| Capítulo 74
The Envy of All The Girls
Shai se pasó la mano por el pelo. Aún lo tenía
bastante empapado de la ducha, al final se la había dado
bien tarde. Suspiró, guardándose las manos en los
bolsillos de la cazadora blanca, ni siquiera hacía tanto
frío pero nunca salía de casa sin ella. Encima había
tenido que ir a casa de Kei para que sólo estuviera ese imbécil
con Tama. Suspiró de nuevo, apoyando la cabeza contra el
cristal del autobús y miró la hora. Sólo esperaba
llegar a tiempo para encontrar a Kei en la dichosa sesión
esa, tal vez así era mejor, peor sería tener que hablar
de aquello con el otro de por medio.
Se bajó en la siguiente parada, observando las calles y
buscando la plaza hasta ver al fondo donde se arremolinaba un gran
grupo de curiosos, la mayoría niñas que debían
de ser fans del pelirrojo. Se pasó la mano, preguntándose
qué demonios hacía él en un sitio así,
notando que se ponía rojo y colándose entre las niñas
que poco menos querían matarlo por quitarles el sitio cerca
del vallado.
Pero ahí estaba, iluminado por varios focos y posando como
si nada, aunque estuviera rodeado de gente.
- ¿Ya vamos a terminar? Llevo horas con la misma cosa. –
el pelirrojo se quejó, un tanto hastiado de tanta pose. Por
lo general, no le molestaba hacer su trabajo, hasta le era divertido,
pero en esos momentos, estaba un poco más interesado en otra
cosa, gracias a la llamada que su buen amigo Baiken le había
puesto en el móvil hacía tan sólo unos minutos,
y se la pasaba atisbando hacia la multitud de fans que por cierto,
armaba un escándalo cada vez que miraba para allá.
- No empieces, Kei, sólo unas tomas más. Anda, sonríe.
– le reclamó el fotógrafo, que ya sabía
lo que se venía si continuaban haciéndole caso y prolongando
las sesiones de acuerdo a sus caprichos. Bajó la cámara
de nuevo, observando al chico que ni caso le hacía. –
Kei, todos quieren ver esa maravillosa sonrisa, no prives a tus
fans. Anda, sonríe como si de veras estuviera feliz de estar
aquí. – lo aduló, con algo de fastidio bien
disimulado, aunque sonriendo él mismo al ver que conseguía
lo que buscaba.
Pero la razón de que el pelirrojo sonriese, nada tenía
que ver con las palabras del fotógrafo, si no, con que acababa
de divisar al moreno entre la marea de niñas.
- Bien! Gracias, terminamos – exclamó el fotógrafo,
aliviado, mientras Kei se dirigía a la valla, casi sin prestarle
atención.
Shai lo vio venir y se puso aún más rojo, viendo
cómo todas las niñas miraban a Kei y gritaban, reventándole
los tímpanos, y frunció el ceño, girando la
cara a otro lado -"Dios, qué insoportables"- murmuró
por lo bajo, no sin recibir trescientos codazos a la vez que lo
empujaban hacia atrás -Vale ya!!.... guarras!!- el moreno
las miró a todas tratando de volver a donde estaba y consiguiendo
sólo el efecto contrario acompañado de una marea de
insultos y empujones.
- Chicas, chicas, tranquilas que hay para todos... – el pelirrojo
sonrió, alzando las manos en señal de paz, intentando
clamarlas. – A ver, si se portan bien, les firmó sus
autógrafos. Y ¿ven a ese chico de la cazadora blanca?
Déjenlo pasar, que tengo que entregarle algo. Y sean buenas,
que es amigo mío. - - volvió a sonreír, tomando
ya algunos papeles a través de la valla y firmando, aunque
más pendiente de Shai que de las nerviosas chicas.
El moreno notó las miradas concentrarse en él y miró
a Kei como si quisiese estrangularlo -Ah…Kei!! "mierda"-
murmuró por lo bajo, pasando entre ellas y apartando la valla
para pasar donde estaba el pelirrojo, apartándole la mirada
y mirando una palmera como si fuera de lo más interesante.
Miró atrás a las chicas que aún estaban berreando
sin parar y alzó una ceja, mirando a Kei de nuevo y echándoles
un corte de manga por la espalda -¿Podemos irnos de aquí?
- Hasta luego, chicas, un placer – casi se rió, entregando
el último autógrafo que pensaba firmar, y alejándose
tras el moreno. – Ya sabía que no podías esperar
para verme. – le pasó un brazo por los hombros, sonriendo.
– Vas a poner celosas a mis fans.....
-Me alegro, que se jodan! Me han reventado los tímpanos-
el moreno se revolvió -Y no me agarres como si tal cosa delante
de todo el mundo- en realidad que lo agarrase de los hombros no
tenía nada especial, pero sí para él que parecía
haberse pintado la piel de rojo ferrari -Dijiste que querías
verme hoy ¿no? Pensé… bueno- se metió
los dedos entre el pelo mirándolo de soslayo. No quería
aprovecharse de él, realmente lo que quería era pedirle
ayuda pero no era lo que iba a parecer -Podemos ir a otro sitio…
donde no nos estén mirando todos…
- No te preocupes por eso ya. Seguro mañana aparece nuestra
foto en la prensa con el encabezado “Kei le pone los cuernos
a Baiken” – se rió, pensando en la de rumores
que había encabezado ya, algunos con razón. –
Lo importante es que viniste a verme. Estoy tan feliz! – exclamó
con voz un tanto afectada, bromeando, aunque la verdad es que sí
estaba contento. – Vamos, te invito a un café. ¿Quieres
que le diga al chofer que nos lleve o nos vamos en moto?
-No le digas nada a ningún chofer…- dijo pensando
en que eso le iba a dar vergüenza -Un café… sí,
eso… pero a ningún sitio donde vayan a venir doscientas
crías gritonas a mirarte! Son insoportables…- tragó
saliva mirando al suelo, estaba realmente nervioso, si siempre lo
ponía nervioso, ahora que tenía que decirle lo de
Gaoru aún más.
- Y yo que pensaba invitarlas. – bromeó el pelirrojo,
mordiéndose un labio. – Como que voy a desaprovechar
la oportunidad de estar sólo contigo. Y menos si me lo pides
con esa cara....Sígueme, mi moto está atrás.
-OK…- el moreno lo siguió hasta el vehículo,
esperando que se subiese y subiéndose detrás un tanto
cortado. Lo más normal sería que le diese igual, pero
en aquel caso… notó que se le enrojecían hasta
las orejas y se agarró a la parte de atrás del asiento
con una mano decidiendo finalmente sujetar la cintura de Kei con
la otra "Dios, qué horrible" pensó rodeándolo
finalmente con aquel brazo. Tampoco es que estuviese por la labor
de caerse -No habrás bebido ¿no?
- Aún no, pero ¿para qué arriesgarse? –
sonrió, girándose una poco para tomar el otro brazo
del chico y sujetarlo a su cintura. – Pégate, que no
traje casco. Nunca lo hago, pero si esto se convierte en costumbre,
compraré uno sólo para ti. – se dio la vuelta
encendiendo el motor. - ¿Listo?
-Sí, claro- el moreno trató de echarse lo más
atrás que pudo, sin soltarse, pero aún así
podía olerlo, y lo peor de todo estarlo tocando todo el tiempo
"mierda… maldita" realmente sí le gustaba,
tal vez era atracción física, si no, no se lo explicaba
¿Por qué iba a gustarle alguien así? -Mi hermano
odia los automóviles…- dijo como si acabase de recordar
algo y realmente recordaba cómo había partido la puerta
de la camioneta de la perrera para escaparse corriendo desnudo por
la calle. Se rió, apoyándose en la espalda del pelirrojo
y poniéndose serio al momento, al notar su propia bakez.
- Si alguna vez lo conozco, le regalaré una bicicleta. –
se rió el pelirrojo también, agregando luego. - Es
la primera vez que te oigo reír sin que estés ebrio.
- Eso es porque tú siempre estas poniéndome de mala
hostia- el moreno se irguió un tanto, notando el calor de
su cuerpo y apoyando las palmas de las manos contra su abdomen sintiendo
como si le estuviese metiendo mano, pero sentía curiosidad,
aunque si hubiera sido una chica habría pensado que definitivamente
le estaba metiendo mano -¿Falta mucho?- preguntó de
pronto con la urgencia de alejarse de él. Además,
no le convenía, tenía la mente hecha un desastre "Ser
adolescente es una mierda…."
- Desgraciadamente, no. Podría permanecer así para
siempre....- se mordió un labio, sonriendo, notando cómo
lo sujetaba el moreno e inclinándose para tomar una curva.
Continuó recto por una calle poco concurrida, estacionándose
al lado de un local bastante exclusivo. – Llegamos, pero si
quieres seguirme abrazando, no me niego.
-No! Y no te abrazaba, sólo me agarraba para no caerme-
se bajó, pasándose la mano por la nariz frotándosela
y notando el olor de la piel del pelirrojo en ella. Se guardó
ambas, en el bolsillo de la cazadora inmediatamente, aunque algo
rojo -¿Aquí? Se ve bastante pijo ¿no? Ya…Sí,
claro que nos dejarán entrar...
- Llámalo como quieras, pero el hecho es que estaba en el
cielo. – le sonrió neciamente, bajando de la moto y
tomándolo de los hombros de nuevo para guiarlo hacia la entrada
del lugar. - ¿Qué no sabes quien soy? Ya verás
si nos dejan entrar.
-Sí, eres un chulo…- el moreno se dejó guiar,
entre otras, porque si no seguro que no lo dejaban pasar o saber
si lo registraban con la cara de estreñidos que tenían
todos -Tú sólo mira que no estemos rodeados de gente,
que quiero hablarte de algo.
El pelirrojo se dirigió a la entrada, piando adelante apenas
le abrieron la puerta, el anfitrión saludándolo con
una sonrisa obsequiosa. – Nakahara –san, es un placer
verlo de vuelta.
- Gracias, pero llámeme Kei, que me siento viejo. –
sonrió el pelirrojo, acostumbrado a esa clase de tratos.
- ¿Usted, viejo? Nunca. ¿Desea la mesa de siempre?
– le sonrió el hombre, mirando de reojo a Shai, con
curiosidad.
- No.....¿no tiene algo más privado? Tal vez en el
salón de atrás. Es que Shai y yo no nos vemos desde
hace tiempo y tenemos mucho de qué hablar. – mintió,
de paso aprovechando para apretar un poco más al chico contra
sí.
- Como no. Sígame, por aquí por favor. – el
pelirrojo lo siguió, guiñándole un ojo a Shai
sólo por ver si se sonrojaba y sentándose a la mesa
que les indicó el hombre, en un rincón bastante apartado.
Shai se sentó en el sillón de cuero rojo mirando
alrededor. Era un sitio bastante pijo y bastante bizarro también,
no sabía cómo podían lamerle el culo de esa
manera a Kei, claro que era un modelo famoso, se pasó la
mano por el pelo mirando a un lado, se notaba que él actuaba
como si viviera en una cueva.
Lo miró de nuevo, esperando a que acabase de ordenar los
dos cafés y el camarero desapareciese de la vista -Es sobre
lo que hablamos… sobre mi hermano… no voy a poder hacerlo
solo, necesito que salga ya… pero no quiero que pienses que
me aprovecho de ti, no es eso…
- No es eso.....- el pelirrojo le sonrió, apoyándose
el rostro sobre sus manos, un poco de lado. Se notaba que lo ponía
nervioso el lugar. Igual, no habían muchos lugares a los
que pudiera ir sin que lo molestasen las niñas escandalosas,
a menos que regresase a su casa. – Shai, ya te dije que no
me molestaría si te aprovechas de mí. De todos modos,
no creo que esté en ti el hacerlo, pero el que te ofreció
la ayuda fui yo, así que asumo la responsabilidad. Sólo
estoy un poquito decepcionado de que no vinieses a verme a mí,
pero cualquier excusa es buena – finalizó, riéndose.
-No… pero yo…- "yo soy imbécil…"
pensó, mirándolo a los ojos y notando que realmente
parecía afectado, aunque probablemente le estaba tomando
el pelo de nuevo -No, no te habría buscado, si no fuera porque
puedes ayudarme- dijo apartando la mirada y cubriéndola con
su flequillo -Pero mi hermano está encerrado y lo obligan
a comer pienso para perros… ¿quieres ayudarme o no?
- Ya te dije que sí, qué necedad. – le respondió,
aunque sonriendo. – Ugh, pienso para perros, pero....¿seguro
que no le gusta? Porque a Tama le encanta el atún. No sé...¿eh?
-No le gusta! No es un perro además! Es un lobo…-
susurró, viendo que algunas personas lo miraban a lo lejos
-¿Por qué siempre tienes que estar cabreándome?-
lo miró a los ojos realmente enfadado, aunque él se
enfadaba fácilmente por todo -Yo tengo todo el dinero de
mi parte por vender a Tama… tal vez sólo con algo más
llegaría… yo te lo podría devolver. Aunque tardase
lo haría, aunque tenga que robarlo.
- Es un arte, y sólo preguntaba. – suspiró
el pelirrojo, aunque igual le gustaba cuando se cabreaba. –
No me tienes que devolver nada y menos cometer un crimen. Ya te
dije que te ayudaba gratis, ¿no? Y ya sé que es un
lobo. De ahí sacas lo salvaje, ¿no?. – bromeó
guiñándole un ojo, aunque preguntándose si
de veras tendría sangre de lobo en sus venas o qué.
No se lo explicaba. – Bien, lo único que tengo que
hacer es comprarlo, no será tan difícil.
-No lo sé… tengo un amigo- lo miró a los ojos
pensándose dos veces el hablarle de Hoshi. No sabía
por qué tenía la manía de confiar en cualquiera
-Un amigo que me ha dicho que no lo venderán tan fácilmente
y no me viene de ahí lo salvaje ya te dije que soy adoptado,
en realidad no es mi hermano… es mi padre, él me recogió…
y yo no puedo dejarlo ahí, es mi culpa…- se mordió
el labio con fuerza, mirando abajo.
- Tonterías, todo tiene un precio y yo puedo pagar casi
cualquier cosa. – rebatió, haciendo un gesto con la
mano, y añadiendo sólo – Gracias- cuando el
camarero se acercó con su capuchino y el café de Shai,
así como dos pedazos de pastel. – Me tomé la
libertad de ordenarte uno, es el mejor de la ciudad, de veras. –
alargó una mano para levantarle el rostro, por la quijada,
mirándolo a los ojos, absteniéndose por el momento
de preguntarle de donde le venía lo salvaje, sólo
porque le parecía que de veras estaba decaído. –
Y ahora dime, ¿por qué dices que es tu culpa?
Shai lo miró a los ojos dejando resbalar el labio entre
los dientes y bajando la mirada de nuevo apartando la cara -Porque
… él es un lobo… y no puede trabajar en nada
y se ocupaba de mí para comprarme ropa y el colegio y todo
eso… No me pedía nada a cambio y robaba para ganar
el dinero… pero yo queria ser normal… Quería
tener una familia normal y no una casa donde me avergonzara…
Cuando conseguí amigos, empezé a tratar de evitar
que me vieran con él… y cuando venía a buscarme
al colegio lo ignoraba o actuaba como si fuera un perro perdido…
Le dije que buscara un trabajo normal, que hiciera algo normal…
y él se fue… Me dejó una carta diciendo que
iban a curarlo… hace dos años…
- Entonces tienes razón. Sí es tu culpa. No directamente,
pero sí por la manera en la que lo debes haber hecho sentir.
– le contestó, de manera brutalmente honesta. Pero
no veía qué bien le iba a hacer protegiéndolo
de la verdad. – Claro, que al final, cada cual es responsable
de sus propias decisiones. Y....todos tenemos derecho a equivocarnos.
-Ya lo sé! Ya lo sé… joder, pero no es así…
Es sólo mi culpa, él no tiene la culpa de nada, él
no entiende las cosas como nosotros… es especial… -
hundió el tenedor en el pastel mirándolo con desgana
pero comiéndoselo igual. Lo cierto es que estaba bueno, pero
le estaba dando ganas de llorar de nuevo y Gaoru iba a tener razón
en que dependía de él para todo y que era un llorón
-Es igual… el caso es que por eso… tengo que sacarlo
de allí como sea- lo miró de soslayo -Está
bueno…
- Por supuesto que lo está. – el pelirrojo le sonrió,
observándolo. – Una pregunta......Si fue él
quien se inscribió en esa clínica, ¿no basta
con que vayas a verlo y le expliques la verdad? ¿Cómo
lo van a vender si es un paciente? Es muy extraño ese lugar.....
-No, no es una clínica, es un laboratorio de experimentación
con humanos, estoy seguro… Mi hermano esta allí cautivo,
no estaría allí, comiendo pienso de animales porque
sí y créeme, si mi hermano quiere salir y no lo hace,
es porque alguien realmente poderoso se lo está impidiendo,
de eso estoy seguro… No es como Tama… Es un lobo, un
hombre lobo… sé de lo que es capaz… es totalmente
salvaje y si se enfada, no te gustaría estar cerca…-
giró la taza de café mirando el contenido -Ya se los
habría cargado a todos si hubiera podido…
- O.K, O.K., espero que no me coma cuando lo compre... –
bromeó, aunque la verdad lo ponía un poco nervioso.
Ya empezaba a pensar que nada era imposible, viniendo de ese lugar.
– Oye....¿crees que sea posible que tengan un demonio....?
– aventuró, más por curiosidad que por otra
cosa, bebiendo un poco de su café.
-A saber… tendrán de todo y depende de a lo que te
refieras con un demonio ¿no? Muchas personas podrían
decir que mi hermano es una bestia y no lo es. Además…
¿tú para qué quieres algo así? ¿No
decías que te gustaba…- se quedó callado como
si le hubieran dado una bofetada, mirándolo a los ojos -si
vas a decir una memez, cállate!
- Lo siento, quedarme callado no es una de mis virtudes. –
se rió, bajando la taza y observándolo de nuevo. –
No quiero un demonio, sólo preguntaba porque conocí
a alguien y me dijo algo al respecto......Tú sigues siendo
el único dueño de mi corazón.
-Bah… cállate, siempre estás igual, idiota…-
se llevó la taza a los labios mirándolo de soslayo,
completamente rojo -¿Y qué es lo que te dijo ese alguien?-
preguntó, dejando la taza en la mesa y poniéndose
de lado en el sofá para verlo mejor.
- ¿Cómo puedo no estarlo, viéndote a ti? –
sonrió, sin poder evitar meterse con él por más
de unos minutos seguidos. – Nada, eso, me dijo que era un
demonio y que venía de esa clínica. Y a decir verdad....sí
era extraño y se parecía a alguien que vi allí
cuando fuimos a buscar a Tama. Pero en fin, resulta que tengo una
bonita anécdota que contar, eso es todo.
-Ya… seguro que a mí me parece horrible- dijo sin
saber, pero no queriendo ni imaginarlo -Entonces… ¿vendrás
conmigo? ¿Cuándo iremos?- se frotó el pecho
jugando con la separación entre ambos pectorales y mirándolo
nervioso por saber qué le contestaba.
-Podemos ir esta noche, si quieres, no tengo nada que hacer. Será
como una cita..... – contestó, mordiendo un trozo de
su pastel, y sonriendo con el tenedor entre los dientes aún.
-¿Está bien?… ¿de veras?...¿tan
pronto?- sonrió ampliamente sin poder evitar sentirse sinceramente
emocionado con la posibilidad, aunque después no resultase,
al menos… Miró al pelirrojo entonces serio de nuevo
-Primero te invitaré a cenar … pero en mi casa, no
tengo dinero y no quiero ir a la tuya… yo haré algo…
si tú quieres… claro.
- ¿Qué si quiero?! Claro que quiero! Cocinarás
para mí.....creo que me voy a morir. – exclamó,
con un entusiasmo un tanto exagerado, aunque era la primera vez
que lo invitaban a cenar con tanta seriedad. Casi parecía
un trato de la mafia. – Bien, sólo dime donde vives.
- Calla! Idiota…- Shai se rió, sin poder evitarlo,
demasiado contento por ir a buscar a Garou -Tal vez halla otra persona
en la casa, el tío que vive conmigo, pero después
saldrá a cenar fuera…- sonrió de medio lado
sin poder evitarlo. Aún le hacía demasiada gracia
que Hoshi fuera un vampiro, no se lo podía imaginar mordiendo
a nadie. Seguro que les pedía permiso. Lo peor de todo es
que no quería que Hoshi lo conociera, sólo esperaba
que ya se hubiera ido cuando Kei llegase -Vivo en aquel edificio
gris que pasamos antes, en la novena avenida, en el cuarto a la
izquierda… Es una mierda, te dará asco…
- Si tú vives allí, me parecerá el cielo.
– le envió un besito, sonriendo luego de medio lado,
sin poder evitar añadir. – Así que vives con
otro tío, eh? Me pondré celoso....
-No, te parecerá una pocilga porque mi hermano se comía
los sillones cuando se aburría…. Eso para empezar…-
dijo el moreno levantando una ceja escéptico, aunque al menos
él era muy limpio y lo tenía todo ordenado, pero eso
no quitaba lo cutre que era el piso -Es mi mejor amigo… siempre
hemos estado juntos, desde que era pequeño… Él
siempre ha estado con nosotros, no sé cómo se conocieron,
mi hermano y él… pero para mí, es como mi hermano
también. Duerme conmigo, habla conmigo, siempre me ha ayudado…-
se quedó callado preguntándose por qué siempre
hablaba sin parar y le contaba su vida a cualquiera, seguramente
porque había pasado mucho tiempo sólo.
Kei lo escuchaba, apoyado en una mano, ya terminando de comerse
el pastel, como si le estuviesen echando un cuento. - ¿Sabes
que eres adorable, Shai? Podría sentarme aquí y escucharte
el resto de mi vida. – se rió, sabiendo de antemano
que se iba a sonrojar y a gritarle además.
-No lo soy! No quería echarte el royo… lo siento…
- giró la cara bastante rojo mirando la taza, lo cierto es
que era agradable cuando Baiken no estaba en el medio -Yo…
me compré una revista en la que salías. Te veías
bien en esa foto que subías una valla… - dijo tratando
de ser amable, aunque lo cierto es que no estaba mintiendo.
- Gracias, ahora cada vez que pose, lo haré para ti. –
le guiñó un ojo, sonriendo, aunque lo cierto es que
lo había tomado por sorpresa y de hecho, eso le parecía
aún más adorable. – No te disculpes por contarme
cosas. Yo te conté mi biografía, ¿no? Y eso
que aún no la publico.
-Qué horrible! No me trates como si fuera una de tus fans
o algo así… es sólo que no sabía que
eras modelo y me sorprendí mucho al verte en la portada…
por eso- renegó totalmente rojo -Me voy… debería
irme ya es tarde y tengo que comprar comida… Ven… a
las diez y media… ¿OK? - lo miró a los ojos
nervioso, nunca había tenido una cita con nadie.
- Allí estaré, en punto. – le sonrió,
sin apartar la mirada, tocando su mano. – Y para que sepas,
jamás he posado para ninguna de mis fans, sólo lo
hago por mí. – señaló algo más
serio, preguntando luego. - ¿Quieres que te deje en algún
lado?
-No… prefiero ir andando, tengo muchas cosas en las que pensar…gracias-
levantó la mano de debajo de la de Kei algo bruscamente y
la posó de nuevo sobre la de Kei acariciándole la
mano levemente con las yemas de los dedos, sin pensar mucho en lo
que hacía, mirando la piel morena del chico. La apartó
mirando los ojos verdes del modelo levantándose a toda prisa
del sofá y casi tirando la mesa -Lo siento… yo…
después nos vemos….- se apretó la mano cerrando
el puño y echó a correr hasta la puerta de la cafetería,
llevándose la mano a la frente "¿Qué carajo
hago?"
Kei lo siguió con la mirada, casi echándose a reír,
acariciando distraídamente su propia mano y dejando escapar
un suspiro. – Esto es increíble – se rascó
la cabeza, alzando luego la mano para que le trajeran la cuenta.
|