| Capítulo 99
"The dogs howl when, with icy breath, Great Sammael, the Angel
of Death, Takes through the town his flight"
Los salvajes ojos dorados se abrieron de pronto tras años
de sopor, el cabello negro le cubria el rostro, la inmensamente
larga cabellera azabache se enredaba en sus brazos y sus piernas,
entre sus doce alas negras. Se apoyo en un brazo irguiéndose
a medias el cabello resbalando por este, su piel pálida,
tan palida que parecia irradiar un brillo azulado era apenas lo
único visible en esa oscuridad a la que sus ojos aun no se
acostumbraban.
Su corazón dio un tumbo de pronto al volver las imágenes
a su mente, las imágenes de aquella indómita aberración,
el dulce aroma de la sangre vertida por un angel tan puro como jamas
había nacido otro en el cielo, derramada por humanos impuros
a los que se les habia entregado la tierra para destrozarla, ahora
se creian tambien con derechos para acabar con la vida celestial.
Sintio la furia crecer en el interior de su pecho cada vez con mas
fuerza, sus ojos dorados adquiriendo un potente brillo. -AURIEEEEEL!!!!!!!!!!!!-
bramó, su voz oscura y profunda se rasgó en la soledad
de aquella mazmorra tirando de las cadenas de titanio que lo sujetaban,
arrodillado en la piedra llevandose las manos al rostro haciendo
que el cielo se abriese y estallase la tormenta con una increíble
fuerza que pareció
hacer temblar los mismisímos cimientos del edificio. Apretó
los puños a los lados de su cuerpo recubierto ahora por la
corriente que lo atravesaba -Morireis todos… pagareis con
vuestra inmunda sangre su muerte…- decreto alzando su imponente
ser y arrancando las cadenas de sus anclajes
Su cabello se agitó con el viento que sus dormidas alas
levantaron al desplegarse sin poder ser extendidas por completo
en el reducido espacio, la puerta voló por los aires arrancada
de sus goznes incrustándose en la celda frente a él,
avanzo descalzo por los pasillos dispuesto a llevar a cabo su venganza.
Reventó los goznes de la siguiente puerta tirándola
abajo y avanzó al interior hacia el chico que lo miro aterrorizado
con su sola vision gritando por ayuda, pero aquel ángel caído
no estaba hecho para la clemencia, solo la violencia y la destrucción
comandaban sus actos, los antes inexistentes para él humanos,
ahora se habían convertido en el objeto de su mas ferviente
odio. Acabaría con todos, agachó la mano hundiendo
los dedos en su estomago y arrancandole las vísceras, cargando
con el cadáver por los pasillos. Abrió la siguiente
puerta arrojándolo sobre el otro joven en ella, este se levanto
cubriendo su cuerpo de llamas pero el ángel siguió
avanzando hacia él sin ser dañado por ellas y le sujeto
la cara rompiendo su craneo y aplastandolo contra la pared a su
espalda -morireis todos…
Los guardas de seguridad echaron a correr escaleras abajo por el
edificio en busca de los doctores ¿Qué podían
ellos contra aquel demonio? -Sensei! Sensei!- pero el rubio no estaba,
habia salido como cada noche desde que Garou había huido,
corrieron de nuevo buscando a Shisou en el laboratorio -Sensei!
Uno de los rojos se ha liberado, está matándolos a
todos!
- ¿Cómo? – Shisou se levantó enseguida
de su asiento, un tanto exasperado por aquello. Los rojos eran los
más peligrosos de todos y no sabía si ni siquiera
él podría detener a alguien así, no era quien
trataba con ellos habitualmente. Pero no, no podía tener
dudas ni mostrarse débil. – Y ¿Jaken sensei?
. preguntó siguiendo al guardia a donde le indicaba, imaginándose
que el rubio no estaba. Era natural, ahora que tenía que
salir a alimentarse.
Aziel abrió los ojos de pronto, sintiéndose intranquilo,
extraño, como si algo lo llamase. Se levantó, nervioso
de la cama, moviendo las alas, sin saber qué hacer, y se
acercó a la puerta colocando su mano sobre ella.
-No lo sabemos, no está!- dijo uno de los hombres corriendo
por los pasillos hacia arriba para llevarlo a donde se encontraba
el ángel caído, pero el moreno ya había avanzado
por pasillos y puertas, destrozándolo todo a su paso y sembrando
muerte. Nada detendría su ira hacia los humanos, lo habían
matado y ahora debían morir por ello. Ni siquiera la sangre
de todos ellos, saciarían su sed de venganza.
Se detuvo en los pasillos sintiéndolo ahora, corrió
entre ellos, dejando su venganza a un lado y apoyó la mano
en una de las puertas sintiéndolo a través de ella
-Auriel…- susurró.
Aziel dio un paso atrás, retirando su mano, asustándose
un poco, aunque reconocía esa esencia, la sentía familiar.
Dejó escapar su aura de nuevo, sintiendo aquella presencia
y retirándose ante aquel poder casi inmensurable, furia,
dolor..... – Kan – murmuró, preocupado de que
algo estuviese pasando allí fuera y él no estuviese
para protegerlo.
-Auriel…- repitió el demonio al sentir que se alejaba
de la puerta, desesperándose aún más, tirando
de la puerta para arrancarla. Esta cayó a un lado, destrozada
y los ojos dorados de quedaron clavados en los de aquel que estaba
frente a él. No era Auriel… ¿entonces por qué
lo sentía en él? Tenía que ser él -¿Auriel?
Estás vivo … ¿Qué te han hecho? …
El chico lo miró, sorprendido observándolo sin comprender.
¿Otro como él? No, no era como él, pero.....Dio
otro paso hacia atrás, desplegando las alas al sentirse amenazado
e intentando actuar con calma, a pesar de que no era así
como se sentía. – Mi nombre es Aziel y no creo haberte
visto antes. ¿Quién eres?
- Samael! – lo llamó Shisou de manera un tanto imperativa.
Lo cierto es que era la primera vez que lo veía realmente
y estaba algo maravillado, pero no era el momento para eso.
Samael se giró al escuchar cómo lo llamaban, apartando
la mirada de Aziel, confundido, viendo a aquel humano que lo llamaba
como si pudiera darle órdenes. Batió las doce alas,
avanzando lentamente hacia él -Matasteis a Auriel …
moriréis todos en su nombre!- gritó furioso. No existía
ningún demonio con el nombre de Aziel, pero seguía
sintiendo a Auriel en él.
Shiryou apoyó las manos en las frentes de las dos chicas
que estaban arrodilladas entre sus piernas, maldiciendo al imp que
lo empujaba a unirse con él a la fuerza -Espera un segundo…
no seas cabrón…- dijo levantando una de sus manos sin
quererlo y comenzando a contar uniéndose. Camadai se levantó,
empujándolas con un pie y echó a correr hacia la clínica.
No podía dejarlo morir y estaba en peligro, lo sentía,
sólo con haber escuchado aquel trueno lo sabía.
-Ya detente! Ninguno de estos hombres tiene la culpa de nada y
yo no te había visto hasta hoy. Vuelve a tu cuarto y hablaremos
de esto – lo miró a los ojos, sin mostrar absolutamente
anda de miedo, sabiendo que probablemente ese método no iba
a funcionar, pero no perdía nada con intentarlo.
-¿mi cuarto? Yo no pertenezco a ningún cuarto y mucho
menos obedezco órdenes de humano alguno- miró entonces
a Aziel "No te quedes ahí! ¿Por qué los
obedeces?" le preguntó a través de su mente "Eres
superior a ellos, a todos ellos" insistió, volviendo
la vista de nuevo hacia el doctor -Sois humanos, todos pagareis
su muerte…
Camadai atravesó los pasillos, con la mano apoyada en las
paredes -La venda…- dijo parándose delante de Shisou,
de frente a Samael -Suéltala…
- Te tomaste tu tiempo... – bromeó el doctor, soltando
la venda, aunque en realidad, no había ni pensado en llamarlo.
– Creo que Camadai te lo puede explicar mejor... – comentó,
observando al otro demonio, seguro de que aquello iba a ser interesante.
Aziel se llevó la mano al pecho, sin hacer sonido alguno,
preguntando de la misma manera. “¿Quién eres?
¿Por qué te reconozco?” y dirigió luego
su mirada hacia el moreno, desconfiado. No deseaba que le hiciese
daño al que acababa de conocer, quería saber más,
pero lo cierto es que no tenía idea de qué hacer ni
qué era lo recomendable.
"Soy Samael, un ángel caído al igual que tú…"
el moreno ni siquiera lo miró, pendiente de Camadai -¿Has
encontrado un nuevo dueño, Camadai? ¿Por qué
te empeñas en unirte a humanos inútiles? Vuelve a
servirme- le sugirió observándolo fijamente.
-Es porque tú no eres mi tipo…- Camadai lo miró
a los ojos, riéndose de pronto -¿Vas a matarme, Samael?
Sabes que sólo me harías un favor ¿verdad?
¿Por qué no te mueres y así acompañas
a Auriel?
El demonio pareció enfurecerse aún más, haciendo
que se levantase la tempestad en el interior del edificio y que
las puertas se abriesen golpeando en los marcos y causando gran
estruendo. Batió las alas dejando que algunas plumas se desprendiesen
de él, cortando al otro demonio que cubría con sus
alas a Shisou.
Aziel movió sus alas, nervioso ante el súbito vendaval,
confundido, pero sin poder pensar mucho en lo que acababa de decirle,
más bien pendiente de lo que ocurría en el pasillo.
No, no era como él, ¿o sí? ¿Otro demonio?
Se llevó las manos a la cabeza, apartando el cabello, intentando
comprender en medio de todo eso.
Shisou se cubrió el rostro con un brazo a pesar de estar
protegido por Camadai, observando cómo algunos de los guardias,
salían huyendo despavoridos sin poder evitar pensar. “Patéticos”
-El cuerpo de Auriel!! Entregádmelo!- exigió, levantando
el suelo y avanzando hacia ellos. Camadai echó una mano adelante
haciendo una barrera en tono a ambos deteniendo su paso.
-¿Crees que puedo contra él?- se rió a carcajadas
mirando al doctor -Para mí es un juego. Si me mata, me ayuda
pero tu morirás para siempre…
Varios guardas comenzaron a lanzarle sedantes por la espalda y
el demonio se volvió de espaldas a ellos. Camadai lo sujetó
en aquella materia azul que se rompía, desintegrándose
con la fuerza de Samael -Auriel…- dijo notando que todo se
hacía borroso, y se sentía cansado "Busca el
cuerpo de Auriel…" dijo dirigiendo sus ojos dorados a
Aziel apoyándose en la pared y tratando de luchar contra
el sueño y contra el poder de Camadai.
Aziel se lo quedó mirando, sin saber qué quería
decir, no conocía ningún Auriel. Volvió a adelantarse
nervioso, observándolo.
- Me alegra ver que tu amor por mí no se ha deteriorado
aún. – bromeó el doctor, sonriéndole
al moreno y contestándole más serio luego. - Ya te
he dicho, Camadai, que no me asusta la muerte.... Incluso si tú
no estuvieras, jamás habría huído, es de cobardes
y débiles. Llévenlo a su cuarto. – ordenó
a los guardias que le habían disparado, consciente de la
indirecta que les había caído a todos. – Y asegúrense
de que no pueda escapar esta vez. – dirigió la mirada
hacia el ángel/demonio que parecía como hipnotizado
por la visión del otro y lo miraba como queriendo acercarse.
– También lleven a Aziel a alguna habitación
segura hasta que reparen la puerta.
Camadai sonrió y lo miró, apoyándose en la
pared -Esto es lo que pasa cuando juegas con según qué
cosas… ¿sabes qué pasará? Que se liberará
de nuevo, despertará aún más furioso, y no
podréis detenerlo, acabará con todos… y Auriel…
está vivo y despierto… y muy enfadado también,
añadiría …
- Estoy seguro de que Jaken sensei sabrá qué hacer,
y si no.....yo los detendré o.... – le sonrió
de medio lado – moriré en el intento, claro. ¿Por
qué no le dijiste que Auriel estaba vivo? Tal vez se hubiera
calmado – lo miró intrigado. Lo cierto es que no pensaba
dejar que nadie destruyese ese lugar, haría lo que fuera
por protegerlo.
-Porque seguramente nos ignoraría, avanzaría escaleras
arriba, reventaría todas las puertas, y cuando lo encontrase,
ambos acabarían con este lugar … o tal vez Auriel se
apiadase de los humanos y lo apaciguase, pero era un riesgo muy
grande ¿no?- sonrió, mirándolo -Encima que
soy un niño bueno y aún así me riñes…
sensei… eres muy malo conmigo…- el moreno avanzó
hacia él, apoyándose en la pared -Encima que me han
hecho cortes por protegerte…
- Tienes razón, estoy siendo malvado....- se rió,
observándolo y pasando una mano por su rostro. – Debería
premiarte, ¿no? – le sonrió, acercando su rostro
como si le fuese a besar los labios, besando sólo su mejilla
luego.
El demonio se quedó con los labios entreabiertos observándolo
y dibujó una sonrisa, bajando la vista a los ojos azules
del doctor -Sen… sei… mi paciencia tiene un límite…-
amenazó, aunque más bien jugaba sabiendo que no le
provocaba miedo en absoluto –Vamos, sensei… dime algo
¿Qué pasa si hago algo a Tama ahora? Ya no importa
¿verdad?
Shisou sonrió negando con la cabeza incrédulo. –
Pensé que te agradaba Tama, ¿por qué querrías
lastimarlo? Tal vez me ponga celoso...- bromeó, jugando con
un dedo en su pecho, sonriendo. – Y no hables como si no te
gustasen nuestros juegos. Si te lo doy todo de una vez, sólo
te aburrirás.
-Si no me quejo y si no me impaciento, no sería yo…-
se apoyó contra la pared con el otro brazo, encerrándolo
en el pasillo -No sabes lo mucho que tengo que controlarme sensei…
incluso Shiryou quiere que lo haga… me lo repite de forma
incesante… me vuelve loco con eso… - sonrió en
sus labios lamiéndole el superior -¿Quién dice
que quiera lastimar a Tama? ¿Eh, sensei? Yo nunca lastimaría
a Tama… no es divertido…
- En ese caso....lo que hagas con Tama ya no me concierne. –
lo miró, pasando la lengua por el labio que acababa de lamerle,
sintiéndose un tanto excitado de pronto.
-¿Intentas tentarme?...- el demonio observó sus labios,
mordiéndole el inferior y mirándolo a los ojos -¿Me
deseas, sensei? ¿Quieres que te toque?- preguntó,
deslizando la mano entre sus piernas y acariciando su sexo suavemente
-¿Con cuantos hombres lo has hecho antes?- preguntó,
sonriendo de pronto y lamiéndole el cuello -¿Con Jaken?
¿Lo amas a él?
- Tal vez, ¿quién sabe? No es importante de todas
maneras... – le respondió, apoyando la cabeza en la
pared sin dejar de mirarlo, sabiendo muy bien que Jaken sensei jamás
se fijaría en él de esa manera, no era su igual. De
cualquier forma, nunca había estado claro en lo que sentía
por el rubio, sólo sabía que era la persona más
importante para él, y que deseaba protegerlo y ayudarlo en
todo lo que pudiera. Se mordió un labio, más excitado,
susurrando. – Lo he hecho antes, es todo lo que te diré,
pero ninguno me interesaba realmente. Y no son preguntas para el
pasillo. – le sonrió, casi riéndose en realidad.
-¿Ah no? No lo sabía. ¿Tal vez deberías
llevarme a algún otro lado donde pudiera preguntarte las
cosas que deseo saber? Porque… sensei… este no debe
de ser un comportamiento adecuado para el pasillo…- susurró,
contra el cuello del moreno lamiéndolo de nuevo -Te ha mordido
… por aquí ¿verdad?- preguntó, deslizando
la lengua por donde sentía su pulso y agachándose,
deslizando las manos por el contorno de su cuerpo y mordiéndole
la ingle suavemente -También podría hacerlo aquí…
El moreno se inclinó hacia delante, enterrado los dedos
en su cabello, conteniendo un gemido. – No....aquí
no, Camadai. No quieres que mis subordinados me pierdan el respeto...¿o
sí? – sonrió, pensando en que le importaba muy
poco en realidad, ya que él no se los permitiría así
de fácil.
-Sensei… no seas aburrido… ¿Qué importancia
tiene lo que piensen, si puedes matarlos con sólo desearlo?-
el moreno le separó las piernas, sonriendo -Dime sensei ¿Qué
quieres que haga? Lo que tú me mandes… lo acataré.
- Bien....digamos que quiero que me toques entonces, Camadai, que
quiero sentirte. – sonrió de medio lado, preguntándose
no por primera vez, cómo sería hacer aquello con un
demonio, y agachándose frente a él, para mirarlo a
los ojos. – Pero ahora mismo, voy a ir a mi oficina.
Camadai se quedó observándolo arrodillado y le bajó
el pantalón con los dientes, abriéndolo y lamiendo
su sexo sobre la ropa interior, sonriendo levemente ante su desobediencia
y deteniendo la lengua sobre él, empapando la tela -Sensei…
hueles muy bien…
Shisou respiró agitado, sintiendo su sexo reaccionar, sonriendo
un tanto incrédulo ante la desobediencia total del demonio,
y lanzando de pronto una mirada seria, que más bien fue un
puñetazo mental, a uno de los guardias que se había
quedado mirándolo con cara de asombro en contra de su mejor
juicio, y que luego de aquello, salió casi corriendo del
pasillo, sin siquiera atreverse a decir nada. Shisou volvió
a mirar al demonio arrodillado frente a él, sonriendo como
si nada hubiese pasado. - ¿Qué? ¿Te huelo a
nena? – bromeó, repitiendo las palabras de Shiryou
y mordiéndose un labio luego. – No eres muy bueno obedeciendo
órdenes, Camadai.....¿No se supone que harías
lo que te pidiera?
- Dijiste que querías que te tocara y es lo que hago…
¿no lo hago bien, sensei?- sonrió con malicia, apartando
la goma de la ropa interior y bajándola por una de sus caderas
-Hueles a... deseo…- deslizó la lengua por su glande,
notando el calor de este y el sabor de su piel levantándose
después y apretándose contra él -Ve a tu oficina…
- Es....lo que haré..... – dijo, obviamente excitado,
subiéndose la ropa interior y los pantalones y separándose
un tanto de él.
-Qué orgulloso sensei… ¿no quieres que siga?-
preguntó, apretándolo de nuevo contra la pared, notando
su sexo contra su cuerpo.
El moreno dejó escapar un gemido, sin poder reprimirlo ya,
alzando los ojos azules, teñidos con el deseo hasta los del
demonio. – Si quiero que sigas...? Tal vez lo que quiero es
que me sigas..... – se rió ligeramente empujándolo
con suavidad. – Sabes donde estaré si deseas saber
la respuesta.....
-¿Ya no te preocupa aburrirme, sensei?- el moreno lo agarró
de la muñeca sin dejarlo irse besándolo profundamente
y sujetándolo bajo las nalgas, subiéndolo en sus brazos
y lamiendo su cuello, moviéndolo sobre él -Me deseas
demasiado ¿verdad? Ya no te importa nada…
- Nunca estuve preocupado en realidad, Camadai.....- le contestó,
cerrando los ojos, dejándose llevar por el momento. –
Pero me pregunto....¿qué harás ahora? Cuando
te aburras de mí.....ahora que estamos unidos.
-¿Matarte?...- sonrió, deslizando la lengua por su
garganta y mordiendo su mentón con suavidad, arrastrando
los dientes por él -¿pero quien dice que vayas a cansarme,
sensei? Si me estoy divirtiendo mucho y apuesto a que Jaken también…-
dijo mirando de soslayo al rubio, que estaba de brazos cruzados
en el pasillo, limitándose a observar.
El moreno entreabrió los ojos, mirando de soslayo sin comprender
por qué decía aquello, hasta que vio al rubio, parado
allí observándolos. – Jaken sensei! –
exclamó de inmediato, enrojeciendo. ¿Desde cuando
estaba ahí?
Camadai lo dejó bajar de sus brazos, rodeándole la
cintura, sin dejarlo separarse de él y deslizando una de
sus manos por las nalgas del moreno. El rubio dirigió su
mirada a Shisou y miró después a las habitaciones
y el suelo, observando el desperfecto como si no lo hubiera notado
hasta ese momento -Buenas noches…- dijo sin más, sonriendo
extrañamente de pronto.
- Es suficiente, Camadai. – le tomó la mano, separándola
de sus nalgas, intentando componerse, aunque no conseguía
quitarse el sonrojo. – Buenas noches, Jaken sensei. Tuvimos......un
in...incidente. – explicó, molesto consigo mismo por
no poder actuar con normalidad.
-Ya lo veo… unos cuantos… pero Shisou… querido,
a mí sí me parece importante si me amas o no…-
el rubio pasó a su lado, dirigiéndole una última
mirada, antes de marcharse por los pasillos hacia las plantas superiores
a enterarse de lo sucedido. Camadai sonrió, apoyándose
en la pared.
Shisou se pasó la mano por el cabello, contrariado, mirando
luego al demonio, obviamente molesto. – Lo sabías,
¿no es cierto? ¿Sabías que estaba allí?
-Desde luego… igual que sabía que estabas en peligro,
sensei…- Camdai sonrió más ampliamente mirándolo
-¿Vas a llorar sensei?
- ¿Llorar? – el moreno sonrió de manera bastante
ácida, sin quitarle la mirada. – ¿Es eso lo
que quieres? Yo lloro tan frecuentemente como me asusto.
-¿Te asustaría que lo matase?- preguntó de
pronto, mirándolo a los ojos mucho más serio cambiando
su actitud burlona. - Puedo matarlo y si no pudiera, podría
soltar a Samael y Auriel y ellos lo harían porque están
deseándolo ¿sabías? Lo están deseando…
- se echó hacia él, mordiéndole el cuello con
fuerza y lamiéndoselo después -No te olvides de con
quien hablas… nunca…
El moreno lo empujó para apartarlo, cabreado como estaba,
llevándose la mano al cuello, donde le había dejado
una marca. – Tú tampoco olvides con quien hablas. Se
supone que soy tu amo y que debes obedecerme. Y aunque no lo hagas.......-
apretó los puños, casi temblando de la furia, sin
dejar de mirarlo a los ojos. – ...no soy una pobre y débil
criatura a la que puedas atemorizar y amenazar a tu antojo. No pienso...no
pienso...no seré intimidado! – gritó, haciendo
estallar inconscientemente una de las bombillas del pasillo a su
espalda.
Camadai entrecerró un ojo mirando al techo y le pasó
la mano por el pelo, revolviéndoselo. -Ahora comienzas a
parecer mi amo… tal vez comience a obedecerte algún
día…- se rió, caminando por los pasillos hacia
la cafetería.
Shisou dejó escapar un exasperado suspiro, echándose
el cabello para atrás de nuevo, y dirigiéndose hacia
su oficina como era el plan original, aunque no tenía muchos
deseos de trabajar. No se le pasaba el enojo.
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