.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 64- No Such Thing as a Bulletproof Heart

-Sanada-san…- el hombre que vigilaba la puerta de la comisaría de los que quedaban de guardia, lo miró desde dentro de su oficina acristalada, sorprendido de verlo a aquellas horas y con eso en la mano.

El moreno le sonrió, pasando adentro y sacándose un cigarro de los jeans prendiéndolo –Voy a practicar un poco… tengo insomnio…

-Oh… ya…- el hombre se rió igualmente pensando que era extrañísimo aquel hombre.

Pasó por las mesas vacías y abrió la puerta del despacho del detective, observándolo dormido sobre la mesa llena de papeles y dejó las cosas a un lado apartando un poco la silla y cogiéndolo en brazos para acostarlo en el sillón. Había ido a disculparse por ser tan engreído además de infantil y por presuponer tantas cosas, pero no quería despertarlo.

Lo dejó estirado en el sillón y se quitó la cazadora cubriéndolo con ella, finalmente decidiéndose a ir a la sala de tiro a practicar un poco, igualmente por esperar ocupado en algo a ver si se despertaba o no. Aún se había quedado con ganas de hablar con él sobre el asesinato de forma personal.

Sujetó el revolver observando la culata azul nacarado y se cubrió los oídos para no aturdirse al disparar.

Hattori se giró, sintiéndose cómodo, y entreabriendo los ojos, por un minuto sin pensar mucho y sujetando más la cazadora para cubrirse, cayendo en cuenta entonces de que no se sentía como su chaqueta, y tampoco se había quedado dormido en el sofá. Se levantó, apartándola y observándola detenidamente, pasándose una mano por la frente y por los ojos, antes de levantarse, imaginando de quien se trataba, poniéndose de pie hacia la puerta de la comisaría.

- Detective Hattori, ¿ya se va a casa? – le peeguntó el hombre al ver la cara de descompuesto que aún llevaba.

- No.... ¿vino alguien por aquí? – le preguntó el chico enderezándose y tratando de verse serio, como si le fuera a importar a esas horas.

- Sí, Sanada.-san, debe estar en la sala de tiro. Dijo que iba a practicar...

- Gracias – el moreno hizo un gesto con la cabeza, girándose inmediatamente para dirigirse allí, cubriéndose los oídos con las manos, al no estar preparado para el sonido, observando al criminólogo. – Podías haberme despertado...

El moreno se descubrió los oídos al notar que entraba alguien por la sombra en el suelo –¿Para qué querrías que hiciera eso? Bueno… tal vez sí debí hacerlo… porque creo que mañana me van a doler los riñones de levantarte en brazos…- limpió el revolver con un pañito sonriendo.

- No era necesario que me levantaras.... – contestó el moreno, acercándose un poco, cohibido y algo incómodo al recordar lo sucedido durante el día. – No sabía que venías a practicar a estas horas.

-No, vine a disculparme pero se me olvidó por el camino…- se rió girándose a mirarlo –La verdad, no es cierto que me pesases…pero si no te molestas, no tiene gracia… siento haber sido tan infantil esta mañana… pero bueno, lo admití y ya sabes… admitirlo reduce la pena…

- No... está bien, ya sé que yo también estuve un poco intransigente... – se disculpó a su vez, desviando la mirada, y sonriendo un poco. – Aunque me hubiera gustado que no tirases esos papeles. Me costó algo reorganizarlos.

-Pero te los recogí…- se rió pasándole el revólver sujetándolo por el cañón –Y te traje un regalo…

- No en orden... – se quejó tomando el arma y mirándolo confundido. - ¿Qué? ¿Me regalar tu revólver?

-No es el mío…- se giró mostrándole que lo llevaba en la parte de atrás de los jeans en la cintura -¿Por qué? ¿No te gusta? ¿O no aceptas regalos si no estamos comprometidos? Hum… tal vez era cierto que preferirías un ramo de flores… y ordené unos cuantos…

- No es eso.... – enrojeció, concentrándose en mirar el revólver, girándose para no apuntarlo y colocándose en posición de disparar, sintiendo su peso en las manos, bajándolo finalmente. – Es sólo que la mayoría de la gente no regala revólveres.

-Bueno… si no lo quieres, me lo das- extendió la mano mirándolo sin comprender por qué le ponía tanta pega a eso, el caso era protestar de él siempre. Se apoyó con la espalda en la ventanilla de tiro observándolo -¿Nos sentamos? Estoy mayado…

- Claro.... y gracias. En realidad me gusta, mucho. – le sonrió, por no hacerlo creer que lo rechazaba, y se fue a sentar en uno de los banquillos que había cerca.

El moreno se sentó a su lado apoyando un pie en el plástico y mirándolo -¿Has averiguado algo más? Después de estar toda la noche mirando esos papeles…

- No demasiado, no. Los familiares de sus víctimas tiene coartadas sólidas, y acerca del casquillo, aún no hay pistas. Probablemente el arma es del mercado negro... – comentó, observándolo. – Mañana iré a interrogar a los chicos del local ese....

-¿Quieres que vaya contigo?-se apoyó con la cabeza en la pared observándolo –No crees… ¿Qué se lo merecían esos dos?

- Bueno, no sé ni nadie merezca morir así, aunque sus víctimas tampoco lo merecían, pero... – se encogió de hombros. - ¿Realmente importa? Y sí, en realidad, estaba deseando que aún quisieras venir.

-Es un castigo justo… la justicia no hizo nada… Ni siquiera una condena decente que compense a sus familias… Seguro que esas madres han sentido una gota de agradecimiento y tranquilidad hoy…. –le pasó la mano por el pelo esperando a ver cuando se separaba -¿Qué merecían si no eso?

- No lo sé.... Supongo que puedo comprenderlo por parte de sus madres como dices...Pero ya sabes lo que pienso, no puedes ir por allí matando a quienes creen que lo merezcan.... No es la solución.

-Ya sabes que tampoco pienso que haya que condenar a alguien por cometer un asesinato, pero hay asesinos y asesinos…- deslizó los dedos por su pelo aún hablando serio aunque le relajaba acariciarlo así, por más que no comprendiese qué conseguía con eso, con lo mal que se llevaban, pero aún así le gustaba mucho y cada vez que hablaban de algo que no fuera trabajo o que dejaba de juguetear se percataba -¿Sabes? Yo me alegré… de verlos muertos…

Hattori alzó la mirada, observándolo. - ¿Por qué? ¿Ya sabías de ellos? ¿Tuviste algo que ver con su caso?

-Sí… y no fue nada agradable ver esos cuerpecitos en la vía del tren… mucho menos agradable ver cómo decían que no se arrepentían de haber matado a esos tres pequeños maricas… No merecían vivir, después de haberles arrebatado la vida a esos niños ¿con qué derecho? ¿Cómo soporta una madre que maten a sus hijos y los culpables puedan seguir su vida? Cometiendo más delitos… la justicia cruzada de brazos… y sus pequeños, pasto de gusanos… - apretó la mandíbula bajando la mano con la que lo acariciaba al borde de la banquilla.

- Creo... – el chico le tocó la mano antes de poder detenerse ni de pensarlo siquiera. – Creo que te involucras demasiado en tus casos. Pero no soy quien para hablar. Supongo que te comprendo.

Ryo sonrió, pensando que si él lo comprendía con lo mucho que se la pasaban discutiendo… Le sujetó la mano antes de que pudiera llevársela, pensando en lo incómodo que se ponía cuando no sabía cómo apartarse, pero sonriendo más -¿Quién crees que lo haya cometido? Tal vez un policía frustrado porque los jueces manden a la calle en tres días a asesinos que tanto les ha costado buscar pruebas para inculparlos y por los que han arriesgado sus vidas…

- Pero eso no lo hace correcto.... aún así...- contestó mirando su mano, y enrojeciendo un poco, aunque sin intentar retirarla. – Ya sé que puede ser muy frustrante, pero no es para tomarse la justicia por tu propia mano. Sólo estarás cometiendo otro crimen.

-¿Justificado? La pena de muerte es un crimen entonces… y por lo tanto la justicia es criminal…- el moreno lo miró a los ojos -¿Es lo correcto dejarlos seguir matando?

- No! No, no es eso lo que quiero decir... – sacudió la cabeza confundido, y mirándolo a los ojos de nuevo. – Pero ... ¿es eso lo correcto? ¿Convertirte en un asesino tú? No te estás ¿convirtiendo en lo mismo?

- … ¿en una guerra eres un asesino por matar a los enemigos? ¿Eran asesinos los policías antes cuando mataban a los criminales? ¿Eres un asesino cuando un criminal apunta a alguien inocente y le disparara para matarlo y salvar a quien debes? ¿Lo eres?... Sólo porque no estés viendo el asesinato… porque no sepas qué está pasando… ¿Eso te da derecho a ignorarlo? Si hubieras estado allí… viendo cómo mataban a esos niños ¿no les hubieras pegado un tiro si no se detuviesen?

- Claro, lo hubiera hecho, lo sabes, pero es... distinto ¿no? De todos modos, intentaría no matarles, sólo detenerlos... A menos que no me quedase más remedio. – murmuró, desviando la mirada de nuevo, y preguntándose si lo estaba haciendo a propósito luego de lo que le había contado. No, no lo creía realmente. - Y no estoy muy de acuerdo con las guerras... – añadió, sonriendo un poco, de todos modos.

-Ni tú, ni nadie, pero es inevitable defender lo que quieres cuando lo atacan y tratan de destrozarlo ¿no?... –lo miró observando su sonrisa y se llevó su mano a la cara acariciándose la mandíbula y el cuello con ella y bajándolo por su pecho -¿Cuánto tiempo hace que no tocas a otro hombre?

- No sé qué tiene que ver eso con nada... – le respondió enseguida, enrojeciendo, pero sin apartar la mano, observando su recorrido. – Mucho tiempo.

-Hace la misma cantidad de tiempo casi desde que quiero que me toques… - se levantó la camiseta con la otra mano, mostrándole su cuerpo y apoyándole las manos en sus pectorales. Se subió a horcajadas sobre él, pegándolo contra él, sujetándole la espalda y apoyándole una mano en el pelo hundiéndolo en su pecho. Era un hombre después de todo ¿no? Si no funcionaba de una manera… malo sería que de esa tampoco.

- Sanada... – susurró, pensando que no era el lugar, a pesar de que nadie más los vería. Pero lo cierto era que no deseaba separarse. Le parecía que siempre que abría la boca era para alejarlo.

-Aunque me llames por mi apellido, no me sentiré regañado, Nakayama- san y menos escuchándote respirar así de excitado… - se quitó la camiseta, tirándola en el banco y revolviéndose el cabello con una mano mientras dejaba el revólver encima también -¿No soy tu tipo?- se levantó de encima de él, parándose delante, sujetándole las manos aún y bajándolas por sus abdominales. Le pasó las manos atrás, apretándose las nalgas con ellas y echando las caderas adelante dejándole ver cómo su sexo se abultaba cada vez más en los jeans frente a su rostro. Le soltó las manos, desabrochándose el cinto y rozándole los labios con el cuero, tirando lentamente de ambos extremos del pantalón y abriéndose los botones poco a poco apretando las nalgas y las piernas para marcarlas mejor –Sólo mírame… no tienes que hacer nada más… ¿no quieres verme?- se alejó de él, apoyando la espalda en la pared y bajándose los jeans a la mitad de la cadera, mirándolo a sus ojos aunque no era que el detective le estuviera mirando la cara en ese momento. Se quedó serio observándolo.

- No se supone que hagas eso aquí.... – le comentó, aunque no llegaba a ser un regaño, por la voz que tenía, y subió la mirada del abultado sexo hasta los ojos del moreno, sin poder evitar el examinar cada parte de su cuerpo mientras lo hacía. – Eres... el completo opuesto de mi tipo, en comportamiento al menos... –bajó la mirada de nuevo a sus pectorales y a su estómago, tratando de controlarse a pesar de todo, aunque su cuerpo no opinaba lo mismo. – Tal vez... debería irme a casa esta noche.

-Soy tan opuesto…pero no te he pedido matrimonio…- la mirada de Ryo se dirigió a su entrepierna, a pesar de que le dolía que lo rechazase una y otra vez. Encima diciéndole que era lo completamente opuesto a lo que le gustaba, que no lo soportaba, ya lo veía… pero al menos sí parecía gustarle físicamente –Normalmente no hago lo que se supone que deba… es por eso que soy tan divertido…- se acercó a él poco a poco y inclinó apoyando una rodilla entre sus piernas. Le golpeó con las manos los pectorales acariciándoselos con fuerza después y apretándoselos un poco, para sujetarlo luego de los cuellos de la camisa alzándolo un mínimo y besándolo con fuerza empujando la lengua en su boca.

Hattori se dejó besar aunque un poco tomado por sorpresa, cerrando los ojos, dejándose llevar, sujetando sus manos poco después para detenerlo, completamente rojo. - ¿Qué haces? ¿No comprendes...? – jadeó contra sus labios, a sabiendas de que no había sido lo suficientemente claro, pero no estaba acostumbrado a actuar así. – Te estaba... invitando a mi piso.

-Como para comprenderte…si dices debería IRME- le pasó una mano bajo la espalda levantándolo contra él, y besándolo de nuevo una vez lo tuvo de pie en frente suyo. Desde luego, parecía decir siempre lo contrarío a lo normal –Aquí no hay nadie…- le acarició las nalgas apretándolas con fuerza y rozando sus sexos mientras le besaba el cuello.

- Pero puede venir alguien...- jadeó, pegándose a él de todas maneras, y abrazándolo tocando su espalda. – Y ya te dije... que no sirvo para esto.... – protestó, enrojeciendo porque lo hiciera explicarse tanto.

-Me da igual si sirves o no…- le pasó una mano a lo largo del sexo sobre el pantalón, notando lo caliente y duro que estaba, besándolo sin cesar, sus labios se sentían mucho mejor de lo que hubiera imaginado, tal vez por todo el tiempo que había estado deseando hacerlo -¿Quién vendría a estas horas? Son las cuatro…- lo miró a los ojos apoyando los labios en su frente –No me hagas esperar más…

- No... – susurró, sonriendo luego, su respiración cada vez más agitada, nublándole la mente. Bajó su mano, desabrochándose el pantalón, y tomando la mano del moreno para que sintiese su sexo más directamente. – No eres sólo tú...

-Qué caliente, Nakayama-san…- el moreno lo rodeó con los dedos observándolo entre ellos y moviendo la mano sobre él con fuerza. Se separó un poco abriéndole la camisa con la otra mano, sin molestarse en quitársela, observando su rostro agitado y luego sus pectorales y el abdomen marcado con suavidad por los músculos. Arrastró la mano por él hacia arriba sujetándole el cuello –Por fin te veo así…- sonrió de medio lado antes de besarlo casi devorando sus labios.

- Hablas mucho... – le sonrió, aunque rojo, tocando sus labios con dos dedos, mirándolo a los ojos, y atreviéndose a bajar la mano por su cuerpo también, tomando su sexo y comenzando a masajearlo, dejando escapar un gemido, se viese digno o no.

-¿No te gusta?…- se rió con suavidad, jadeando y le sujetó los pantalones junto a la ropa interior bajándoselos hasta que se cayeron al suelo. Le sujetó los testículos acariciándoselos y le separó las piernas con las manos apretando los músculos en sus muslos - Si no eras pasivo… ahora lo eres…

- Eso... no es gracioso... Sanada. – lo riñó, a pesar de cómo lo tenía, bajando el rostro y sonriendo un poco luego. – No te lo permitiría si no lo fuera...


- Sanada....- protestó Hattori, a pesar de que el jadeo en su voz lo delataba, sonriendo un poco luego. – Si no fuera pasivo.... no te permitiría hacer esto....

-¿Ah no? Yo sí te permitiría que me abrieses las piernas si quieres…- se rió volteándolo de espaldas a él y apoyándolo contra la pared lamiéndole la nuca y mordiéndole la piel mientras se bajaba los jeans. Le sujetó las caderas pasándole las manos por las piernas y el pecho. Juntándolas en su sexo y rozando el propio entre sus nalgas. Apoyó la frente contra su hombro mirándole el trasero y le dio una nalgada sonriendo -¿Hay algo que no quieras que haga? ¿O puedo hacer lo que quiera?- masajeó su sexo con la otra mano rozándose de nuevo contra él y apretándose más.

- No hagas esas preguntas... es embarazoso...-confesó, enrojecido, cerrando un poco las manos contra la pared y mirándolo de soslayo, mordiéndose un labio para acallar los gemidos. – Sólo.... nada doloroso.

-Tranquilo… no haré nada así…- lo miró pasándole la mano por el cuello y girándole más la cara para besarlo. Enredó los dedos en su cabello girándolo de frente de nuevo, lo cierto es que no había pensado que se iba a ver tan involucrado sentimentalmente pero sí….Lo abrazó sujetándole las nalgas una vez más, rozando su entrada con los dedos -¿Lo sabes? Que estoy enamorado de ti…- empujó dos dedos dentro de él acariciándolo -a pesar de todo…- jadeó, sintiendo lo estrecho que estaba y apoyó los labios contra los suyos.

- Ah...a pesar de todo?...- repitió, sin saber a qué se refería, y sujetando su rostro entre las manos, cerrando los ojos, y sonriendo un poco, contento de que sus miedos no fueran fundados. – No lo sabía...

-Porque eres malísimo para la gente…- lo besó de nuevo riéndose y lo apretó contra él, señalándole el banco –Arrodíllate ahí… de cara a la pared… quiero lamer esto…- sonrió acariciando su interior y deslizando los dedos fuera de él, acariciando su propio sexo mientras lo observaba –A pesar de todo lo que te quejas de mí… claro… -recordó responder finalmente.

- Bueno.... pudiste ser más.... consciente... – le recriminó de todas maneras, arrodillándose. – Lo hubieras notado...

-¿El qué?- se arrodilló en el suelo sobre sus jeans y le acarició las nalgas, separándolas y lamiéndolo lentamente con toda la lengua, sintiendo el sabor y el calor de su piel, empujándola poco a poco dentro de él, lamiéndolo con más fuerza y acariciando su sexo de nuevo sintiendo cómo palpitaba –Hm… seguro que estás deseando sentir mi lengua aquí…- pasó la mano a lo largo de este alzándolo un poco contra su abdomen sonriendo a su espalda y aún jugando con la lengua en su ano.

Hattori gimió, sin poder controlarse, murmurando, con el ceño algo fruncido por la verguenza.- Si ya lo sabes.....
-¿Qué? ¿Qué espero para hacerlo?- le mordió un poco la nalga y se coló entre sus piernas apoyando la espalda en el banco y sujetándole las nalgas para bajarlo un poco sobre su boca, lamiendo su sexo y empujándolo dentro de ella. Haciéndolo moverse dentro, golpeándole las nalgas con la mano y apretándoselas después mientras tres dedos de su otra mano lo penetraban ahora.

- Ahn....- el moreno apretó los párpados, moviéndose un poco, para sentir más su lengua y sus dedos, apretándolos entre sus nalgas, mucho más excitado ya de lo que hubiese anticipado.

Ryo deslizó la lengua por la punta de su sexo lamiendo los fluidos que salían de él, calientes y alzó la vista observándolo, succionando su sexo de nuevo y saliendo de debajo de sus piernas, rozando su sexo contra la entrada del moreno sin querer esperarse más. Lo sujetó con la mano, acariciándose un poco antes de empujarlo dentro de él. Lo sacó, lamiéndose la mano para mojárselo más y se lo metió de nuevo, sujetándole las caderas y empujándose poco a poco contra él hasta entrar casi totalmente. Lo abrazó acariciando su sexo y sujetándole los testículos con la otra mano aún sin moverse –Cuesta…- se rió con suavidad besándole un hombro, de pie tras él, inclinado sobre su cuerpo y jadeando con fuerza.

- No... no te esfuerces mucho... – bromeó, gimiendo de nuevo, y bajando la cabeza, jadeando, y estremeciéndose al sentir que se empezaba a mover dentro de él, penetrándolo profundamente.

-Las cosas, o se hacen bien, o mejor no hacerlas…- jadeó, pasándole las manos a lo largo de la espalda apretando un poco los dedos en ella y subiéndolas hasta su cabeza, enterrando los dedos de una de ellas entre su cabello, y tirando un poco de su hombro con la otra, golpeándose contra sus nalgas y pegándolo contra su cuerpo recostándolo en él. Aprovechando para observarlo desde arriba.

Hattori alzó la mirada, observándolo también, bajándola inmediatamente enrojecido, y jadeando un poco más, dejándose llevar por su ritmo. Lo cierto es que no tenía idea de cuanto deseaba eso. Alzó una mano, tocando su cuello y subiéndola un poco, como para conservarlo pegado a él.

Ryo bajó la mano por su pecho, apretándole los pectorales, sintiendo la firmeza de sus músculos y deslizó dos dedos por la línea entre sus abdominales, besándole la mejilla y sujetando su sexo de nuevo, acariciándolo y observando cómo se movía en respuesta a ello, agitado por las caricias. Sonrió, rozando los labios contra su piel –Abre más las piernas…

El moreno hizo lo que le pedía, gimiendo e inclinándose un poco hacia delante automáticamente, y sin pensarlo, dejándole más espacio. Ya ni razonaba en la posibilidad de que fuese a verlos alguien.

-¿Vamos a tu casa después?-le preguntó con todo el morro aprovechando que seguro no iba a pensarlo demasiado, pero le estaba gustando demasiado aquello. Salió de él pasando entre sus piernas, lamiendo su sexo de pasada y sentándose en el banco. Le sujetó las nalgas separándoselas y bajándolo sobre su sexo, apoyando la cabeza contra la pared mientras lo movía con fuerza sobre él, mirando su rostro.

- Ss....sí! – gimió, echando la cabeza hacia atrás, definitivamente sin pensarlo. Sólo quería estar con él ahora. Volvió a mirarlo, deseoso, acercando el rostro para besarlo apasionadamente, apretando su sexo contra las abdominales del moreno.

-Hattori… - el moreno abrió más las piernas escurriéndose un poco hacia abajo para besarlo mejor, en realidad un poco sorprendido por su comportamiento ahora, pero le encantaba. Sonrió, lamiéndole los labios y sujetándole la nuca mientras lo mantenía contra él para seguir besándolo, deslizando la otra entre ellos y masajeado su sexo, rozándolo contra sus abdominales para sentir el calor de este. Le sujetó la cintura pegándolo a él todo lo que podía y notando un calor fortísimo en su sexo cada vez que observaba su rostro congestionado.

- Sa....nada....- gimió el chico, por un breve momento pensando que no debía llamarlo así ya. Pero el pensamiento duró menos que sus sensaciones, su cuerpo estremeciéndose ante las mismas, su sexo pulsando contra el tacto de Ryo, finalmente haciéndolo correrse de manera casi violenta, el moreno haciendo lo que podía por acallar aquellos gemidos.

Ryo sonrió lo que podía, teniendo en cuenta su excitación y sintiendo cómo el cuerpo del moreno presionaba aún más su sexo mientras se derramaba en su mano. Lo rodeó con ambos brazos, al sentir que acababa, moviéndolo con más fuerza contra él, escuchando sus gemidos y excitándose más con la proximidad, el olor de su sudor… Apretó las mandíbulas apoyando los labios contra su cuello y jadeando allí, mientras se corría dentro de él. Deslizando los dedos entre sus nalgas para sentir cómo el semen se escurría del interior de su cuerpo.

Hattori se abrazó a él, suspirando, y estremeciéndose un poco aún al contacto, todavía sensible. – Sa...nada...? No, Ryo.... – se rió con suavidad, un poco desconcentrado por todo lo que había sucedido.

El moreno le pasó la mano por el pelo revolviéndoselo más de lo que ya de por sí estaba, y besándoselo. Le pasó las manos por la espalda, abrazándolo también y riéndose un poco, pensando en lo que le había dicho antes y preguntándose si no habría sido por el momento de excitación, el caso es que se sentía muy bien –No imaginaba que fueras tan…- sonrió, tratando de separarse para mirarlo, pero cediendo al abrazo finalmente, limitándose a besarle la mejilla.

-Tan... ¿qué? – preguntó, aún rojo, susurrando. – No he pasado toda la vida trabajando tampoco....

-Tan… apasionado… ¿o será por la compañía?-le besó entre el cuello y el hombro, echándose contra la pared después para mirarlo a los ojos, retirándole el pelo de la cara, abrazándolo después de nuevo y pensando en la cantidad de tiempo que seguramente llevaba sin un abrazo.

El moreno no respondió, enrojeciendo en vez de eso, y dejándose abrazar, se sentía muy bien. – Aquello que... dijiste antes... ¿lo decías en serio?

Ryo se quedó serio acariciándole la nuca con los dedos y pensando qué decir –No me irás a decir que tú no lo estás… - sonrió hablando antes de pensar –Es por eso que me discutes tanto ¿verdad?

- No es por eso... – sonrió sin mirarlo, pensando que más bien era todo lo contrario. – Yo sólo... estaba un poco preocupado antes.

-¿De qué?- le acarició la mejilla, levantando los jeans con un pie y cogiendo un cigarro encendiéndolo sin dejar de acariciarlo con la otra, mano para que no fuera a moverse de aquella posición.

- ¿De veras tengo que decirlo? – se quejó, aunque sonriendo cohibido. – De... que sólo quisieses ir a la cama y como te detuve antes... tal vez, ya no te interesaba. – suspiró, nervioso, sintiéndose como un chiquillo.

-No… - se rió un poco acariciándole el cabello, peinándoselo a contra pelo casi como si fuera un vicio aquel tacto –En realidad pensé que eras alguien serio, que quería algo serio y no sexo y que por eso me rechazabas… fue después cuando empecé a creer que no me soportabas… pero ya veo que estás loco por mí… y eso me parece más lógico…- se aguantó la risa besándolo profundamente antes de que fuera a protestar.

Hattori, predeciblemente, enrojeciendo aunque cerrando los ojos y dejándose besar, por primera vez razonando en todo aquello que debía vestirse, pero sin se capaz de romperle beso.

El moreno se separó con suavidad, pasándole un dedo por los labios –Vamos a tu casa… te acariciaré hasta que te quedes dormido… ¿quieres?...- le pasó la mano por el pelo hacia atrás, revolviéndoselo de nuevo y sonriendo levemente.

- Ya dije que sí.... – le recordó, poniéndose de pie para vestirse, y sin poder dejar de estar rojo, maldiciéndose a sí mismo, por ser tan vulnerable a aquello.

Ryo lo miró sonriendo y bajó la vista, notando la gota de semen que resbalaba por su pierna. Deslizó el dedo a lo largo de esta hacia arriba. Se levantó, poniéndose los jeans y limpiándole la pierna con la camiseta que pasó después por su abdomen pensando en ponerse sólo la cazadora y mirando al banco y agachándose a limpiarlo –Hay que borrar las pruebas del delito… - se rió deslizando la lengua por el sexo del detective mientras se levantaba fumando de nuevo acto seguido.

El chico se estremeció por poco gimiendo y cubriéndose la boca, carraspeando para disimular. – Yo... te pagaré la lavandería luego... – comentó, señalando su camiseta, y procediendo a vestirse, sin creer que se hubiese dejado llevar en un lugar como aquel.

-No hace falta… la guardaré de recuerdo…- se rió con el cigarro en la boca, poniéndose la cazadora y cerrándosela –Es broma… la meteré en la lavadora… y saldrá… que no es corrosivo…- lo sujetó por la cintura besándolo de nuevo, y acariciándole la nuca cerrando los ojos y apretándolo más contra él. Respiró con fuerza apartándose de sus labios y pegándole la mejilla contra la suya.

 
 

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