico. Pero no quería que Goro bajase y los cachorros aún estuviesen sucios y llorando.

El moreno se quitó la camiseta y se encerró en el baño a lavarse, el agua salía completamente roja y estaba sucio por todas partes, el pantalón también. Se metió un momento en la ducha, restregándose y bajando la cara para llorar, tratando de ni hacer el más mínimo ruidito. Frotándose la cara y cerrando la villa, apresurándose a vestirse para bajar a ayudarlos con los cachorros.

Mientras, Atsushi y Seki se encargaban de limpiar a los cachorros lo mejor que podían, el mayor tratando de animar al chico aunque era una tarea casi imposible. Los dejó a su cargo yendo a servirles la prometida leche en un plato grande y calentándola un poco para que estuviera tibia. Sabía que su hijo estaba llorando y también sabía que no podía hacer nada por consolarlo cuando se ponía así. Le dolía pero a Goro no le hubiera gustado que lo viera.

El chico bajó al cabo de un poco rato sin mirar a nadie, pasándole la mano a uno de los cachorros por encima y notando que estaba mojado aún, secándolo con un trapo y tragando saliva. – ¿Y ya sabrán comer de un plato? – preguntó rompiendo el silencio y tratando de no verse decaído, no soportaba eso.

– No lo sé... Habrá que ver. Si no... Tendremos que comprarles biberones hasta que puedan... – comentó el mayor tratando de fingir que no notaba el estado de Goro.

Seki aún permanecía en silencio, esperando, tenso. No quería rendirse hasta que ya no hubiera ni un rayo de esperanza.

Goro metió el dedo en la leche y se lo apoyó en la nariz a uno de los lobos que empezó a chupárselo, el moreno sonrió un poco aunque no fuera muy adecuado y le cogió la mano a Seki, metiendo un dedo en la leche y acercándoselo al cachorro. – Mira…

El chico no pudo evitar sonreír tampoco al sentir la lengua del animalito lamiéndolo con avidez. Eran muy bonitos, nunca había visto algo así en vivo.

El moreno cogió al otro en brazos y le siguió dando, acercándole una silla a Seki y sentándose él en la otra, ambos estaban cansados. Le siguió dando de comer, pensando que se notaba que tenía mucha hambre. – Seguro que llevaban tiempo allí… Tienen mucha hambre. Si la madre no comía… no tendría leche… Me pregunto si los llevaba en la boca mientras huía herida… Es lo que hacen las madres ¿no? – se quedó callado porque iba a llorar otra vez y apretujó un poco al lobito, centrándose en darle la leche.

– Sí, es lo que hacen las madres. Los protegen... – sonrió un poco Seki, apretando al cachorrito contra sí, continuando con aquello.

Atsushi los observó suspirando y le revolvió el cabello a su hijo. – Voy a ver cómo va todo. Esperad aquí. – les pidió para que no se apresurasen en ir tras él. Le rompían el corazón pero conocía muy bien a Goro. Salió de la casa pasándose la mano por el cabello y entrando en la clínica cuidadosamente por no molestar.

El doctor se giró y tapó a la loba con una sábana para que no la viera. – Te dije que fueras con ellos. – Se quitó los guantes y los tiró, estaban llenos de sangre.

– Y lo hice pero era más doloroso estar con ellos... ¿Murió? – le preguntó con la voz baja como si no quisiera molestarla.

– La he… puesto a descansar. – se llevó la mano a los labios y acto seguido se cruzó de brazos. – No podía hacer nada por ella.

– Esto va a ser duro... – comentó Atsushi bajando la cabeza ahora también.

– Sí y yo no tengo mucho tacto. – se apoyó en un mueble tras él, pensando en si contárselo o no. – La loba… tenía el abdomen cosido. Se lo descosí para saber qué le había sucedido. Tenía piedras… por dentro.

– No... No comprendo. ¿Quién haría algo así? – preguntó, confundido, como si el médico tuviese la respuesta. – Yo nunca... Nadie de aquí haría algo como eso...

– No lo sé… pero…– levantó un poco la sábana para mostrarle las piedras. –Estaban dentro de su estómago y se las metieron por ahí. También tenía heridas en la espalda… con esto… clavado dentro…– le mostró unas finas barritas que parecían marfil. – Supongo que después la soltaron o se les escapó y fue a buscar a sus cachorros… Eso si es que no los tenían allí porque pensaban matarlos también… Pero es extraño, todo.

– Demasiado, no tiene sentido. Más bien... parece una pesadilla. – negó con la cabeza, esos detalles definitivamente no se los iba a contar a su hijo aunque por otra parte... no quería que le sucediese algo por no estar enterado. – Has visto a la gente del pueblo, incluso si alguno de estos ancianos fuera un psicópata, no hay manera de que pudiesen atrapar a una loba adulta...

– No… Supongo que no, me suena más bien a algo satánico… No sé… a secta o algo similar. Lo mejor será enterrarla y después avisarlos. No quiero que Seki vea esto. – Okuma cogió un cigarro y lo encendió. – ¿Y los cachorros? ¿Están bien?

– Sí, están perfectos... Goro y Seki los están alimentando ahora... No sé cómo los voy a enfrentar... – comentó observándolo.

– Yo se lo diré si tú no puedes, no me importa, estoy acostumbrado a dar malas noticias. – suspiró con fuerza y se subió un poco las gafas. – Vamos, no tiene sentido tenerlos esperando más tiempo y que se hagan ilusiones.

– Lo sé... Gracias...– murmuró sintiéndose un cobarde. Daba lo mismo, finalmente, Goro se sentiría igual de mal. – Por cierto... Goro se lastimó la mano, dice que no es nada grave pero aún así...

– Se lo miraré ahora. – Apagó la luz de la sala y cerró la puerta aunque no podía dejarla ahí, iría de inmediato a sacarla después de hablar con los chicos. Cerró la clínica y entró en la casa con Atsushi notando cómo lo observaban ambos. Costaba más cuando era su hijo el que tenía aquella mirada expectante, deseando escuchar algo bueno. – Lo siento, ya había perdido mucha sangre, estaba muy cansada. – les explicó sin entrar en más detalles. – Pero no vayáis a poneros a llorar, ahora tenéis que cuidar de los cachorros. Supongo que fue a buscarlos… porque le importaban más ellos que su vida.

Goro lo miró, llorando de todos modos y mirando abajo, asintiendo con la cabeza, pensando que el cachorro no se enteraba de nada y seguía comiendo.

Seki se echó a llorar de igual manera dijera lo que dijese su padre, no podía soportarlo más. Apretó al cachorro contra su pecho sintiendo que lo lamía y acariciándolo.

Atsushi se acercó a su hijo, sujetando su cabeza con una mano y recostándolo contra él, susurrando. – “Hiciste lo que podías... Estoy orgulloso de ti”

Goro se sacudió un poco, tratando de hacerse el que estaba bien y besando el hocico del lobito. – ¿Me lo puedo quedar?– Okuma los miró, lo cierto es que quería irse, no soportaba esas situaciones. Miró a su hijo nervioso, quería acercase pero no sabía muy bien qué hacer, no estaba acostumbrado a verlo llorar.

– Es un poco... Sí, te lo puedes quedar, Goro. – le acarició el cabello pensando que era lo menos que podía hacer. Sería un lobo pero apenas era un cachorro, se acostumbraría a ellos. Y si lo dejaban suelto seguramente moriría.

Seki alzó la vista mirando a su padre deseando que lo abrazara pero tampoco sabía cómo pedirlo. Sólo podía abrazar a aquel lobito como si fuera el único consuelo en el mundo.

Okuma lo miró y se acercó lentamente, acuclillándose y acariciando al lobito. Mirando a su hijo después e imitando la caricia bajo su quijada. – “¿Qué? ¿Tu no quieres quedarte con este?” – le preguntó susurrando como si eso hiciera que los demás no estuviesen allí, viéndolo hacer aquello que lo ponía tan incómodo.

– “¿Puedo?” – le preguntó mirándolo como si le fuera a decir que no ya de por sí.

– Si te portas bien… y si no pasas de él a los dos días… – le advirtió por adelantado. Irguiéndose y besándole la frente, pegándolo después a su abdomen y tapándole la cara con la mano. Goro sin embargo estaba abrazando al cachorro y a su padre a la vez, sin moverse de la silla y llorando en silencio, haciendo ruiditos extraños.

– Está bien... – Atsushi le besó la cabeza, apretándolo contra sí deseando poder quitarle todas las penas.

– “Gracias...” – apenas susurró Seki por su parte contra el abdomen de su padre, susurrando luego. – “También lo voy a llamar Goro...”

Okuma se rió un poco sin poder evitarlo, mirando a su hijo y pensando que a él no le hubiera gustado nada que le pusieran su nombre a un chucho pero bueno… – Mañana compraré un biberón… Dos. – se corrigió, notando que Goro no reaccionaba ante nada. El morenito ni siquiera quería que le vieran la cara, como si Seki estuviera mucho mejor que él. Ahora estaba pensando que le iba a llamar Seki al suyo.


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back