Capítulo
7
A la Salud de las Cigarras
– ¿Crees que aún estarán limpiando?
Qué pereza... – Seki se giró sobre la cama del
chico, mirando aquellas paredes llenas de posters. – No creía
que tu cuarto fuera así...
– ¿Y qué imaginabas?– se quedó
en el medio de la habitación, botando la pelota de baloncesto
y pensando que era un rollo no poder jugar.
– No lo sé, un lugar bien ordenadito... O tal vez
una foto de un tractor o algo... ¡No me mates! – se
cubrió con una de sus almohadas.
– ¡Baka!– le lanzó un peluche a la barriga,
enrojeciendo profundamente. – Soy normal, ¿sabes? Quiero
ser jugador de baloncesto… no plantar patatas…
– Ya, ya, no es mi culpa. Eres el primer chico de pueblo
que conozco. – se rió descubriéndose el rostro
de nuevo y sujetando el peluche, besándole los labios, riendo.
– Encantador, como tú.
– Deja de meterte conmigo…– se giró de
espaldas y lanzó la pelota a la cesta de basket que tenía
en la pared. – No soy un crío ¿sabes? Sólo
me sacas un año… bueno… algo más…–
dedujo al pensar que el chico ya estaba en la universidad y a él
aún le quedaba un año de instituto. – ¿Tienes
alguna afición?
– ¿Afición? Hum... Juego videojuegos aunque
no mucho. Y me gustaba ir de karaoke... – lo miró,
sonriendo. – No eres un crío... no quise tratarte como
a uno.
– Pues deja de decir que soy encantador… me parece
que me tratas como si fuera idiota…– murmuró
igual de rojo y preguntándose si se enfadaría con
él por protestar.
– Claro que no, yo no paso mi tiempo con idiotas... Mira...
– sacó su móvil abriéndolo y tomándole
una foto, tarareando alegremente. – Es que me gustas, es todo...
¿Qué te digo?
– Eso no…– se rió, avergonzado y sentándose
en el colchón con él. – Yo no tengo móvil…–
le cogió el teléfono y le borró su foto, riéndose.
– ¿Puedo ver qué fotos tienes?
– Puedes ver, pero ya me debes una... – lo miró
de soslayo, pensando que realmente había querido tener su
foto y se sentó junto a él mostrándole. –
Tocas eso... y luego allí.
– Vale…– se puso a mirar las fotos que imaginaba
debían ser de sus amigos, todos muy fashion o muy raros también,
con el pelo muy estiloso y ropa extraña. Él los encontraba
a todos atractivos, independientemente de si eran guapos o no, porque
algunos si te fijabas… – ¿Van contigo a la universidad?
– La mayoría sí, pero algunos son de la escuela...
– contestó, recostándose en su hombro. –
Aunque se va perdiendo el contacto...
–Ya…– lo miró de soslayo, poniéndose
nervioso y tratando de disimular. – ¿Dónde conociste
a tu ex novio?
– En la universidad... No va en mi clase, gracias al cielo.
– suspiró, pasando la mano por su flequillo.
– ¿Es más mayor?
Seki asintió, quitándole el móvil de las manos.
– ¿Quieres verlo? Siempre olvido borrar su foto...
– Sí, vale…– cogió un cojín
y se lo puso en la espalda para apoyarse atrás contra la
pared.
–Aprovecha porque pienso borrarlo luego de que lo veas. Me
enfada ver su rostro. – le aclaró, buscando y frunciendo
el ceño al encontrar la foto del atractivo rubio que sonreía
como si te hiciera un favor.
Goro lo miró, pensando que se veía muy atractivo
y con mucho estilo, no se parecía a él en nada claro…
Se la borró y se lo devolvió. – Tiene cara de
chulo…
– Lo es... ya te dije, es un idiota... – sonrió,
dándole un beso en la mejilla a Goro. – Gracias...
– Así no te enfadas mientras la borras… ¿te
puso los cuernos?– preguntó sin percatarse de si aquello
no era un poco delicado de más.
– Sí... pero en realidad... – bajó la
cabeza, preguntándose qué tenía ese chico que
lo impulsaba a decirle aquello. Tal vez era porque no lo conocía
de nada. – Lo escuché hablando de mí con sus
amigos... Sólo le interesaba mi cuerpo. Realmente... era
él quien iba a romper conmigo.
– Lo siento…– Goro lo abrazó con suavidad,
pensando que se había pasado preguntándole todo eso
aunque ahora pensaba que seguro que le seguía gustando aún.
– Pero era un idiota… cuando hablo con otros tíos
en internet… bueno todos me dicen que eso de las parejas es
para heteros…
– ¿Tú lo crees? – lo miró, un
poco avergonzado de haberle confesado eso. – Eres el único
que lo sabe, es demasiado vergonzoso... Pero, la verdad es que cuando
te enamoras, quieres que la otra persona te quiera, ¿no es
así?
– Sí, claro… yo no creo eso, por eso me vacilan
también… No sé que cambia porque no seamos heterosexuales…
¿es que un hombre sólo puede amar a una mujer? Eso
no tiene sentido… y tampoco las subnormalidades de que los
hombres sólo siguen con sus mujeres por los hijos, la casa
y demás… Si tienes una relación seria con un
tío también tienes cosas en común… tal
vez hijos no… pero amigos… ¿un perro?–
se rió, tratando de animarlo y soltándolo.
Seki se rió mirándolo. – Adoptemos un perro,
Goro-kun. Me gustan los perros, debería tener uno... –
meditó luego ya en serio. Un perro sería muy feliz
en un lugar así, pudiendo correr a sus anchas sin peligro
de que lo atropellasen. – ¿Tú no piensas que
soy un tonto?
– ¿Por qué?– lo miró a los ojos
sin comprender por qué debería pensar eso. –
A mí me agradas, salvo cuando te metes conmigo… No,
eso también me gusta… depende…– se rió,
enrojeciendo y dejándose caer hacia atrás en la cama.
–Yo también quería un perro… así
no me sentiría tan solo… pero aquí nunca vi
ninguno…
– Tal vez cuando vayamos a Tokio podamos conseguir uno y
traerlo, ¿no? Falta mucho... – suspiró como
si fuera de urgencia tener un perro ahora. – Mi madre no me
dejaba tener animales, decía que lo ensuciaban todo... Pero
ella todo lo apesta con su perfume. – se rió con su
propia maldad, abrazando a Goro de pronto.
– Es que las mujeres tienden a ser apestosas…–
se rió el moreno, levantándose de la cama y sujetándole
la mano para que se levantase con él. – Ven, voy a
preparar la cena que seguro que mi padre está cansado de
limpiar… ¿te importa?– bajó con él
por las escaleras sin soltarle la mano, acariciándola un
poco y pensando que era suave, sólo eso ya le hacía
sentirse acalorado. – Seguro que mi padre sí me dejaría
tener un perro.
– Sí, yo creo que el mío también. Se
ve un poco como un perrote, ¿no crees? De esos que te miran
y te gruñen todo el tiempo pero en realidad son suavecitos
por dentro... – se rió, dejándose llevar. –
¿Sabes cocinar? Yo apenas sé freír huevos y
los acabo quemando casi siempre.
– Sí que sé… más o menos, algunas
cosas que me gustan, no creas que soy un chef o algo así…–
se rió pensando que todo el mundo sabía cocinar allí
al menos para apañarse. – Pero voy a hacer una pizza…–
le soltó la mano al entrar en la cocina y cogió la
harina y la levadura. – Tú eres un neko…–
se rió porque lo estaba diciendo con todo el sentido de la
ambigüedad.
– Sí lo soy... – le respondió de la misma
manera, apoyándose con ambos brazos en la mesa y observándolo.
– Nunca he comido pizza casera...
– ¿A tu padre le gusta? Si no, hago otra cosa…–
se lavó las manos y cogió un recipiente, sonriendo
levemente, feliz de que hubiera acertado en su conjetura, también
había sido uno de los motivos por los cuales había
querido ver la foto de su novio.
– No, haz la pizza. Yo quiero comérmela. A mi padre
seguro que le gusta cualquier cosa que no tenga que hacer él...
y que no haya hecho yo. – se rió, moviendo un poco
el culo y observándolo. Por alguna razón, le parecía
increíblemente atractivo verlo hacer esas cosas.
– Vale…– sonrió levemente, un poco incómodo
por sentirse tan observado y mezclando la levadura con la harina.
– Si mi padre accede a venir a la ciudad cuando os acompañemos…
¿Podemos llevarlo con nosotros?... Seguro me riñe
todo el tiempo pero…
– No importa... será divertido. Mientras más,
mejor. – sonrió, asintiendo y sentándose por
fin aunque sin dejar de mirarlo. – Tal vez incluso podamos
ayudarlo un poco con su estilo, ¿no? Le conseguimos novio...
– Su estilo no tiene nada de malo. Para que lo sepas tiene
muy buen cuerpo. Lo que pasa es que con esas camisas no se le nota…
y tiene un lunar en la nalga. Se lo he visto…– se apoyó
un dedo en la mejilla, riéndose y manchándose un poco
de harina antes de volver a la masa. – Me pregunto si es pasivo
o activo. Yo creo que es activo pero sólo porque es muy grande
y porque es mi padre…
– Pues no lo sé pero le gustó mi padre... Y
en ese caso yo diría que es pasivo, ¿no? Aunque mi
padre no sea gay. Lástima. – suspiró realmente
deseando que lo fuera. – Y a eso me refería, a su estilo.
Otro tipo de ropa... Algo que le marque más el cuerpo.
– No se lo pondría. Es un cabezota. Seguro que diría
que se ve ridículo o algo así…– envolvió
la masa en un paño húmedo y la guardó en la
nevera mientras cogía tomates para hacer la salsa. Los cortó,
pensando que ojalá lo fuera también. –Sí,
ojalá lo fuera y así os quedabais aquí. –
Se rió y se acercó más a él mientras
picaba los tomates. – “Mi padre nunca ha estado con
un hombre… pero no digas nada…”
– No iba a decirlo... – se rió, preguntándose
si pensaba que era tan indiscreto. – Pero es comprensible,
aquí... como que nadie quiere tener hijos, ¿no? Porque
con la población de jóvenes que hay...
– Es que son todos viejos y los hijos… como comprenderás
se fueron a la ciudad en cuanto consiguieron trabajo ¿no
lo harías tú?– se encogió de hombros
y suspiró. –Pero no es sólo por eso… es
porque tiene miedo. Estoy seguro… Yo no creo que él
esté haciendo nada por tener a alguien. Claro que tampoco
quiere sexo o algo así. Es un romántico creo yo. –
se rió.
– Bueno... eso no me parece mal, aunque yo no hubiera podido
esperar tanto. ¿Seguro que es gay? – se rió,
molestándolo y robándole un trocito de tomate para
metérselo a la boca. – Yo me hubiera ido también.
¿Tú no quieres irte, Goro? Digo definitivamente.
– No lo sé. Me gusta estar aquí, pero tampoco
puedo comparar… No me voy sin mi padre. – sentenció
después, mirando la salsa y echándola en una sartén.
–Y sí es gay pero no es un pendón. – frunció
el ceño un poco, en realidad a él le molestaría
que su padre hiciera cosas así.
– No dije que lo fuera, ¿te ofendí? –
alzó un poco una ceja estudiando su expresión. Tal
vez empezaba a molestarle que fuera tan directo. – A mí
me parece agradable tu padre...
– No… pero es que no quiero ni pensar que mi padre
se enrollase con cualquiera. Antes le dije que si quería
que lo besara…– se puso rojo y revolvió más
la salsa. – Se lo dije por impulso, porque me daba cosa que
yo sí hubiera besado a alguien y él no, después
tenía miedo de que me gritase… pero se rió…
– Pues tiene mejor carácter que el mío. Le
voy a preguntar si quiere que lo bese... – sonrió con
una expresión maldita en el rostro, tomando nota mental de
aquello. – Y lo sé, a mí tampoco me gustaría
que mi padre viniera a casa con una tía de esas... bueno,
no es como que lo haya visto con una nunca. Pero anoche se quejó
de que no había ni prostitutas aquí.
– ¡¿En serio?! Vale… ya no lo quiero para
mi padre.– se rió y cogió la masa de nuevo,
extendiéndola por la mesa y estirándola. – Qué
guarro tu padre… a mí me dan asco y no lo beses.
– ¿Por qué no? Si es mi padre... – se
rió, encendiendo el móvil y poniéndose a jugar
con el mismo. – Luego dijo que era broma pero no sé...
Quisiera conseguirle a alguien que valga la pena. Sé que
no le gusta estar solo aunque me lo oculte...
– Bueno… pero es que no puedes encontrar a alguien
que valga la pena así como así y porque no, porque
quiero que me beses a mí y no a él. – se rió
enrojeciendo y poniendo la salsa sobre la pasta, girándose
para abrir la nevera, viendo qué podía echarle.
– Pero sólo era un beso de broma. Además, mi
padre se escandalizará y no habrá ningún beso.
– se rió, siguiéndole la pista a sus nalgas
y como se movían mientras rebuscaba. – ¿Estás
enamorado de mí, Goro? O ¿es sólo que te gustó
mi beso?
– Me gustas tú… no fue por el beso… aunque
sí que me gustó que no soy idiota…– empezó
a cortar trozos de salchicha y de piña, regándolos
por la pizza luego de echarle el queso. – Pero no sé
si estoy enamorado de ti, no te conozco bien y además...–
le lanzó un trozo de salchicha y se rió. – Eso
no se pregunta.
– Pero entonces, ¿cómo lo voy a saber? –
se rió el chico aliviado. Le agradaba mucho Goro, pero le
daban pavor los compromisos, especialmente luego de lo que él
veía como un estruendoso fracaso.
– No te hace falta saberlo, ¿para qué querrías
saber eso, eh? Si luego a ti no te gusto te sentirás mal
y yo también. – abrió el horno y la metió
dentro, limpiando lo que había manchado. – Tú
eres mi tipo… por eso… y nunca había visto a
alguien como tú en persona.
– Pues aquí estoy. – se rió, poniéndose
de pie y acercándose para limpiarle un poco la harina que
tenía por encima. – No eres tan ingenuo como yo pensaba.
Eres muy inteligente, Goro.
– Pues no soy idiota… ¿Desilusionado?–
lo miró serio y se limpió la cara él. –¿Sabes?
A veces creo que haces esto para atacarme.
– Estás equivocado. A mí me gusta cómo
eres. – le sonrió, conteniéndose de besarlo
por una vez. No quería que pensara que lo estaba molestando
de nuevo. – Ya ves, yo no soy tan inteligente tampoco.
– ¿Por qué? Yo soy bueno. – sonrió
de pronto, percatándose de que así parecía
un lobo con piel de cordero.
– Qué miedo... – bromeó el chico, alejándose
de nuevo, no sin antes deslizar un dedo por su nariz. – A
mí me engañaron con facilidad. Tú mides cada
paso, ¿no?
– No sé de qué hablas. – el moreno se
tocó la nariz confuso. – No mido nada… No sé
qué quieres de mí…– se rascó un
brazo, enrojeciendo un poco y pensando que a pesar de que llevaban
el día juntos acababan de conocerse. Le gustaba mucho pero
le parecía como si no estuviese todo bien.
– No quiero nada de ti... sólo decía que...
– suspiró, preguntándose cómo alguien
podía tener esa mezcla entre ingenuidad y sabiduría
tan marcada. Era como si una parte no se diera cuenta de la otra.
– No importa, sólo que me agradas. No te preocupes...
– No… sólo estaré rayándome con
eso… sin parar…– se rió un poco preocupado.
– ¿Estás molesto?– se giró al notar
que entraban los mayores en la casa. – ¡Estamos en la
cocina!– avisó, saltando un poco como si los hubiesen
pillado haciendo algo.
– Y ¿qué es ese olor tan maravilloso? –
preguntó Atsushi entrando en la misma y yendo junto a su
hijo, abrazándolo por detrás. – No me digas
que te pusiste a hacer pizza. Lamento no haber regresado antes.
– A saber qué hacías…– se burló,
sacando la lengua y sujetándole un brazo. –Hice Hawaiana
¿le gusta, sensei?– se giró para verlo aunque
no se le pasaba que Seki no le había contestado.
– Sí, me gusta cualquier cosa casi…– le
pellizcó el culo a su hijo y se sentó en una de las
sillas, sintiéndose un poco molido con tanto cambio de ambientes.
– Limpiábamos y luego fuimos al lago... Padre –
lo molestó Atsushi sentándose también. Lo cierto
es que se sentía un poco culpable por no haberse encargado
de la comida. – No me irás a castigar, ¿o sí?
– “No estoy molesto” – susurró Seki,
sonriendo y yendo a sentarse junto a su padre. – ¿Me
extrañaste?
– La verdad no…– el moreno lo miró de
soslayo y le apretó un muslo, besándole una mejilla
y sintiéndose incómodo, pero era su forma de disculparse
por haber actuado de ese modo ante sus sentimientos. Se apartó
un poco y volvió a su cigarro como si nada.
– No te castigo…– Goro se rió y sacó
la pizza del horno. – Pero luego no me riñas si vuelvo
tarde del lago con Seki.
– A ver cómo de tarde. – sentenció de
pronto Okuma, tenso.
Seki lo miró, sorprendido. Si en la ciudad se quedaba hasta
la madrugada a veces... – Sólo vamos a nadar, papá...
Atsushi se levantó para ayudar a su hijo a poner la mesa,
tratando de aguantarse la risa.
– Pues sí… – Goro se rió aunque
enrojeciendo, temiéndose que Seki y él habían
sido el tema de conversación por la tarde. – Por mí,
como si venís…
– No, no… Que voy a hacer beber a tu padre. No puede
ser que se dedique a arreglar relojes por las noches. – se
rió Okuma bromeando, en parte porque si le tentaban demasiado,
acababa él mismo en el lago.
– No tiene nada de malo... – se rió Atsushi
enrojeciendo un poco y colocando un plato frente al médico,
Seki mirándolo y sonriendo, comentando a propósito.
– Ah... es una lástima que aquí no tenga cerveza...
– ¿Para qué? Yo no quiero estar aguantando
a un tío borracho. – Goro le sacó la lengua
y Okuma se rió.
– Así, Goro… haz de mi hijo una persona digna…–
se burló.
Atsushi se echó a reír, negando con la cabeza. –
Digna pero desesperante...
– Que no tiene nada de malo... – protestó Seki,
mirando al chico. – ¿No te sientas, Goro?
– Sí…– el chico se sentó luego
de poner la pizza en una bandeja y se sirvió agua. Se sentía
extraño no estar solo con su padre, pero también era
agradable el ruido de la gente hablando. Casi le recordaba un poco
a cuando estaba su madre, aunque no porque el ambiente fuera él
mismo. – Y sí tiene mucho de malo, el alcohol es malo
para el cuerpo y para las neuronas… y seguro que eres tan
bajo por eso…
– No, es tan bajo porque no come nada y porque su madre es
baja…– le defendió su padre, que también
bebía lo suyo. – Además el alcohol es bueno
en su medida.
Atsushi le cubrió los oídos a su hijo por molestar
un poco. – No, para Goro. Aún no... – sonrió,
sentándose por fin a su lado.
– Yo como lo suficiente... – suspiró el chico,
sintiéndose completamente incomprendido por todos en esa
mesa.
– A mí me gusta tu cuerpo, Seki. – Goro le sonrió
y le dio con un pie al ver la cara que tenía. Okuma sintiendo
casi un aguijonazo con aquella sinceridad del chico.
– Pues no me digas bajo... El jugador de baloncesto aquí
eres tú. – protestó, aunque sonriendo un poco.
– No hasta que se te cure esa pierna... – le advirtió
su padre, empezando a cortar la pizza ahora que ya estaba a mejor
temperatura.
–Ya… ya sé…– protestó el
moreno, empezando a comer y en realidad dándose un poco de
prisa para poder irse con Seki. No es que no le gustase estar con
los demás pero ahora mismo, el chico le despertaba demasiada
curiosidad. Además quería preguntarle otras cosas.
– ¿Papá, es verdad que te vas a emborrachar?
– Claro que no... – contestó por poco conteniéndose
de gritarle de nuevo, enrojeciendo. – No, sólo vamos
a beber unas copas.
Seki se rió en bajito, notando la cara del moreno y apresurándose
en comentar. – Esto está delicioso. Si pones una pizzería
así, seguro es un éxito.
– Pero yo quiero jugar al baloncesto, no hacer pizzas…–
se rió y bebió un poco más, levantándose
para beber leche de la botella a morro de nuevo.
– Que no hagas eso... Goro... – Atsushi suspiró,
poniéndose de pie, y entregándole un vaso. –
Lo siento, ¿quereis algo de beber? Tengo otra botella de
leche, por si quereis... Cerrada aún.
– Yo prefiero agua, me cae pesada la pizza con leche –
pidió Seki, pensando que en realidad no le gustaba la leche
pero no quería ofender.
– Papá… es que ya quedaba muy poco… ¿Ves?–
se bebió lo que quedaba a morro igualmente separándose
unos pasos por si le caía una colleja mientras se la acababa.
– Ala…– la tiró a la basura aún
riéndose y sentándose de nuevo. – Va…
acaba que me quiero ir…– le metió prisa.
– No vais a meteros en el agua así justo después
de comer, os sentará mal…– Okuma le sujetó
la muñeca a su hijo como para que se lo tomase con calma.
– Debe ser un rollo que tu padre sea médico…
es como mi padre con los relojes digitales…
– Tú tienes uno, ¿no? No molestes... –
protestó Atsushi, aunque no le gustaba nada ese aparato.
Por lo menos podría haberse comprado uno de cuerda.
Seki suspiró. – Es un dolor de trasero, pero lo quiero...
– se terminó su trozo de pizza, dándole luego
un beso a su padre en la mejilla y poniéndose de pie para
ir con Goro.
– Okuma tiene razón. No vayaís a meteros en
el agua enseguida. Goro... – lo miró su padre como
advirtiéndole.
– Que sí, papá… Y tú no bebas
mucho… que luego…– se rió metiéndose
con él un poquito y abrazándolo desde atrás,
besándole la mejilla. – Vamos, Seki. – le sujetó
la mano y se lo llevó hacia fuera, preguntándole en
la puerta de la casa justo después de cerrar. – ¿No
cogemos un bañador?
– Antes no necesitamos uno... – se rió el chico,
siguiendo sus propios instintos y echando a correr.
Atsushi suspirando dentro de la casa. – Estos chicos...
–Ya…– Okuma suspiró, echándose
hacia atrás en la silla y cogiendo un cigarro. – Me
sentía más cómodo cuando no lo sabía.
– sonrió de medio lado y se quitó las gafas,
frotándose un poco los ojos con los dedos. – Aunque
me parece normal, claro… que hagan lo que les dé la
gana. No voy a meterme en eso…
– No te preocupes, son buenos chicos. Y estoy seguro de que
Goro me obedecerá... – se rió, pensando que
si no, le metería una colleja y lo tendría arreglando
relojes todo el día siguiente. Se puso de pie para limpiar
la mesa y guardar lo que había sobrado. Estaba un poco nervioso
a decir verdad, pero no por los chicos.
Okuma se levantó para ayudarlo, pensando que nunca había
ayudado a su mujer primeramente pero en fin… Ahora estaba
de invitado por más familiar que se sintiese con Atsushi.
– Bueno, deja eso ya. – le sujetó la muñeca
para apartarlo de los platos y se la soltó de nuevo. –
¿Tienes algo aquí o vamos a mi casa?
– Tengo... una botella de vino que no he sacado en años...
No suelo beber mucho porque... – enrojeció, sonriendo,
seguro de que sonaba como un mojigato pero no quería ni pensar
en la última vez que había bebido realmente.
– ¿Por qué…? No me digas que te pones
a reírte sin parar o algo así…– se rió
él mismo, pensando que a él no se le subía
el alcohol fácilmente. – Un día tendremos que
buscar un sitio agradable al aire libre…
– No, no sé. Pierdo un poco el control, así
que me disculpas de antemano si digo alguna tontería... –
le pidió, agachándose y sacando la botella de vino,
buscando dos vasos luego. – Sé de un lugar...
– Vamos… ¿no lo prefieres?– sonrió
apartándose un poco el cabello y poniéndose las gafas
de nuevo. –Todos perdemos el control cuando nos emborrachamos…
es lo bueno…
– Bebes mucho, ¿Okuma? – le preguntó
curioso, llevando la botella y los dos vasos, preguntándose
si no debía llevar una manta también para que se sentasen
pero aquello ya le parecía una cita romántica.
– Bastante, supongo, pero no muy a menudo. Cuando salgo con
mis compañeros del trabajo y eso… En casa no –
lo miró, preguntándose a donde irían. –
¿No deberíamos llevar algo para sentarnos?
– Oh, sí claro... – se rió nervioso porque
le leyese el pensamiento, subiendo a buscar una manta gruesa y bajando
con la misma colgada del brazo. – Es por aquí, queda
en dirección contraria al lago así que no corremos
peligro. – bromeó, caminando.
– Sí… no queremos ver ciertas cosas. –
se rió pensando que no querría verlas ni aunque no
fuese su hijo y le cogió la manta para ayudarlo a llevar
las cosas cuesta arriba por aquel camino lleno de hierbajos. –
¿Hace cuanto tiempo que no tomas una copa?
– Bastante. Hubo una época en la que bebía
al menos una por noche pero... desde entonces he estado sobrio.
– sonrió, mirándolo a los ojos. – Supongo
que te parezco un santurrón o algo así...
– Un poco, pero tampoco me parece algo desagradable. Me caes
bien, deja de preocuparte por todo. – se sacó el cigarro
de los labios para darle una calada y lo acompañó
entre los árboles, preguntándose a dónde lo
llevaba. – ¿Bebías por algún motivo?
– Luego de que Naoko desapareció... se me hacía
difícil conciliar el sueño... – sonrió,
girando por un pequeño sendero hasta que salieron a un claro
en donde se podía ver el cielo sin ningún obstáculo.
– Si no me preocupo no soy yo.
–Ya veo. – sonrió levemente y extendió
la manta, sentándose y cogiendo la botella que le tendía
el otro. La abrió, sirviendo las copas. Ahora que lo notaba,
aquello se sentía un tanto… mejor no pensar en eso.
– Es un lujo ver las estrellas… ya verá, en la
ciudad no se ven…
– Es una lástima, a decir verdad, es una de las cosas
que más disfruto... – el moreno alzó el rostro,
observando el cielo aún sin beber. – Me hacen sentir
muy relajado...
– Todo aquí es relajante. Lo único que sigue
sonando en la ciudad son las cigarras, esas están en todas
partes. – se rió con suavidad y bebió un poco,
ajustándose las gafas después y llevándose
el cigarro a los labios para darle una calada. – ¿Qué
edad tienes?
– Treinta y siete años... – contestó,
bebiendo de su copa, encontrando el sabor intoxicante luego de tanto
tiempo. – Brindemos entonces... por las cigarras. –
bromeó un poco, aunque también le agradaba escucharlas
cuando se iba a dormir.
– Por las malditas cigarras…– el moreno se rió
entre dientes, cogiendo la copa y chocándola con la suya,
pensando que estaba loco.

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