.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 49- One on One

Ryo se puso una camiseta negra antes de salir de la casa y bajó las escaleras corriendo con la bolsa de deportes en el hombro y las gafas de sol a medio poner colgando del puente de la nariz. Se quedó parado al ver a Hattori acercándose a buscar su coche –Hattori-san…- lo llamó alzando una mano y aproximándose.

- Sanada.... san – lo saludó, ya menos seguro aún de cómo llamarle, pero manteniendo su compostura y saludarlo como si nada. – Venía a por mi coche.

-Voy al gimnasio… ¿vamos?- se apoyó en el techo del coche mirándolo y sonriendo mientras se bajaba las gafas para verlo bien.

- No había planeado para eso, pero... puedo llevarte- sonrió, poniéndose nervioso, sin saber por qué, y abriendo la puerta del coche.

-Vale… pero vienes conmigo a entrenar ¿verdad? Porque además… es domingo por la mañana. No creo que haya mucha gente- abrió la puerta entrando en el asiento del acompañante y dejando la bolsa entre sus piernas.

- Pues.... supongo que habíamos quedado en eso, aunque no pensé que fuera tan pronto- sonrió, pensando que no había manera de negarse y empezando a conducir. - ¿Entrenas todos los domingos?

-Entreno todos los días si es que puedo… porque a veces estoy demasiado cansado…- sonrió el moreno riéndose un poco y abriendo la ventanilla para apoyar el brazo por fuera, pensando en lo sucedido la noche anterior y aliviado de ver que se comportaba normalmente -¿Por qué? ¿Quieres venir conmigo a partir de ahora?-lo molestó un poco.

- No, no dije eso. No quiero incomodarlo... – negó enseguida, bajando la voz luego, sintiendo que se le notaba su nerviosismo. – Está bien, yo suelo entrenar de noche...

-De noche… de noche… ¿Cómo de tarde?- preguntó, porque naturalmente de noche él estaba ocupado con ciertos asuntos –Y no me incomodas… ¿Cómo así? Si ya sabes que me gustas- lo miró cogiendo un cigarro del bolsillo -¿Te importa que fume? Tengo la ventanilla abierta…

- No, fuma... – accedió, a ver si se entretenía con eso en lugar de ponerlo rojo a cada segundo. – Muy tarde, mucho. Lo que sucede es que... a veces se me pasa el tiempo trabajando. Y si sé que no podré dormir, voy al gimnasio....

-Oh…- se quedó mirándolo un poco decepcionado de ver que entonces no podría ser, seguramente -¿Más tarde de las tres? ¿O antes de las once?

Hattori lo miró de soslayo sonriendo. Era un periodo de tiempo muy largo, sin duda. – Pues... es más bien luego de las tres ¿supongo? Tal vez más temprano.... Me ducho y regreso a la oficina.

-Bueno… si estás allí a esas horas, supongo que entonces alguna noche que otra nos encontraremos en el gimnasio…- lo miró sonriendo y dándole una calada al cigarro apoyándose más en el respaldo y acariciándose el pelo con la mano –También me acuesto tarde… si es que duermo… ¿nunca vuelves a casa a dormir?

- A veces, pero no mucho.... Suelo enfrascarme mucho en el trabajo y en la casa haré lo mismo, así que es mejor quedarme donde al menos tengo todos los recursos. Y lo cierto es que... – enrojeció un poco, mirando hacia delante. - ... a veces pierdo la noción del tiempo, hasta que ya es absurdo regresar a casa.

-Deberías relajarte un poco… de veras… te pondrás enfermo si no descansas…- suspiró sonriendo y pensando que él no era el adecuado para hablar de eso, teniendo en cuanta que sólo dormía unas horas por las tardes –Ayer dormí mal también… estuve repasando mis notas… lo cierto es que tengo ganas de acompañarte a interrogar al señor Ray.

- Pensé que eso ya estaba decidido. Creo que podrías ver detalles que por tu campo de trabajo a mí me pasarían desapercibidos. – lo miró por el espejo, volviendo a ver hacia delante y entrando en el estacionamiento. – Y no puedo creer que me des consejos, tú. Se te iluminan los ojos, examinando un cadáver... Y lees notas del caso para entretenerte – sonrió, demostrándole que lo había notado también.


Ryo sonrió abiertamente sin poder evitar reírse un poco entre dientes –Sí… es verdad, me has pillado… pero no me digas eso encima que me preocupo por tu salud… De todos modos, ayer no podía dormir… Estaba rallado porque me dieron calabazas, no sé si me sigues…- le devolvió la pelota para hacerle pasar pena a él.

Hattori se detuvo de un golpe, en realidad porque ya habían llegado, pero la brusquedad con la que se detuvo tenía otras razones. – No era..... No debería bromear con esas cosas. – sentenció, tratando de salir del paso, y bajándose del auto casi huyendo.

El moreno lo miró un poco desconcertado y sorprendido a la vez sin saber por qué se ponía así, si al que habían dado calabazas había sido a él. Se bajó del coche, colgándose la bolsa del hombro de nuevo y guardándose la otra mano en el pantalón de chándal. Caminó junto a él sujetándole los hombros –No pasa nada, hace años que comprendí que no era infalible-le sonrió mirándolo.

- No es eso, las cosas iban demasiado rápido, es todo. – murmuró, mirando hacia otro lado mientras caminaban. – No soy así.

-Oh… entonces seguiré pensando que soy infalible…- sonrió como si nada, entrando en las dependencias de la policía, que estaban básicamente desiertas, por no decir completamente –Está bien, no te molestes conmigo, eso también me agrada de ti.

- No estoy molesto. – aseguró, serio, aunque rojo. – Ya te dije que no soy bueno para estas cosas.
-Pues conmigo te funciona… - se rió pasándole la mano con la que lo rodeaba por la mejilla, mirando lo rojo que estaba y pensando que no se hubiera imaginado que era así cuando lo conoció. Se paró en el pasillo, abrazándolo un poco reído y se separó abriendo la puerta del gimnasio –Nada ¿ves? Está desierto… Seguro están durmiendo la mona de ayer o con la familia…

- Trabajan duro, es lo normal.... – sonrió, aliviado de cambiar de tema, aunque tanta proximidad no lo ayudaba nada. No sabía para qué lo permitía.

-Sí, tienes razón, nunca me puedo quejar de ellos…- se fue hasta las taquillas y metió la bolsa dentro, quitándose la camiseta y empujándola dentro junto con los pantalones, poniéndose los que tenía dentro, pertenecientes al cuerpo de policía al igual que la camiseta. Se pasó la mano por la nuca pensando en Slave y cuando había luchado con él -¿Quieres pelear conmigo?- se giró a verlo sonriendo.

- No tengo escapatoria, ¿cierto? – le sonrió, pensando que tendría que cambiarse delante suyo de nuevo. Pero ahora era distinto, completamente.

-Puedes decirme que no… pero tengo ganas de ver qué sabe hacer el jefazo…- sonrió mirándolo y notando que no se cambiaba aún –Te espero ahí, voy a calentar…- sacudió un poco la cabeza saliendo pero sólo para dejarle cambiarse tranquilo. Tampoco tenía ganas de acabar haciendo algo de lo que se arrepintiese.

Hattori salió al poco tiempo, ya con la ropa del departamento, mucho más tranquilo luego de su tiempo a solas. - ¿Ya calentaste? – preguntó, empezando a estirarse un poco.

-Sí…- el moreno lo miró sobre las colchonetas y se pasó la mano por el pelo, pensando que le quedaba muy bien esa camiseta., sin decir nada para que no fuera a quedarse cohibido de nuevo -¿Quieres ponerte protección?...- le preguntó sin molestarse en hacerlo por su parte, no por subestimarlo, si no porque le parecía una incomodidad.

- ¿No lo harás tú? – le preguntó, ya decidiendo que si el moreno no lo hacía, tampoco lo haría él, aunque fuera lo más recomendado.

-No… tampoco vamos a matarnos ¿verdad?- sonrió empezando a moverse igualmente y llamándolo con una mano estirada delante de él, moviendo sólo los dedos animándolo a pegarle aunque lo cierto es que le estaba dando la risa.

Hattori sonrió por el gesto, acercándose, un poco agachado y cargando por fin contra él, intentando asirlo por la cintura.

El moreno saltó hacia atrás apoyándose con las manos en el suelo y usándolas para girar y golpearlo con las piernas. Se incorporó de pie de nuevo sonriendo –No te dejaré que me agarres así, que ya puedes pensar en otro modo de ganarme… además… si me agarras, yo soy más fuerte y te levantaré… ¿por qué no pruebas una patada? Te estoy esperando…

Hattori se rió, pasándose la mano por el golpe. – No me digas.... qué hacer! – corrió de nuevo hacia él como si fuese a ejecutar el mismo movimiento, sólo para detenerse justo antes, alzando la pierna y conectando una patada en sus costillas. – Pues era buen consejo.... – bromeó.

-Ah… no seas bruto…- el moreno se rió, llevándose la mano a la costilla un momento haciéndose el que le dolía más de la cuenta y moviéndose de nuevo antes de agacharse y barrerle los pies con la pierna, para tirarlo al suelo. Saltó hacia atrás mirándolo en el suelo y se rió –Alégrate de que no quiero dañarte la cara… - se chuleó.

Hattori saltó sobre sus brazos, imitando su movimiento y tumbándolo también al suelo, y colocándose sobre él de lado, para impedir que se levantase al menos por el momento. – No te preocupes, tampoco voy a dañarte tus rasgos infalibles...

Ryo soltó una carcajada, sujetándole los brazos y tratando de alzarlo con la rodilla para tirarlo por encima de él sin conseguir quitárselo de encima –Lo siento, tenerte encima es la kriptonita…

El moreno enrojeció un poco, tratando de sobreponerse, que no era digno en medio de una lucha, y giró sus brazos de manera que pudiese soltarse y sujetar los de Ryo en vez de cómo estaban antes, alzándose un poco y colocando su rodilla sobre el pecho del moreno. - Estás detenido... – bromeó, aunque pocos lo dirían por la cara de serio que tenía, de la vergüenza.

-Empiezo a tener envidia de los criminales…- sonrió, sujetándole los brazos por las muñecas y tiró de él, haciéndole agacharse sobre su cuerpo, hasta poder voltearlo y subirse sobre él, aguantándole las muñecas detrás de la espalda, sentado sobre sus nalgas –Y ahora ¿Qué?

- Ahora... – murmuró, pensando cómo salirse de aquella y utilizando todo el peso de su cuerpo para girarse sorpresivamente, emitiendo un gruñido de esfuerzo, y tumbándolo por fin, poniéndose en pie.

El moreno se levantó, saltando hacia atrás y apoyándose en las manos para voltear y quedarse de pie, sin esperarse un segundo para saltar de nuevo adelante, apoyándose en las manos y girando sobre ellas, para pegarle con la pierna en el pecho, parando la otra al lado de su cara y poniéndose de pie de nuevo sonriendo –Porque me has dado lástima, no te daño la cara…

- ¿Lástima? – el moreno frunció el ceño, sujetándole la pierna, y halándola, tratando de hacerle perder el balance. Pero Ryo aprovechó lo fuerte que le sujetaba la pierna, para pisar la rodilla de Hattori impulsándose en ella y golpeándole el pecho con la rodilla, soltándose la otra pierna y riéndose.

El chico retrocedió un poco por le golpe, respirando con fuerza y un poco agachado por aquel movimiento. Se enderezó, mirándolo y alzó la pierna de pronto, metiéndole una patada en el estómago aprovechando su distracción.

-Qué falso…- el moreno lo miró a los ojos y sonrió, aunque sujetándose el estómago porque esa sí se la había calzado bien –Pero no te enfades, detective… - saltó en el aire golpeándole con el tobillo entre el cuello y el hombro, tirándolo al suelo y le giró el brazo a la espalda para inmovilizarlo –Owned… “jaque mate”- le susurró al oído sonriendo y levantándose de encima de él.

Hattori sacudió la cabeza, un poco mareado del golpe, exhalando con fuerza, y se dejó caer acostado sobre la colchoneta del gimnasio. – Vale, me venciste.... – lo miró serio tratando de recuperar el aliento, y sonriendo un poco después. – Pero conste que si fueras un criminal, no sería el mismo resultado....

Ryo se rió, pensando que si creía que él no se había tomado cuidado, estaba muy confundido y se acercó a una máquina de bebidas cogiendo unos botellines de agua y sentándose a su lado en la colchoneta pasándole uno –Lo mismo te digo… pero yo gané… - canturreó lo último –Se lo diré a todo el mundo… lástima no tener testigos… - abrió su botella bebiendo.

- Silencio... – frunció el ceño, golpeándole un hombro aunque no muy duro, y riéndose, bebiendo de su botellín.

-Es la edad… los años de entrenamiento en el Tibet…- se apoyó en los codos recostándose un poco y levantándose la camiseta para secarse la frente sin poder dejar de sonreír –pero ha sido divertido…

- ¿En el Tibet? ¿De veras entrenaste allí? – lo miró sorprendido, bajando el botellín de sus labios. – Eso no me lo habías dicho.

-Era una broma… allí todos van rapados… y no te dejan ni follar… Ni de coña… en tal caso me iría a Brasil… no veo a los tibetanos enseñándome capoeira… pero ahora que lo dices…- se rió imaginándolo y lo miró de soslayo.

- Idiota, me confundiste por un momento- refunfuñó tomándose la confianza, sin siquiera notarlo y recostándose de nuevo. – Pero eres bueno, no lo voy a negar....

-Y estoy bueno, se hace notar… no me pudiste pegar en la cara… ¿ves? Mis infalibles encantos triunfan de nuevo…- se giró de lado para observarlo y le pasó la mano por el pelo, revolviéndoselo hacia atrás para apartarle el sudor y los mechones mojados de la frente -¿Es muy pronto para pedirte que salgas conmigo de nuevo?

El chico lo miró a los ojos, sintiendo que enrojecía, y quitando la mirada inmediatamente. – Sí, es muy pronto, pero como ganaste... – exhaló, necio en no mirarlo directamente aún.

- No… si no quieres… - le pasó el dedo por el puente de la nariz tentado a tocarle los labios y apartando la mano. Se acostó pasándose las manos por la cara y revolviéndose el cabello empapado en sudor hacia atrás.

- Sí quiero... – contestó en seguida, preguntándose por qué no comprendía lo que intentaba decirle y suspirando de nuevo. – Me siento bien contigo.

-¿Por qué no te duchas mientras hago pesas? Luego yo me doy una ducha rápida… y comemos en algún lugar cualquiera… que sólo traje chándal… - desistió de invitarlo a su casa porque sabía que lo cohibiría y salvándose a ambos de la incómoda situación de ducharse juntos.

- Está bien- sonrió, pensando que así estaba mejor. – No demoraré mucho... – advirtió poniéndose de pie, y dirigiéndose a las duchas.

-Vale… - lo miró marcharse bebiendo un poco más de agua y siguiendo el movimiento se sus nalgas bajo los pantalones del gimnasio sonriendo levemente.

 
 

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