| Capítulo 86
Lust For Life
Hoshi bajó las escaleras algún tiempo después
de Shai. No quería molestarlo y sabía muy bien la
razón por la que había bajado en vez de esperar arriba.
Suponía que ya se abría ido. Claro, si no lo habían
dejado plantado. Se detuvo frente al edificio, observando la moto
e imaginando de quien era y sintiéndose un poco culpable
por sus pensamientos.
En realidad, no tenía ningún motivo legítimo
para que le desagradase Kei. Es más, en otras circunstancias,
estaba seguro de que se habrían llevado muy bien. Pero era
Shai. No deseaba que le hicieran daño, y a su manera de ver,
aquel chico debía demostrar que realmente apreciaba al que
Hoshi consideraba como un hermano. Aunque sabía que estaba
siendo injusto.
- Es una locura, no es mi asunto. Shai tiene derecho a estar con
quien quiera. – metió las manos en los bolsillos de
la cazadora negra, más por costumbre que por frío,
y echó a andar hacia el centro a paso tranquilo.
Lo cierto es que ya se estaba acostumbrando. Seguía siendo
algo extraño tener que atraer gente y morderla para alimentarse,
pero le estaba cogiendo el ritmo. Y presentía que se le iba
a hacer cada vez más fácil ahora que ya había
podido podido detenerse una vez por sí sólo.
Continuó caminando, hasta llegar a la zona en la que se
agrupaba la mayor cantidad de gente a esas horas y alzó la
vista, las luces de los letreros y los autos, reflejándose
en los destellos plateados de sus ojos azules. Recordaba aquellas
calles, solía pasar mucho tiempo allí, sobre todo
porque era su ambiente. Le gustaba todo ese bullicio, la energía,
la alegría que parecía llenar las calles de noche.
Pero también porque la gente iba muy distraída y era
bastante fácil robar. Seguro que Garou también lo
recordaba. Claro, que Garou no tenía por qué haberlo
olvidado. Él no era quien tenía amnesia.
Suspiró, retirándose el cabello de la frente y decidiendo
que ya era hora de dedicarse a lo que venía. Por lo menos
aquel mito de que los vampiros jóvenes siempre tienen hambre,
era cierto. Era un poco desesperante la verdad, pero al menos no
tenía que dormir en un ataúd ni nada así. Su
breve risa fue interrumpida por la visión de un chico que
se le pasó al lado, y se giró de pronto para observarlo
mejor. – Ho...?- sus labios se movieron, tal vez murmurando
el inicio de su nombre y antes de que Hoshi pudiese reaccionar,
el chico echó a correr como si acabase de haber visto a un
fantasma. Lo más extraño, es que le había parecido
reconocerlo. Pero ¿por qué tendría que huirle?
Hoshi fue a echar a correr tras el chico, cuando sintió
un tirón sorpresivo en su brazo, girándose para recibir
un beso profundo en la boca, de parte de un moreno alto que a continuación
recibió lo que probablemente fue el bofetón más
fuerte de su vida.
- ¿Qué demonios fue eso, Hoshi? ¿Así
saludas a tus viejos conocidos? Por Dios, qué fuerza. –
el moreno le sonrió, acariciándose la mejilla ahora
roja por la fuerza desmedida del chico. En realidad era una suerte
para él que en ese momento hubiese estado algo distraído.
- ¿Quién...? Disculpa..... – el chico lo miró,
confundido, olvidándose un poco del que había echado
a correr.
- Soy yo, Akashi! ¿Que te cayó algo en la cabeza
o qué? – el moreno exclamó como si fuese imposible
que alguien se olvidara de él. - ¿Dónde has
estado? Te estuve esperando esa noche y nunca llegaste. ¿Cambiaste
de idea al final? ¿Te fuiste de viaje o qué? Porque....si
sigues interesado, la oferta sigue en pie.... – le pasó
un dedo por la mejilla. – Incluso me dan más ganas
ahora, tienes algo distinto. ¿Te hiciste algo nuevo?
No...no. – sacudió el rostro, apartando su dedo. –
Estaba en el hospital, tuve un accidente. – explicó
vagamente sin dar más detalles. Si él le preguntaba
que qué le había pasado, no debía saber tampoco.
Además, no confiaba en él. Tenía algo que no
terminaba de agradarle, y menos, si se imaginaba a qué se
refería con la oferta. - ¿Qué oferta? ¿De
qué hablas? – preguntó, sólo por asegurarse.
- Vamos, tú sabes, no te hagas el loco....- sonrió
el moreno, rodeando su cintura con un brazo y acercándolo
a él. - ¿Qué te parece? Quizás hasta
te gusta y terminas trabajando para mí, pero...por ahora,
sólo nosotros dos, ¿vale? Accediste antes, ¿por
qué cambiar de idea?
- No, realmente no lo creo. – Hoshi se giró un tanto
asqueado. ¿De veras había estado a punto de hacer
algo así? Sintió el tirón de nuevo en su brazo,
y se giró con toda la mala hostia del mundo para ver aquel
rostro que le sonreía como si fuera irresistible. De pronto,
no pudo evitar sonreír, mirándolo a los ojos. –
Vale, mejor vamos a tu casa, ¿no? – accedió,
sabiendo que así le sería más fácil
todo.
El hombre sonrió más ampliamente, rodeándolo
por los hombros como si fueran novios, para llevárselo de
allí.
Tan pronto le hubo dado paso dentro del desvencijado apartamento,
Akashi trancó la puerta tras de sí, como si el chico
se fuera a escapar, y en menos de un minuto, ya se había
quitado los pantalones.
- ¿No deberías pagarme primero? – preguntó
el chico de las mechas plateadas, más por hacer tiempo sorprendido
ante la velocidad de rayo del mayor. Instintivamente se tocó
el bolsillo trasero por su pequeña navaja, preguntándose
a continuación si de veras había tenido algo como
eso alguna vez. De todos modos, no era como que la necesitara.
- No....no me fío. Hagamos una cosa. – el moreno sacó
un fajo de billetes de una cajita, colocándolos sobre la
mesa del centro. – Dejamos el dinero allí. Así
los dos sabemos donde está y nadie se queda insatisfecho.
Hoshi asintió, teniendo que observar a continuación
como el otro se quitaba la ropa interior casi de un tirón.
Era obvio que jamás había escuchado hablar de las
caricias preliminares.
Se sentó sobre el sofá, con las piernas bien abiertas,
en una actitud bastante obscena haciéndole un gesto para
que se acercara.
Hoshi lo observó, bastante asqueado de sólo pensar
en tocarlo, pero por otro lado, por primera vez, se estaba divirtiendo
con esto de tener una víctima. Se sentía un poco maldito,
pero no era como si lo fuera a matar, y presentía que ese
hombre se merecía el engaño.
Se acercó intentando sentarse a su lado, sólo para
que el hombre lo halase hasta dejarlo sobre él, tomándolo
por la nuca para besarlo de nuevo, mientras introducía una
mano por la parte de atrás de los pantalones del chico, apretujando
sus nalgas. Cuando uno de sus dedos, resbaló entre ellas
ansioso, el chico casi da un salto hacia atrás, huyéndole.
En vez de eso, lo detuvo, tomando la mano con la suya, y mirándolo
a los ojos, dejándolo sentir su poder.
- No, déjame hacerlo... – lo besó suavemente
en la boca de nuevo y deslizó la lengua por su cuello, mordiéndolo,
y empezando a beber de él, sujetando sus manos para que no
fuese a tocarlo.
- Ho...shi... – Akashi gimió su nombre, entrecerrando
los ojos, entregándose completamente, mientras el chico bebía
de él ávidamente, recordándolo ahora, sintiéndolo,
cada parte de sus recuerdos, de su mente, tal y como había
dicho Jaken. Ahora recordaba quien era Akashi, un proxeneta sin
escrúpulos, que siempre le había insistido para que
trabajase para él. Podía ver todos sus planes, todos
sus esquemas, así como podía ver que la cantidad de
dinero sobre la mesa, no era ni la mitad de lo que le había
ofrecido entonces.
Entonces, cuando había accedido a prostituirse, sabiendo
que le quedaba poco tiempo de vida, cuando no le había importado
nada más que conseguir la mayor cantidad de dinero, como
fuera. Para Shai, para no dejarlo sólo y para ayudarlo a
traer de vuelta a Garou. Y había hecho algo más, algo....
El pulso del hombre empezó a descender cada vez más,
su respiración se hizo más superficial, agitada. Ya
era hora de dejarlo. Empezó a separarse de él, cuando
sintió algo cálido contra su pantalón. Se separó
sorprendido pensando en lo ocurrido con Garou la vez anterior, pero
no había sentido ninguna erección esta vez. Miró
hacia abajo, para notar asqueado que Akashi no corría la
misma suerte, y desgraciadamente se había corrido contra
su ropa, aunque ahora dormía profundamente. Probablemente
incluso pensara que sí habían hecho algo cuando se
levantase.
Hoshi se puso de pie más rápido de lo que se había
levantado en su vida y se miró los vaqueros con cara de martirio,
y se dirigió a la habitación de tipo, quitándose
los pantalones y poniéndose unos de él. Le quedaba
grandes y sentía un poco de reticencia a llevar algo suyo,
pero al menos, no estaban manchados de semen. Los suyos, los dejó
allí. Para él era eso, o quemarlos ya.
Se dirigió de nuevo a la sala, tomando el dinero de la mesita
y el resto de lo que quedaba en la cajita, y como represalia por
haberle tocado el trasero, también se llevó algunas
cosas de la nevera en una bolsa de plástico.
- Las cosas son distintas ahora – murmuró, mientras
salía del apartamento, en dirección a donde Shai nuevamente,
con una mano en el bolsillo y la otra, sosteniendo la bolsa sobre
su hombro, pensando más bien en las palabras de Garou, en
que las cosas nunca volverían a ser iguales. No estaba seguro
de si eso era bueno o malo en su caso, pero sí de que era
verdadero. Y lo cierto es que en esos momentos, más que sentir
culpa alguna, se sentía triunfante.
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