| Capítulo 12
Night of the Creatures
Shisou caminaba sonriendo, con Tama detrás siguiéndolo
emocionado. La verdad es que se le había ocurrido la idea,
luego de ver la cortada desaparecer en su reflejo. Después
de todo era bastante apropiado, ¿no? Y el chico no parecía
estar haciendo ningún progreso significativo. Era más
bien un pasatiempo que otra cosa.
Tama lo seguía, casi dando saltitos, con el gatito de felpa,
guindando de una mano. - ¿Ves, Kotaro? Nos van a presentar
otro amigo. – lo alzó con ambas manos, jugando. –
Y vamos a tener muchos, muchos amigos. – se rió, quedándose
parado un momento, y el doctor lo empujó suavemente por la
espalda.
- No te quedes atrás, no quieres hacerlo esperar ¿verdad?
– le sonrió al chico que negó con la cabeza,
obedeciendo.
Garou aún permanecía acostado y cubierto de un sudor
frío tras haberse convertido como cada noche. La anterior
había habido luna llena así que no tenía que
preocuparse por convertirse completamente hasta dentro de otros
29 días. Eso si no perdía el control antes. Movió
una de sus negras orejas al escuchar que alguien se acercaba, pero
no se levantó del suelo cubriéndose con uno de los
fragmentos de las cortinas rotas. Estaba cansado y aún no
se recuperaba completamente de todo lo que Jaken le había
hecho, tenía aún heridas en todas partes que aunque
ya no sangraban, de cualquier modo dolían.
Shisou sujetó al chico impaciente, que no hacía más
que hacerle preguntas, por un hombro, para que se estuviese quieto.
– Ya, tranquilo, Tama, lo vas a asustar... – bromeó
internamente, sonriéndole.
- Pero ¿por qué vive tan alto? ¿Por qué
no viene al comedor? ¿Por qué..?
- Shhhh.... – el joven doctor le colocó un dedo sobre
los labios. – Puedes preguntarle esas cosas tú mismo.
Ya llegamos. – lo giró frente a la puerta, abriéndola
con cuidado. Lo empujó por el hombro, sonriendo. –
Garou? Este es Tama. ¿Ves cómo sí cumplimos?
– internó un poco más al chico, que movió
las orejas nervioso. – Mejor los dejo solos para que jueguen.
Sean buenos, ¿sí? – se rió, saliendo,
y cerrando la puerta tras de sí, apenas dándole tiempo
a Tama de girarse ligeramente, intentando protestar.
El chico se giró, dando un paso atrás, asustado.
No se veía amistoso y no sabía qué pensar.
Pegó la espalda a la puerta, apretando a Kotaro contra su
pecho.
El moreno lo miró, las orejas negras se tensaron y el corazón
le dio un tumbo. La sangre se aceleró inmediatamente en su
cuerpo acrecentando sus ansias al sentir el miedo en él.
Era un crío y tenía hambre… pero no iba a descontrolarse
ahora. Se volvió de espaldas a él girándose
entre la gruesa tela grana tapándose la cabeza con un brazo
aunque la cola negra a su espalda golpeaba el suelo con fuerza delatando
que estaba nervioso.
Tama emitió un leve gruñido de advertencia, aunque
más, era de miedo. Pero igual lo desconcertaba el hecho de
que se hubiese dado la vuelta así. Tal vez quisiese jugar,
pero aún le daba miedo. Movió la cola de un lado a
otro, rápidamente, y se fue acercando pasito a pasito, inclinándose
un poco para intentar verlo sin que lo viera.
-No te muevas si no quieres que te mate- dijo por fin el moreno
hablando después de años sin hacerlo y sintiendo la
voz extraña incluso para él mismo -¿Sabes por
qué estás aquí?- preguntó sin volverse,
aunque notando que estaba cerca.
Tama dio un salto hacia atrás, gruñendo y apretando
a Kotaro aún más, su cola completamente erizada. Permaneció
así por unos segundos, controlándose un poco luego,
aunque aún asustado. – No.....¿no quieres ser
mi amigo...? – preguntó con una voz que más
parecía una excusa de sonido.
Torció la cabeza mirándolo de soslayo al escucharlo
gruñir de ese modo ¿un gato?. Se enderezó súbitamente
y lo agarró del cuello aplastándolo contra el suelo
y apoyando una mano en su pecho sin pensarlo, simplemente había
sido por reflejo. Arrastró la nariz por su rostro empujándole
la cara un poco oliéndolo y bajando a su cuello donde el
aroma dulce de su sangre se concentraba. Sentía que el corazón
le golpeaba con fuerza el pecho y deslizó la lengua por la
mejilla del chico sintiendo que la cadena le tiraba del cuello y
arrancándola con la otra mano.
El chico agrandó los ojos, gruñendo de nuevo, y empezó
a retorcerse para todos lados, intentando escapar, y haciendo aspavientos
con las manos, aunque sin soltar a su peluche. Estaba aterrorizado,
lo único que quería era salir huyendo.
-Para quieto- le ordenó el mayor que trataba de tranquilizarse
sin que los aspavientos del gato le ayudasen en nada -Que pares!-
le gritó agarrándole las muñecas sobre el pecho
sin dejarlo levantarse y apretando los dientes mostrándole
los afilados caninos. Respiró hondamente -Te he hecho una
pregunta … ¿sabes por qué estás aquí?
- Porque...porque....- intentó responderle con la voz temblorosa,
y los ojos aterrorizados, sin dejar de observar sus colmillos. –
quieres ser mi a....a...... – Tama no aguantó más
y giró el rostro con los párpados apretados, algunas
lágrimas escapando. – No me comas! No quiero que me
comas! No me comas! – empezó a gritar, sin poder contener
su miedo.
El moreno levantó una ceja -Calla! No grites… te comeré
si no te callas…- gruñó empujándole la
cara de nuevo con la suya -Me pones nervioso…- dijo oliendo
de nuevo su cuello -Estas aquí porque el doctor Jaken y el
doctor Shisou dijeron que me traerían algo para comer ¿comprendes?
Estas aquí para ser mi comida…- deslizó la lengua
varias veces por su cuello mordiéndole levemente y sintiendo
que deseaba hacerlo, clavar sus colmillos en él. Apartó
la cara tan sólo un poco respirando contra su piel.
Tama quedó en silencio, temblando, y con la respiración
tan agitada que se escuchaba al salir de sus labios. – N..n..n..no....
– apenas se atrevió a susurrar, callándose de
nuevo. Le daba miedo que el lobo se enfureciera por contradecirlo.
– No me comas... – susurró de todas maneras,
arriesgando que a lo mejor si no gritaba sí le hacía
caso.
-Hace días que sólo me dan comida para perros- Por
supuesto para humillarlo, el doctor Jaken sabía perfectamente
cómo sacarlo de quicio y sin duda, el joven doctor había
sabido escoger muy bien la tentación apropiada -… tengo
hambre y tú hueles muy bien- replicó el moreno rompiéndole
la camiseta poco dispuesto a controlarse finalmente.
- Nnnnn...no...No! No me comas! Jaki! Shiryou!!!! No!!!!!! –
se removió nuevamente, gruñendo y echando las orejas
hacia atrás. – No quiero!!!!
-¿Quién crees que te oirá aquí? Estés
en el piso más alto … y el cuarto está insonorizado.
¿Alguna vez has oído mis aullidos? ¿Los gritos
de los otros a los que devoré? No…- el moreno le deslizó
la lengua por el pecho hasta una de sus caderas mordiándolo
levemente, más bien arrastrando los dientes por él,
perdía el control. Apoyó la frente contra su abdomen
gruñendo, realmente iba a conseguir que no fuera más
que una bestia finalmente. Lo miró de soslayo aún
agarrando sus muñecas -Está bien… no voy a comerte,
pero cállate ya…- renegó contra sus instintos
finalmente cogiendo el peluche del gatito con los dientes y soltando
a Tama, volviéndose de espaldas a él de nuevo y adueñándose
del animalito de felpa mordiéndole una pata.
Tama se quedó en el suelo, aún espantado, pero se
puso de pie inmediatamente al ver lo que hacía. – No!!!!!
No puedes comerte a Kotaro tampoco! No! – le saltó
encima, halándole las orejas, subiéndose a su espalda
para que no pudiese agarrarlo.- Suéltalo! Suélta a
Kotaro!!!! No voy a dejar de gritar hasta que lo sueltes!!!
El moreno entrecerró un ojo al sentir cómo le tiraba
de las orejas y trató de mover las puntas blancas de estas
para soltarlas sin éxito. Tratar de controlarse con aquella
criatura era un caso perdido. Le gruñó aún
sin moverse con el peluche en la boca y sacudiendo la cola de un
lado a otro de nuevo golpeando la piedra. Echó un brazo atrás
cogiéndolo de su espalda y tumbándolo en el suelo,
soltó al peluche entre los brazos del gato rodeando a Tama
con un brazo y una pierna tapándole la boca con la mano -Ya…
cállate- dijo haciendo notar que jamás había
tenido paciencia con los niños, cosas infantiles o lo que
demonios fuera esa criatura.
El chico gato aferró a Kotaro entre sus brazos, pegándolo
a su pecho protectivamente, con los ojos llorosos. Se quedó
quieto, sin intentar zafarse, ni decir nada. Aún estaba asustado
pero al menos, había salvado a Kotaro.
-Para de gimotear… no te comeré a ti… ni tampoco
a Kotaro…- protestó el moreno que sentía que
le hacía ruido el estómago por el hambre. No obstante,
enterró la nariz entre el cabello del chico empapándose
con su aroma y lamiendo después sus orejas, bajando la mano
hasta su pecho y rodeándolo, liberando por fin sus labios
-No grites …- le advirtió una vez más lamiendo
su nuca mucho más tranquilo, moviendo el rabo lentamente
y de manera inconsciente hacia los lados. No se lo comería
pero de cualquier modo se hacía inevitable olerlo y lamerlo.
- ¿Por qué me lames tanto si no vas a comerme? ¿Es.....es
porque te agrado...? – preguntó el chico, intentando
arrastrarse hacia atrás porque igual le daba miedo.
-Sí, es porque me agradas- dijo el moreno, aunque claro
está, sin especificar que le agradaba su delicioso aspecto
sujetándolo mejor del pecho y atrayéndolo de nuevo
hacia él para que no se escapara -y también porque
hueles a él… me pone nervioso- dijo hundiendo la nariz
en su cuello de nuevo y olisqueándolo -tu nombre…
- Tama......¿y el tuyo? –lo miró, un poco más
tranquilo, aunque seguía con las orejas un poco echadas hacia
atrás por si acaso. – No estés nervioso. ¿A
quien huelo?
-Garou…- el lobo dirigió sus ojos violetas hacia él
preguntándose qué clase de criatura era, aunque estaba
claro que era un gato…. pero se preguntaba si ellos lo habían
creado o era así por naturaleza -A ese… Shisou…-
admitió tensándose de nuevo y moviendo la cola una
vez más con fuerza contra el suelo.
- Claro, él es quien se encarga de mí. – le
sonrió nervioso, moviendo su cola también. –
Mucho ...gusto, Garou....hmmm.... – lo siguió mirando
sin saber qué más decir.
-Bien Tama, pues duérmete porque hasta mañana no
te sacaran de aquí si es que lo hacen…- lo miró
a los ojos poniéndole la enorme mano encima de la cara para
que los cerrara y dejase de mirarlo con tanta curiosidad.
Tama movió el rostro confundido, intentando mirarlo de todas
maneras a través de sus dedos. No tenía sueño,
y además no se iba a dormir, porque no sabía si luego
lo atacaba. Además, quería verlo bien porque se la
había pasado tratando de huirle, y ahora tenía curiosidad.
-¿Por qué no te duermes?- pregunto el lobo sacándole
la mano de la cara viendo que no daba resultado para que dejase
de observarlo y apoyándola en su hombro -ya te he dicho que
no voy a comerte…
- No tengo sueño...... – lo miró, y alzó
una mano, tocándole una oreja, ya cogiendo confianza. –
Eres bonito... – le sonrió, moviendo la oreja para
atrás y para adelante.
-No, no lo soy - contestó el moreno sacudiendo la oreja
para liberarla -¿te transformas en gato?
- Sí lo eres. – le contestó el chico sonriendo,
aún hipnotizado por la oreja. La dejó ir, algo confundido
por la pregunta. - ¿Me transformo? No, yo siempre soy así.
¿Tú te transformas?
-Yo sólo soy así por las noches… cuando sale
la luna. Pero cuando pierdo el control… me transformo totalmente,
cuando hay luna llena siempre lo pierdo, entonces no te parecería
nada bonito- insistió necio el mayor levantándole
la goma del pantalón y mirando en su interior como si nada.
- ¿Para qué haces eso? – Tama movió
la cabeza mirando también dentro de su pantalón curioso,
como si fuese a encontrar algo nuevo allí. Lo miró
al rostro de nuevo, igual de necio que el otro. – Bonito!
– exclamó como todo argumento, aunque curioso por comprender
cómo era eso de transformarse totalmente.
- Quería ver- dio el moreno como todo argumento quitándole
la ropa desnudándolo como él y abrazándolo
más y acariciándole la espalda. Se sentía bien
abrazar a alguien después de tanto tiempo -¿No te
dan miedo los lobos? Pues imagínate uno enorme y negro…
¿crees que te parecería bonito?
- No sé....nunca he visto uno de verdad. – inclinó
la cabeza, confundido por la súbita efusividad, y sonriendo,
viendo que sí le agradaba después de todo. –
A lo mejor son bonitos...si no me comen. – lo abrazó
de vuelta, aún con Kotaro guindando de una mano.
-¿Ya no tienes miedo?- preguntó al ver que le retornaba
el abrazo sujetándolo por las nalgas y subiéndolo
un poco más para hundir la nariz en su pecho. Enroscó
el rabo sobre la pierna de Tama cerrando los ojos cómodo
aunque sin dejar de estar en alerta -Cuando vengas de nuevo, tráeme
comida y te mostraré un lobo…
- Ah! – exclamó el gatito emocionado. –Pero....¿Y
si no vengo de nuevo? – sacudió la cabeza, enroscando
los dedos en el cabello de Garou, envolviéndolos y desenvolviéndolos
constantemente. – No, pediré que me traigan. –
se sonrió. – Ya no tengo miedo.
-Tal vez aún así no te dejen volver… Eres la
primera persona que veo después de dos años aparte
del personal del hospital y te trajeron para que te devorase y no
lo voy a hacer- recalcó, no fuera a ser que le diera por
gritar de nuevo y revolverse y le entraran ganas una vez más
de comérselo. Lo miró desde abajo sin sacar la nariz
de su pecho -El doctor Jaken… se alimenta de mí, por
eso no quiere que me muera.
- Debes sentirte muy sólo..... – susurró, acurrucándose
contra el lobo, aunque no creía que lo hubiesen llevado allí
para que se lo comieran. No harían eso, si Shisou sensei
le había dicho que iba a conocer a un amigo. Tal vez Garou
se equivocaba. – Yo seré tu amigo-sonrió, enroscando
su cola por encima de la del otro, y luego percatándose de
lo que le acababa de decir. Alzó un poco la cabeza, examinándolo
por todos lados rápidamente. – Pero estás entero.....
Garou bajó la cara contra su pecho de nuevo sonriendo -¿Es
que no sabes que Jaken es un vampiro? Él se alimenta de mi
sangre porque…- se levantó un brazo mordiéndoselo
hasta clavarse los colmillos y le mostró cómo poco
a poco se cerraba -Por eso me tiene aquí encadenado…-
dijo mientras se lamía la herida limpiándola.
- Ah! No sabía.... – lo miró asombrado, agrandando
los ojos, y se alzó un poco, asustado por lo que acababa
de hacer, aunque la herida se hubiese cerrado. – Pero no te
hagas daño! ¿Te duele? –le puso las manos encima,
sin esperar respuesta, concentrándose y absorbiendo todo
lo que podía.
-¿Qué haces?- preguntó mirándose el
brazo y observando cómo se aliviaba totalmente de manera
instantánea -¿Cómo haces eso? ¿Te han
hecho cosas?- preguntó entendiendo aquello como una aptitud
no natural -¿Dónde vivías antes de estar aquí,
Tama? - le pasó la mano por la mandíbula agradecido.
- ¿Dónde? – lo miró intrigado. Era la
segunda persona que le preguntaba eso como si hubiese otro lugar
a donde ir. – Yo siempre he estado aquí. ¿De
veras existe otro lugar? Shiryou dice que vino del exterior. –
le sonrió, pensando que seguramente no iba a entender como
le había dicho Shiryou, pero estaba interesado. - Y absorbo
tu energía negativa, te alivio el dolor. Yo hago eso naturalmente.
Garou lo miró a los ojos cogiéndolo en brazos y corriendo
las nuevas cortinas con una mano mostrándole las luces de
la ciudad y los edificios a lo lejos desde aquella alta planta.
Apenas circulaban coches a aquellas horas de la noche pero sí
los suficientes para que la ciudad pareciese despierta. Lo soltó
en el suelo delante de él, cubriéndolo con su cuerpo
y apoyando la frente en el cristal sobre la cabeza de Tama, bajando
un poco las orejas. Echaba de menos la libertad… todo.
Tama se pegó al cristal, apoyando ambas manos en él,
mirándolo todo como si se lo quisiese comer con los ojos.
– Qué bonito! ¿Tú vienes de allá?
– preguntó girando la cabeza para ver al moreno, a
la vez que señalaba a través del cristal. - ¿Qué
es todo eso?
-El exterior…- resumió el moreno -La ciudad…
aunque no todo el exterior es así, también hay hierba
y mar…- explicó aún mirando por la ventana y
levantando la cabeza del cristal -Son edificios y lo que se mueve,
son coches- ¿De veras no sabía cosas tan simples?
Golpeó repentinamente el cristal con el puño haciendo
que la vidriera entera retumbase -Pero no puedo romperlo…-
dijo apretando los dientes y apartándose sentándose
en el suelo y cubriéndose la espalda con el trozo de cortina
rojo de nuevo.
Tama apartó la vista por fin de aquellas imágenes
que tan encandilado lo tenían, sorprendido por el comportamiento
del lobo. - ¿Por qué quieres romperlo? ¿Te
gusta romper cosas? – se le acercó, poniéndose
a cuatro patas, para mirarlo al rostro son curiosidad.
-Quiero romper el cristal para salir…- lo miró fijamente
a los ojos viendo cómo brillaban en la oscuridad -aunque
también me gusta morder cosas y romperlas…- admitió,
pensando en que quería haber masticado a Kotaro. Se acuclilló
apoyando los brazos en las rodillas y colgando las manos entre las
piernas simplemente observándolo.
El chico se sentó cruzando las piernas frente a sí
con el peluchito entre los brazos, devolviéndole la mirada.
– Pero si sales, ya no te podré ver. Yo también
rompo cosas a veces, con mis uñas. Pero ya no lo hago tanto,
porque me riñen.
Garou lo miró a los ojos moviendo las orejas -Pues te llevaré
conmigo… - decretó moviendo la cola y empujándolo
con una mano para tirarlo al suelo mirándolo aún acuclillado
sin dejar de mover la cola a los lados.
Tama rió contento moviendo la cola rápidamente también,
y sentándose de nuevo en actitud juguetona. – Pero
también tenemos que llevarnos a Shiryou y a Jaki, porque
son mis amigos. – hizo un movimiento ágil, colocándose
detrás de él, y saltándole encima, aunque sólo
consiguió resbalarse por su espalda.
El lobo se volvió para verlo estampado en el suelo a su
espalda y se tiró al suelo, empujándolo con una mano
y volteándolo de espaldas para subirse sobre él y
morderle un hombro jugando sin clavarle los dientes. Se dejó
caer aplastándolo y volteándose en el suelo de nuevo,
dejándolo de espaldas sobre él y abrazándolo
-Nos los llevaremos- dijo sin saber ni de quien se trataba lamiéndole
una oreja de nuevo.
- Bien! – se rió el gatito, pataleando al aire, y
retorciéndose por las cosquillas. Le rozó un poco
el brazo con las uñas, contento.
-¿Ahora sí te dormirás Tama?- Garou lo volvió
sobre él poniéndolo de frente para verlo y sujetándole
la cola acariciándola, escurriéndola dentro de su
mano. Mañana se lo iban a llevar así que no quería
que se encariñase con él, aunque parecía tarde
para eso.
- Sí, ahora sí me duermo, pero no me sueltes. –
se le acurrucó encima moviendo la cola contra su mano, y
cerrando los ojos. Se sentía bien dormir abrazado a alguien.
Apretó a Kotaro contra su pecho para que él también
estuviese feliz, y cerró los ojos.
-No…- lo rodeó con ambos brazos apretándolo
suavemente y acariciando su espalda con ambas manos sin dejar de
rodearlo. Se volvió a un lado acurrucándolo dentro
de su cuerpo y hundiendo la nariz en su pelo. Iba a dormirse, pero
aún así le daban ganas de comérselo…
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