| Capítulo 81
Body and Soul
Jaken abrió la puerta de una sala marcando varios dígitos
en el panel y miró de soslayo hacia atrás sólo
por comprobar que, efectivamente, Aziel los seguía. No le
importaba, tampoco veía un gran problema en ello y la dejó
entreabierta, pasando al interior. Dejó al chico sobre una
de las camillas, controlando su pulso y clavando una aguja en su
cuerpo, unida a un gotero para solucionar la pérdida de sangre
con una transfusión. No sabía en qué había
estado pensando Kitazaki para hacer algo tan descabellado, podría
haberlo matado.
Rajó el jersey blanco del chico con una tijera, limpiándole
la piel y examinando los cortes en su cuerpo, limpiándolos
cuidadosamente y vendándolos. Sólo había que
coser uno de ellos en su antebrazo y se dispuso hacerlo lo más
cuidadosamente posible para no dejarle marcas, comenzando a vendarle
las heridas. Su pulso ya parecía estabilizarse, estaba desmayado.
Aziel se aproximó a la puerta rogando por que no la hubiera
cerrado, aunque era capaz de destrozarla con tal de estar con Kan.
La empujó con suavidad, pasando al interior sin decir nada.
Simplemente agachándose al lado de la camilla, para tomar
la mano que no estaba siendo atendida, del chico, cerrando los ojos,
y dejándolo envolver en aquella luz cálida, sólo
por comprobar que no se estaba muriendo.
-Tranquilo, está bien Aziel. Me sorprende que no intercedieses,
si Kitazaki recibiese el daño suficiente podría matar
a Kan- tapó al chico levantándose y mirando al ángel/demonio
-Quiero que veas algo, pero no debes comentarle lo que has visto
a Kan, estoy seguro de que le confundiría demasiado. ¿Vendrás
conmigo, Aziel? Después te dejaré quedarte con él,
pero lo siento, tendré que encadenarte. No podemos fiarnos
de ti ¿verdad?- le sonrió suavemente esperando a ver
cual era su decisión.
- Yo no hice nada. – protestó el chico, sin soltar
la mano de Kan, aunque pensando que eso era cierto en más
de un sentido. Alzó la vista hacia el doctor, exponiendo
un poco sus pensamientos. – No podré protegerlo si
no estoy con él.
-Nada va a sucederle ahora, la puerta está cerrada y Shisou
sensei está con Shiryou- el rubio lo miró a los ojos
extendiendo una mano para que se acercase y abriendo una puerta
que daba paso a la habitación contigua, de la que salía
tan sólo una tenue luz anaranjada -Estaremos aquí
al lado…
El chico miró el rostro de Kan nuevamente, casi como si
le pidiera permiso y se puso de pie, pasando de aceptar la mano
que le ofrecía el doctor, mirándolo seriamente. –
Si me encierra y me encadena, no podré protegerlo. –
sentenció, aclarando su comentario anterior.
-Si no te encadeno, podrías escaparte- contestó el
rubio sin inmutarse lo más mínimo, aún sonriéndole
y haciéndolo entrar en la habitación, rodeándolo
por la cintura y acercándolo hasta el final de la pared.
Por supuesto, él veía perfectamente aún en
aquella oscuridad. Levantó la mirada, para observar el cuerpo
del hermano de Kan unido por cables entre el suero rojizo del enorme
continente de cristal. Por un momento sintiendo la tentación
de vaciarlo y dibujando una sonrisa en los labios, desviando la
vista de inmediato hacia el interruptor de la luz y accionándolo.
- No estoy encadenado y......... – la protesta murió
en sus labios al encenderse la luz. Dio unos pasos hacia delante,
acercándose y tocando con los dedos las superficie del continente,
observando el cuerpo de Kitazaki, asombrado. - ¿Qué
hace él aquí? ¿No estaba muerto? ¿Por
qué.....por qué está dentro de Kan? –
giró el rostro, inquisitivo. Normalmente, hubiese ocultado
su interés, pero aquello se salía de lo normal.
-¿Está dentro de Kan?... Realmente no lo sé…-
el rubio miró al chico, interesado en saber si él
podría llegar a notar algo especial que él no -Si
apagase este interruptor- dijo mostrándoselo y con ello,
entregándole en cierto modo la vida del moreno -Moriría
por completo… de algún modo… Kitazaki, o bien
su alma, habita en Kan… Kitazaki siempre fue especial, siempre
vio más allá de la muerte- el rubio pasó la
mano por el cristal y el moreno abrió los ojos carmesí
de golpe, haciéndolo sonreír por su propio sobresalto,
a pesar de no haberlo mostrado.
Aziel dio un paso atrás tomado por sorpresa, pero sin apartar
los ojos de los del moreno. – Kitazaki...? – preguntó,
sin comprender, cerrando los ojos e intentando sentirlo como había
hecho con Kan antes. Volvió a abrirlos, observándolo.
- ¿Qué....qué es esto? - ¿Así
que podía regresar a su cuerpo? Pero claro, el estar como
estaba, allí atrapado, le parecía horrible. Aún
seguía molesto y no confiaba del todo en él, pero
era el hermano de Kan, y Kan lo quería. No pudo evitar pensar
en que tal vez hubiese una manera de regresarlo a su cuerpo y liberar
a Kan de aquello. – Esto es espantoso... – murmuró,
haciendo eco de sus pensamientos anteriores y intentando ocultar
los últimos.
-No lo sé- el rubio lo miró y después a Kitazaki
de nuevo -Kan piensa que yo encerré el alma de su hermano
en su cuerpo para que no muriese, pero en realidad yo no hice nada,
tan sólo mantener el cuerpo de su hermano con vida, ni más,
ni menos… ¿Cómo podría yo hacer algo
así?- se rió levemente pensando en que no tenía
ni la más remota idea de cómo podría llegar
a hacerse tal cosa mediante la ciencia -Lo que sí sé,
es que Kan puede controlarlo, tú lo has visto hoy…
- Lo controla......Es natural, sigue siendo su cuerpo. –
volvió a mirar los ojos del moreno, controlando su sorpresa
inicial, para parecer calmado, sereno, y se giró a mira al
doctor. - ¿Por qué está él aquí
y por qué me lo muestra? Se lo diré a Kan. –
comentó, no como una amenaza, simplemente exponiendo un hecho
que imaginaba no le pasaría desapercibido al doctor.
-Ah… qué problema, Aziel… te dije que no podías
decírselo… Es una lástima, tú sabrás
pero si lo dices… tendré que apagar el interruptor-
dijo apoyando el dedo en él de nuevo -¿Lo hago ya?
- No! – agitó ligeramente las alas, apretando un puño,
molesto por tener que rendirse así, y más por tener
que mentirle a Kan. – Es su hermano, debería saberlo,
pero no....no se lo diré. – accedió, aunque
expresando su inconformidad. Y aún no sabía por qué
se lo mostraba. – No debe morir.
-Bien- el rubio apartó la mano sonriéndole levemente
y acompañándolo de nuevo fuera de la habitación,
encadenándolo a la pared -Si te quieres quedar con él,
será así… Si te quieres ir, llama a seguridad
y ellos te llevarán a tu habitación de nuevo, Aziel,
mientras tanto… intenta que Kan reconozca el control sobre
su hermano… eso es todo- sonrió pasándole la
mano por el pelo y saliendo.
- Yo no lo lastimaría.... – protestó el ángel/demonio
a pesar de que el doctor ya había salido, dirigiendo luego
su vista hacia Kan con algo de dolor por no poder abrazarlo ni tomarlo
de la mano. De nuevo dejó escapar aquella luz, sólo
por poder sentirlo más cerca, sentir su esencia.
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