.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 17

Love me, Love my Brother......?

Kan se levantó entre las sábanas nervioso. Era la primera vez en siglos que desobedecía a las normas y más aún a una de las órdenes del doctor Jaken, pero de cualquier modo se calzó las zapatillas y salió al exterior de su habitación vigilando el pasillo y caminando en silencio por él hasta la habitación de Aziel.

Marcó el numero de seguridad en la puerta por supuesto, extraído de la memoria de las visiones que tenía del doctor y abrió una rendija haciendo una seña al semidemonio para que no hiciera ruido -Aziel…- susurró llamándolo en la oscuridad sin ver muy bien.

Aziel permanecía acostado de lado en la cama, aún con los ojos abiertos, pensando en lo que había visto, intentando descifrar lo que había intentado decirle el lobo. No estaba seguro, pero le parecía que había dicho “ayuda”. Parpadeó, observando la puerta sorprendido al verla abrirse, y se incorporó sobre un brazo. - ¿Ka...Kan? – susurró de igual manera, inseguro.

-Sí…- el chico de cabello rojo sonrió -sí, soy yo… - se acercó hasta él sentándose en la cama a la altura de las rodillas del ángel -Me he escapado de mi habitación para venir a verte- aclaró con el pelo revuelto de la almohada y con aquel aspecto adormilado que siempre tenía -por si querías conocer a mi hermano.

- ¿Ahora? ¿Pero cómo.....? – miró hacia la puerta, un tanto tomado por sorpresa. – Pensé que eras un buen chico. – le susurró medio en broma refiriéndose a lo que decían los doctores.

-Lo soy…- Kan se rió un poco apoyando la mano en una de las alas de Aziel como ya tenía costumbre -Mira… así siempre las llevo conmigo- se bajó un poco el cuello de la camiseta para mostrarle el hilo que se había colgado del pecho con las plumas negras del ángel colgando de él -Es que si no venía a escondidas, Jaken sensei no me dejaría permitirle salir.

Una sonrisa asomó a sus labios antes de que pudiese detenerla, al ver como llevaba sus plumas. Bajó la cabeza, con la excusa de apartarse el cabello revuelto del rostro, y volvió a mirarlo. – Sí, escuché lo que te decía, pero....¿de veras tu hermano te hacía daño? ¿Por qué ponerlo dentro de ti, entonces? – volvió a desviar la mirada pensando que estaba preguntando demasiado, continuando no obstante. – Y ¿por qué permitirle seguir viviendo dentro de ti, si no puede salir jamás?

Kan lo miró manteniendo la sonrisa y acostándose a su lado en la cama mirándolo fijamente, con la mano en una de sus alas deslizando los dedos por las plumas -A veces… pero no era que quisiese, es que está enfermo y después siempre me pedía perdón y me daba algo que me hacía feliz. Mi hermano se estaba muriendo, mi madre trató de ahogarlo en la bañera pero después se arrepintió… y nos trajo junto al doctor Jaken. Le pidió que lo mantuviese vivo como fuera… el doctor mantuvo su espíritu en mí, por eso yo puedo ver… sobre los muertos, puedo unirme a los vivos como hice contigo y sentí lo que tú sentiste… pero sólo puedo ver en los recuerdos de los muertos o de los que morirán de forma inminente. Por eso a quien ví en tu mente no fue a ti, sino a tus antepasados… mi hermano me lo muestra...

El chico dirigió sus ojos rojos a los dorados del demonio -Puede salir si yo lo dejo salir, aunque a veces sale cuando yo no quiero- se sonrió un poco -cuando tengo miedo… Jaken sensei dice que es porque realmente no quiero evitar que salga.

- Tal vez no quieres porque lo extrañas. Debe ser horrible para él. No poder salir, ni ir a donde le plazca.... – suspiró, sus ojos tomando aquel aire distante nuevamente, y luego se dejó caer completamente en la cama, mirando a Kan. – Así que esas visiones....no las creé yo. Son reales. – Entonces realmente existía un lugar así. O ¿había existido alguna vez? Extendió una mano, pasándola por la mejilla del chico de cabellos rojos, contemplándolo, un tanto perdido en sus pensamientos. - ¿De donde viniste. Kan? – susurró como si hablase consigo mismo.

-No las creaste tú, forman parte de tu pasado, realmente ese lugar existe- el moreno le sonrió al ver que lo acariciaba y paseó los ojos por su cabello azulado. Era muy bonito pero muy extraño -No lo sé, no me acuerdo porque era muy pequeño, sólo tenía cuatro años cuando mi madre me trajo aquí con Kitazaki. Él tenía doce- explicó mirándose las manos un momento -De todos modos, sólo recuerdo un poco de mi casa y algo que veía por la ventana, se llama mar y es agua… mucho agua, hasta el infinito- explicó entusiasmado por unos momentos -Kitazaki tiene ahora veinticinco años…

- Kitazaki....es el nombre de tu hermano. – permaneció observándolo, pensando en el mar, agua hasta el infinito. Le parecía una locura. Pero el cielo también parecía extenderse hasta el infinito. Por eso le parecían una estupidez aquellas barras que le impedían subir más alto. ¿Por qué limitarse a eso? No tenía sentido. De pronto, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y retiró la mano cohibido. – Hoy, cundo volaba...ví algo.....un lobo. – lo dijo más bien por hablar, y por ocultar su nerviosismo. No le gustaba ponerse nervioso.

-Sí, es su nombre, él es muy bueno conmigo siempre- explicó ,meditando después en lo que Aziel le había dicho -¿Un lobo?- preguntó Kan extrañado por aquello y percatándose de cómo apartaba la mano cohibido. De todos modos a él no le había molestado y apoyó la suya en la mejilla de Aziel sonriéndole para que viese que no pasaba nada con aquello -¿Garou?

- ¿Garou? – repitió el chico de cabellos celestes, algo afectado por la leve caricia. – No sé su nombre. Era un lobo y luego se transformó en humano. Y me dijo algo...creo que me pidió ayuda. – bajó la mirada, pensativo nuevamente. – Sufre....

-Garou es un humano y es un lobo negro, con los ojos color amatista. Es muy bonito pero no quiere hablarme y tampoco me deja que lo toque, así que no he podido ver mucho en él, sólo gente corriendo por el bosque asustada y no sé qué podría significar…- meditó volviéndose de frente en la cama mirando al techo -No quiere estar aquí, quiere salir, por eso sufre… pero no puede salir porque Jaken sensei… lo necesita.

- Jaken sensei lo necesita....... – repitió, como meditándolo. ¿Para qué podía necesitarlo? Y ¿por qué no estaba con los demás? – Es egoísta....- susurró, sentándose luego para abrazar sus rodillas, mirando la silueta de las sábanas en la oscuridad, hablando con aquel aire pensativo que hacía pensar que no se percatase de la presencia de otros. – Yo no quiero estar aquí. A veces sufro, a veces me enojo. Pero no, él es distinto. Su furia, su tristeza.....eran mucho más grandes que las mías.

-No lo sé… Jaken sensei no me cuenta nunca casi nada de ningún paciente… Sólo sé, que puedo ver en él… Incluso lo que hace en un pasado reciente, incluso hace días … yo sólo puedo ver a la gente muerta…- explicó aquella extraña confesión hablando en un tono bajo -Mi hermano dice que está muerto… y su alma condenada- explicó temeroso de que lo tomasen por loco.

- ¿Está...muerto? – levantó la vista asombrado, prestándole atención súbitamente. Lo cierto es que a veces el doctor le daba escalofríos, pero no le preocupaba mucho, ya que no pasaba mucho tiempo con él. Parecía imposible, pero ahora se preguntaba si no serían más que simples nervios. – Yo...puedo averiguar eso, pero.....- se molestaría con él. No era algo que pudiese hacer sin que las personas se enterasen.

-¿Puedes averiguar si está muerto?- Kan se sentó de pronto frente a él mirándolo a los ojos. -¿Cómo haces eso? ¿Es porque eres un ángel?- preguntó después interesado -aunque también eres un demonio…

- Yo sólo.... mira – cerró los ojos, dejando que aquella leve luz envolviese a Kan, y sonrió sintiéndolo. – Creo que esto lo heredé de los ángeles, porque...No sé, es algo que siento. Mi parte de demonio es más agresiva. – Abrió los ojos, retirándose, y observándolo a la expectativa.

Kan lo miró sintiendo aquella repentina calidez envolviendo su cuerpo. Era extraño pero se sentía muy bien - No… no creo que eso sea muy demoníaco, se siente muy bien- sonrió más ampliamente entrelazando los dedos de sus manos sin dejar de mirarlo -¿Así averiguarás si el sensei está vivo?- preguntó sabiendo que aquello sonaba muy extraño. Pero por otro lado, la gente que habitaba allí era toda especial -Tampoco sé si nos sirva de algo averiguarlo de todos modos- pensó después aún con la sonrisa en los labios.

-Yo podría ir a ver a Garou pero tengo miedo… y no quiero- se excusó algo avergonzado.

- ¿No tienes curiosidad, Kan? No es necesario que nos sirva de algo. – le miró planteándose de nuevo por qué siempre sonreía. Hasta cuando hablaba de algo triste, sonreía un poco. No lo comprendía. – Yo quisiera poder verlo. –susurró, refiriéndose a Garou. – Me gustaría hablar con él.

-Bueno… podemos ir a verlo otro día que no sea tan tarde… pero ¿no tienes miedo? Si Jaken sensei nos descubre o Shisou sensei … se enfadarán mucho con nosotros y seguro que nos castigan…- habló más bajo aún pensando en lo mucho que se enfadarían los doctores con ellos por hacer algo así -Y aún así tal vez nos ataque si se enfada…

- Me pidió ayuda, no creo que nos ataque. De todos modos, puedo defenderme y.......a ti si es necesario.... – añadió algo ruborizado y dando gracias por la oscuridad. – En cuanto a ellos..... – lo miró de reojo refiriéndose a los doctores – tienes razón. Tal vez tú no debas venir. Sólo muéstrame el camino y....ayúdame a salir. Luego diré que lo hice todo yo. Eres un buen chico, ¿no? – le sugirió pensando en las cosas que Shisou sensei le hacía ver y sentir. No quería que Kan pasara por eso. Y ni siquiera sabía de qué era capaz Jaken sensei. Jamás lo había castigado.

-Querría ir contigo…- susurró Kan acercándose más a él en aquella confidencia secreta -Pero tengo mucho miedo… aunque me haría ilusión que me protegieses- se rió, pensando en lo que acababa de decir -Serías mi ángel de la guarda…- susurró en bajito como si le avergonzase o no quisiera que nadie mas lo oyese -Kitazaki dice que en el infierno está lleno de ángeles con las alas negras… y matan a la gente…

- ¿Y tú lo crees? – lo miró a los ojos intrigado. – Yo nunca he matado a nadie....Supongo que si eso fuera cierto, no podría ser tu ángel de la guarda. – de pronto se echó hacia delante como estudiándolo. - ¿No te preocupa lo que pueda hacer Jaken sensei? ¿Eso no te asusta?

-Sí… eso también me da mucho miedo…- El chico lo miró también intrigado estudiando su rostro, tenía la piel perfecta como si fuera de porcelana sin mácula alguna -Yo lo creo, porque él ha estado allí. Después, Jaken sensei lo trajo a mi cuerpo, él esta entre la vida y la muerte, pero asesinó… a varias personas… irá al infierno cuando yo muera. A mí eso me da igual, yo no creo que sea malo por asesinar… sólo depende de los motivos del asesinato… Así que no creo que todos los ángeles del infierno sean malos… y mi hermano tampoco- apoyó la nariz contra la de Aziel sonriendo -¿Qué me miras?- preguntó con la misma expresión y los ojos abiertos a esa tan corta distancia en la que sólo podía ver el brillo de los ojos dorados frente a él.

- Nada en especial, sólo que.....pensé que confiabas en él, en Jaken sensei. Y también...que siempre estás sonriendo. No entiendo por qué. – se separó un poco, nervioso por la proximidad. – Yo no he matado a nadie, pero he atacado a otros. Siempre me han detenido, pero...luego me calmo y pienso que fue lo mejor. ¿ Me vas a presentar a tu hermano? – paseó su mirada por el rostro del chico, aún cuando sólo podía ver su silueta. - ¿Crees que yo también vaya al infierno? Me refiero a...lo que dijo tu hermano.

Kan lo miró a los ojos pensando -Confio en él, salvó a mi hermano sin importarle nada y después… aún sabiendo que estaba en mi interior… y que mi hermano… mató a mi madre, me recogió con él- sonrió levemente -No lo creo… que vayas al infierno- susurró -pero mejor se lo preguntas a él, espera… lo traeré.

El chico apoyó las manos en su rostro tapándose los ojos y mirando hacia abajo -Duele un poco…- explicó temblando levemente -No vayas a asustarte, no es malo…- advirtió de nuevo aunque algo sudado -agg…- se cayó sobre la cama acostado y dormido mientras en la habitación frente a la cama apoyado en la pared aparecía la figura de un moreno completamente vestido de negro, de ojos rojos iguales a los de Kan, su cabello negro, largo y lacio caía sobre su rostro, alzó el rostro caminando hacia la cama.

Aziel dirigió su mirada hacia el moreno, un tanto preocupado de todas maneras, aunque sabía que Kan sólo dormía. Le acarició el cabello distraídamente, sin quitar su mirada del otro.

El moreno se agachó, recogiendo a su hermano en brazos de la cama y se quedó observando a Aziel frente a él -Irás al infierno.

- Eso es....¿tu opinión o lo sabes por un hecho? – preguntó, imaginando que a lo mejor sí sabía si había estado allá. Dirigió su mirada hacia Kan. – No iba a lastimarlo. – le aseguró por si acaso era por eso que lo apartaba.

-Lo sé- contestó el moreno mirando a su hermano -lo echaba de menos- explicó mirando de nuevo al chico frente a él -Irás porque eres un diablo, no importa que seas un ángel también, irás al infierno.

- Iré al infierno.... – apoyó el rostro en una mano, meditando si eso le afectaba de alguna manera, pero no estaba seguro. Se oía lógico. Por otro lado, lo mismo se podía decir para apoyar lo contrario, pero tal vez pesaba más ser un demonio? - ¿Siempre se duerme cuando tú sales? – cambió de tema.

-Estarán encantados de tener un ángel en el infierno… pero no de tener un demonio en el cielo- aseguró el moreno -Siempre duerme cuando yo salgo, tenemos la misma mente, no podría ser de otro modo- lo dejó sobre la cama arrodillándose en el suelo y apartándole el pelo de la cara -Sácalo de aquí Aziel.

- ¿Cómo puedo hacer eso? Ni siquiera puedo salir yo. – bajó la mirada, recorriendo el cuerpo dormido del chico. – A él parece agradarle aquí... – murmuró para sí.


-Da igual, tienes que sacarlo de aquí, aunque no quiera- lo miró a los ojos poniendo a su hermano en brazos del otro -Si eres un ángel sabrás que mi hermano se merece el cielo y no este infierno… Sácalo, yo te ayudaré si tú lo ayudas a él.

Aziel observó al chico que yacía entre sus brazos, sin poder contener los deseos de abrazarlo contra sí. – Lo haré – decidió en ese mismo momento. – pero no sé a donde ir. Kan me dijo que mis visiones eran reales. Por eso sé que existe otro lugar, pero nunca he estado fuera de aquí. Mi habitación ni siquiera tiene ventanas. – señaló, mirando la fría pared gris, casi indistinguible en la oscuridad. – Quiero llevarlo allá.

- … ¿sabes lo que es la biblia? Un libro sobre ángeles y demonios, sobre Dios y el Diablo… ¿querrías estar con los demás ángeles en el cielo?- lo miró a los ojos entre su cabello -Haz lo que sea necesario por ti mismo y por él y olvídate del cielo.

- ¿El cielo...? – alzó el rostro sorprendido. ¿Acaso eso era el cielo? No se le había ocurrido. Pero entonces, ¿a dónde iban a ir? Volvió a bajar la cabeza, apretando a Kan entre sus brazos, sintiendo su calor. – Yo sólo quiero llevarlo a un lugar hermoso, sin miedo, sin dolor. – enrojeció, ocultando su rostro tras su cabello, pensando que aquel chico lo hacía hablar de más.

-El cielo… y el infierno… dicen que cada día ángeles descienden del cielo a los infiernos condenados y que otros tantos demonios ascienden al cielo absueltos, no existe el lugar sin miedo y sin dolor ¿has comprendido lo que te he dicho? En todo lugar hay mal, incluso en el paraíso…- estudió al chico frente a él con la mirada -¿Sientes mi maldad Aziel?- lo miró a los ojos mostrándole las manos aunque en ellas no había nada -¿Y mi bondad?

- No tienes un cuerpo físico. Es difícil para mí sentirte.... – lo miró a los ojos, los mismos ojos de Kan pero sin embargo, distintos. – Pero creo saber a qué te refieres. – después de todo él también tenía una doble naturaleza. Y si quería proteger a Kan, no podía ser del todo malo. No le gustaban esos juicios. – Si dices la verdad...entonces, ¿ de verdad estará mejor en otro lugar? Si sería lo mismo...Aquí al menos está seguro. –le acarició el cabello, apartando un mechón de su rostro. – De veras es un buen chico. No la pasará tan mal como otros.

-Es muy bueno, lo pasará peor que ninguno de los otros. Jaken está muerto, es un vampiro, un ser que se alimenta de sangre- explicó al chico frente a él -Sé que no puede soportar la exposición a la luz solar ¿comprendes lo que te estoy confesando? Esa sabiduría es un arma que te entrego para que lo protejas. Bebe del lobo, porque puede regenerarse instantáneamente. De ese modo puede exponerse al sol durante un corto periodo de tiempo.

- ¿Un vampiro? – así que eso era lo que significaba el que Jaken necesitase de Garou. - ¿Qué quiere con Kan? ¿Lo sabes?

-Kan ve muchas cosas que podrían ser útiles- dijo agachándose para apoyar la mano en el pecho de su hermano y sentir sus latidos -No sé cual es su intención exacta, sólo sé que lo está utilizando y que quiere eliminarme- alzó sus ojos mirando a Aziel a la altura de su rostro.

- Pero....fue él quien te puso aquí. – colocó su mano sobre el pecho de Kan a su vez. - ¿Por qué te eliminaría?

-Sólo lo hizo para ganarse a mi madre, después a Kan … Es fácil de comprender si lo meditas un poco, de todos modos yo la maté- aclaró sonriendo no obstante después y besando el pecho del pelirrojo que aún dormía plácidamente -Sálvalo- dijo levantando la cabeza y mirándolo a los ojos más que como un ruego, como una advertencia.

Aziel lo observó serio, estudiándolo, sin que se le pasase el tono del chico. No pensaba obedecer órdenes de nadie, aunque fuese algo que quisiera hacer. Lo haría por sí mismo, no porque le amenazaran. - ¿Por qué la mataste? Kan dice que has matado a más personas, y Jaken sensei dijo que le hacías daño. ¿Por qué? – su propia voz surgió fría, desprovista de sentimientos, como si estuviese forjando una barrera súbitamente.

-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?- el moreno se levantó cogiendo a su hermano de los brazos de Aziel en los suyos observándolo -La maté porque se me intentó matar y porque la odiaba y a él le hacía, le hago daño… porque es un inútil, por eso…

El chico de cabellos celeste se levantó a su vez, plantándose delante suyo, molesto. – Kan no es ningún inútil. Pensé que querías ayudarlo, pero tú sólo le usas, ¿no es así? Si es cierto.....no eres distinto de Jaken sensei.

-¿De qué hablas Aziel? Mi hermano es lo único que me importa, yo no me importo, sólo me importa mi existencia para cuidar de él ¿pero qué crees que gana con esa sonrisa? Nunca lo he visto enfadarse, nunca lo he visto llorar durante más de dos segundos…, si le hice daño fue tratando de que aprendiese que el mal existía…

- No sé qué gana con esa sonrisa. Pero esa sonrisa es lo que me hace querer ayudarlo. Si no fuera así, ya no sería Kan. – dio un paso hacia delante, aún mirándolo igual de serio. – No quiero que le hagas daño, no quiero que nadie le haga daño. ¿Para qué quieres que lo salve si igual lo vas a hacer sufrir?

-Yo sólo te estoy diciendo que lo salves. Tú puedes decidir qué hacer con tus decisiones…- el moreno lo miró igualmente a los ojos -Salvalo o no lo salves… es tu decisión, pero cada decisión acarrea una consecuencia…

- Eso lo sé... – desvió su mirada hacia el pelirrojo, sin saber qué pensar exactamente de su hermano.

-Decide… ¿lo quieres cuidar o quieres que yo siga haciéndolo?- lo miro tendiéndolo en sus brazos hacia el -Protégelo tú a él y yo te protegeré también a tí. Sé que me dirás que no lo necesitas, pero no es cierto.

- Tienes razón....en lo que pienso. No lo necesito. – le sonrió de medio lado, su rostro abandonando todo rasgo de ángel por el momento, y extendió sus alas, para tomar a Kan en sus brazos, sentándose en la cama con el chico sobre sus piernas. Bajó la mirada, suavizándose. – Lo protegeré, hasta de sí mismo si es necesario.

-Muy bien… si es lo que deseas, pero con ello ya has firmado tu "contrato". Te protegeré lo desees o no, para protegerlo a él. Sé que no puedes con Shisou, lo he visto en mi hermano… pero escucha bien… yo estoy muerto- le levantó la cara para que lo mirase a los ojos -No pueden dañarme más ya.

- Tal vez no pueda ahora, pero estoy trabajando en ello. – reclamó, refiriéndose a Shisou, y apartando el rostro, para mirarlo nuevamente, pero esta vez sin que lo sostuviera él. Le molestaba que le echasen en cara la impotencia que sentía. – Y tú estarás muerto, pero Kan no. Si estás usando su cuerpo, hay ciertos riesgos que no puedes correr.

-No….- el moreno extendió la mano alzándola y tensando los dedos apretándola repentinamente contra su pecho internando los dedos en el cuero y haciendo que la sangre manase de él a borbotones. Sacó la mano sonriendo y señaló con su mano ensangrentada el pecho de su hermano empapado en sangre.

- Kan! ¿Qué demonios hiciste?! – se levantó, dejando a Kan sobre la cama e inclinándose sobre él preocupado, acariciándole el rostro. – Kan.... – le miró el pecho consternado, sin saber qué hacer.

El moreno lo miró impasible levantándole la camiseta a su hermano y apartando la sangre para mostrarle que estaba perfectamente -Está en mí como estuvo en ti, compartiendo mi dolor… ya sabes de lo que te estoy hablando, él te lo explicó… sólo que en este caso a mí no me duele- explicó serio e inmutable -Pero no lo recordará, está inconsciente cuando yo me manifiesto.

- No me importa! – Aziel sujetó a Kan entre sus brazos una vez más, casi rodeándolo con sus alas. – No vuelvas a hacer eso. Y mucho menos tiene por qué sentir el dolor ajeno. No tiene sentido....

-Dale esto- dijo levantando en la mano unas bolitas rojas y brillantes -Dile… de mi parte que son las cuentas que quería para que no esté triste si le duele- le pasó la mano por el cabello una vez más apoyando la mano en su pecho y empujando con fuerza sobre él.

Kan entreabrió los ojos tosiendo un poco por el golpe en su pecho y preguntándose que había llevado a Aziel a cogerlo en brazos -¿Me hizo daño?- le sonrió llevándose la mano al pecho -¿Me estabas protegiendo?

- Kan... – lo soltó rápidamente, aunque cuidando de no lastimarlo, cohibido al ver la mirada del chico de nuevo. – Yo te protegeré...desde ahora. – murmuró rojo mirando hacia otro lado y extendió la mano con las cuentas. – Te dejó esto. – señaló gélidamente, casi brusco, y luego giró el rostro, preocupado. - ¿Te duele?

-No… sólo un poquito de nada- sonrió cogiendo las cuentas de la mano de Aziel y sacándose el hilo en el que había cosido las plumas del chico, colando las cuentas rojas por él. Se lo colgó del cuello de nuevo sonriendo -Ahora tengo algo de las dos personas a las que quiero- declaró mirándolo y escondiendo las manos entre sus piernas adormilado -No hace falta que me protejas… No le hagas caso, él puede cuidarme muy bien…yo no puedo, tengo miedo…- susurró.

- No lo creo, él.... – desvió la mirada de nuevo sin saber qué decirle. Sí le parecía que su hermano deseaba protegerlo pero sus ideas le parecían erróneas. Y no le importaba lastimarlo con tal de inculcárselas. – Él quiere que te proteja de todas maneras, así que no tengas miedo. – lo miró, decidiéndose por esa explicación. No sonaba mal y era la verdad después de todo, ¿no?

-Está bien… creeré que lo haces porque me quieres- determinó arreglando las cosas a como él quería creerlas y negando cualquier otra posibilidad de su mente -Me iré a mi habitación porque estoy preocupado por que me descubran…- susurró de nuevo acercándose a Aziel y desistiendo de abrazarlo al ver que lo mancharía de sangre. Se agachó besando la nariz del ángel sonriéndole y caminando arrastrando los pies por el sueño mientras bostezaba -Buenas noches Aziel, soñaré que me llevas a volar contigo…- dijo agarrándose a la puerta y apoyando la cara en el marco.

- Espera...... – se aproximó rápidamente a él, sólo obedeciendo a sus instintos, y se abrazó a su cintura, pegando el rostro a su pecho. Poco a poco, el rubor empezó a apoderarse de su cara al caer en cuenta de lo que estaba haciendo. – Lo...lo haré. Te llevaré a volar conmigo, algún día... – consiguió murmuras, y se separó de él, dándole la espalda, y comentando luego como si no tuviera la más mínima importancia. – No te vayas a quedar dormido por los pasillos.

-No…- Kan le sonrió sintiendo que se le escapaba un poco la risa al ver que estaba de espaldas a él -No tiene que darte corte, a mí me gusta que quieras hacerlo- se encaminó a él de nuevo apoyando la cara en sus alas y abrazándolo por la espalda -Hueles a cielo- le recordó antes de irse y cerrar la puerta tras él.

Aziel se giró lentamente, mirando la puerta cerrada, y pasándose la mano por el rostro, sintiendo la sangre que le había quedado al abrazarlo. – Pero es que....yo no soy así. – le sorprendía lo distintos que eran los dos hermanos, aún compartiendo el mismo cuerpo. Y ahora se preguntaba si no les molestaría en el infierno que oliese a cielo. Se sonrió ligeramente por ese pensamiento tan tonto, y se fue a lavar el rostro.

 
 

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