.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 19

Better to Burn Out than to Fade Away

Shisou recorrió con la mirada al chico de cabello castaño oscuro que yacía profundamente dormido sobre la cama. Las mechas entre azules y plateadas, recorrían la mayor parte de su cabello, casi ocultando su color natural, aunque aún era visible en algunas partes. Le había permitido mantener ese lujo, tan sólo porque no obtendría muchos más allí. Estaba en el ala de los condenados, la parte del edificio en la que mantenía a los verdaderos conejillos de india. Y estos, no tenían mucha esperanza de superar ese nivel.

Los chicos que habitaban esa ala eran todos chicos normales. Al menos, hasta que les llevaban allí. Después de todo, era necesario tener humanos comunes y corrientes para hacer comparaciones. Y también, para estudiar cómo ciertas sustancias o genes no humanos podrían afectar a una persona común. Para eso, los sacaban de otros hospitales, fingiendo ser sus parientes o sus benefactores. En su mayoría, chicos de la calle, enfermos o tal vez habían estado en un accidente. Pero todos con ciertos factores comunes. Ninguno tenía identificación, y por supuesto, antes de llevárselos, se aseguraban de que nadie los estuviese buscando, de que nadie los echaría de menos.

Y en ese sentido, Kogatsu era perfecto. Nadie sabía su nombre verdadero, ni siquiera él. Alguien lo había dejado frente a la puerta de urgencias una noche, con heridas por todo el cuerpo, al parecer de una fuerte caída. Pero había sido inútil preguntarle quien era o qué había sucedido. El chico no recordaba nada. Y no sólo eso. Kogatsu estaba enfermo, sólo le quedaban algunos meses de vida y una fuerte infección había afectado su vista, de manera que se estaba quedando ciego. Más de un mes había pasado sin que nadie fuese a reclamarlo, a pesar de que habían puesto su foto en varios periódicos. Para cuando uno de sus hombres fue a reclamarlo, el hospital estaba más que ansioso por entregarlo. Con el poco presupuesto que tenían, no les hacía gracia utilizar una cama en un paciente que no pagaría y por el que además, no se podía hacer nada.

Y allí estaba ahora. Kogatsu, como él lo había bautizado al darle su nueva vida. Y su vida anterior no parecía haber sido muy buena hasta el momento. Shisou imaginaba que había sido miembro de alguna pandilla, por los tatuajes que llevaba, pero igual eran bastante peculiares. Una maraña de espinas negras se enroscaba alrededor de su brazo derecho, cruzando su pecho para llegar a su corazón desembocando en una rosa negra que parecía sangrar en su centro. Y una muy pequeña estrella negra sobresalía en su ahora pálida piel, bajo la esquina de su ojo izquierdo.

El joven médico sonrió, alzando frente a sí el informe de la última transfusión, llevada a cabo tan sólo un par de horas antes. Pero sabía que debía intentarlo antes de que fuese demasiado tarde, o el efecto que pudiera tener, pasaría. Hizo los papeles a un lado, cansado de tanta teoría y decidiendo aumentar las posibilidades por sí mismo, en su descuido, haciéndose una ligera cortada con el papel en un dedo. Sonrió, sin poder evitarlo, y llevó el dedo a los labios del chico.

Kogatsu abrió aquellos ojos azul de medianoche, cuyos reflejos plateados había acentuado la sangre que ahora corría por sus venas. Nadie que mirase aquellos ojos, podría pensar que era un chico normal. Pero él no volvería a ver a nadie que pudiese pensar eso. Sacó su lengua, pasándola por el dedo del doctor, lamiéndolo y succionándolo luego sin dejar de mirarlo.
Shisou le sonrió. Por supuesto, sería un vampiro artificial, pero la intravenosa que colgaba de su brazo no podía satisfacerle mucho. Le colocó la mano sobre la cabeza, echándolo hacia atrás, sonriendo y retirando su dedo, para limpiarlo luego en un pañuelo.

- Tranquilo Kogatsu. No queremos arruinar el tratamiento con mi sangre, ¿verdad?

El chico dejó caer la cabeza hacia atrás, su cabello un amasijo alrededor de su rostro, mientras observaba al doctor, inyectar algo que parecía ser sangre directamente a su intravenosa. Ya habían pasado varios meses pero aún seguía confuso respecto a qué hacía allí. ¿Realmente Shisou sensei lo conocía de antes? Entonces, ¿por qué no le contaba nada de su vida pasada? Ni siquiera sabía cómo había enfermado. - ¿Cree que muera hoy?

El médico le sonrió amablemente. – No, si no quieres. – se rió ligeramente. Realmente no se creía un pensamiento tan estúpidamente optimista, pero le hacía gracia responder eso. De todos modos, no lo iba a dejar morir. Le resultaría difícil conseguir otro chico así de perfecto y todos los resultados obtenidos con él se perderían. – No quieres morir, ¿verdad?

Kogatsu negó con la cabeza, siguiendo sus pasos nervioso.

- No tienes por qué temer tanto. No estoy tratando de matarte, Kogatsu. Si esto funciona..... – “Si esto funciona lo habré logrado, habré resuelto el problema. Y Jaken sensei estará orgullosos de mí” Lo miró, finalizando la frase de otra manera, en voz alta. – también te beneficiará a ti, ¿no?

El chico observó asustado cómo alzaba la ventana especial que había mandado hacer especialmente para esto. No le importaba. No le molestaba tener que vivir de noche si eso era lo que tenía que hacer. Pero sabía que protestar no lo llevaría a ningún lado. Las gruesas cortinas se alzaron, revelando una capa de acero, con múltiples pequeños agujeros que dejaban pasar la luz del sol, creando una especie de patrón de círculos dorados sobre su cuerpo.

Kogatsu se estremeció al sentir el calor, aterrorizado, revolviéndose en la cama, haciendo sonar los fuertes amarres de metal que lo mantenían atado a ella. Incluso hizo mover los barrotes intentando huir.

La voz de Shisou llegó a sus oídos tranquilizándolo. – Cálmate, no está pasando nada. ¿Ves? Estás perfectamente bien.

Giró el rostro, sudando, más por el miedo que por el calor, y se dejó caer nuevamente, riendo nervioso. Era cierto, no estaba quemándose. Respiró con dificultad, su pecho subiendo y bajando, estresado. El médico le sonrió, mirando su reloj, sintiéndose cada vez más optimista. Un minuto pasó, luego dos, luego tres.

De pronto el chico empezó a gritar, estremeciéndose como un poseído. Shisou alzó la mirada, para ver el vapor que comenzaba a salir de su piel, las llagas que se iban formando en sus brazos. – Maldición! –frunció el ceño frustrado, sin preocuparle en absoluto lo que pudiese estar sintiendo el chico. No funcionaba, nunca funcionaba por más de unos minutos. Necesitaba que fuera más pura, más concentrada.

Por fin cerró la ventana, el chico desplomándose casi al borde del desmayo, sus párpados moviéndose rápidamente como si estuviese teniendo un ataque. Tenía quemaduras en todos los puntos en los había sido tocado por la luz, incluso algunas sangraban.

Shisou salió de su habitación, hecho una tromba, sin siquiera dirigirle la mirada. Tan sólo le hizo una seña a uno de sus ayudantes que lo esperaba fuera de la puerta, para que se encargase de vendarlo y atender sus heridas. No podía prescindir de él. No hasta que hubiese logrado su objetivo.



 
 

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