.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 91

The Mark of the Devil

Jaken siguió a los vigilantes que lo llevaron hasta la celda de Garou donde observó el cristal reventado y ni rastro del lobo. Notó cómo le bullía la sangre con la furia y se giró, sujetando a uno de los vigilantes por la cara, levantándolo y haciendo que descargase un alarido lanzándolo por la ventana contra la jaula del ángel/demonio destrozándolo contra los metales. Se giró ante el otro vigilante que ni siquiera podía moverse del terror.

Pasó por su lado como si no existiera, entrando en el cuarto de Shisou -Garou ha escapado y alguien lo ha ayudado. Él no podía romper ese cristal sólo- espetó sin más.

Shisou suspiró, alzando el rostro, contrariado y poniéndose de pie inmediatamente. – Supongo que sabemos quien fue.... – se pasó la mano por el cabello, algo cansado de tener que arreglar los desastres de ese demonio. Ni siquiera malherido podía quedarse quieto. – Jaken sensei, lo lamento, todo esto es culpa mía. Lo traeré de vuelta, se lo prometo. – ofreció, un poco avergonzado por no cumplir bien su trabajo.

-No, no es tu culpa, es culpa de ese maldito demonio- se apartó el pelo de la cara, un tanto exasperado, aunque tranquilizándose y subiéndose los lentes -Encuéntralo y que él te ayude a buscarlo. Dile que lo traiga o yo mismo mataré a Aziel- miró a los ojos azules de su compañero sin ocultar su disgusto.

Shisou observó sus ojos, un tanto sobrecogido al no encontrar la familiar mirada tranquila y reconfortante en ellos. Sí se sentía culpable, después de todo, era él quien había liberado a Camadai, pero le pareció que era mejor no insistir con eso. – Lo haré, saldremos inmediatamente.

-Bien…- el rubio se volvió para salir, frenándose y volviéndose para sonreírle, acariciándole la mejilla -Querido, ten cuidado, puedo prescindir de Garou pero no de ti…- dijo calmándolo al notarlo nervioso, acercándose y besándolo delicadamente -Si a las tres no lo has encontrado, vuelve… no me decepcionarás.

- Muchas gracias, pero lo encontraré. – prometió, más tranquilo, de manera un tanto vehemente, sintiéndose como un chiquillo de nuevo. – No tiene sentido mi presencia aquí si no puedo serle útil.
-Me eres útil de muchos modos querido y no es tu misión recuperar objetos perdidos sino la de los vigilantes no perderlos…- le besó el cuello lamiéndolo suavemente y sintiendo que debería salir a cazar esa noche. Le acarició la mejilla, separándose y saliendo del cuarto.

- Gracias.. – susurró Shisou tocándose la mejilla y saliendo enérgicamente de la habitación, luego, dirigiéndose a la de Shiryou con paso decidido.

El moreno lo miró abrir la puerta apoyado contra la pared e imaginándose qué era lo que venía a soltarle -¿Sí?- preguntó como si no supiera -Who let the dog out…- sonrió, mirándolo, atento a su enfado.

- ¿Te estás divirtiendo, Shiryou? – el doctor se cruzó de brazos, observándolo, claramente disgustado. - ¿Por qué insistes en hacer estas cosas? ¿Qué no te puedes estar tranquilo ni un día?

-Sí…porque me aburro y por venganza y … no- el moreno lo miró, golpeando un poco su propia espalda contra la pared como rebotando -Pero si fuera bueno sensei… qué aburrido ¿verdad?

- No sé qué piensas, Shiryou, pero yo podría aguantar un poco más de aburrimiento estos días. – lo miró, aún reprobatoriamente, alterado. – Vamos a salir.

- Bien… salgamos…- el moreno, que no había vuelto a quitarse la ropa robada, lo siguió por los pasillos hacia la salida -Estás enfadado… pero qué susceptible, sensei… no le hice daño a nadie…

- No, sólo me complicas las cosas, y atrasas mi trabajo y eso debe hacerme feliz. – se giró, mirándolo a la cara. – Ahora, vas a ayudarme a buscar a Garou, ¿entiendes? Estoy cansado de estar arreglando problemas.

-Vaya… yo estoy cansado de tantas cosas, sensei… que me voy a echar a llorar…- el moreno lo siguió, guardándose las manos en los bolsillos y caminando tras él con la apariencia de Shiryou -¿Qué hace el sensei para divertirse? ¿O sólo esta aquí encerrado sin hacer nada viendo su vida pasar y entregándosela a otro? Tic tac…

- En caso de que no te hayas enterado, esto no es una excursión. – lo miró por sobre su hombro, saliendo fuera, sintiendo el aire de la noche. – Si tanto te interesa, sí, salgo de vez en cuando, pero lo que haga con mi tiempo es sólo cosa mía. Además, esta es mi vida y estoy muy satisfecho con ella, no necesito entretenimientos estúpidos para llenar ningún vacío, ¿sabes?

-Se te nota…- el moreno dibujó una sonrisa en los labios, acercándose a él y cogiéndolo por los hombros, apoyando los labios contra su mejilla -El sensei nunca fue un niño normal… el sensei nunca fue un chico normal… el sensei jamás será normal… pero al sensei le gustaría hacer cosas normales ¿verdad sensei? ¿Cómo te sentiréas si te cogiera la mano así…?- dijo resbalando la suya y entrelazando los dedos con los de él -Si fueramos a algún lugar… a hablar de algo que no fuera esto… pero el sensei no puede, porque no vive para él…

Shisou suspiró, bajando la mirada por un momento a su mano, y sacudiéndola luego, para soltarse. - ¿Quieres dejar de decir tonterías? ¿Por qué demonios querría ser normal? Es patético! Si hago esto, es porque lo deseo, fui yo quien le pidió a Jaken sensei que me dejase ayudarlo. Yo decidí esto, no tengo por qué arrepentirme. – aceleró el paso, metiéndose las manos en los bosillos. – Ahora, vamos a buscar a Garou, a menos que quieras que mate a Aziel, y francamente, dudo que quieras eso.

-No… preferiría que me lo hiciera él a mí…- el demonio lo miró divertido, sonriendo de medio lado y siguiéndolo -Pero sensei, te molestas tanto por una conversación tan normal … que parece que te afecta… a mí me gustas sensei ¿Por qué no quieres jugar conmigo? ¿Es porque soy extraño?

- ¿Puedes dejar eso? – Shisou se detuvo, pasándose una mano por el cabello, girnado el rostro apenas un poco. – Es estupendo que te estés divirtiendo tanto, pero salimos a buscar a Garou, no a hablar de mí y mucho menos a entretenerte.

Shiryou se rió sin poder evitarlo -Pero sensei… ya lo estamos buscando ¿no? ¿O es que te estoy tapando los ojos?- el moreno lo abrazó por la espalda, rodeándolo por el pecho y apoyando los labios contra su mejilla -Shisou… tú sabes que te gusta que te desobedezca ¿verdad?

El moreno suspiró, relajándose un poco y cerrando los ojos. - ¿Por qué siempre tienes que estar contrariándome? A veces pienso que te ofreciste a servirme sólo para poder desobedecerme. – sonrió de medio lado, sin poder evitarlo. - Eres un dolor de cabeza viviente.

-Al fin sonríes… pensaba que eras tan necio que no lo harías…- el moreno sonrió más ampliamente divertido –No, sensei… no fue para eso… fue para hacerte feliz y que me quieras ¿no quieres amarme?- el moreno sonrió, con aquel rostro infantil dejando que sus ojos brillasen azulados y abriendo las alas en su espalda llevándoselo a lo alto de un edificio, sentándolo en el borde y quedándose de pie a su espalda observando desde arriba. No tenía sentido para él buscarlo, cuando ya sabía donde estaba.

- Sí, Camadai, eres todo un ángel, ¿no? –bromeó, girando el rostro para observarlo, con el cabello revuelto por el viento. – Ya te dije que me agradas, incluso si eres desesperante. – comentó, mirando hacia debajo de nuevo, sin ceder demasiado, observando la ciudad. – No deberíamos estar haciendo esto, estamos perdiendo el tiempo.

Shiryou se echó a reír mirándolo desde arriba -No… más bien, no… pero… ¿Qué quieres que te diga sensei…? - se colgó hacia delante hasta bajar el rostro a su altura -Te pedí obedecerte porque me pareces el adecuado… y yo opino que buscar a un lobo es una pérdida de tiempo… opino que encerrarte en un edificio a probar químicos es una pérdida de tiempo ¿quieres que te tire al vacío?

- No, realmente no, pero me pregunto si te sientes tentado a desobedecerme. – le sonrió, sin poder evitarlo de nuevo. – Y no es una pérdida de tiempo para mí, ya te dije que lo hago porque quiero. No importa lo que opines, no es tu vida de todas maneras. ¿De veras no te importa que Aziel muera? Creí que te interesaba.....

-Me interesa… pero me canso rápido… ya lo sabes… y realmente sí.. me estoy sintiendo tentado a desobedecerte- el moreno lo cogió en brazos, colocándose en la esquina y balanceándose en las plantas de los pies, abriendo finalmente los brazos y dejándolo caer cogiéndole la mano y observándolo colgando de ella.

El chico alzó los ojos azules, observándolo, con una sonrisa sarcástica en el rostro, y sin evidenciar ningún tipo de miedo. Lo más que había sentido era un vacío en el estómago al caer. – Creí que te agradaba.....Y ¿qué sucede....si te pido que me sueltes?

-Si no me agradases no estarías pendiendo de mi mano ¿no crees?- Camadai lo balanceó en su brazo mirándolo divertido -No tienes miedo… no lo sé, prueba… si es lo que quieres… ¿a que esperas? Suéltame tú…

Shisou sonrió más ampliamente, con la mirada un tanto extraña, abriendo ligeramente la mano, deslizándose, preguntándose si lo salvaría o lo dejaría caer.

El moreno abrió la mano para dejarlo caer al vacío, observando cómo se precipitaba pegado a los cristales del edificio y extendiendo la mano dejándole salir alas en la espalda preguntándose si entendería cómo usarlas antes de llegar al suelo y acuclillándose en la cornisa, mirándolo con atención.

Shisou se dejó caer, con gesto tranquilo, seguro de que se precipitaba, pero se sentía como si todo estuviese sucediendo sumamente lento. Extendió la mano hacia el moreno en l cornisa, al ver lo que hacía, sintiendo algo extraño en su espalda y comprendiendo, cerrando los ojos un segundo más tarde para trabajar en su propia mente. No necesitaba saber usarlas, sólo pensar que lo sabía, y estaba convencido de que podría. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba arriba de nuevo, frente al demonio, extendiendo su mano hacia él nuevamente.

Camadai le rozó las yemas de los dedos sujetándole la muñeca y atrayéndolo hacia él, dejándose caer al vacío de espaldas, abrazándolo y viendo cómo las alas del chico se iban desvaneciendo en polvo –Tú nunca tienes miedo ¿verdad? Qué interesante…- se detuvo justo antes de chocar contra el pavimento -¿o es que confías en mí?- preguntó, extrañado sujetándolo en brazos acostado sobre el suelo.

- Si muero, sólo muero. ¿Qué tendría que temer? – le contestó el moreno de ojos azules, con la mirada un tanto perdida entre sus brazos, dibujando una leve sonrisa luego. – O tal vez confío en ti, ¿quién sabe?

-Quien sabe… pero si te mueres, no sólo mueres sensei… Si te mueres, vas al infierno… y no te gustaría nada…- el moreno se levantó llevándolo en brazos y alzándolo un poco le sonrió de medio lado, mirándolo a los ojos -O tal vez sí te guste…- anunció, besándolo profundamente.

Shisou cerró los ojos, dejándose besar, separándose luego, para mirarlo a los ojos de nuevo, sonriendo. – En todo caso, será interesante.... – le acarició la mejilla, continuando con el beso interrumpido.

Camadai se apartó riendo -¿Interesante? Tú si eres interesante…- dijo dejándolo resbalar al suelo y pasando los brazos por su cintura, acariciando sus nalgas y subiéndolo un poco contra su cuerpo de nuevo y llevándolo hacia la playa, caminando por la arena y escuchando el crujir del nácar bajo sus pies y se sentó con el moreno sobre él pasándole la mano por el pelo ahora agitado por el viento -¿Alguna vez has visto a un demonio enamorado, sensei?- preguntó sonriendo y riéndose después echando la cabeza hacia atrás.

Shisou giró el rostro para observarlo mejor, sonriendo ante la risa del demonio, antes de contestar a su pregunta. – No, y para serte sincero....no creo que lo llegue a ver.

-Pero ya lo estás viendo…- el moreno sonrió con malicia, apoyando los labios en su cuello y besándolo, desabrochándole la camisa para bajarla por sus hombros hasta los codos del doctor acariciando su pecho con ambas manos -No te puedo obligar a quererme, pero no te dejaré amar a nadie más…

Shisou suspiró echando la cabeza hacia atrás, apoyándola en su hombro, aún sonriendo. - ¿De veras? Y ¿qué harías si me enamoro de alguien más?

-Lo mataría… claro está…- el moreno sonrió, aún observando su rostro sereno como si nada le afectase y besándole el cuello, apreciando el aroma de su piel -Si maté a los siete maridos de la única persona de la que me enamoré antes… puedo hacer lo mismo de nuevo…

- Me temo que eso no será posible, porque.....no tengo pensado tener ningún marido, y mucho menos siete. – se rió, bromeando, por supuesto. Lo cierto es que ya se había esperado una respuesta así. – Repetir la historia.......no es muy sabio....

-Pero el protagonista es diferente… ¿o vas a echarte a llorar? Porque no te veo huir de mí y rogarle a Dios que te salve del infierno en el que convierto tu vida…- el moreno se volteó en la arena rodeándose de aquel brillo azul y retornando a su aspecto como Camadai besándole el pecho y deslizando un dedo por sus labios pensando en que no estaban buscando al lobo para triunfo suyo.

- Realmente no creo que Dios me ayudaría, Camadai..... – lo observó a los ojos, sonriendo levemente. – Y ya te dije que no te tengo miedo, ¿de qué tendría que huir?

El demonio sonrió, mirándolo a los ojos -Tienes razón, no lo haría. Ni a ti, ni a la mayoría… - el moreno pegó las caderas más contra las suyas observándolo -No lo sé… del dolor… de la muerte… pero nada de eso te asusta ¿verdad? ¿Entonces, qué importancia tiene?

- Ninguna, nada tiene importancia, excepto el hecho de que no estamos buscando a Garou. – soltó una risita de pronto, separándose un poco de él, y sintiéndose irresponsable. – Tal vez aún tenemos tiempo....

-De esto si escapas- el moreno se levantó riéndose -Uno… dos…- dijo haciendo que las muñecas de Shisou quedasen sujetas en la arena por aquella sustancia brillante -tres y cuatro- dijo mirando ahora sus tobillos -Te dejaré ahí… - dijo seriamente planteándoselo.

- Shiryou! ¿Qué haces? – protestó obviamente irritado, suspirando luego y preguntándose por qué demonios no le freía el cerebro, aunque no es que eso fuese a hacer mucho bien de todas maneras. – Y dime, ¿tenías un plan o vas improvisando dependiendo de lo que suceda? ¿Qué haces si te digo que me sueltes?

- No sé… prueba… y no tenía ningún plan…- el moreno lo miró, riéndose y acuclillándose en el suelo a su lado -Si te digo lo que haré… ya sabrás qué contestarme y así no será divertido… Claro, que tú no pareces divertirte mucho… pareces enfadado ¿no te gusta estar solo?

- No me gusta estar atado y que decidan lo que puedo o no hacer. – lo miró, molesto por sus juegos, sintiéndose algo cansado. – Suéltame.

-Te estás enfadando… entonces dejaremos que Jaken crea que estás buscando toda la noche pero en lugar de eso, estarás aquí atadito… - el moreno miró hacia el mar extendiendo la mano hacia allí y de él comenzaron a surgir cuerpos azulados, dejándose escuchar el sonido de armaduras metálicas. Más de setenta que avanzaban hacia la playa mientras el cielo se oscurecía aún más -¿Aún no tienes miedo?

- ¿Miedo de qué? – sentenció necio, obligándose a sí mismo a desviar la mirada del espectáculo para mirarlo fríamente a los ojos. - ¿A esto llamas servir?

-Pero tengo que estar seguro de que un simple mortal puede disponer de todo mi poder- el moreno bajó la mano haciendo que del cielo descendiesen otros tantos seres alados y lo miró con los ojos brillantes desplegando las alas en su espalda más enormes que nunca haciendo que saliesen de debajo de la arena, deteniéndose en torno a ellos como esperando ser comandados.

Shisou se empezó a reír, un tanto desquiciadamente, moviendo la cabeza y observándolo a través del flequillo que cayó sobre su frente. – Un simple mortal..... – realmente le molestaba que lo tratase así, como si fuera común y corriente. No sería un demonio, peor tampoco era cualquier humano. Se calmó un poco, aún mirándolo y sonriendo. - ¿Aún estoy viendo a un demonio enamorado o se te quitó cuando me acordé de Garou?

Shiryou lo miró casi sin creérselo, realmente seducido por aquella forma de reírse -No… en realidad, no… más bien tiene que ver con Jaken …- sonrió de medio lado dejando avanzar a una enorme figura luminosa entre todas, subiéndose en el moreno, entrelazando los dedos con los suyos y sintiendo cómo le atravesaba el cuello tosiendo sangre sobre el pecho del moreno y levantando la mano de la del moreno, observando el símbolo en ella -Ahora eres mi dueño…- dijo levantándose y liberándolo, haciendo que aquellos seres desapareciesen y una cadena brillante colgase de su cuello, desapareciendo poco a poco también.

El doctor se enderezó, mirando el símbolo en su mano, al demonio y luego a la playa, en donde sólo se encontraban ellos dos ahora. Inclinó un tanto la cabeza, escuchando el sonido de las olas, preguntando intrigado. - ¿Qué acabas de hacer?

-Matarme… y unirme a ti…- sonrió riéndose un poco -Ahora te obedeceré, quiera o no… Claro que… si me matan, tú morirás conmigo, es un pequeño precio a pagar por mi poder… ¿no crees? Además, tú no temes a la muerte… sensei…

- No, no le temo a mí muerte, no esperaba depender de la tuya – le contestó, un tanto ido, riéndose un poco. - ¿Se puede saber qué te hizo unirte a mí de esta manera? – lo observó, aún sin poder créerselo.

-Estoy enamorado de ti…- el moreno lo miró sonriendo y riéndose después -Sólo quería asegurarme de que estaríamos juntos- se rió de nuevo mordiéndose un labio -y también de que me ayudarás si estoy en peligro … como si me amases ¿ne?- el moreno se rió, echando a andar hacia la clínica -Lástima… no lo hemos encontrado hoy…

Shisou meneó la cabeza, riendo. Ya se esperaba una contestación por el estilo, y se puso de pie siguiéndolo. – No creo que Camadai, necesite de la protección de un simple mortal. – comentó en broma, aunque aún le molestaba esa frasesita. - ¿Sabes lo que estoy sintiendo ahora?

-No lo sé… ¿crees que soy psicólogo?- el moreno lo miró de soslayo pasándose la mano por el cabello negro y apartándoselo de la cara -Seguramente algo complejo.

- Tal vez. – le contestó sencillamente, sin inmutarse en revelarle lo que fuera que estaba sintiendo.

El moreno se volvió a mirarlo curioso -¿No me lo vas a decir?- preguntó parándose frente a él, pasándole la mano por el pecho y sonriendo de medio lado -¿Te sientes poderoso? ¿Te sientes enfadado? ¿Cómo te sientes? Yo me siento igual que antes…

- Me siento.....como me siento, es todo lo que diré. – le sonrió, evitando contestarle de nuevo.

Camadai lo miró a los ojos, confundido porque le negase eso y acercándose más, apoyando los labios contra los suyos -¿No me vas a decir?- bajó las manos por el contorno de su cuerpo hasta agacharse en el suelo, lamiendo su sexo sobre la tela y mordiéndolo con suavidad -Dímelo…

Shisou se inclinó hacia delante, dejando escapar el aliento por entre sus labios, algo agitado, sonriéndole. – Ahora, sólo me siento algo excitado..... – dejó escapar una risita, aún negándose.

El demonio dejó escapar una mirada un tanto impaciente, un tanto teñida de enfado ante la negación del que ahora era su señor y abrió su pantalón, lamiendo sus caderas y arrastrando los labios por su sexo y lamiéndolo hasta arrastrar la lengua por su pubis levantándose y pegándolo contra él metiendo las manos bajo su ropa sujetando sus nalgas -Dímelo…- pidió esta vez mirando a un lado al sentirse observado, viendo a un par de chicos que se acercaban -Dímelo…- volvió a insistir al notar que sólo eran humanos.

- ¿Por qué tanta insistencia, Camadai? ¿Para qué quieres saber lo que siento? Es sólo porque te digo que no? – preguntó, sonriendo aunque genuinamente intrigado de pronto, acariciando su cuello, dirigiendo una mirada de reojo a los chicos que pasaban, un tanto irritado.

-Es sólo porque no me lo quieres decir…- el moreno lo miró a los ojos sonriendo de medio lado -¿Qué sucede? ¿Te molestan? ¿Si los mato me lo dices?- preguntó, lamiéndole el cuello y olvidándose un poco de ellos. De todos modos, no le suponían ningún problema ni tampoco a Shisou.

-Eh! Maricas, que no podeis iros a hacer esas asquerosidades en privado…- dijo uno que al parecer, debía ser el que tenía la boca más grande.

Shisou se relamió los labios, colocando un dedo sobre la boca del moreno, sonriendo de manera maliciosa. En realidad, había pensado en dejarlos pasar simplemente, hasta que el chico abrió la boca. No iba a permitirle a alguien como él faltarle el respeto. – No.... – le contestó al demonio, aún sonriendo sin dejar de ver a los chicos – S e me ocurre un juego mejor. Si ellos consiguen contestar correctamente a una sola pregunta, conservarán sus vidas. Si no, tú los matarás y yo contestaré a tu pregunta. Eh, chicos! ¿Pueden resolverme una duda? – alzó la voz, sonriendo aún más. – Si Dios es todopoderoso, y todo bondad, entonces, ¿por qué suceden cosas malas?

-Vale…- dijo el demonio divertido por el juego, volviéndose a mirarlos.

-¿Qué mierda quieres decir con eso, tío? ¿Estás chiflado?- el moreno se separó un poco del doctor.

-Mal- contestó simplemente Camadai bajando la mano y haciendo que su propia energía atravesara el suelo bajo las piernas del chico, atravesándolo hasta la boca, la materia azul se disipó dejándolo caer al suelo entre estertores y sangre -Tú…- dijo señalando al otro.

Shisou se rió, apoyándose en un hombro del demonio, divertido. – Vamos, no es tan difícil. Los teólogos sólo han estado luchando con eso por....no sé, ¿cientos de años? Tal vez incluso salga tu nombre en una enciclopedia. Eh, eh! – movió una mano acallándolo, viendo que el espantado chico movía los labios, y le sonrió, achicando un poco los ojos. - ...pero piénsalo bien, sólo tienes una oportunidad.

-No…no… no lo sé… porque… porque es un hijo de puta!- el chico se echó atrás ante la mirada de los dos jóvenes que sonreían con un gesto que parecía del mismo diablo. Camadai se quedó mirándolo algo decepcionado sin hacer nada.

Shisou dejó escapar una risita, inclinándose un poco hacia delante uy mirando luego a Camadai de reojo. – Pues......es una respuesta bastante buena, no te lo niego, pero....yo pregunté por qué suceden las cosas malas y esa respuesta sólo aplica a tu situación personal y sólo parcialmente a eso. – le dio la espalada, dirigiendo la mirada hacia el camino que ya habían recorrido, girándose de nuevo por último. – Es una pena que seas tan egocéntrico.

-Al sensei no le gustó tu respuesta…lo siento… ¿o no?- el moreno se volvioóde espaldas sonriendo para seguir a Shisou y cuando el joven se disponía a irse, creyendo que se había librado, lo atravesó con las alas estirándose sin siquiera volverse y haciéndolas desaparecer de nuevo, salpicándose de sangre -Regresemos…

 
 

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