| Capítulo 58
Because you're different
"Not the torturer will scare me, Nor the body's final fall.
Nor the barrels of death's rifles, Nor the shadows on the wall.
Nor the night when to the ground the last dim star of pain, is held.
But the blind indifference of a merciless unfeeling world"
–Porque eres extraño. Por eso, nadie quiere jugar
contigo, ni hablarte.....Haces cosas raras....
- No, no es cierto, no soy extraño. ¿Por qué...por
qué dicen eso? – el niño alzó sus ojos
azules, sentado en el suelo como estaba, para mirar a su compañero
de clase que se había acercado sorpresivamente y que ahora
lo observaba con una expresión para nada amistosa.
- Sí es cierto, todos lo dicen. Te tienen miedo, dicen que
mataste a tus padres....Que eres malo.
- ¿Qué? No.....Yo no hice eso, no lo hice. –
rebatió, agrandando los ojos, sintiendo como si le clavasen
un puñal en el pecho. Sonrió de manera un tanto desesperada,
su mirada aferrándose al otro chico como si fuera una tabla
de salvación. – Pero....tú no crees eso, ¿verdad?
Estás hablando conmigo así que.....no crees eso.
El otro chico retrocedió algo asustado ante la fuerza de
aquella mirada, nervioso. Sus palabras surgieron originadas por
el miedo, con esa honestidad brutal de la que sólo los niños
son capaces. – No quiero.....te hablo porque la maestra me
pidió que lo hiciera, pero no quiero....Así que....así
que....no quiero que te acerques a mí! – se agachó,
lanzando un puñado de tierra a sus ojos y echó a correr,
tan sólo para caer no bien hubo dado tres pasos, convulsionando
en el suelo, la sangre resbalando por sus oídos, hasta que
quedó completamente inmóvil. Los niños empezaron
a gritar, presas del pánico llamando a la maestra que corrió
a su lado, girándolo horrorizada, inmediatamente gritando
a los niños para que entraran al salón y llamasen
una ambulancia, aunque el chico estaba muerto. La mujer no pudo
evitar alzar la mirada hacia el único niño que no
se movía, sus negros cabellos cubriendo sus ojos, las lágrimas
resbalando por sus mejillas. Contuvo la respiración, cuando
el chico se puso de pie súbitamente, pero sólo la
miró un momento, hallando en sus ojos lo que encontraba en
todos. Miedo. Y salió corriendo sin que nadie lo detuviera,
sin que nadie corriera tras él. No volvió a regresar
a la escuela, ni al orfanato.
En vez de eso, se dedicó a vagar por las calles, los rumores
extendiéndose como la pólvora alrededor de él.
Nadie tenía pruebas pero todos lo acusaban. Y aunque supuestamente
lo estaban buscando por ser un chico sin familia, nadie lo encontraba,
a pesar de que no se molestaba en esconderse. En vez de eso, cruzaban
la calle si lo veían venir, y evitaban mirarlo a los ojos
a toda costa. Un día, un niño le sostuvo la mirada,
sería una memoria que conservaría toda la vida. Pero
entonces habló, señalándolo.
- Mira, mamá, es el diablo. ¿Lo ves? Dicen que si
lo miras, te mata. ¿Es cierto? Se ve normal... – preguntó,
obviamente decepcionado ante la apariencia del chico.
- No digas esas cosas, Hito. Y no señales! – la mujer
se apresuró en llevarse a su hijo, incluso tapándole
los ojos.
Y entonces, unos días después, ellos llegaron. Ellos
le buscaban, hacían preguntas sobre él como si todos
aquellos rumores fuesen ciertos. Y había logrado esconderse
muy bien, hasta esa noche, en la que se había visto obligado
a correr por las calles, asustado, la lluvia calándolo hasta
los huesos. Lo único que podía hacer era gritar y
pedir ayuda, pero nadie lo ayudaría. Todos estaban encerrados
en sus casas, atemorizados pero aliviados a la vez. Al menos, aquellos
hombres acabarían con eso, ya no tendrían que vivir
con miedo.
Finalmente se refugió en un callejón, cansado de
correr y sin ningún lugar a donde ir, pero lo encontraron.
Tenían armas, y aunque la mayoría sólo disparaban
dardos tranquilizantes, el chico estaba convencido de que lo iban
a matar. Se recogió en una esquina, abrazando sus piernas
y temblando, con el cabello pegado a su frente y las gotas de agua
mezclándose con sus lágrimas. Y entonces vino el primero.
Apenas hubo dado un paso para acercarse, lanzó un grito,
cayó al suelo muriendo unos segundos después. Y lo
mismo el segundo y el tercero.
No lo comprendía, nunca lo había hecho. Sólo
sabía que no quería que se acercaran, que no quería
que pasaran de cierto punto. Y por lo tanto, les era imposible hacerlo
sin morir. Cerró los ojos ovillándose más,
deseando poder detenerse, volver a empezar, que nada de eso hubiese
sucedido jamás. Y entonces lo escuchó. Aquel hombre......aquel
hombre que ni siquiera iba armado. Pero aún sin armas era
más poderoso que todos los otros juntos. Podía sentirlo.
Alzó la mirada poco a poco, dejándose invadir por
esa sensación, vio sus labios moverse, escuchó sus
palabras.
Aquella frase.......aquella única frase le golpeó
el corazón con una fuerza inusitada. Aquella frase, era el
arma más poderosa de todas las que se encontraban allí.
Sólo esa frase, brillaba como el oro mismo, como esa mirada
dorada casi hipnotizante.
- ¿Estás bien, querido? – el hombre dijo otras
cosas, pero no las escuchó. Su corazón latía
demasiado fuerte en sus oídos. Era sorprendente que siquiera
hubiese escuchado aquello, pero ahora se repetía en su mente
una y otra vez, como si fuese lo único que importaba. (“-¿Estás
bien?...¿Estás bien?.....¿Estás bien......?”)
Él no le tenía miedo ni lo odiaba. Al contrario, se
preocupaba por él como no lo había hecho nadie desde
que sus padres murieran.
- ¿Está.....bien? – repitió el chico
con la voz débil y se echó a llorar desesperado una
vez más, enterrando el rostro en sus rodillas, rendido. Pero
ahora sus lágrimas también traían alivio.
....................................
-Querido… ¿te encuentras bien?- el rubio tomó
en sus brazos al joven doctor que había caído dormido
en una de las sillas del laboratorio, dispuesto a llevarlo a su
dormitorio. Se veía exhausto y seguramente había pasado
la noche inmerso en sus investigaciones. Sonrió mirándolo,
era realmente encantador y realmente peligroso también, pensó
sin poder evitarlo acentuando aún más su sonrisa.
Shisou abrió los ojos, despertando, mirándolo a los
ojos sin poder evitar devolverle la sonrisa. – Jaken sensei...no
tiene que hacer eso. No me di cuenta de la hora. – murmuró,
explicando lo que era obvio y ya parecía una costumbre en
él.
- Es un placer, lo hago porque lo deseo, querido- dijo, a pesar
de sus palabras, llevándolo a su dormitorio -No deberías
abusar de tu cuerpo de ese modo, todo esfuerzo es bueno, en su justa
medida…- explicó abriendo la puerta y dejándolo
sobre el lecho, sentándose a su lado y apartándole
el cabello del rostro, apoyando la mano contra su mejilla -Pensaba
consultarte acerca de algo, pero si estás cansado podemos
hablarlo después de que hayas descansado en condiciones…
- No, no es necesario. Puedo escucharlo, no estoy tan cansado como
para no poder hablar. – se giró en la cama para mirarlo
mejor, como siempre, sintiéndose un tanto infantil en su
presencia. - ¿Qué deseaba decirme?
-Es respecto a Kogatsu… ¿recuerdas lo que hablamos
sobre darles un poco más de libertad? Había pensado
en ir yo mismo a buscarlo… aunque creo que aún no lo
haré volver… Quiero ver como actúa… y
tal vez enseñarle a comprender que su naturaleza ahora…
es superior. Enseñarle a amar su nuevo ser, no a despreciarlo,
pero antes querría conocer tu opinión al respecto…-
apoyó su mano sobre la de Shisou apretándola suavemente.
- ¿Kogatsu? – el moreno fijó su mirada sobre
su mano, alzándola de nuevo hacia los ojos dorados del rubio.
– Sí, debí saber que usted pensaría así.
– murmuró sonriendo finalmente. No había pensado
en Kogatsu de esa manera, ni le había dado más consideración.
Pero Jaken sensei era distinto a él, siempre veía
más allá. – Me parece buena idea, sí......Además,
nos sería más útil, si llega a comprender.
- … si comprendiese, cuan afortunado es de poseer todo ese
poder… y a la vez comprendiese mi dolor…en su propia
carne- sonrió levemente mirando al moreno -él también
desearía deshacerse de él. Cabe la posibilidad de
que de ese modo cooperase, sin embargo si lo traemos y de nuevo
frenamos su poder… perderemos un importante aliado- deslizó
las yemas de los dedos por la mano del moreno colándolos
bajo esta y acariciándola con el pulgar. -Esta noche saldré
a buscarlo… seguramente no haya comido y esté hambriento…
débil…
- Seguramente........ – susurró, hipnotizado por aquella
mirada y tranquilizado por sus caricias. – Y seguramente,
entenderá. No podemos perderlo, debí haberlo considerado
antes. – sonrió, un poco avergonzado, desviando la
mirada con dificultad. – Pensé que si no recordaba,
que si simplemente pensaba que pertenecía aquí, no
habría problemas.
-Y estabas en lo cierto, querido… lo estabas, pero siempre
hay que contar con los posibles "factores externos"- dijo
hablando pausadamente y refiriéndose sin duda a Shiryou -Sólo
una cosa más… encuentra el modo de matar a Camadai…
no lo mates… sólo quiero saber si puedes hallarlo-
sonrió, deslizando su mano bajo la del moreno y acariciando
su rostro mientras se levantaba del lecho -Sé que encontrarás
el modo… y harás que me sienta orgulloso de ti, como
siempre.
- Le prometo.....que lo encontraré. Sabe que sólo
tiene que pedírmelo. – le sonrió nuevamente,
ahora con más confianza. – No lo voy a decepcionar....
– finalizó, girándose de lado de nuevo. Lo cierto
es que sí estaba cansado, tampoco había dormido muy
bien.
Jaken sonrió complacido apoyando la mano contra su mejilla
y acariciándole los labios con los propios rozando apenas
su labio superior con la lengua –Descansa, querido, no te
levantes hasta que te sientas completamente recuperado, duerme-
susurró en sus labios sin apartar su mirada de los intensos
ojos azules, susurrando como si tratase de hipnotizarlo con sus
palabras y separándose para apagar la luz mirándolo
unos segundos en la oscuridad del cuarto antes de volverse para
salir.
- Jaken sensei..........-susurró el moreno, ya cerrando
los ojos, entregándose al sueño de nuevo.
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