.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 9
It’s O.K., It’s Just the Wine

Atsushi dejó de reírse un momento para permitir que Okuma le llenase la copa. – Gracias... Hacía tiempo que no me divertía tanto...

El doctor se rió, apoyándose hacia atrás en la manta y bebiendo un poco de su copa. Decía que no bebía pero cuando empezaba, el tío no paraba. Claro que, le parecía gracioso verlo tan desinhibido. – Así que… ¿Qué me estabas contando de tu boda?

– Así que nos preguntaron que cuando venían los hijos... Y Naoko le dice al hombre que si él piensa venir a cuidarlos... Y luego le avisa que pensamos practicar bastante, eso sí... – continuó riendose, bebiendo un poco más. – No sabía dónde meterme...

– A mí me parece simpática. – se rió y bebió hasta acabarse la copa, encendiendo un cigarro y acostándose para ver mejor las estrellas. – A mi mujer había que hacerle una cita con antelación para esas cosas como quien dice…– se rió porque a esas alturas ya le daba igual. – Debí serle infiel. – le dio una calada al cigarro aún sonriendo.

– No deberías pensar esas cosas... – sonrió, calmándose un poco y suspirando. – Soy un poco anticuado. Creo que lo mejor es ser sincero... Aunque puedas lastimar... Ser sincero...

– Los matrimonios no son para ser sincero. “¿Crees que he engordado?” Yo “No… estás muy bien” Si dices que sí… a dormir en el sofá… bueno yo la hubiera mandado a ella al sofá, creo que no soy una persona de fácil convivencia.– lo miró, pensando que él y su hijo parecían como de otro mundo. Siempre tan amables… Claro que allí no había por qué estresarse o algo así.

– Supongo que por eso era tan fácil con Naoko, no había segundas intenciones. Sólo vivíamos juntos... –se rió de nuevo, simplemente porque tenía ganas. – No puedes estar enviando a las mujeres al sofá... Qué duro, Okuma...

– Ay… que les den, mi columna se resiente tanto como la de ellas. – se rió, pensando que ya ni esa caballerosidad le quedaba. – Al principio crees que te casas por amor, y al final te acabas casando como si fuera un contrato más. Y te acabas acostumbrando a pagarle los caprichos como si fuera parte de la hipoteca… sólo que sirve para menos cosas que una casa. – se rió, sirviéndose un poco más de vino y sujetando la copa con la mano que llevaba el cigarro. –Bebe más, Atsushi, que este vino ya se pierde si no.

–Vas a terminar teniendo que cargarme hasta casa... – le sonrió, haciéndole caso de todas maneras. – Nunca he conocido a nadie como tú. La gente de aquí es muy... reprimida, supongo. – se rió, bebiéndose casi toda la copa.

– Tranquilo hago pesas… y ya he cargado con otros antes.– Okuma se rió al ver cómo se bebía la copa. –Tampoco creas que todos en la ciudad son tan… chulos como yo. Es sólo que supongo que estoy harto de demasiadas cosas, estresado.

– ¿Sí? Yo también... estoy harto... – suspiró observándolo, pasándose una mano por el cabello, echándolo hacia atrás. No estaba pensando con claridad.

– ¿De que? ¿Del pueblo? Creía que te gustaba y todo eso. – sonrió de medio lado, recordando lo que habían hablado y dejando caer la ceniza a un lado, llevándose de nuevo el cigarro a los labios. – No tiene nada de malo, tú también puedes cabrearte o cagarte en todo. Te sentirás mejor.

– ¿En serio? Pero no estoy cabreado y me gusta el pueblo. Es sólo que me canso... – se giró hacia él, observando su rostro. – Tal vez debería ponerme a gritar, así todos dirían que he perdido la razón...

Okuma se rió y le dio otra calada al cigarro, dejando que colgase de sus labios mientras hablaba. – ¿De qué te cansas?– preguntó de nuevo, pensando que había que sacarle las cosas a la fuerza. – ¿De estar solo?– aventuró.

– Sí, en parte... – se acercó un poco más, observando sus ojos, un poco sonrojado.

El doctor se quedó donde estaba, en parte porque no iba a retroceder y en parte petrificado, dejando salir el humo entre los labios y preguntándose qué pasaba con él, si es que era homosexual también o qué.

– Okuma... creo... que estoy ebrio... – le confesó sonriendo y atreviéndose sin pensarlo más, sujetándolo por la nuca para colocar sus labios sobre los del médico, cerrando los ojos.

Okuma se quedó sin moverse un milímetro y por supuesto sin ceder al beso, empujándolo un poco de pronto. – Yo no soy homosexual.

– No, claro que no. Lo siento... – se retiró, sintiéndose algo más que rojo y desviando la mirada. – Supongo que me pasé... Yo no soy así...

– ¿Así, cómo? ¿Gay?– preguntó el hombre que seguía alterado.

– No, sí soy gay... – se rió sin poder evitarlo, aunque seguía avergonzado, pero no tanto como lo iba a estar a la mañana siguiente. – Esto no es lo que quiero... No quiero... lanzarme sobre alguien sólo porque lo encuentre atractivo... Mucho menos si es hetero, eso sólo es estúpido.

– Es normal, eres un hombre. Tendrás tus necesidades como cualquiera. – Okuma lo observó, debía ser horrible ser gay y estar allí encerrado. Ya no sabía ni qué pensar, jamás lo hubiera imaginado de él.

– No, no soy yo... – lo miró de soslayo, sonriendo de nuevo. – ¿Te asusté? Sabías a vino...

– Claro que eres tú. Sólo que ahora no puedes controlarte, deja de reprimirte. – le apoyó la mano entre las piernas sin saber muy bien qué demonios estaba haciendo. Apretando sus genitales sobre los jeans.

– ¿Qué? No... ¿No eres hetero? – lo miró, sorprendido, sintiendo un calentón recorrerle el cuerpo desde esa zona. Pues así se iba a controlar mucho menos.

– Claro que lo soy. – le tapó la boca con la otra mano y masajeó su sexo haciendo que se irguiese, siguiendo el contorno con su mano y mirándolo de soslayo. Nunca había pensado que un hombre pudiera reaccionar así a las caricias. Atsushi estaba temblando.

El moreno gimió suavemente contra la palma de su mano sin retirarla siquiera. De pronto no quería dañar el momento. Claro, ¿y cómo iba a querer? Se estremeció, mirándolo a los ojos, sintiendo su sexo apretado contra los pantalones.

Okuma apartó la mano de su sexo y tiró de su camisa, sacándosela por fuera y subiéndosela junto a la camiseta por encima del pecho. Tenía un buen cuerpo, marcado y de piel pálida, no podía negar que comenzaba a excitarse. Le golpeó los pectorales con la mano y la arrastró por su abdomen, alzando la vista a sus ojos y respirando excitado mientras tiraba del cinturón de aquel hombre, bruscamente. Era un hombre… ¿para qué andarse con remilgos ridículos? – No pensé que los relojeros tuvieran cuerpos así. – le dijo muy serio porque seguía sin saber qué hacía, tal vez el alcohol le había quemado las neuronas al fin.

– Me gusta... dar paseos... –le respondió, bastante confundido por su actitud y diciéndose a sí mismo que debía detenerlo, pero no era capaz de hacer que su cuerpo le respondiera como no fuera para excitarse más. Lo ayudó, bajándose los pantalones un tanto a las prisas y colocando sus manos sobre el pecho del médico, preguntándose si lo iría a empujar de nuevo.

Efectivamente el moreno lo volvió a tumbar sobre la manta y tiró de su ropa interior, sacándosela también y observando cómo se enganchaba en su sexo. Era grande, bastante grande en realidad. Lo sujetó del brazo para girarlo hacia él y le tocó la espalda con la mano, palpando sus músculos y apretándolos, bajándola hasta sus nalgas. Las golpeó con la mano, apretándoselas y sintiéndose más excitado, apoyándose en una mano para erguirse un poco y verlas mejor, tenía las piernas musculadas y las nalgas duras de caminar. No lo comprendía muy bien, pero le excitaba aquel cuerpo tan masculino.

Atsushi miró de manera un tanto indirecta, su respiración entrecortada. Jamás había hecho algo así con otro hombre por más que lo hubiera fantaseado. Se sentía bastante descontrolado y no era sólo por el vino. Bajó su propia mano a su sexo, tocándose, tratando de no gemir muy alto.

Okuma miró hacia abajo, observando su rostro agitado y escuchándolo gemir, jamás había imaginado que pudiera poner una voz así, excitarlo de ese modo. Le pasó la mano por las piernas y le alzó una, separándoselas y quitándose las gafas, dejándolas a un lado. Observando cómo su ano se contraía sólo con aquello. ¿Así que esto era lo que le gustaba a Atsushi? Era pasivo claro… si no, no estaría dejándose tratar así, no lo creía al menos.

– Okuma... no tienes que seguir... si no quieres... – murmuró, aún moviendo la mano sobre su sexo, sintiéndose como nunca. Sonrió, sintiéndose estremecer de nuevo y tentado a tocar el sexo del médico pero seguro era demasiado pronto.

El moreno lo miró a los ojos excitado, preguntándose si creía que estaba haciéndole un favor o algo así. Sonrió de medio lado como toda respuesta, estaba sudando. Soltó su pierna y echó el brazo atrás para quitarse la camiseta. Pasándole la mano por el pelo y aproximándolo a su pecho. Revolviéndoselo con fuerza y apretándolo entre los dedos.

– Okuma... –sonrió de nuevo el moreno, abrazándose a él y lamiendo su pecho, sintiendo su sabor sin cohibirse ahora, deteniendo el movimiento sobre su sexo para permitir que sus dedos delineasen el contorno del sexo de Okuma.

– Hmpf… – se aguantó el jadear y lo tenso que se había puesto al sentir aquel tacto, mordiendo un poco aquel cabello negro y rozándose la cara contra él, mirando entre ellos después. – ¿Te gusta?– se abrió los jeans y dejó salir su sexo, sintiendo cómo se erguía aún más al sentirse liberado, le sujetó la mano y la apretó sobre él. – ¿Así de gordas?– era increíblemente grueso y estaba como un hierro candente.

– Así... de gordas... – se rió Atsushi,masajeándola, sintiendo que la suya pulsaba con más fuerza aún tan sólo por aquella sensación en su mano. Se pegó un poco más a él para que pudiera sentir su sexo ya habiendo olvidado todo acerca de si era gay o no. No le interesaba en ese momento.

Okuma se inclinó sobre él y le susurró al oído. – “¿Y qué esperas para metértela en la boca?”

– “¿Puedo?” – sonrió el moreno, bajando por su cuerpo sin dejar de lamerlo hasta llegar a su sexo. Se lo metió por completo en la boca, succionando con fuerza. Jamás había tenido una sensación igual.

– Oh…– Okuma se apoyó en un codo, observándolo y apretando las mandíbulas, moviendo las caderas con suavidad y empujando su sexo dentro de la boca del otro. –Dios…– cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás y disfrutando de aquello como nunca. Era como otro mundo, un hombre… sabía lo que otro hombre disfrutaba mejor que nadie. Estiró un brazo mirándolo de nuevo y enredando los dedos en su cabello, moviéndole la cabeza un poco, Atsushi succionando aún más, moviendo su lengua guiado por el instinto.

Realmente estaba disfrutando aquello. Era mejor que un millón de películas pornográficas y una cita con su mano. Podía sentir cómo su propio sexo goteaba, empapado en sus propios líquidos, su cuerpo entero reaccionando.

– ¡Ahg!… Para… Espera… – sacudió la cabeza un poco, entre la borrachera y lo atontado que estaba por la excitación. Se levantó haciéndole una seña para que no se moviese de ahí y agachándose tras él. Le daban unas ganas terribles de metérsela hasta el fondo pero algo lo detenía. Le escupió entre las nalgas y deslizó los dedos por la saliva, directamente metiéndolos dentro de él, no era como que no estuviese acostumbrado a hacer aquello pero ahora mismo su sexo palpitaba rozando una de las piernas de Atsushi. Movió la mano, haciendo que sus dedos lo penetrasen y rozando dentro de él, moviéndolos en círculos, jadeando a su espalda por el esfuerzo de cómo movía su mano, apoyando la otra en su cadera y haciéndolo moverse también contra ella.

– Okuma... voy a... – le advirtió, temblando violentamente, su sexo completamente erguido. El calor en su ano era intenso, no era que nunca hubiera probado aquello pero el sentir los dedos de Okuma moviéndose en su interior. Se sentía incluso mareado.

Okuma sujetó su propio sexo, masajeándose abruptamente y apretando más los dientes, respirando entre ellos, rozando la punta contra las nalgas del moreno constantemente como si eso lo prendiese aún más. – Vamos… córrete… – le animó, jadeando y apoyándose en una rodilla nervioso, desesperado por la llegada del orgasmo. – Oh… humpf…– movió la otra mano aún más profundamente en el hombre, le excitaba como nada aquel calor y esa presión. El semen salió de su sexo caliente, mojando las nalgas de Atsushi y haciéndolo rozarse contra ellas como si no hubiera nada mejor en el mundo, no podía dejar de jadear.

– Ah... ahj... – jadeó el moreno, corriéndose a su vez sin poder controlarse al sentir el semen caliente mojándolo, su sexo aún rozándose contra su piel mientras los dedos continuaban moviéndose en su interior. Era como si se estuviera quemando por dentro pero no era una sensación desagradable. En realidad, era lo mejor que había sentido en su vida.

El otro retiró los dedos despacio de dentro de él, aún masajeando su sexo, deslizando la punta entre sus nalgas y por encima de aquel ano que se sentía ardiendo, estremeciéndose un poco y mojándolo de semen. Apartó las manos por fin y las apoyó en las nalgas de Atsushi, frotándoselas y acostándose sobre él cansado, haciéndolo estirarse en la manta sobre su propio semen. No podía creerse lo que acababa de hacer con un hombre, no… Con el padre del amigo de su hijo… Pero estaba demasiado cansado, satisfecho y borracho como para lamentarlo, se habría quedado dormido allí mismo de haber podido.

– Okuma... estoy... – murmuró Atsushi aún estremecido y bastante agotado también gracias a la emoción y al alcohol. No podía creer que se hubiera atrevido a algo así pero no se arrepentía. Había sido increíble y de hecho, aún lo era.

– ¿Qué?... – se echó a un lado, cerrándose los pantalones por si acaso y sujetándole las nalgas con una mano, apretándoselas y pegándole una nalgadita antes de pasarle la camiseta por encima para limpiarlo. Después de todo había sido él quien no había puesto cuidado alguno con correrse en otro lado.

– Feliz... satisfecho... – se rió por su manera de preguntar. Realmente le gustaba el médico. Sabía que era una tontería, era hetero aunque... luego de lo que acababan de hacer... – ¿Aún queda vino?

Okuma que estaba serio o más bien concentrado en sus pensamientos, de pronto se rió y cogió la botella, meneándola un poco y vertiendo lo que quedaba entre sus labios. – Sólo eso…– se pasó las manos por el cabello desde la nuca, revolviéndoselo y apoyando los brazos sobre las rodillas. Cogió un cigarro y lo encendió, pensando en lo que dirían como lo vieran paseándose sin camiseta y borracho por ahí. Seguro que preferían morirse a que les pusiera una tirita. Se rió entre dientes, aquello era demasiado bizarro. Acababa de asimilar la homosexualidad de su hijo y por poco lo hacía con un hombre. Estaba confundido… eso por lo menos.

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