Capítulo 18
Shisou
El chico se estremeció sentado en aquel objeto de tortura
que más bien parecía una silla eléctrica avanzada.
Y eso era exactamente lo que era. Medía sus ondas cerebrales,
y otras cosas más que aún no comprendía. Sus
brillantes ojos azules miraron con furia hacia el espejo tras del
cual se ocultaban los doctores. Sabía que estaban allí,
era estúpido esconderse.
- No quiero! He dicho que no quiero hacerlo más! Estoy cansado,
maldición! – gritó el chico hacia la superficie
reflejante. Una corriente de electricidad le recorrió el
cuerpo, haciendo que el chico del reflejo se retorciera gritando,
fiel representación de la realidad.
A pesar de eso, Shisou volvió a mirarlos desafiante, jadeando.
– Que no quiero.....Quiero irme a mi habitación. A-HO-RA
.
Una nueva corriente de electricidad, más fuerte esta vez,
atravesó su s nervios, haciéndolo retorcerse de un
lado al otro, su negro cabello una masa revuelta sobre sus ojos,
y un hilo de saliva resbalando de sus labios.
El chico se quedó quieto, respirando agitado, mareado, tratando
de recuperar el control. De pronto comenzó a reírse.
Una risa psicótica, infernal. Alzó la cabeza ligeramente,
mirándolos con ojos dementes a través del su flequillo
negro, adherido a su frente, sudoroso.
- ¿Qué no me oyeron? Lo diré mejor, para que
puedan escucharme, para que puedan entender...... Quiero ir a mi
habitación. AHORA!!!!! – algo en la silla explotó,
expulsando un humo negro, mientras todas las bombillas de la sala,
explotaban, dejándolo en la más absoluta oscuridad,
pero no necesitaba ver, sólo sentirlos.
Se escuchó el sonido perturbador del espejo, rompiéndose
en dos, y estallando en mil pedazos. Y entonces escuchó sus
gritos, dentro de su cabeza, podía sentirlos. Ir destrozando
sus cerebros, poco a poco. Algunos corrían intentando detenerlo,
pero no lo conseguirían. No esta vez.
Uno de los médicos que supervisaba los experimentos, lanzó
un grito agudo, desesperado, segundos antes de que su cabeza explotase,
esparciendo su cerebro por encima de otro, que retrocedió
horrorizado, sólo para sentir, cómo empezaba a sangrar
por la nariz, apenas levemente. No tardó en seguirlo su boca,
sus oídos, sus ojos. Sangraba irremediablemente por cada
agujero de su cuerpo. Se levantó, extendiendo las manos hacia
los otros, que se apartaron asustados sin ver nada, y sin comprender
qué iba a suceder. Pero Shisou continuó presionando
y presionando, hasta que el médico no tardó en quedar
como su primer colega.
Súbitamente, todo se detuvo. El chico permanecía
jadeando, atado a la silla, exhausto por el esfuerzo. Levantó
la vista de nuevo, para ver a los médicos que lo observaban
espantados a través del vidrio roto. La tenue luz que le
llegaba desde el otro lado, iluminó los cadáveres
en el suelo, la sangre en el piso, en las paredes, logrando despertarlo
de su furia. El chico agrandó los preciosos ojos azules,
teñidos ahora de terror. Permaneció así por
unos momentos, sin moverse ni hacer nada, sólo para interrumpir
el silencio luego con un grito que pareció estremecer las
bases del mismo edificio.
......................
Shisou se sentó de golpe en la cama, sudando. Se pasó
la mano por la frente y miró el reloj, aún no salía
el sol. Sonrió, casi dejando escapar una risa. ¿Qué
era un crío para andar teniendo pesadillas? Eso estaba en
el pasado de todas maneras. Era como un recuerdo de otra vida. De
cuando era un crió idiota que no comprendía hasta
donde llegaba su poder, lo que podría hacer con él.
Pero Jaken sensei lo había ayudado, le había mostrado
la verdad. Lo había salvado de vivir su vida como un patético
humano mediocre y débil, asustado de sí mismo, sin
saber utilizar lo que le había sido dado.
Se levantó, poniéndose una bata por encima de la
camiseta y los pantalones de pijama que llevaba. Caminó por
los pasillos sin hacer ruido, hasta llegar al laboratorio, encerrándose
allí. No quería que nadie lo molestase, y a esa hora,
la probabilidad de que eso sucediera era casi nula.
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