| Capítulo 100
I'll Die if You Die
Kan salió de la antigua habitación de Aziel al ver
que no estaba, con el corazón batiéndole el pecho.
Corrió por el pasillo, al observar el suelo levantado, apartándose
ante los cristales del suelo, alzando la vista para ver la bombilla
que había estallado, había soñado con él
-¿Dónde está Aziel?- preguntó a uno
de los guardas, aunque pegándose a la pared contraria para
que no se le acercara.
-¿Aziel? Todos fueron trasladados tras los sucesos de anoche-
dijo el hombre, mirándolo sin comprender cómo no se
había enterado.
-Anoche… estaba dormido… ¿Dónde está?
Es.. es un ángel ¿Dónde?
-El semidemonio está en la segunda planta en la habitación
308- el hombre lo miró, arqueando una ceja, pero el chico
echó a correr escaleras arriba buscando la puerta y llamando,
para asegurarse de que realmente era él quien estaba ahí.
Aziel alzó la mirada del piso a donde la había fijado
hacía ya bastante tiempo, sumido en sus pensamientos y se
aproximó a la puerta tocándola, como había
hecho la vez anterior,, nuevamente dejando escapar su aura para
sentir a quien llamaba a ella. Sonrió ante la sensación
familiar del pelirrojo, susurrando. – Kan....
El pelirrojo se quedó mirando la llave numérica,
tecleando el número de la otra celda, esperando que no hubiera
sido cambiando y abrió la puerta sonriendo inmediatamente
al conseguirlo y abrazándose al ángel/demonio -Estás
bien…- le besó los labios apoyando la nariz en su mejilla
-Tuve un sueño horrible y abajo todo está destrozado…
Aziel le devolvió el abrazo, sonriendo ligeramente, sin
querer soltarlo. – Yo también estaba preocupado por
ti. Y conocí a alguien....Fue quien causó todo ese
destrozo.
-¿Alguien? ¿A Auriel?- preguntó, hablando
de lo que había soñado él y cerrando la puerta
a su espalda para que no los descubrieran -Auriel no murió…
está encerrado en alguna parte del edificio, arriba con los
de rojo…
- ¿Auriel? No, no era él, pero me llamó así
y luego dijo.....que buscara el cuerpo de Auriel. Pero no está
muerto. – comentó pensativo, intrigado, casi recitando
las palabras, mirando el piso de nuevo. – Samael, así
lo llamaron. Dijo que soy un ángel caído.
Kan se rascó un brazo pensativo mirando al suelo también,
pensando en si había algo interesante ahí abajo y
alzando la vista de nuevo -No es verdad, no eres un ángel
caído… eso lo dijo porque no te conoce…- negó
con la cabeza mordiéndose un labio -Samael… debe creer
que Auriel ha muerto… pero yo sé que estaba vivo…
o que al menos lo estuvo aquí… después de que
le disparasen…
- Le dispararon.....- alzó la vista para mirarlo a los ojos,
atento de nuevo. - ¿Sabes quien es? Samael estaba furioso.....y
lleno de dolor. Y.... – suspiró, alejándose
un poco. - ...se sentía como si ya lo conociera.
-Tú también lo sabes… son los ángeles
que te mostré…- Kan se fue al interior de la habitación
sentándose en la cama y mirándolo -Si yo creyese que
has muerto también estaría muy triste y también
estaría furioso… Si tú eres producto de ambos…
es natural que sientas que se parecen a ti…
- No, sólo me mostraste uno, porque no querías que
lo viera caer.... – respondió, sentándose a
su lado y colocando su mano sobre la de Kan, en realidad agradecido
por haberse preocupado por él cuando apenas lo acababa de
conocer. – Nunca vi al otro...Y yo no quiero que estés
triste nunca. Incluso si muero....
-Pero lo estaría de todos modos… así que no
mueras- Kan lo miró sonriendo con algo de preocupación
y apoyando la cara en su hombro y apretando su mano con suavidad
-Creí que también lo habías visto a él…
Auriel era el ángel… un hombre que no conozco, lo curó
y lo encerró en una de las habitaciones de arriba y allí
permaneció dormido hasta ahora…
- Auriel... – repitió, pensando en aquella criatura
majestuosa surcando los cielos. Y apretó la mano de Kan,
llevándola a su regazo y rodeándola con ambas manos
suyas. – Y ¿ha estado encerrado todo este tiempo? ¿Sabes
donde está?
-No… sólo sé que está arriba con los
peligrosos… no podemos ir- se adelantó a decir, mirándolo
de pronto -Es peligroso, podría pasarnos algo… Allí
sólo hay gente peligrosa…
- Tengo que ir....tú no tienes que hacerlo – aclaró
mirándolo a los ojos. –Debo encontrar a Auriel, y Samael
debe saber que está vivo, y.....quiero saber sobre mi naturaleza.
– giró el rostro antes de finalizar la frase, un tanto
avergonzado por su ignorancia.
-No…- Kan se abrazó a él rodeándolo
-No puedes, te sucederá algo malo, no quiero que vayas…-
apoyó la cara en la ropa celeste, sintiendo el aroma de su
piel -¿Por qué quieres ir? ¿No ves que habrá
guardas y no te dejarán pasar? Y después no sabrás
en donde se encuentran. Otros podrían salir y atacarte…
- No tienen por qué atacarme, si hay guardias no podrán
salir. – lo tranquilizó un tanto ingenuamente, acariciando
su cabello. – Tal vez no pueda pasar pero tengo que intentarlo.
Además, ¿qué harías tú si estuvieras
en su lugar? ¿No te gustaría saber que la persona
que amas está viva?
-Sí… ¿pero por qué tienes que decírselo
tú? ¿Y si pierdo yo a la persona que amo por ellos?
No quiero- se mordió el labio de nuevo apartándose
de él y mirándolo -Si te mueres me mataré…
- No te matarás, no quiero! - el ángel/demonio lo
abrazó de pronto con un gesto que más bien parecía
de cabreo, aunque estaba sonrojado. – Yo no moriré....Y
tengo que hacerlo yo, porque nadie más lo hará. Tal
vez haya otra forma... – murmuró, recordando cómo
le había hablado el ángel caído.
-Pues yo tampoco quiero que vayas!- dijo alzando la voz aunque
estaba asustado -y tú vas igual! Así que yo me mato
igual! No quiero…- susurró de nuevo abrazándolo
más -Que vaya mi hermano… a él no le pasara
nada…
- Está bien......Kitazaki....Pero no les hará daño,
¿cierto? – accedió, aunque preocupado por el
temperamento del moreno. Claro que si no estaba su hermano, probablemente
no se enfadaría. Lo abrazó más contra sí
apretándolo – No te mates nunca, Kan.
-Si no te mueres…- contestó necio el pelirrojo, bajando
la cabeza y apartándose el pelo de delante, sólo para
que cayese de nuevo -¿Por qué iba a hacerles daño?
Él es bueno.. sólo quiere defenderme…
- No les hará daño. – afirmó el chico
queriendo darle la razón y añadiendo con su propia
necedad. – Si tú mueres, yo también me mataré.
-Vale…- Kan lo miró a los ojos, besándole los
labios echándose un poco atrás para acostarse en sus
piernas -Me dormiré… para que él venga …
¿ahora?
- Yo te cuidaré – sentenció, inclinándose
un poco sobre él en actitud protectora, como si alguien fuese
a robárselo mientras dormía, y acariciando su cabello
nuevamente.
Kitazaki apareció sentado en la cama, apoyando la espalda
en la pared, mirándolos a ambos y ajustando una de las correas
de cuero en su brazo con los dientes -Un pacto de muerte…
muy interesante… si morís ambos, estaréis juntos
por toda la eternidad… ¿eso creeis? Es igual... es
ridículo.
El chico de cabellos celestes levantó la mirada, observándolo
sin dejar de acariciar a Kan. - ¿Por qué es ridículo?
Yo quiero estar con Kan y Kan quiere estar conmigo. ¿Por
qué no podemos estar juntos?
-Porque estar juntos en el infierno… es demasiado doloroso…
- dijo sin más, mirándolo y bajándose de la
cama para acuclillarse frente a Kan, besándole la frente
y apartándole el cabello de la cara -De todos modos…
y lamentablemente, ambos iréis al infierno… pero yo
haré que se redima… y vaya al cielo.
- ¿Por qué habría de ir Kan el infierno? –
volvió a mirar al pelirrojo, suavizando un tanto la mirada,
casi sin notarlo al ver lo plácido que se veía durmiendo.
– Kan es muy bueno.....No hay necesidad de redimirlo.
-¿Estás seguro?- preguntó el moreno mirándolo
y levantándose con el crujido de su gabardina de cuero acompañando
sus movimientos -¿Por qué estás tan seguro
de que es bueno? ¿Porque sonríe? ¿Porque tiene
esa cara serena?- se quitó la cinta del pelo recogiéndoselo
de nuevo -Así está bien… cree en eso…
si es con mi hermano.
- Porque así lo siento, porque es bueno conmigo. ¿Por
qué estás tan seguro de que irá al infierno?
– alzó la mirada, un tanto molesto por esa actitud.
No le gustaba que todos le dijeran que estaba engañado o
que no podrían estar juntos. – Casi lo matas....
-Casi lo mato… pero no lo maté, está vivo…
Si me hubieras ayudado… seguramente habría sufrido
mucho menos, Aziel…- el moreno se cruzó de brazos,
mirándolo a los ojos -Asesinar… es un pecado muy grave…
por eso irá al infierno… por parricida… pero
shh…- se tapó los labios con un dedo -No se lo digas….
- Pero fuiste tú. Tú mataste a tu madre, no importa
si utilizaste su cuerpo. Aún así, fuiste tú.
– Aziel le sostuvo la mirada, a pesar de estar avergonzado
aún por no haber hecho nada antes en la cafetería,
pero sin poder evitar comentar. – Y no tenías que pelear
contra Shiryou.
-No… debía dejarlo creer que puede atacar a mi hermano
cuando quiera… Se asustó… puedo matarlo…
al menos lo he dañado, cosa que tú… - dejó
la frase en el aire señalándolo con un dedo -Eso es
lo que él cree porque yo se lo hice creer… mi madre
estaba enferma… nos hacía daño continuamente…
A mi hermano le afectaba mucho y ella siempre le decía que
era mi culpa, que yo lo dañaba… Yo le dije que tenía
razón, que era yo y el me creía porque quería
hacerlo, porque es un cobarde… pero la mató…
y yo sigo matando porque él lo desea, una y otra vez... Lo
sabe… aunque no quiera reconocerlo.
- No es cierto, Kan no quiere lastimar a nadie! – exclamó,
abrazándolo contra sí, deseando protegerlo. –
Kan quiere que lo protejas, es todo. Y si matas a Shiryou pondrás
en peligro a Kan. – alzó la vista de nuevo, sin soltar
al pelirrojo. – Lo ví, vi tu cuerpo. ¿Por qué
habitas el de tu hermano? ¿Puedes moverte? – preguntó
de pronto interesado, como si no hubiese estado gritando tan sólo
segundos antes.
Kitazaki lo miró realmente interesado clavando sus ojos
rojos en él -¿De qué hablas? Mi cuerpo…-
se pasó la mano por el pecho, sintiendo el frío de
aquel líquido, respirando algo nervioso de pronto y apretando
las mandíbulas serenándose. No, estaba en aquella
habitación, él no tenía un cuerpo material
-Yo no tengo cuerpo ya.
- Eso no es cierto. He visto tu cuerpo, abriste los ojos. Me viste,
¿no es verdad? – lo observó extrañado,
desviando la mirada de nuevo hacia el pelirrojo, ahora arregostado
contra él. – Estás vivo.
-Te vi… con él…- el moreno lo miró a
los ojos -¿Por qué? Sólo veo oscuridad…
todo el tiempo… no puedo salir y tengo frío…¿es
eso real? ¿No es eso la muerte?
- Él amenazó con matarte. No se puede matar lo que
no está vivo. – abrazó más a Kan, sintiendo
algo de compasión por su hermano de pronto, aunque sin mirarlo.
– Sentí tu vida...y tú me miraste. Rescataremos
tu cuerpo. – le anunció sin más.
-Pero él es falso… miente más que habla!- dijo
perdiendo la compostura por un momento -Rescatareis mi cuerpo…
¿y después qué? ¿Qué sucederá
si mi cuerpo se muere cuando me saquéis de allí? -
se sentía enfermo, nervioso cuando hablaba de ello, cuando
se obsesionaba con ello, notaba su corazón golpeándolo
violentamente. Se pasó la mano por el mentón al sentir
el agua que bajaba por sus labios, la ropa empapada de pronto chorreando
el suelo -NO!- respiró agitado de nuevo, sin más rastro
del agua que la que mojaba el suelo -Basta… no… iré
a buscar a ese ángel…- dijo como si nada hubiera sucedido.
- Si tu cuerpo muere, nada habría cambiado. Si salimos de
aquí, puede que también mueras........- meditó
más bien que comentó, preguntándose qué
tan lejos podría estar el chico de su cuerpo. Jaken sensei
había dicho que no era posible, tal vez no podría
sobrevivir sólo con el cuerpo de Kan. – Ten cuidado
– aconsejó, aún abrazando al pelirrojo contra
sí.
-Lo tendré…- el moreno se volvió sin querer
discutir más el tema de su cuerpo. Nunca había creído
que fuera real, pero ahora veía que sí, que realmente
estaba allí encerrado, vivo. ¿Realmente estaba vivo?
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