| Capítulo 91
The Mark of the Devil
Jaken siguió a los vigilantes que lo llevaron hasta la celda
de Garou donde observó el cristal reventado y ni rastro del
lobo. Notó cómo le bullía la sangre con la
furia y se giró, sujetando a uno de los vigilantes por la
cara, levantándolo y haciendo que descargase un alarido lanzándolo
por la ventana contra la jaula del ángel/demonio destrozándolo
contra los metales. Se giró ante el otro vigilante que ni
siquiera podía moverse del terror.
Pasó por su lado como si no existiera, entrando en el cuarto
de Shisou -Garou ha escapado y alguien lo ha ayudado. Él
no podía romper ese cristal sólo- espetó sin
más.
Shisou suspiró, alzando el rostro, contrariado y poniéndose
de pie inmediatamente. – Supongo que sabemos quien fue....
– se pasó la mano por el cabello, algo cansado de tener
que arreglar los desastres de ese demonio. Ni siquiera malherido
podía quedarse quieto. – Jaken sensei, lo lamento,
todo esto es culpa mía. Lo traeré de vuelta, se lo
prometo. – ofreció, un poco avergonzado por no cumplir
bien su trabajo.
-No, no es tu culpa, es culpa de ese maldito demonio- se apartó
el pelo de la cara, un tanto exasperado, aunque tranquilizándose
y subiéndose los lentes -Encuéntralo y que él
te ayude a buscarlo. Dile que lo traiga o yo mismo mataré
a Aziel- miró a los ojos azules de su compañero sin
ocultar su disgusto.
Shisou observó sus ojos, un tanto sobrecogido al no encontrar
la familiar mirada tranquila y reconfortante en ellos. Sí
se sentía culpable, después de todo, era él
quien había liberado a Camadai, pero le pareció que
era mejor no insistir con eso. – Lo haré, saldremos
inmediatamente.
-Bien…- el rubio se volvió para salir, frenándose
y volviéndose para sonreírle, acariciándole
la mejilla -Querido, ten cuidado, puedo prescindir de Garou pero
no de ti…- dijo calmándolo al notarlo nervioso, acercándose
y besándolo delicadamente -Si a las tres no lo has encontrado,
vuelve… no me decepcionarás.
- Muchas gracias, pero lo encontraré. – prometió,
más tranquilo, de manera un tanto vehemente, sintiéndose
como un chiquillo de nuevo. – No tiene sentido mi presencia
aquí si no puedo serle útil.
-Me eres útil de muchos modos querido y no es tu misión
recuperar objetos perdidos sino la de los vigilantes no perderlos…-
le besó el cuello lamiéndolo suavemente y sintiendo
que debería salir a cazar esa noche. Le acarició la
mejilla, separándose y saliendo del cuarto.
- Gracias.. – susurró Shisou tocándose la mejilla
y saliendo enérgicamente de la habitación, luego,
dirigiéndose a la de Shiryou con paso decidido.
El moreno lo miró abrir la puerta apoyado contra la pared
e imaginándose qué era lo que venía a soltarle
-¿Sí?- preguntó como si no supiera -Who let
the dog out…- sonrió, mirándolo, atento a su
enfado.
- ¿Te estás divirtiendo, Shiryou? – el doctor
se cruzó de brazos, observándolo, claramente disgustado.
- ¿Por qué insistes en hacer estas cosas? ¿Qué
no te puedes estar tranquilo ni un día?
-Sí…porque me aburro y por venganza y … no-
el moreno lo miró, golpeando un poco su propia espalda contra
la pared como rebotando -Pero si fuera bueno sensei… qué
aburrido ¿verdad?
- No sé qué piensas, Shiryou, pero yo podría
aguantar un poco más de aburrimiento estos días. –
lo miró, aún reprobatoriamente, alterado. –
Vamos a salir.
- Bien… salgamos…- el moreno, que no había vuelto
a quitarse la ropa robada, lo siguió por los pasillos hacia
la salida -Estás enfadado… pero qué susceptible,
sensei… no le hice daño a nadie…
- No, sólo me complicas las cosas, y atrasas mi trabajo
y eso debe hacerme feliz. – se giró, mirándolo
a la cara. – Ahora, vas a ayudarme a buscar a Garou, ¿entiendes?
Estoy cansado de estar arreglando problemas.
-Vaya… yo estoy cansado de tantas cosas, sensei… que
me voy a echar a llorar…- el moreno lo siguió, guardándose
las manos en los bolsillos y caminando tras él con la apariencia
de Shiryou -¿Qué hace el sensei para divertirse? ¿O
sólo esta aquí encerrado sin hacer nada viendo su
vida pasar y entregándosela a otro? Tic tac…
- En caso de que no te hayas enterado, esto no es una excursión.
– lo miró por sobre su hombro, saliendo fuera, sintiendo
el aire de la noche. – Si tanto te interesa, sí, salgo
de vez en cuando, pero lo que haga con mi tiempo es sólo
cosa mía. Además, esta es mi vida y estoy muy satisfecho
con ella, no necesito entretenimientos estúpidos para llenar
ningún vacío, ¿sabes?
-Se te nota…- el moreno dibujó una sonrisa en los
labios, acercándose a él y cogiéndolo por los
hombros, apoyando los labios contra su mejilla -El sensei nunca
fue un niño normal… el sensei nunca fue un chico normal…
el sensei jamás será normal… pero al sensei
le gustaría hacer cosas normales ¿verdad sensei? ¿Cómo
te sentiréas si te cogiera la mano así…?- dijo
resbalando la suya y entrelazando los dedos con los de él
-Si fueramos a algún lugar… a hablar de algo que no
fuera esto… pero el sensei no puede, porque no vive para él…
Shisou suspiró, bajando la mirada por un momento a su mano,
y sacudiéndola luego, para soltarse. - ¿Quieres dejar
de decir tonterías? ¿Por qué demonios querría
ser normal? Es patético! Si hago esto, es porque lo deseo,
fui yo quien le pidió a Jaken sensei que me dejase ayudarlo.
Yo decidí esto, no tengo por qué arrepentirme. –
aceleró el paso, metiéndose las manos en los bosillos.
– Ahora, vamos a buscar a Garou, a menos que quieras que mate
a Aziel, y francamente, dudo que quieras eso.
-No… preferiría que me lo hiciera él a mí…-
el demonio lo miró divertido, sonriendo de medio lado y siguiéndolo
-Pero sensei, te molestas tanto por una conversación tan
normal … que parece que te afecta… a mí me gustas
sensei ¿Por qué no quieres jugar conmigo? ¿Es
porque soy extraño?
- ¿Puedes dejar eso? – Shisou se detuvo, pasándose
una mano por el cabello, girnado el rostro apenas un poco. –
Es estupendo que te estés divirtiendo tanto, pero salimos
a buscar a Garou, no a hablar de mí y mucho menos a entretenerte.
Shiryou se rió sin poder evitarlo -Pero sensei… ya
lo estamos buscando ¿no? ¿O es que te estoy tapando
los ojos?- el moreno lo abrazó por la espalda, rodeándolo
por el pecho y apoyando los labios contra su mejilla -Shisou…
tú sabes que te gusta que te desobedezca ¿verdad?
El moreno suspiró, relajándose un poco y cerrando
los ojos. - ¿Por qué siempre tienes que estar contrariándome?
A veces pienso que te ofreciste a servirme sólo para poder
desobedecerme. – sonrió de medio lado, sin poder evitarlo.
- Eres un dolor de cabeza viviente.
-Al fin sonríes… pensaba que eras tan necio que no
lo harías…- el moreno sonrió más ampliamente
divertido –No, sensei… no fue para eso… fue para
hacerte feliz y que me quieras ¿no quieres amarme?- el moreno
sonrió, con aquel rostro infantil dejando que sus ojos brillasen
azulados y abriendo las alas en su espalda llevándoselo a
lo alto de un edificio, sentándolo en el borde y quedándose
de pie a su espalda observando desde arriba. No tenía sentido
para él buscarlo, cuando ya sabía donde estaba.
- Sí, Camadai, eres todo un ángel, ¿no? –bromeó,
girando el rostro para observarlo, con el cabello revuelto por el
viento. – Ya te dije que me agradas, incluso si eres desesperante.
– comentó, mirando hacia debajo de nuevo, sin ceder
demasiado, observando la ciudad. – No deberíamos estar
haciendo esto, estamos perdiendo el tiempo.
Shiryou se echó a reír mirándolo desde arriba
-No… más bien, no… pero… ¿Qué
quieres que te diga sensei…? - se colgó hacia delante
hasta bajar el rostro a su altura -Te pedí obedecerte porque
me pareces el adecuado… y yo opino que buscar a un lobo es
una pérdida de tiempo… opino que encerrarte en un edificio
a probar químicos es una pérdida de tiempo ¿quieres
que te tire al vacío?
- No, realmente no, pero me pregunto si te sientes tentado a desobedecerme.
– le sonrió, sin poder evitarlo de nuevo. – Y
no es una pérdida de tiempo para mí, ya te dije que
lo hago porque quiero. No importa lo que opines, no es tu vida de
todas maneras. ¿De veras no te importa que Aziel muera? Creí
que te interesaba.....
-Me interesa… pero me canso rápido… ya lo sabes…
y realmente sí.. me estoy sintiendo tentado a desobedecerte-
el moreno lo cogió en brazos, colocándose en la esquina
y balanceándose en las plantas de los pies, abriendo finalmente
los brazos y dejándolo caer cogiéndole la mano y observándolo
colgando de ella.
El chico alzó los ojos azules, observándolo, con
una sonrisa sarcástica en el rostro, y sin evidenciar ningún
tipo de miedo. Lo más que había sentido era un vacío
en el estómago al caer. – Creí que te agradaba.....Y
¿qué sucede....si te pido que me sueltes?
-Si no me agradases no estarías pendiendo de mi mano ¿no
crees?- Camadai lo balanceó en su brazo mirándolo
divertido -No tienes miedo… no lo sé, prueba…
si es lo que quieres… ¿a que esperas? Suéltame
tú…
Shisou sonrió más ampliamente, con la mirada un tanto
extraña, abriendo ligeramente la mano, deslizándose,
preguntándose si lo salvaría o lo dejaría caer.
El moreno abrió la mano para dejarlo caer al vacío,
observando cómo se precipitaba pegado a los cristales del
edificio y extendiendo la mano dejándole salir alas en la
espalda preguntándose si entendería cómo usarlas
antes de llegar al suelo y acuclillándose en la cornisa,
mirándolo con atención.
Shisou se dejó caer, con gesto tranquilo, seguro de que
se precipitaba, pero se sentía como si todo estuviese sucediendo
sumamente lento. Extendió la mano hacia el moreno en l cornisa,
al ver lo que hacía, sintiendo algo extraño en su
espalda y comprendiendo, cerrando los ojos un segundo más
tarde para trabajar en su propia mente. No necesitaba saber usarlas,
sólo pensar que lo sabía, y estaba convencido de que
podría. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba
arriba de nuevo, frente al demonio, extendiendo su mano hacia él
nuevamente.
Camadai le rozó las yemas de los dedos sujetándole
la muñeca y atrayéndolo hacia él, dejándose
caer al vacío de espaldas, abrazándolo y viendo cómo
las alas del chico se iban desvaneciendo en polvo –Tú
nunca tienes miedo ¿verdad? Qué interesante…-
se detuvo justo antes de chocar contra el pavimento -¿o es
que confías en mí?- preguntó, extrañado
sujetándolo en brazos acostado sobre el suelo.
- Si muero, sólo muero. ¿Qué tendría
que temer? – le contestó el moreno de ojos azules,
con la mirada un tanto perdida entre sus brazos, dibujando una leve
sonrisa luego. – O tal vez confío en ti, ¿quién
sabe?
-Quien sabe… pero si te mueres, no sólo mueres sensei…
Si te mueres, vas al infierno… y no te gustaría nada…-
el moreno se levantó llevándolo en brazos y alzándolo
un poco le sonrió de medio lado, mirándolo a los ojos
-O tal vez sí te guste…- anunció, besándolo
profundamente.
Shisou cerró los ojos, dejándose besar, separándose
luego, para mirarlo a los ojos de nuevo, sonriendo. – En todo
caso, será interesante.... – le acarició la
mejilla, continuando con el beso interrumpido.
Camadai se apartó riendo -¿Interesante? Tú
si eres interesante…- dijo dejándolo resbalar al suelo
y pasando los brazos por su cintura, acariciando sus nalgas y subiéndolo
un poco contra su cuerpo de nuevo y llevándolo hacia la playa,
caminando por la arena y escuchando el crujir del nácar bajo
sus pies y se sentó con el moreno sobre él pasándole
la mano por el pelo ahora agitado por el viento -¿Alguna
vez has visto a un demonio enamorado, sensei?- preguntó sonriendo
y riéndose después echando la cabeza hacia atrás.
Shisou giró el rostro para observarlo mejor, sonriendo ante
la risa del demonio, antes de contestar a su pregunta. – No,
y para serte sincero....no creo que lo llegue a ver.
-Pero ya lo estás viendo…- el moreno sonrió
con malicia, apoyando los labios en su cuello y besándolo,
desabrochándole la camisa para bajarla por sus hombros hasta
los codos del doctor acariciando su pecho con ambas manos -No te
puedo obligar a quererme, pero no te dejaré amar a nadie
más…
Shisou suspiró echando la cabeza hacia atrás, apoyándola
en su hombro, aún sonriendo. - ¿De veras? Y ¿qué
harías si me enamoro de alguien más?
-Lo mataría… claro está…- el moreno sonrió,
aún observando su rostro sereno como si nada le afectase
y besándole el cuello, apreciando el aroma de su piel -Si
maté a los siete maridos de la única persona de la
que me enamoré antes… puedo hacer lo mismo de nuevo…
- Me temo que eso no será posible, porque.....no tengo pensado
tener ningún marido, y mucho menos siete. – se rió,
bromeando, por supuesto. Lo cierto es que ya se había esperado
una respuesta así. – Repetir la historia.......no es
muy sabio....
-Pero el protagonista es diferente… ¿o vas a echarte
a llorar? Porque no te veo huir de mí y rogarle a Dios que
te salve del infierno en el que convierto tu vida…- el moreno
se volteó en la arena rodeándose de aquel brillo azul
y retornando a su aspecto como Camadai besándole el pecho
y deslizando un dedo por sus labios pensando en que no estaban buscando
al lobo para triunfo suyo.
- Realmente no creo que Dios me ayudaría, Camadai..... –
lo observó a los ojos, sonriendo levemente. – Y ya
te dije que no te tengo miedo, ¿de qué tendría
que huir?
El demonio sonrió, mirándolo a los ojos -Tienes razón,
no lo haría. Ni a ti, ni a la mayoría… - el
moreno pegó las caderas más contra las suyas observándolo
-No lo sé… del dolor… de la muerte… pero
nada de eso te asusta ¿verdad? ¿Entonces, qué
importancia tiene?
- Ninguna, nada tiene importancia, excepto el hecho de que no estamos
buscando a Garou. – soltó una risita de pronto, separándose
un poco de él, y sintiéndose irresponsable. –
Tal vez aún tenemos tiempo....
-De esto si escapas- el moreno se levantó riéndose
-Uno… dos…- dijo haciendo que las muñecas de
Shisou quedasen sujetas en la arena por aquella sustancia brillante
-tres y cuatro- dijo mirando ahora sus tobillos -Te dejaré
ahí… - dijo seriamente planteándoselo.
- Shiryou! ¿Qué haces? – protestó obviamente
irritado, suspirando luego y preguntándose por qué
demonios no le freía el cerebro, aunque no es que eso fuese
a hacer mucho bien de todas maneras. – Y dime, ¿tenías
un plan o vas improvisando dependiendo de lo que suceda? ¿Qué
haces si te digo que me sueltes?
- No sé… prueba… y no tenía ningún
plan…- el moreno lo miró, riéndose y acuclillándose
en el suelo a su lado -Si te digo lo que haré… ya sabrás
qué contestarme y así no será divertido…
Claro, que tú no pareces divertirte mucho… pareces
enfadado ¿no te gusta estar solo?
- No me gusta estar atado y que decidan lo que puedo o no hacer.
– lo miró, molesto por sus juegos, sintiéndose
algo cansado. – Suéltame.
-Te estás enfadando… entonces dejaremos que Jaken
crea que estás buscando toda la noche pero en lugar de eso,
estarás aquí atadito… - el moreno miró
hacia el mar extendiendo la mano hacia allí y de él
comenzaron a surgir cuerpos azulados, dejándose escuchar
el sonido de armaduras metálicas. Más de setenta que
avanzaban hacia la playa mientras el cielo se oscurecía aún
más -¿Aún no tienes miedo?
- ¿Miedo de qué? – sentenció necio,
obligándose a sí mismo a desviar la mirada del espectáculo
para mirarlo fríamente a los ojos. - ¿A esto llamas
servir?
-Pero tengo que estar seguro de que un simple mortal puede disponer
de todo mi poder- el moreno bajó la mano haciendo que del
cielo descendiesen otros tantos seres alados y lo miró con
los ojos brillantes desplegando las alas en su espalda más
enormes que nunca haciendo que saliesen de debajo de la arena, deteniéndose
en torno a ellos como esperando ser comandados.
Shisou se empezó a reír, un tanto desquiciadamente,
moviendo la cabeza y observándolo a través del flequillo
que cayó sobre su frente. – Un simple mortal..... –
realmente le molestaba que lo tratase así, como si fuera
común y corriente. No sería un demonio, peor tampoco
era cualquier humano. Se calmó un poco, aún mirándolo
y sonriendo. - ¿Aún estoy viendo a un demonio enamorado
o se te quitó cuando me acordé de Garou?
Shiryou lo miró casi sin creérselo, realmente seducido
por aquella forma de reírse -No… en realidad, no…
más bien tiene que ver con Jaken …- sonrió de
medio lado dejando avanzar a una enorme figura luminosa entre todas,
subiéndose en el moreno, entrelazando los dedos con los suyos
y sintiendo cómo le atravesaba el cuello tosiendo sangre
sobre el pecho del moreno y levantando la mano de la del moreno,
observando el símbolo en ella -Ahora eres mi dueño…-
dijo levantándose y liberándolo, haciendo que aquellos
seres desapareciesen y una cadena brillante colgase de su cuello,
desapareciendo poco a poco también.
El doctor se enderezó, mirando el símbolo en su mano,
al demonio y luego a la playa, en donde sólo se encontraban
ellos dos ahora. Inclinó un tanto la cabeza, escuchando el
sonido de las olas, preguntando intrigado. - ¿Qué
acabas de hacer?
-Matarme… y unirme a ti…- sonrió riéndose
un poco -Ahora te obedeceré, quiera o no… Claro que…
si me matan, tú morirás conmigo, es un pequeño
precio a pagar por mi poder… ¿no crees? Además,
tú no temes a la muerte… sensei…
- No, no le temo a mí muerte, no esperaba depender de la
tuya – le contestó, un tanto ido, riéndose un
poco. - ¿Se puede saber qué te hizo unirte a mí
de esta manera? – lo observó, aún sin poder
créerselo.
-Estoy enamorado de ti…- el moreno lo miró sonriendo
y riéndose después -Sólo quería asegurarme
de que estaríamos juntos- se rió de nuevo mordiéndose
un labio -y también de que me ayudarás si estoy en
peligro … como si me amases ¿ne?- el moreno se rió,
echando a andar hacia la clínica -Lástima… no
lo hemos encontrado hoy…
Shisou meneó la cabeza, riendo. Ya se esperaba una contestación
por el estilo, y se puso de pie siguiéndolo. – No creo
que Camadai, necesite de la protección de un simple mortal.
– comentó en broma, aunque aún le molestaba
esa frasesita. - ¿Sabes lo que estoy sintiendo ahora?
-No lo sé… ¿crees que soy psicólogo?-
el moreno lo miró de soslayo pasándose la mano por
el cabello negro y apartándoselo de la cara -Seguramente
algo complejo.
- Tal vez. – le contestó sencillamente, sin inmutarse
en revelarle lo que fuera que estaba sintiendo.
El moreno se volvió a mirarlo curioso -¿No me lo
vas a decir?- preguntó parándose frente a él,
pasándole la mano por el pecho y sonriendo de medio lado
-¿Te sientes poderoso? ¿Te sientes enfadado? ¿Cómo
te sientes? Yo me siento igual que antes…
- Me siento.....como me siento, es todo lo que diré. –
le sonrió, evitando contestarle de nuevo.
Camadai lo miró a los ojos, confundido porque le negase
eso y acercándose más, apoyando los labios contra
los suyos -¿No me vas a decir?- bajó las manos por
el contorno de su cuerpo hasta agacharse en el suelo, lamiendo su
sexo sobre la tela y mordiéndolo con suavidad -Dímelo…
Shisou se inclinó hacia delante, dejando escapar el aliento
por entre sus labios, algo agitado, sonriéndole. –
Ahora, sólo me siento algo excitado..... – dejó
escapar una risita, aún negándose.
El demonio dejó escapar una mirada un tanto impaciente,
un tanto teñida de enfado ante la negación del que
ahora era su señor y abrió su pantalón, lamiendo
sus caderas y arrastrando los labios por su sexo y lamiéndolo
hasta arrastrar la lengua por su pubis levantándose y pegándolo
contra él metiendo las manos bajo su ropa sujetando sus nalgas
-Dímelo…- pidió esta vez mirando a un lado al
sentirse observado, viendo a un par de chicos que se acercaban -Dímelo…-
volvió a insistir al notar que sólo eran humanos.
- ¿Por qué tanta insistencia, Camadai? ¿Para
qué quieres saber lo que siento? Es sólo porque te
digo que no? – preguntó, sonriendo aunque genuinamente
intrigado de pronto, acariciando su cuello, dirigiendo una mirada
de reojo a los chicos que pasaban, un tanto irritado.
-Es sólo porque no me lo quieres decir…- el moreno
lo miró a los ojos sonriendo de medio lado -¿Qué
sucede? ¿Te molestan? ¿Si los mato me lo dices?- preguntó,
lamiéndole el cuello y olvidándose un poco de ellos.
De todos modos, no le suponían ningún problema ni
tampoco a Shisou.
-Eh! Maricas, que no podeis iros a hacer esas asquerosidades en
privado…- dijo uno que al parecer, debía ser el que
tenía la boca más grande.
Shisou se relamió los labios, colocando un dedo sobre la
boca del moreno, sonriendo de manera maliciosa. En realidad, había
pensado en dejarlos pasar simplemente, hasta que el chico abrió
la boca. No iba a permitirle a alguien como él faltarle el
respeto. – No.... – le contestó al demonio, aún
sonriendo sin dejar de ver a los chicos – S e me ocurre un
juego mejor. Si ellos consiguen contestar correctamente a una sola
pregunta, conservarán sus vidas. Si no, tú los matarás
y yo contestaré a tu pregunta. Eh, chicos! ¿Pueden
resolverme una duda? – alzó la voz, sonriendo aún
más. – Si Dios es todopoderoso, y todo bondad, entonces,
¿por qué suceden cosas malas?
-Vale…- dijo el demonio divertido por el juego, volviéndose
a mirarlos.
-¿Qué mierda quieres decir con eso, tío? ¿Estás
chiflado?- el moreno se separó un poco del doctor.
-Mal- contestó simplemente Camadai bajando la mano y haciendo
que su propia energía atravesara el suelo bajo las piernas
del chico, atravesándolo hasta la boca, la materia azul se
disipó dejándolo caer al suelo entre estertores y
sangre -Tú…- dijo señalando al otro.
Shisou se rió, apoyándose en un hombro del demonio,
divertido. – Vamos, no es tan difícil. Los teólogos
sólo han estado luchando con eso por....no sé, ¿cientos
de años? Tal vez incluso salga tu nombre en una enciclopedia.
Eh, eh! – movió una mano acallándolo, viendo
que el espantado chico movía los labios, y le sonrió,
achicando un poco los ojos. - ...pero piénsalo bien, sólo
tienes una oportunidad.
-No…no… no lo sé… porque… porque
es un hijo de puta!- el chico se echó atrás ante la
mirada de los dos jóvenes que sonreían con un gesto
que parecía del mismo diablo. Camadai se quedó mirándolo
algo decepcionado sin hacer nada.
Shisou dejó escapar una risita, inclinándose un poco
hacia delante uy mirando luego a Camadai de reojo. – Pues......es
una respuesta bastante buena, no te lo niego, pero....yo pregunté
por qué suceden las cosas malas y esa respuesta sólo
aplica a tu situación personal y sólo parcialmente
a eso. – le dio la espalada, dirigiendo la mirada hacia el
camino que ya habían recorrido, girándose de nuevo
por último. – Es una pena que seas tan egocéntrico.
-Al sensei no le gustó tu respuesta…lo siento…
¿o no?- el moreno se volvioóde espaldas sonriendo
para seguir a Shisou y cuando el joven se disponía a irse,
creyendo que se había librado, lo atravesó con las
alas estirándose sin siquiera volverse y haciéndolas
desaparecer de nuevo, salpicándose de sangre -Regresemos…
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