| Capítulo 60
Leave, But Don't Leave Me
Kan se paró delante de la puerta de Aziel, tecleando el
código de memoria y entreabrió la puerta lentamente
con miedo de encontrarse de nuevo con lo mismo una vez más,
pero para su alivio, en la habitación sólo parecía
estar el chico de cabello celeste -Aziel…- le llamó
susurrando antes de acercarse demasiado como para sobresaltarlo.
- Kan...? - Aziel se giró entreabriendo los ojos. Se había
quedado dormido finalmente con el cansancio y sin esperar ninguna
visita. Pero al menos, sus heridas sanaban rápido, ya se
sentía mucho mejor. Se sentó, observando su silueta
en la penumbra, sonriendo ligeramente.
El chico de cabello rojo se acercó a tientas en la oscuridad
percibiendo tan sólo la silueta alada contra el blanco de
la pared, que era lo único que más o menos vislumbraba.
Le tocó un ala con una mano, esperando a que sus ojos se
acostumbrasen a la oscuridad y se sentó en la cama a su lado,
buscando con su mano la de Aziel en la oscuridad hasta encontrarla
y acariciarla -Tama ya se ha ido- dijo en cierto modo feliz por
él. Me dio una nota para Garou, de parte de ese chico que
te hablé… Pensé que podías acompañarme…
porque me da un poco de miedo ir sólo, pero si aún
te duele… iremos otro día.
- No, ya estoy bien.... – le susurró, sonriendo un
tanto rojo en la oscuridad, y le giró la mano que lo acariciaba
para colocar en ella, el collar de plumas que había estado
sosteniendo con la otra mano y que ahora despedía ligeros
destellos dorados por entre la negra suavidad de las plumas. –
Toma....lo mejoré para ti.... – explicó como
si no fuese nada interesante, pero aún sonrojado.
Kan lo miró en sus manos sonriendo y besándole la
mejilla algo cortado, poniéndoselo de nuevo al cuello -Gracias,
es precioso… iba a dártelo…Haré algo para
ti, que sea sólo mío, para que siempre lo lleves contigo-
sonrió, levantándose de la cama y frotándose
el pelo tratando de peinárselo sólo para que se revolviese
de nuevo -La carta… está hecha un asco…- dijo
mostrándole la nota que Tama le había dado y que pese
a sus esfuerzos, seguía pareciendo papel de envolver la merienda.
- No es importante mientras se pueda leer..... – aseguró
el chico, apartando las sábanas y poniéndose de pie,
recogiendo sus alas detrás de sí con cuidado, para
que no estorbasen y pasándole los dedos por el cuello, rozando
el collar y retirándolos de nuevo cohibido. – Es tuyo,
lleva las cuentas de tu hermano y....las plumas que querías.
No tienes que darme nada pero, me gustó que me lo prestaras
durante la pelea. Me hizo sentir bien... – murmuró
sin mirarlo, aunque la verdad es que sí le gustaría
que le diese algo, pero no quería evidenciarlo. – Vamos,
te acompaño....
Kan sonrió sintiéndose un tanto baka. Por un rato,
había pensado que tal vez le había parecido una bobada.
Pasó delante de él abriendo la puerta y cerrándola
de nuevo para mirar a Aziel apoyando la espalda contra ella -Mejor
no salimos…- dijo de pronto sintiendo miedo. Es más,
si se hubiera acordado ni habría salido de su habitación
-¿Y si nos matan?- preguntó alarmado -Shiryou, puede
matarnos… los he visto… a todos sufriendo, lo que les
hizo…
- Nadie va a matarte. Yo no lo permitiría y tu hermano tampoco....
– respondió como si ya se tratase de un hecho tomándolo
de la mano. – Yo también lo sentí, pero....no
creo que vaya a suceder de nuevo. Y de todos modos, yo puedo pelear
contra él, no le tengo miedo.
-Pero yo no quiero que te haga daño de nuevo… y mi
hermano… no es como él, y… además, no
quiero que mate más…- dijo abriendo la puerta y caminando
un poco más atrás de Aziel dirigiéndose de
nuevo a las escaleras que llevaban a la celda de Garou. Sintió
que el corazón se le aceleraba al escuchar la voz de Jaken
en el interior de la celda y corrió con Aziel de nuevo a
las escaleras, escondiéndose bajo ellas.
El rubio salió de la celda, cerrando la puerta y sonriendo
mientras se quitaba las gafas y las limpiaba con un paño
rojo. Deslizó la lengua por sus labios suavemente y se detuvo
sobre las escaleras donde estaban escondidos, golpeando con los
dedos el pasamanos metálico. Sabía que estaban allí
escondidos.
Aziel miró hacia arriba aunque claro que no podía
ver a través de las escaleras y menos en esa oscuridad, y
abrazó a Kan cubriéndolo con sus alas, pensando que
como eran negras, tal vez los ayudase a pasar desapercibidos en
caso de que se notase algo.
El chico de pelo rojo agarró con las manos los brazos de
Aziel sin moverse lo mas mínimo envuelto en sus alas y notando
el calor del ángel contra su cuerpo, junto al aroma de las
plumas. Incluso se le había olvidado que tenía miedo,
creía que Aziel tenía ese poder sobre las personas,
de tranquilizarlas.
Jaken deslizó la mano por el metal, dejando que el anillo
plateado rechinase contra él mientras bajaba los escalones
y se paró en la puerta que salía de las escaleras,
mirándolos en la oscuridad y observándolos a la perfección
como era de esperar. Sonrió, mirándolos directamente
y abrió la puerta saliendo de allí, ajustándose
las gafas de nuevo.
El chico de cabello celeste giró la cabeza al escuchar la
puerta, permaneciendo sin embargo en la misma posición por
unos segundos más, no porque estuviese asustado ya, si no
porque no deseaba separarse. Retiró sus alas hacia atrás,
enrojeciendo al darse cuenta de lo que hacía, y saliendo
de debajo de las escaleras para ocultarlo, extendiendo, sin embargo,
una mano a Kan para ayudarlo a levantarse. – Ya se fue...
– sentenció, como si no fuera obvio.
Kan se levantó algo rojo también, apretándole
la mano y corriendo escaleras arriba en parte por sacarse de encima
la sensación, aunque placentera, demasiado incómoda
como para sentirla en aquello momentos y en parte porque no quería
que de nuevo los encontrasen merodeando. Tecleó el panel
rápidamente abriendo la puerta del lobo y cerrándola
a sus espaldas. Miró a Garou que de nuevo colgaba de los
brazos por aquellas cadenas, y el moreno abrió los ojos mirándolo
cansado aún sin recuperarse del todo. Tiró de un brazo
rompiendo la cadena una vez más y tirándose al suelo
moviendo la cola al verlos igualmente a pesar de su estado.
-Garou…- Kan se acercó agachándose y cubriéndolo
con la cortina sonriéndole con algo de lástima y acariciándole
el pelo - Tama me dio una carta de Hoshi para ti…
-No sé leer- el lobo se manifestó por fin volteándose
de espaldas y agarrando la cortina para taparse más aún.
- Yo la leeré por ti si eso deseas.... – ofreció
el ángel/demonio, también sentándose a su lado,
sin comentar nada acerca de su estado para no lastimarle el orgullo,
aunque ya se había imaginado que lo encontrarían así.
-Sí…- el moreno se quedó mirando a la luna
sin volverse. Ya se imaginaba que si le había mandado una
carta era porque había escapado. De todos modos, Jaken había
tratado de que le dijese si lo conocía de algo y eso se lo
había dejado bastante claro. Estaba contento por él,
pero no podía evitar sentir que se había quedado solo
de nuevo y eso lo ponía un tanto triste.
-Bien.... – Aziel tomó la carta que le había
entregado Kan, desenvolviéndola y empezando a leer con algo
de dificultad ya que las letras estaban todas borrosas de tanto
juego de gatito. Probablemente, no se había dado cuenta de
que era algo importante. En ella, Hoshi, le explicaba lo sucedido,
con la excepción de aquellos “detalles” que lo
avergonzaban, claro, y que no le había parecido que venían
al caso, dejándole saber por qué había tenido
que irse sin él e incluso contándole de la visita
mañanera que había hecho Shisou a casa de Shai. –
“ Si hay alguna manera de que me contestes, por favor, hazlo.
Necesito saber si estás bien. Y también quiero saber
de Kan, dale las gracias si lo ves. Yo cuidaré de Shai como
te lo había prometido antes de todo esto, aunque creo que
ahora, es él quien está cuidando de mí. Y no
te preocupes, que no te voy a abandonar allí. Ya encontraré
la manera de sacarte aunque tenga que cometer una estupidez y aguantarme
tus hostias luego. Te quiere, Hoshi – finalizó, leyendo
en voz alta y observando al lobo.
Garou se levantó con las orejas gachas y el rabo colgando
totalmente "mustio" y se dejó caer de nuevo, acostado
en una de las esquinas de la celda escondiendo la nariz entre las
rodillas y tapándose las orejas con el brazo. Lo cierto es
que después de aquellos años ahí encerrado
y sólo ver a Hoshi, aunque fuese así, le había
devuelto las ganas de vivir pero quisiera que no y aunque resultase
un tanto egoísta, ahora se sentía abandonado. Se agarró
a las piernas un poco, recuperando la forma de lobo de nuevo y tapándose
la cara con la pata de nuevo. Ni siquiera le había dado las
gracias a Aziel por leerle ni a Kan por llevarle la carta y se levantó
de nuevo caminando hasta ellos y lamiéndoles la cara a ambos,
cogiendo la carta con los dientes, de la mano de Aziel y acurrucándose
de nuevo en la esquina de la celda.
Kan miró a Aziel pasándose la mano por la cara sin
poder evitar limpiarse las babas y se levantó, rascándose
un poco el brazo nervioso -Creo que deberíamos dejarlo solo…
- No, aún no.... – sentenció Aziel limpiándose
la cara un tanto asqueado pero comprendiendo que era su naturaleza
de igual manera e imaginando lo que estaba sintiendo el lobo. No
le había parecido tan malo estar sólo hasta que conoció
a Kan, pero ahora sí que le parecía. Se acercó
al lobo acariciándole el lomo, susurrando. – No te
rindas, saldremos de aquí, los tres. Volverás a estar
con tus amigos. – dijo solemne, como si de un juramento se
tratase, levantándose luego para extender una mano a Kan.
– Ahora sí podemos irnos.
Kan sujetó la mano de Aziel algo sorprendido por lo bizarro
de la situación y se levantó, caminando con él
al exterior –Cuídate, Garou… y no te pongas triste…-
le pidió, sabiendo que era imposible y sonriéndole
levemente a pesar de que no miraba. Cerró la puerta, marcando
la clave de nuevo y dirigiéndose a las escaleras, encogiéndose
un poco al escuchar los aullidos del lobo a través de la
puerta -Está muy triste…- dijo, sin poder evitar detenerse.
Aziel también se detuvo, tirado de la mano de Kan, y se
giró, mirándolo en la penumbra del pasillo no muy
bien iluminado. A él también le parecía muy
triste todo aquello. En realidad podía sentir el dolor del
lobo y por ello había intentado levantarle el ánimo,
pero no estaba acostumbrado a interactuar con los demás y
nunca sabía qué hacer. Le giró el rostro a
Kan con una mano, mirándolo a los ojos y pensando que era
él quien parecía un ángel en esos momentos.
Se acercó a sus labios como si fuera a besarlo, que era precisamente
lo que deseaba hacer, deteniéndose a pocos centímetros,
cohibido, susurrando simplemente. – Nunca te voy a dejar sólo.
– y volteándose de nuevo hacia las escaleras. –
Vamos, mejor regresas a tu habitación. – continuó,
con un tono de voz completamente distinto, como si aquello no hubiese
sucedido.
Kan se llevó la mano al pecho estrujándose con la
mano la camiseta blanca, el corazón golpeando en su pecho
de forma acelerada. Había pensado que iba a besarlo y ni
siquiera había sido capaz de moverse. Ahora ni siquiera era
capaz de hablar y deslizó los dedos por la mano que sujetaba
la de Aziel acariciándola y apretándola después,
sintiendo que le temblaban las manos -Sí… vale- dijo
susurrando apenas con la mirada algo baja cubierto por los mechones
rojos.
Aziel notó el temblor en la mano del chico e imaginando
a qué se debía, probablemente lo había puesto
nervioso. La mayoría de la gente se ponía nerviosa
en su presencia, estaba seguro de eso. Y Kan parecía ponerse
más nervioso que ninguno, sin importar lo que hiciera. Continuó
caminando sin decir nada, convencido de que cualquier cosa que dijera
empeoraría la situación.
-Si no me dejas solo nunca, tendrás que dejarme vivir contigo
cuando salgamos…- dijo exteriorizando sus pensamientos y levantando
la mirada, para alzarla al rostro de Aziel tragando saliva al observarlo
-Aziel- le llamó, parándose frente a la puerta de
su habitación cruzando la mano del ángel/demonio en
su pecho para apoyarla en su corazón, posando la suya sobre
esta y notando como el ritmo crecía a medida que escuchaba
las palabras que iba a decir, en su mente -¿Puedo besarte?-
preguntó finalmente.
Aziel observó sus ojos, nervioso, notando los latidos del
corazón bajo su mano y los suyos propios aumentando. Bajó
la mirada hacia el pecho del chico en donde tenía la mano,
sintiendo cómo el rubor se apoderaba de su rostro y sin poder
levantar la mirada de nuevo. - ¿Quieres...besarme? Si quieres....besarme,
puedes hacerlo.....
Kan sonrió un poco en parte aliviado -Bueno… si no
quisiera, no te lo pediría…- susurró, bajando
la cara y buscando con sus labios los de Aziel sólo rozándolos,
acariciando después su mejilla, nervioso aún sin atreverse,
finalmente posándolos y entreabriéndolos con los suyos
y sintiendo la calidez de su aliento. Alzó la vista, buscando
su mirada nervioso.
Los ojos dorados del chico recorrieron el rostro de Kan como si
hubiese sido llamado por su mirada, su aliento temblando contra
los labios del pelirrojo. Subió lentamente su mano, acariciando
su mejilla de igual manera, nervioso, sin saber qué debía
hacer. Después de todo, también era su primer beso
de verdad y no quería que Kan se fuera a molestar con él
o a rechazarlo. Cerró los ojos, atreviéndose a deslizar
poco a poco, su lengua por entre los labios del chico, esperando
su respuesta con el corazón golpeándole el pecho.
El pelirrojo apretó con su mano la de Aziel, acariciando
con su lengua la del chico y sintiéndose como un manojo de
nervios sólo con notar la humedad de esta contra la suya.
Inclinó el rostro, besándolo por fin, apartando la
mano de su mejilla para acariciar las suaves plumas negras y se
separó un poco, mirándolo a los ojos y sonriéndole
totalmente cortado y abrazándolo después contra él.
Aziel se abrazó también a Kan, escondiendo su rostro
sonrojado contra su hombro, sintiendo que aquello era lo más
especial que le había pasado en su vida y susurrando casi
inaudiblemente y por primera vez también. – Te quiero....
Kan se abrazó a él con más fuerza entonces
-Te quiero…- dijo pensando que también se merecía
oír aquellas palabras y no un simple "yo también"
-Yo… tengo que acompañarte yo a ti… porque tengo
que cerrar la puerta- recordó entonces, tragando saliva tras
decirlo. Ahora se sentía aún más nervioso que
nunca frente a él -Pero no quiero dejar de abrazarte…-
se apartó, porque sabía que no había más
remedio y sujetó su mano de nuevo.
Aziel se le quedó mirando, un tanto sacudido por sus palabras
y preguntándose si habrían tenido el mismo efecto
en Kan cuando él las pronunció. Se dio la vuelta,
abriendo la puerta muy a su pesar y entrando ambos en la habitación,
soltándolo por fin de la mano y yendo a sentarse en la cama,
susurrando apenas, como si lo que decía sólo fuera
para sí mismo. – Desearía que durmieras conmigo....
Kan se acercó a la cama aún más rojo agradeciendo
la oscuridad del cuarto y se sentó en el colchón,
abrazándolo de nuevo y acostándose con él cubriéndolo
con las sábanas -Duerme… después me iré…para
que no nos descubran- susurró sonriendo y acariciándole
el pelo, cerrando los ojos después, no fuera a tratar de
decirle que se fuera. De hecho, tenía miedo de que los descubrieran,
pero de todos modos, no estaban haciendo nada malo.
- Kan.... – lo miró con sus ojos dorados, recorriendo
su silueta, pensando en que no podría. Seguro se quedaba
dormido allí, encima de él, y no podría irse
y luego lo castigarían. – De veras......deberías
irte..... – le advirtió, aunque no con mucho convencimiento,
cerrando los ojos también.
- No, quiero quedarme contigo, no estamos haciendo nada malo…-
contestó necio pese a todo, apoyando la mano en su pecho
como si los latidos de su corazón resultasen algo hipnótico
-Mi hermano me llevará si me duermo… estoy seguro-
confirmó, adormilándose y besando su pecho antes de
cerrar los ojos de nuevo completamente -Buenas noches…- susurró
con una sonrisa, no se iba a ir.
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