.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 12
Weapons of Mass Destruction

– Sí, que ya me tengo que ir... Vale... O.K. Hablamos luego... Que sí, no jodas... – el pelirrojo bajaba las escaleras, ansioso por ver a Goro en realidad, finalmente guardando el móvil al llegar abajo y abriendo la puerta, sonriendo. – Te estaba esperando...

El moreno tiró de él hacia fuera, aprovechando el impulso para besarle los labios. Se rió, llevándolo de la mano y cargando la mochila con la comida en la otra. – ¿Sabes qué…? Aquí radio pueblo…

– No, no sé, dime... – se rió, observándolo. Ese chico podía hacerlo sonreír incluso en con el humor que llevaba antes de abrir.

– Pues…– se rió y le susurró a la oreja. – “Que tu padre y mi padre ayer hicieron cositas…”

– ¿Cómo que hicieron cositas? – lo miró sorprendido, sonriendo malditamente después. – Pues eso explicaría su mal humor...

– Mi padre también estaba de mal humor… Bueno, él más bien se veía deprimido…– sonrió un poco porque de todos modos a él no le pintaba tan mal la cosa. – “Resulta que mi padre besó a tu padre… y a tu padre se ve que le gustó… porque él siguió…”– se rió enrojeciendo infantilmente.

– Y ¿sólo se besaron? – preguntó, abrazándose de la cintura del chico. Sí, seguro que con eso ya le había bastado a su padre. – Pero ¿por qué se deprime tu padre si a mi padre le gustó?

– Hum… no creo que sólo se besaran… ¿no? Son adultos… No lo sé, pero no creo que mi padre tuviese ese cara por unos besos… ¡Y no seas baka!– alzó una ceja y se rió, rodeándole los hombros a su vez y susurrando de nuevo. – “Pues porque tu padre es hetero, claro… y además estaban borrachos y mi padre cree que sólo fue por eso… o por probar…”

– Pues, puede haber sido pero... mi padre no es tan lanzado... No lo sé, aunque empiezo a sospechar... – se rió, preguntándose por qué seguía susurrando si nadie parecía prestarles atención. – Hoy me riñó por lo que sucedió anoche... Me enfadé, pero ahora tiene sentido.

– ¿Lo de la ventana? Mi padre no lo escuchó pero yo se lo conté y no me riñó, creo que se puso contento por mí. – Sonrió y le besó una mejilla aunque un poco cortado. – ¿Somos novios?

– No, no lo somos – respondió con sinceridad, mirándolo luego por la cara que había puesto y suspirando. – Pero podemos serlo... ¿Quieres ser mi novio, Goro?

– ¿Tú qué crees?… – miró adelante molesto y cortado. ¿Para que le decía que le gustaba y ahora eso? ¿Estaba de coña? Pues no tenía gracia.

– No te enfades, Goro... Era broma... – lo abrazó de nuevo, pensando que se veía adorable así. – Goro... me gustas mucho. ¿O crees que le grito eso a cualquiera? Y no soy nada fácil de conquistar...

– Pues entonces sé mi novio…– lo miró rojo y serio, rodeándole los hombros y tocándole un poco el cabello con una mano. – Si es porque nos conocemos hace poco… no me sirve… porque si te gusto… Además… sólo quiero que seas mi novio y no es para hacer guarradas… Yo quiero ir despacio pero no quiero ir de ningún modo si no es con mi novio… y… ya… – desvió la mirada aún más rojo.

Seki le sujetó el rostro, besándolo sin importarle nada, para desmayo de una anciana que pasaba por allí pero el chico continuó, sonriendo cuando se hubo roto el beso. – Goro... ya te dije que sí. Me vuelves loco, jamás he conocido un chico como tú.

Goro lo abrazó contra él con fuerza, sonriendo avergonzado aunque le importaba muy poco la anciana de la panadería en esos momentos. – Te conquisté con mi foto erótica…– se rió para ver si se le pasaba un poco lo emocionado que estaba. Mordiéndose un poco el labio después.

– Sí, eso debe ser... Es una foto mágica... – se rió, sin soltarlo y susurrando luego. – “Pero es muy impresionante...”

– “Ya me parecía a mí que sí…” – enrojeció, riéndose. – Y los de clase siempre diciéndome que era porque yo había crecido antes… ¡ja!... Ya… vale…– lo miró de pronto serio. – ¿Y eso te parece bien, no?

– Me parece perfecto, me gustan grandes... – se rió, bromeando un poco aunque ahora no podía dejar de pensar en esa foto. – Y así que lo tienes más grande que los de tu clase, ¿eh? Me has dado armamento en caso de que molesten.

– ¡No! No quiero que uses mi polla como armamento… Aunque sea un cañón comparado con sus pistolitas…– se rió malditamente y luego se apoyó el dedo en los labios. Notando que la señora seguía mirándolos. – “Vámonos… vamos…”– susurró arrastrándolo aunque no podía dejar de reírse.

– Le tienes miedo a la anciana fisgona... – canturreó, recordando por un momento lo que le había dicho su padre y suspirando. – Oye, ¿qué vamos a hacer con nuestros padres?

– No se… ¿Por qué? ¿Sobre nuestra relación o sobre la suya? – Se rió de pronto y lo empujó un poco. – No le tengo miedo… es que me molesta que me fisgoneen…

– Sólo bromeaba. Y me refería a la de ellos. – se rió, pegándosele de nuevo. – La nuestra va muy bien, gracias.

– Ya pero creía que me preguntabas si les íbamos a decir, porque yo al mío sí… ya me falta el tiempo…– le rodeó los hombro sonriendo un poco más y pensando que iban agarrados como novios. – Pues no sé… ¿Es que no te dije que cuando iba a salir me topé con tu padre en la cocina?

– No, no me dijiste eso. ¿Cómo no me dices eso? Baka... – se rió, empujándolo con suavidad, deseando haber visto eso. – ¿Y cómo se veía? Mi padre... ¿Escuchaste algo?

– No, es que cuando llamó a la puerta mi padre me acababa de decir, porque yo lo convencí… que iría a verlo y entonces pensé que serías tú y como estaba despeinado salí corriendo a vestirme… y eso… y cuando bajé estaba ahí comiendo tortitas como si nada… Fue muy bizarro… Sólo lo escuché decir “¿Qué?” Todo serio, mirando a mi padre. ¿Tú qué crees? Lo conoces mejor… – preguntó inquieto luego de explicar aquello con una narrativa un tanto mareante.

Seki se echó a reír, cubriéndose la boca luego por lo alto que le salían las carcajadas. Si es que ya se lo imaginaba y todo. – Yo creo... que a mi padre le gusta el tuyo y que es un baka... – se rió un poco más, calmándose luego. – Van bien, pero seguro van a necesitar ayuda. Es que te digo, mi padre es un necio, no le gusta admitir nada. Pero si no le hubiera gustado, dudo que hubiera ido a verlo y menos que se sentara a comer tortitas con él.

– ¡¿Tú crees?!... vale… no me emociono aún. Los adultos pueden ser muy necios para admitir esas cosas. – se tocó el labio pensando de nuevo en las cosas que había leído en foros. – Pues a mí me pareció rarísimo que estuviera ahí desayunando como si nada… y encima mi padre había hecho comida de sobra esta mañana… coincidentalmente… hum… no estoy muy seguro de que esa palabra exista.

– No importa, yo entiendo. – se rió de nuevo sujetándole la mano. – Seguro que tu padre estaba nervioso, ¿no? Y el mío también sólo que no lo demuestra. Yo digo que por ahora esperemos, a ver qué hablan ahora. Y si no solucionan nada... tomamos acción.

– Vale… – se rió malditamente, pensando que él tampoco quería que las cosas quedasen así. – ¿Pero… sabes?– dijo más serio.– Se sintió un poco extraño ver a un hombre que no fuese mi padre así… desayunando en la mesa… algo… no sé si me sigues…

– Sí, creo que sí... es un poco extraño supongo... – asintió, comprendiendo. – Pero mi padre es una buena persona, ¿sabes? No es como que llegase un desconocido...

– Ya… pero si no digo eso… es que me recordó un poco… a cuando estaba mi madre… aunque no es porque tu padre se parezca en nada, vaya…– se rió pensando que era imposible que lo comprendiese y negando con la cabeza.

– No, le faltan atributos y le sobran otros... – se rió sin poder evitarlo. – Supongo... que yo nunca he pasado por eso. Más bien lo contrario. Pero... ¿lo dices de buena o mala manera?

– De buena… – sonrió levemente, pensando que sólo ellos se entenderían probablemente. –Es extraño ver a mi padre atendiendo a otra persona supongo… Y supongo que no me gusta que no sea sólo para mí pero también es agradable verlo hacer una vida… en la que yo esté incluido claro…

– Claro que lo estarás... – casi le saltó encima rodeando su cuello con los brazos. – Sólo porque nuestros padres se enamoren, no van a dejar de querernos. Y el tuyo menos, que no es gruñón como el mío.

– Calla… tu padre también te quiere… además el mío tiene muy mal genio… el tuyo es más permisivo…– le sujetó la cintura y se detuvo en el camino para besarlo, entrecerrando los ojos y apretándolo más. Lo abrazó rozando la nariz en su cuello. – Qué bien hueles…

– Gracias... tú también hueles muy bien. Y ya sé que mi padre me quiere... – le acarició el cabello pensando que era especial, demasiado. Incluso lo encontraba peligroso.

– No… que me duermo. – se rió, apartándose para que no le acariciase más el cabello porque lo adormilaba. –A ver si llegamos al despeñadero esta vez. – Le sujetó la mano entrelazando los dedos con los suyos. – Me pregunto qué estará pasando en esa cocina…


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