| Capítulo 22- Sleeping on the
job
- Detective Nakayama, le traje… ¿Durmió aquí
de nuevo?
- Por supuesto que no. – mintió el moreno, escondiendo
bajo el escritorio la camisa que acababa de cambiarse. Lo cierto
es que se le había hecho tarde trabajando la noche anterior
y no había visto motivo suficiente para ir a su casa. Carraspeó,
como distrayendo su atención del asunto, ya que el chico
lo observaba como si empezase a dudar de que tuviese donde vivir,
y se puso de pie, extendiendo la mano. - ¿Me decía?
- Ah, sí, le traje el reporte del caso Yamamoto. Me lo pidió
ayer, ¿recuerda? – se lo entregó, esperando
mientras los ojos grises del moreno revisaban el archivo.
- Y ¿para qué me lo traes hoy entonces? – Hattori
lo miró serio, sonriendo luego ante la cara de nerviosismo
del chico. – Es una broma, te lo pedí antes de que
te fueras ¿no? – suspiró, recostándose
contra el escritorio y empezando a leer el reporte, tratando de
recordar qué era lo que había necesitado agregar la
noche anterior, y murmurando casi para sí mismo, como si
hubiese olvidado que su subordinado se encontraba allí. –
Robos, asesinatos, secuestros.... y eso es lo de menos. La gente...
no es muy agradable, ¿verdad? No, no lo es... – continuó,
pensativo, un tanto nostálgico quizás. – La
gente es capaz de las peores cosas... –
Era bastante joven para ser detective y lo cierto es que no había
llegado hasta allí, precisamente por ser perezoso, ni descuidado.
En realidad, era todo lo contrario, incluso había algunos
que lo calificarían de adicto al trabajo. Pero no eran pocas
las veces que se sentía cansado, agotado. No podía
evitar que su cinismo creciera día a día, a medida
que era testigo de esa violencia, de la capacidad para el mal que
veía en las personas. No había sido así siempre,
había salido de la academia convencido de que podía
cambiar el mundo y todo eso, pero.... lo único que era capaz
de hacer ahora era meter a cuanto criminal atrapase tras las rejas,
y nunca era suficiente. Por cada caso resuelto, siempre habían
diez que se quedaban sin respuesta. Todo eso no solucionaba nada.
Claro, tal vez sólo estaba cansado por haber dormido en la
oficina, pero aún así....
- ¿Detective? – Hattori alzó la mirada al percatarse
de que su subordinado seguía allí de pie, observándolo.
- ¿Se siente bien?
- Sí, disculpa, sólo estaba concentrado- carraspeó
de nuevo. –Voy a necesitar el otro expediente, y tráeme
una taza de café, por favor. – se puso de pie, rodeando
su escritorio, para sentarse de nuevo.
- Pero aún tengo que....
- Ya sé que no está dentro de tus funciones, pero
te lo agradecería. – le sonrió, de manera un
tanto incómoda, porque a pesar de todo, necesitaba más
la taza de café que el expediente. Pero no se sentía
bien abusando de los demás así.
- Claro.... – el chico asintió, girándose y
mirándolo luego desde la puerta, con una sonrisa un poso
sospechosa en el rostro luego. – Y detective, si me permite
darle un consejo, no quiere que lo confundan con un fantasma ¿verdad?
– el pelirrojo salió antes de que pudiese contestarle,
dejando al moreno confundido hasta que bajó la vista a sus
pies, y luego al lado del sofá, en donde se encontraban sus
zapatos.
- Demonios.... – murmuró, enrojeciendo, a la vez que
se ponía de pie, para ir a calzarse, aliviado de que nadie
más lo hubiese notado.
|