.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 14
Forsaken Paths

– Tenías razón, es hermoso. Parece una panorámica de esas películas... – Seki se puso de pie de nuevo haciendo un encuadre con sus manos como si fuese un director y moviéndose luego hasta encuadrar a Goro, riendo.

– Para…– Goro se rió y le lanzó una hierba porque lo ponía nervioso aunque no lo filmase en serio. Se giró boca abajo, acercándose al despeñadero y observando cómo rompían las olas contra las rocas. – ¿Te gusta la playa?

– Sí, me gusta mucho a decir verdad... ¿Y a ti? – le preguntó, bajando las manos y acercándose junto a él.

– Claro, me encanta, me gusta nadar… aunque no me puedo estar quieto tomando el sol ni dos minutos…– se rió pensando en cuando molestaba a su padre a cada rato y él le protestaba porque se estaba durmiendo. Lo miró de soslayo y estiró los labios para que le diera un beso.

Seki le tocó los labios con un dedo, demorando el beso, aunque dándoselo finalmente. – A mí me gusta tomar el sol pero por ti... Deberíamos ir un día de estos también.

– Claro, iremos…– lo besó él de vuelta y lo tiró sobre él para abrazarlo. –Puedes tomar el sol pero luego te molestaré. – se rió, rodeándolo y cogiendo una flor, haciéndola girar para acariciarle los labios con los pétalos. – Qué pena que no me dejen quedarme aquí a dormir… ¿Alguna vez dormiste en una tienda?

– No... No es mi estilo... – se rió, acariciando mechones de su cabello, observándolos. – A mí me gusta la comodidad, el estilo... pero supongo que también me gusta probar cosas nuevas.

– Déjate de rollos pijos… – se rió porque le gustaba que fuera así aunque no se pareciesen en nada. – Eso es porque no lo has hecho nunca, dormir al aire libre es diferente. Además, estaríamos solos y eso ya compensa todo. Yo buscaría un sitio donde no te clavases nada y estuvieses cómodo.

– Yo confío en ti, mi príncipe... – le contestó de manera seria, sonriendo después y rodeando su cuello con los brazos. – Hagámoslo entonces, si no convences a tu padre... ya nos escaparemos ¿no? No pasa nada si llegamos antes de que despierten.

– Hum… no sé, es que me sentiré mal si hago eso. Además si después se entera me gritará y… prefiero convencerlo…– se puso un poco rojo, temiéndose que fuera a pensar que era un mojigato.

– Pues convéncelo... – sonrió, besándolo de nuevo. – Eres encantador, Goro... No había conocido a nadie como tú.

– Mejor… – lo abrazó con fuerza y lo besó también, acariciándole la espalda y estrujándolo más después, sonriendo abiertamente. – ¿Quieres ir a pasear por el bosque?.. Aquí arriba hay unas ruinas. – le preguntó notando que si no, no iba a dejar de besarlo.

– Me encantaría... En la ciudad no hay ruinas a menos que vayas a los barrios bajos... – se rió, a sabiendas de que no era lo mismo. – Vamos, Goro, muéstrame tu pueblo...

– Ya pero es que estas son ruinas con animalitos y flores como mucho, no con junkies y jeringuillas…– el moreno se rió y se sujetó de su mano para levantarse. – Seki… cuando sales por las noches ¿te arreglas más?– preguntó mientras cogía la mochila de nuevo y se la colgaba de un hombro.

– Sí pero no sé si me arreglo más. Diría... que me arreglo distinto. ¿Te gustaría verme arreglado para salir? – Sonrió de pronto, teniendo una idea. – Deberíamos salir una de estas noches. Si encontramos un buen lugar.

– Sí, vale… – enrojeció un poco, pensando que era un transparente pero no sabía cómo averiguarlo de otro modo y por otra parte quería verlo así. – Podemos ir a donde te dije… Lo malo es que a lo mejor nos encontramos con alguien que conozca y nos molestan… aunque… quiero que me vean contigo…– se rió y le apretó más la mano.

– No me importa... ya sabes que te tienen envidia. – se rió moviéndole la mano en una especie de juego. – Será divertido salir contigo.

– Pues no sé… Me pongo un poco nervioso con tanta gente. Aunque no será lo mismo contigo. – le apartó las zarzas como siempre para que no fuera a pincharse y lo guió entre los helechos, sonriendo y pensando que seguro que le molestaba tener que ir por el medio del monte. Pero no había otro modo. –Después hay un caminito estrecho de tierra. No es así todo el rato.

– Vale... eres un guía genial. – sonrió echándose un poco hacia atrás para ver sus nalgas disimuladamente y sonriendo. – Si hace un año alguien me hubiera dicho que iba a estar buscando un caminito de tierra me hubiese reído en su cara.

– Y hace dos días seguro que también lo hubieras hecho…– sonrió levemente, negando con la cabeza y pensando que la gente así no sabía lo que se perdía. –Por ahí. – lo guió. Correteando un poco y llevándolo hacia el camino que subía monte arriba. – No está lejos… pero debía ser la casa de alguien importante o tal vez algo más grande que una casa… Lo malo es que apenas tiene las paredes y parte del suelo del segundo piso. Podemos subir por una ventana. – se rió preguntándose si le pegaría con algo por sugerirle hacer esas cosas.

– ¿Por la ventana? – se rió pensando que era un salvajito pero eso le agradaba. – Vas a tener que ayudarme. ¿Es seguro? No vamos a entrar para caer en un agujero a través del piso o algo así, ¿verdad?

– Bueno… hace tiempo que no viene el inspector a revisar la seguridad en el puesto de trabajo. – se burló porque ahí no iba ni inspector ni nada. – Creo que no es muy seguro pero yo no voy a dejar que te caigas. Mi padre me reñiría si sabe que voy a subir, si eso te llega de guía. – se rió.

– Hum... como consuelo diré que... si me rompo una pierna tendrás que cargarme a caballito toda la distancia de vuelta. No suena tan mal... – sonrió, dándole un beso en la mejilla. – ¿Sabes cuanto tiempo lleva deshabitada?

– No te romperás nada, no quiero que tu padre me mate el primer día que estamos juntos. – sonrió mordiéndose un poco el labio y señalándole arriba para que viese las paredes de piedra medio desmoronadas. – Hay una campana arriba… pero ya me intenté subir una vez y casi me mato…– siguió caminando pensativo y luego lo miró. – No tengo ni idea, debe llevar siglos para mí…

– ¿Una campana? Entonces... ¿no sería una iglesia? – sonrió deseando tocarla de pronto pero ni loco se subía allá arriba. Era impresionante aún así que siguiera allí a pesar de cómo se veía el resto de la casa.

– No lo sé pero… ¿No debería haber un altar o algo así? Tal vez sólo era una forma de avisar de si había incendios o cualquier otra cosa urgente… entre mi pueblo… y aquel… el que está lejos… – lo miró un momento, de nuevo sintiendo la curiosidad de ir a verlo. Entró por el enorme arco donde suponía había existido una puerta y caminó por los suelos de piedra de granito con Seki. Hacía frío dentro por la sombra y se escuchaba el eco en las pisadas.

– Entonces puede que fuera la casa de alguien... encargado de vigilar. O tal vez incluso una organización... Es enorme... Si alguien la remodelase... – comentó, ya viendo las posibilidades de vivir en un lugar así.

– Seguro que cuesta una pasta. – lo guió al cuarto contiguo ya que sólo había dos, uno enorme y otro pequeño. Le señaló al techo agujereado. – ¿Ves? Por aquí podemos subir al segundo piso… trepando por aquí…– Se subió por el borde de la pared aprovechando que faltaban algunas piedras y se agachó desde la segunda planta, extendiendo la mano hacia abajo. – Ven…

Seki sujetó su mano con fuerza, intentando trepar aunque no con tanta facilidad como el otro chico. No estaba acostumbrado a esas cosas, jamás había ido a un lugar que no tuviese escaleras.

Goro tiró de él hasta subirlo y sonrió. – No eres Indiana que se diga…– se burló, llevándoselo de la mano al cuarto de al lado. – Mira esto… ¿a que es raro?– le preguntó señalando una bañera enorme y redondeaba con grifos metálicos, parecían bocas de leones o algo parecido. – Y aún sale agua, mira…– abrió el grifo y el agua brotó con algas desde la boca de los leones dorados. – Supongo que no puede ser muy antigua si hay agua. Habrá algún pozo por aquí me imagino…

– Sí, debe de haber uno... Pero es interesante... – se agachó observando los grifos y tocando uno de ellos. – Me agrada y se ve cómoda. Me metería si no fuera tan vieja y estuviera aquí... – sonrió como dando su veredicto. – Pero es un lugar extraño para tener el baño, ¿no crees? Aunque supongo que no estoy viendo la casa como fue creada.

– Bueno… Yo creo que es un lugar genial, tiene esta ventana enorme y puedes bañarte mientras la tienes abierta y entra la brisa del mar…– sonrió un poco y lo salpicó con el agua fría. – Está congelada, te pondrías a temblar si te bañas aquí. – cerró el grifo y se sentó en el borde de la loza. – Yo no creo que en las iglesias haya bañeras como esta. Creo que alguien especial debía bañarse aquí. – se rió imaginando a una mujer hermosa o algo así.

– Sí, pero ya me había hecho a la idea de que era un cuartel de bomberos o algo así... Se acercó a la ventana, observando la vista. – Es increíble... me encantan estos paisajes. Estoy pensando en hacer algo basado en esto... pero aún no lo sé... – se giró, sonriendo. – ¿Seguimos explorando?

– Claro, a lo mejor te sirve para inspirarte esto…– le sujetó dos dedos con uno suyo y caminó por el borde pegado a la pared. – Es mejor ir por aquí. Las partes del centro son las que tienen más peligro de desprenderse. – le explicó. Lo llevó sonriendo y le tapó los ojos. – Ya verás…– lo hizo caminar delante de él y se los destapó delante de un cuarto que pensaba que le iba a agradar. El armario estaba un poco desvencijado pero dentro había ropa antigua y también había una cama con cortinas algo raídas y a medio descolgar de color rojo. – ¿Te gusta? Es creepy…

– Es genial... – se acercó al armario abriéndolo y observando dentro. – Aunque no sé quien abandona un mueble como este. En Tokio seguro que lo arreglan y luego lo venden por una millonada. Lo llamarán “rústico”. – se rió, tocando la ropa. Por supuesto que le llamaba la atención. No era tela ordinaria, había varias cosas de seda y otras telas bastante caras. – Pues no era un cuartel de bomberos de ninguna manera, a no ser que fueran los bomberos con más estilo del Japón. – se rió, porque ahora se los imaginaba apagando fuego vestidos de seda y encajes. Ya podía sentir a su padre collejeándolo.

– Puedes llevarte lo que quieras… lleva aquí siglos todo y nadie lo toca, este espejo… está todo roto, es lo malo. – se separó de él para acercarse a la otra pared y pasó la mano por un espejo redondo y enorme con los marcos de madera.

Escuchó un sonido bajo sus pies y se echó adelante rápidamente, las piedras cayendo y él colgando de las manos al borde de las piedras. – ¡No te acerques!– le pidió porque además seguramente el peso haría que se desmoronasen más. Con lo que no contaba era con la cómoda bajo el espejo que se balanceó al caerse las piedras, golpeándolo y empujándolo hacia abajo con el peso. Aún así sin quitársele de encima, logrando que se le soltase una mano.

– ¡Goro! – Seki gritó, sin saber qué hacer. Quería ayudarlo pero tenía razón, podía complicar las cosas aún más. Miró a su alrededor, finalmente tomando uno de los vestidos sin que se le ocurriese otra cosa, rasgándolo y acostándose en el piso, lanzándole un trozo al chico. – ¡Sujétalo y yo te halo! – le indicó, sin saber si funcionaría.

El moreno zarandeó la mano, tratando de llegar y tomándolo por fin. No se fiaba mucho de que Seki tuviera la fuerza suficiente para subirlo pero si al menos podía sujetar eso… Al soltarse del borde, la cómoda cayó al fondo, la madera se partió haciendo un gran estruendo, las cosas cayendo por todas partes. No pudo evitar mirar abajo y pensar en lo que le pasaría si se caía desde ahí en el suelo de piedra.

Miró a Seki, tratando de trepar un poco por la tela y notando los esfuerzos del chico para no caerse con él. Extendió la mano sujetando la suya y alcanzando el otro extremo de las piedras del suelo con la otra, haciendo fuerza y subiendo al lado de Seki. Respirando agitado sin moverse del suelo en donde se había quedado tirado.

El chico estaba igual de agitado que él. Lo abrazó con fuerza, cerrando los ojos y sin moverse más. – Baka... este lugar es peligroso. No debimos subir aquí.

– Quería enseñártelo…– lo abrazó para que estuviera tranquilo y sonrió. –Estoy bien, fue divertido, ahora ya tengo algo que contar. – se rió y le besó una mejilla. – Me duele la mano…

– Claro... Le pediré a mi padre que te la vea pero le diremos que tropezaste o algo... – sonrió, suspirando. – Me encanta este lugar... pero me asusté mucho. No soy... no soy ningún Indiana como dijiste antes. – se rió, besándolo.

–Ya ves que yo tampoco. – lo besó sin dejar de reírse. – Deberías haber visto qué cara tenías de susto…– le sujetó la cara con las manos y lo besó de nuevo. –Te quiero…– se rió y lo apretujó contra él.

– No te rías, me preocupo por ti... – se rió también de todas maneras. – Ahora no voy a dejar que hagas más tonterías pero sí me vas a ayudar a llevarme algo de esa ropa. Que no sea en vano el riesgo...

– Vale… vaya cuento tienes…– se rió y le ayudó a sacar la ropa del armario, arrancando la cortina roja de la cama y usándola para meter la ropa dentro. –Vamos a parecer ladrones con la saca…– se chupó un nudillo notando que tenía sangre. Lo cierto es que sí que le había hecho daño el mueble al caerle en la mano, esperaba no haberse hecho nada. No quería ni hablar de eso o lo vería como algo real.

– ¿Estás bien? – Seki lo miró preocupado. Había notado su gesto. – Quiero verte yo cuando bajemos... No soy médico pero he visto a mi padre muchas veces. Tal vez pueda hacer algo.

– Bueno… sólo estoy un poco preocupado. Es que siempre me estoy lesionando y si sigo así al final me haré algo serio y no voy a poder jugar al baloncesto. El año que viene es el último que me queda hasta que entre en la universidad y si para entonces no he conseguido una beca por eso… No sé qué voy a hacer. – lo miró a los ojos un poco serio para como era normalmente y se levantó, cargando la cortina con la ropa con la otra mano.

– La vas a conseguir... – le aseguró el chico aunque nunca lo había visto jugar pero podía comprender lo importante que era aquello para él. Era la primera vez que lo veía tan serio. – Yo te voy a cuidar este verano para que no te lesiones. Quiero verte jugar.

– Vale… Cuidar no es reñir ¿eh?– le advirtió, sonriendo de todos modos porque se preocupase por él de ese modo. –Cuando juego en clase las niñas me dicen cosas. – se rió y le dio un empujoncito. –Te vas a poner celoso…

– Ya veremos quien se pone celoso... – sonrió orgulloso. No pensaba dejarse ganar por un montón de niñas. – Y no es mi estilo... mejor te premiaré cuando no hagas algo peligroso.

Goro se puso un poco rojo pensando a saber qué y saltando al piso bajo desde el otro cuarto que no era tan alto por el que habían subido. Alzó las manos y cogió a Seki cuando saltaba para dejarlo en el suelo. Le pasó el brazo por los hombros mientras salían y movió un poco la mano al notar que se había hecho daño al bajarlo, no era bueno para andarse con cuidado. –Yo ya me pongo celoso sin motivos… me los invento…

– No tienes por qué. No soy de los que se andan con rodeos, creo que eso ya lo has notado. – se rió, recostando un poco la cabeza en su hombro y recordando luego. – Déjame ver tu mano.

– Sí…– le mostró la mano que empezaba a estar un poco morada por encima de los nudillos. – Es que me duele cuando hago así… – la cerró aguantándose el gesto de dolor. –Me golpeó el mueble en los nudillos pero algo en los tendones también. Espero que sólo sea ahora por el golpe.

– Bueno, no la tienes rota o no la podrías mover, eso lo sé... Pero sí te la has lastimado, aunque seguro que se ve peor de lo que es. – se sacó un pañuelo del bolsillo de los jeans, atándolo alrededor de la herida. – Para que no se te infecte...

– Vale… – sonrió levemente, observando el pañuelo y rodeándole los hombros otra vez. Caminando con él y llevándolo al interior del bosque. – ¿Vamos a dar un paseo? Hasta que se haga de noche no volvemos ¿O crees que deberíamos volver antes para que me vea esto tu padre?

– Creo que sería lo mejor... No quieres preocuparme, ¿verdad? – le sonrió, dejándose llevar así y mirándolo de soslayo. También era muy valiente.

– Bueno… Supongo que tienes razón, volvamos, así podemos cotillear también. Seguro que no nos esperan hasta la noche. – se rió y le acarició un poco la cara con la mano. –Si estoy bien podemos salir mañana por la noche, aprovechando que es viernes… ¿Quieres?

– Claro que quiero... Aún te falta mostrarme la vida nocturna. – se rió, besándole la mejilla. – Oye... ¿crees que los encontremos en medio de algo?

– No sé… preferiría que no, a no ser que sea algo muy light. No quiero ver a mi padre ahí… abusado… Bueno, ya me entiendes, no es que tu padre lo vaya a violar. – se rió enrojeciendo profundamente. – Es que siempre había pensado que mi padre era top y ahora ya… claro, ya estoy seguro de que no.

– Y ¿cómo estás seguro? No... Deja... Ya sé. – se rió, pensando en su padre y en lo imponente que se veía a pesar de que el otro fuese más alto. Tras que era súper hetero... Se rió de nuevo, cubriéndose la boca. – Pero eres un mal pensado, me refería a encontrarlos en medio de su conversación. O tal vez un beso, nada más.

– Ojalá… quisiera ver a mi padre besándose. Me pondría celoso, pero me haría feliz…– sonrió y le dio un empujoncito. – Es que es obvio… Tu padre de pasivo me da escalofríos a mí…

– ¿A quien no? – lo empujó de vuelta, sonriendo. – Tu padre... ¿ha tenido novio antes? Quiero decir... – miró a su alrededor aunque aún ni salían del bosque pero en un pueblo como ese, tan pequeño y tan apartado, no veía muchas posibilidades.

Goro negó con la cabeza. – Sólo mi madre y luego nada más… pobre…– se tapó la boca preocupándose de pronto. – No sé cómo no le da miedo tu padre…

– ¿Por qué le va a dar miedo? Ya te dije... Mi padre es un gruñón pero no es mala persona. Y no le va a hacer nada a tu padre... – se rió pensando que era baka y dando un saltito al escuchar un ruido cerca de ellos.

– Tranquilo, será un conejo…– se quedó en silencio, observando por si lo veía y podía mostrarle a Seki. Entonces escuchó una especie de gemidito y miró al chico que estaba con él. – Suena a un perrito más bien…– le dio la mano y caminó con él por el bosque, buscándolo por si estaba herido. Pero lo que allí encontró no era un perro si no dos cachorritos de lobo y una loba moribunda.

– Goro... – el chico frunció el ceño, afectado, observando cómo los cachorritos lloraban y se empujaban contra su madre que ya ni siquiera podía levantar la cabeza. Había sangre bajo la loba y al parecer se había arrastrado hasta allí. Seki apartó con rapidez su mirada de aquellas extrañas heridas en su lomo, agachándose. – No hay... ¿un veterinario por aquí? – le preguntó a Goro, porque no soportaba ver sufrir a los animales.

– Hay uno pero está en el pueblo de al lado. – Goro le miró la espalda y apartó la mano de golpe cuando la loba gruñó, asustándose. – ¿No puede hacer tu padre nada?– le cogió el morro de golpe y aunque la loba trataba de abrirlo para morderle y apartar su mano con las patas, estaba tan falta de fuerzas que no lo conseguía. Se lo vendó con el pañuelo que le había dado Seki para que no fuera a morderlo y la cogió en brazos. – Coge a los bebés… – le pidió. – No sé cómo alguien puede haberle hecho esto…

– Creí que era un pueblo pacífico... – comentó el chico cogiendo a los cachorros como podía, metiéndolos un poco entre las telas para poder sujetarlos mejor. – Mi padre, sí... no pienso bien cuando... Vamos...

– Tranquilo… no es para menos…– el moreno siguió caminando serio, además se estaba haciendo más daño en la mano pero no podía dejarla allí. – No creo que haya sido nadie del pueblo, no lo creo… es imposible… Sólo son ancianos… ¿Cómo iban a atraparla? Seguro que la cogieron mientras el macho estaba fuera.

– Pues habrá sido alguien del otro pueblo. – comentó, aunque le parecía extraño que vinieran desde tan lejos sólo para eso. – Tranquilos... – murmuró para los cachorritos que estaban bastante inquietos. Apresuró el paso a pesar de comprender que Goro no podría ir tan rápido cargando a la loba. Se ponía nervioso.


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back