Capítulo 7
¿A qué huele el cielo?
Kan salió de la ducha que había en su cuarto cubierto
con un albornoz blanco y se frotó el revuelto pelo con una
toalla. Había tenido uno de esos extraños sueños
que solían venirle cuando visionaba por sí mismo,
había soñado que el sensei Shisou le golpeaba, pero
él jamás haría algo así. Sonrió
levantándose y tomando una de las múltiples camisetas
blancas poniéndosela por encima y enfundándose los
pantalones de algodón del mismo color. Cada habitante de
aquella clínica llevaba ropas dependiendo de su peligrosidad,
la suya era nula, siempre se portaba bien, tampoco entendía
por qué no habría de hacerlo ni por qué otros
no lo hacían.
Se sentó en la cama peinándose y esperando a que
vinieran a buscarlo.
Shisou abrió la puerta del cuarto del chico, sonriéndole
amablemente. – Buenos días, Kan. ¿Has descansado?
Kan se giró hacia él y le sonrió levantándose
y calzándose las zapatillas -No, tuve una pesadilla- explicó
con el rostro ausente -Soñé que me pegaba, sensei…
pero ya sé que no lo haría si me porto bien- sonrió
sinceramente acercándose al moreno.
- Por supuesto que no, Kan. Y tú siempre te portas bien,
¿no? – extendió su sonrisa, alborotándole
el cabello, y añadiendo como si de veras fuese una invitación
en vez de una orden. - ¿Quieres ir a ver a Aziel? Me gustaría
que hablases con él, tengo algo que pedirte.
-Sí quiero- contestó el chico feliz de que le hubiesen
premiado por su buen comportamiento -¿Qué tengo que
hacer?- preguntó mirándolo a los ojos y esperando
sus instrucciones.
- Verás, Aziel no es tan buen chico como tú. –
le contestó, mirándolo a los ojos, y pensando en lo
fácil que le resultaban las cosas con él. –
Se niega a hacer lo que le pedimos. Por eso......Jaken sensei piensa
que serás una buena influencia para él. Convéncelo
de que coopere. Y si se porta bien..... – le sonrió
ligeramente. – le permitiremos que pruebe sus alas.
-Ah!! Eso sería genial, hablaré con el y trataré
de convencerlo ¿podré verlo volar, sensei?- miró
al moreno girando la cara y alzando la vista a sus ojos sonriendo
ampliamente -Aziel no es malo ¿verdad sensei? Porque va vestido
de azul… eso es que no es realmente agresivo…- el chico
de cabello rojo meditó por unos segundos alzando la cara
a la luz de los fluorescentes -pero estaba encadenado… y me
dio miedo.
- Sí, Aziel tiene ese efecto en todos. Pero no te preocupes,
estoy seguro de que no te hará daño. Confías
en mí, ¿verdad? Sólo no vayas a enfadarlo,
puede tener muy mal carácter. Pero....no, no es realmente
agresivo. – abrió la puerta, como indicándole
que lo siguiera. – Y por supuesto que puedes verlo volar.
Me parece que será positivo para su desarrollo. – le
contestó, imaginando que también funcionaba como incentivo
para que el chico se esforzase más.
Kan asintió sonriendo -Entendido- dijo más que feliz
de que le dejasen ir a verlo y siguiendo a Shisou por los pasillos,
aunque realmente aún le asustaba porque no sabía si
lo haría enfadar sin querer y no quería que fuese
a hacerle daño -¿Y si se enfada? ¿Me sacará
sensei? No quiero que me hagan daño- pidió acercándose
mas al mayor como si la amenza estuviera allí mismo.
- No estés asustado, no te hará daño. De cualquier
manera, no tiene por qué enfadarse contigo. – le sonrió,
para tranquilizarlo, aunque sin prometer nada. – Aquí
estamos. ¿Listo?
-Hum- dijo el moreno asintiendo frente a la puerta y esperando
a que le abriesen para entrar a verlo -¿Tendré que
ver en él de nuevo para el sensei Jaken?
Shisou lo miró como planteándoselo. – No, no
es necesario. Tú sólo convéncelo de que se
comporte. Pero si quieres hacerlo, adelante. Sabes que nunca está
de más. – abrió la puerta, observando al chico
alado que yacía en la cama, con el cabello celeste revuelto
sobre la almohada. – Hora de levantarse, Aziel, te traje visita.
El chico abrió los ojos con lentitud, irguiéndose,
y sacudiendo la cabeza, sus ojos recorriendo a las dos figuras,
hasta posarse en el rostro de Kan, mirándolo intensamente.
- Bien, los dejo solos. – comunicó el doctor, empujando
suavemente al chico de cabello rojo, para que se adentrara, y mirando
al ángel/demonio, antes de salir. – Esta vez voy a
confiar en ti, y te dejaré libre. No vayas a decepcionarme....Aziel.
– le sonrió, poniendo especial énfasis en su
nombre, y salió, cerrando la puerta tras de sí.
Kan se quedó mirándolo donde el doctor lo había
dejado tras el empujoncito y le sonrió tímidamente
al sentir su mirada y algo asustado al ver que esta vez no estaba
encadenado -El sensei Jaken me ha dejado que viniera de nuevo a
verte, es muy bueno siempre- explicó aunque por la forma
en que había visto al chico alado mirar a Shisou no parecía
estar muy de acuerdo con su opinión respecto a los médicos
o al menos, no respecto al más joven de ellos.
-¿Puedo acercarme?- preguntó pegado a la pared, nervioso,
apretándose una mano con la otra.
- ¿Lo que viste ayer? ¿Mis alas? Ese fue él....
– comentó fríamente, dándole a entender
lo que opinaba, y sin responder a si se podía acercar o no.
Simplemente, se giró, cruzándose de piernas, y estirando
sus alas, como para desperezarse.
-No es verdad… el doctor Jaken no te hizo daño…-
negó bajando la cabeza sin mirarlo y sin acercarse puesto
que no le había dado permiso y no quería enfadarlo
-¿Por qué dices mentiras? Ayer el doctor Jaken me
salvó y estaba conmigo antes también.
- No me refería al doctor Jaken, hablaba del doctor Shisou......
– lo miró como si su línea de pensamiento fuese
lo más claro del mundo. – ¿El doctor Jaken te
salvó? ¿Estabas en peligro? – se quedó
callado un momento, sin dejar de mirarlo. - ¿Aún me
tienes miedo?
-Sí, lo tengo… porque el sensei Shisou me dijo que
si te enfadabas podrías hacerme daño y después,
no me aseguró que fuese a sacarme- sonrió igualmente
-Y ya me han atacado varias veces… no quiero que me causen
dolor, así que no te enfades porque no voy a acercarme- le
parecía bastante extraño que el joven doctor le hubiera
hecho daño a nadie, pero sin duda si lo había echo
no debía de estar exento de motivos. Por algo le había
dicho que Aziel no era tan buen chico como él. Se sentó
en el suelo con las manos entre las piernas -Me escapaba porque
maté a alguien y después los hombres de la clínica
querían cogerme pero yo no lo recordaba, el sensei Jaken
me lo explicó todo… tampoco lo hice adrede así
que no se enfadó conmigo… y por eso también
sigo vistiendo de blanco a pesar de todo.
- Mataste a alguien, pero me tienes miedo a mí. –
murmuró, como si se lo estuviese planteando a sí mismo,
más que hablándole al chico. Luego le dirigió
la mirada de nuevo, poniéndose de pie. – La razón
por la que no te aseguró nada, es porque no vendrá
a ayudarte. Si algo llegase a suceder, estarías por tu cuenta.
– se acercó algunos pasos, sin dejar de mirarlo aunque
su voz sonaba tranquila, calmada. – No me enfadaré
porque te acerques. A mí tampoco me gusta el dolor, el dolor
me enfurece. – súbitamente se arrodilló frente
al chico, con el rostro muy cerca del suyo. - ¿Crees todo
lo que te dicen?
El chico se quedó mirándolo nervioso por lo cerca
que se encontraba y más aún después de lo que
le había dicho, pero se limitó a sonreírle
con los labios cerrados aunque sinceramente -Normalmente y dependiendo
de quien me lo diga… sí y creo que sí me sacarían
porque ya me han atacado más veces y no me han dejado solo,
el doctor Jaken me ha salvado algunas veces…- echó
un pasito atrás chocando contra la pared y se detuvo allí
apretándose más la mano -y no es como que matase…
yo… yo no me enteré… no fue adrede…
Aziel permaneció, mirándolo serio unos momentos más,
y luego se le quitó de enfrente, sentándose al lado.
– No, no fue adrede, eso es obvio. – le concedió,
pensando que el chico se veía demasiado inocente y asustado
como para ser un asesino. – Y a lo mejor tienes razón,
y a ti sí te sacarían. – lo miró de reojo.
– No te haré daño, si no me haces daño
primero.
-A ti también te sacarían- el moreno se arrodilló
al lado de Aziel y lo miró moviéndose hasta estar
frente a él -¿Quieres saber algo?- sonrió abiertamente
emocionado -el sensei Shisou me ha dicho que si eres bueno y cooperas
te dejarán ir a probar tus alas ¿no te gustaría?
- ¿Mis alas? ¿Me dejarán volar? – lo
miró directamente. De pronto sus ojos tenían un brillo
distinto, sentía un anhelo casi doloroso en el pecho. Cerró
sus párpados, recordando sus visiones, ¿se sentiría
de esa manera? Sólo esperaba que no fuese una mentira. Volvió
a abrir los ojos, un tanto desconfiado. - ¿Y por qué
estás tan feliz?
-Porque me dejarán ir a verte- dijo el moreno aún
más entusiasmado apoyando las manos en sus rodillas. -Me
encantaría verte volar… ¿crees que podrás?
Estoy seguro de que sí… igual que los ángeles
de mi visión…- adelantó una mano para pasarla
por sus plumas y se detuvo sonriendo -¿Puedo?
- No lo sé, pero quiero intentarlo. No estoy seguro de saber
cómo hacerlo..... – le contestó el chico, observando
algo confuso la mano que lo tocaba. – Puedes...... –
le respondió, un poco inseguro.
-Vale…- el chico deslizó la mano por las plumas negras
sintiendo la suavidad de estas y se rió un poco entre nervioso
y demasiado feliz por algún extraño motivo -Me gusta…
son muy suaves ¿alguna vez se te caen plumas?- preguntó
mirándolo a los ojos y aún pasando la mano por su
ala -Yo puedo hacer que veas… parte de lo que yo vi en mi
visión, para que lo veas volar…
- A veces, pero vuelven a crecer. – continuaba mirando la
mano del chico, decidiendo que le agradaba aquel contacto. Alzó
la mirada poco a poco, hasta encontrarse con sus ojos rojizos. –
Pero si haces eso, ¿no te dormirás de nuevo? –
sentía curiosidad, pero tampoco le veía mucho sentido
a que fuese a verlo sólo para quedar inconsciente.
-No- el chico le sonrió -porque no me esforzaré,
ya está en mi mente- explicó deslizando un dedo entre
las plumas y apartando la mano comenzando a avergonzarse -Cuando
se te caiga una de nuevo ¿la guardarás para mí?
Aziel lo observó intrigado. - ¿Por qué querrías
eso? Ayer....dijiste que te parecía bonito y pediste verme
de nuevo. ¿Por qué lo hiciste si estabas tan asustado?
No lo comprendo. – para él no tenía sentido
querer regresar al lado de alguien que te atemorizaba.
-Porque eres bonito y hueles a cielo, me gustas - el moreno inclinó
la cabeza sonriendo -¿No te fías de mí? Me
parece normal, tranquilo… aunque me gustaría que lo
hicieras, tal vez algún día lo hagas, no lo sabemos-
sonrió de nuevo mirándolo -Aún me das miedo
pero no importa… es sólo porque eres muy impresionante.
- ¿Cómo sabes a qué huele el cielo? ¿Has
olido cielo alguna vez? – inclinó la cabeza genuinamente
curioso. – Tal vez me fíe de ti cuando tú te
fíes de mí..... – se planteó a sí
mismo, no muy seguro. Le parecía que tenía demasiado
apego por los doctores. A pesar de eso, y sorpresivamente, le dirigió
una breve sonrisa. – La próxima vez que se me caiga
una pluma, la guardaré para ti.
-Gracias!- el moreno sonrió abiertamente -Yo no puedo darte
nada… bueno… sí!... Si vienes conmigo también
podrás oler el cielo tú… pero será muy
poco rato y no podrás soltar mi mano- explicó tendiéndosela.
Aziel observó su mano por unos momentos, sin saber si debía
tomarla o no. Luego colocó la suya sobre la de Kan, y lo
miró a los ojos. - ¿Qué pasa si suelto tu mano?
-Que te mueres- explicó el chico sonriendo no obstante como
si nada sucediese -¿No te atreves? Si no te atreves, no pasa
nada… lo siento… el sensei Jaken está tratando
de arreglar eso en mí…
- No soltaré tu mano, así que no tengo por qué
temer. Podrías soltarme tú, pero pienso que no lo
harás. – fijó su mirada de manera muy seria,
esperando.
-Pero tú pareces más fuerte así que si me
agarrases bien, no podría soltarme aunque quisiera…-
explicó el chico sin dejar de sonreírle y agarrándole
la mano con fuerza -Cierra los ojos Aziel…
El morenito abrió los ojos de nuevo en aquella pradera,
tenían poco tiempo porque no quería que Aziel viese
cómo atacaban al ángel. Lo miró frente a él
con los ojos cerrados y le apretó un poco más la mano
-Abre los ojos- dijo arrodillado en la hierba frente a él.
El chico abrió los ojos, asombrándose al ver que
ya no estaban en su habitación. Pasó su mano libre
por la hierba, sintiendo su textura. - ¿Dónde estamos?
– alzó la mirada, observando que el cielo era aquel
cielo azul brillante de sus fantasías. – Es hermoso....-
susurró.
Kan se levantó del suelo llevando al chico con él
-Estamos en mi mente…- explicó sonriendo -pero mira
al cielo…
Aziel dirigió su mirada hacia donde el chico señalaba,
y entonces lo vio. Era realmente impresionante, con aquel cabello
blanco ondeando en el viento y aquella expresión de pureza
y absoluta felicidad en el rostro. La manera en la que movía
sus enormes alas blancas. No podía dejar de mirarlo, era
como si algo se le moviese por dentro. Sentía deseos de ir
tras él, de seguirlo en todas sus vueltas y movimientos por
el aire. Dio un paso hacia delante, halando a Kan un poco, y sus
propias y negras alas, se desplegaron cubriéndolos a ambos,
como atendiendo a una señal.
-No! Mo puedes volar aquí- Kan le apretó la mano
realmente impresionado por la visión del chico de alas negras
pero realmente quería soltarlo y dejarlo alzar el vuelo -No…-
repitió a modo de súplica -No lo hagas! O te verán.
Aziel desvió la mirada, por un momento, sobresaltado por
el grito del chico y traído de vuelta a la realidad de donde
estaban. - ¿Quiénes me verán?
-Ellos…- dijo el chico tirando de su mano para que se agachara
con él tras los arbustos -Ven… shhh… no digas
nada- de nuevo la visión de los hombres apareció apuntando
al ángel entre los arbustos. Ya no podía esperar más,
no quería que lo viese caer al suelo y morir -Nos vamos ya…fuera!!-
gritó el moreno que abrió los ojos sujetando aún
fuertemente las manos del chico en la habitación -Abre los
ojos…
El chico de cabellos celestes abrió los ojos desorientado,
y fijó su mirada angustiada en el chico, sin soltar sus manos.
- ¿Qué sucedió? ¿Lo mataron?
-No sé… creo que sí… después llegó
otro ángel… o creo que era un demonio… porque
daba miedo…y sus alas eran negras como las tuyas, creo que
quería defender al ángel… no lo sé…
- Soy mitad ángel, mitad demonio. Eso fue lo que dijo Shisou
sensei. – bajó la mirada, respirando un tanto agitado,
aunque volvía a tener esa expresión semi ausente en
el rostro, como si hablase consigo mismo, más que tener una
conversación. Sin embargo, seguía sujetando las manos
de Kan. – A veces, también veo otras cosas. De noche,
principalmente. También volando, pero.....se siente distinto.
Puedo oler sangre, pero no es desagradable. Se siente....poderoso.
-A mí no me gusta la sangre, Aziel… la sangre quiere
decir que alguien está sufriendo- el moreno le pasó
los dedos por las muñecas haciéndole cosquillas para
que notase que aún lo agarraba. No era que le molestase pero
tal vez sí a Aziel cuando lo notara -¿Crees que podrás
volar ahora?- preguntó sonriendo y tratando de no pensar
en la clase de pesadillas que tendría el chico, le hacían
pensar en las suyas.
Aziel se estremeció un poco al sentir aquella sensación
extraña en sus manos y lo soltó inmediatamente, sin
comprender qué intentaba hacer el chico. – Creo.......creo
que sí. – le contestó, echándose hacia
atrás, recordando. – Necesitas sangre para vivir.....
– comentó pensativo.
-No te asustes… sólo son cosquillas ¿quieres
otra vez?- preguntó inclinando la cara a un lado sonriendo
-La sangre está muy bien… cuando está dentro
de las venas- explicó de forma bizarra el chico de ojos rojos.
- Nunca me han hecho cosquillas antes.... – aclaró
Aziel mirándolo aún confundido. – Ayer estabas
sangrando, pero no estabas lastimado. ¿Cómo es eso
posible? Pensé que te había hecho daño.....
-Cuando tengo una visión y estoy unido al cuerpo de la persona
que quiero proyectar, nuestro cuerpo y alma se unen y yo sufro lo
que la persona sufra. Por eso sentí cómo te arrancaban
las alas y sangré como si eso hubiera sucedido realmente.
No lo sé, Jaken sensei dice que es mi culpa porque me esfuerzo
poco -sonrió encogiéndose de hombros -Me esforzaré
más.
- ¿Por qué lo haces? ¿Por qué haces
todo lo que te dicen? – sus ojos dorados lo estudiaron como
si estuviese viendo a un ser muy extraño. No acababa de comprenderlo.
– Obedeces aunque te cause dolor.....pero dijiste que no te
gustaba el dolor. ¿No sientes el deseo a veces, de decidir
por ti mismo lo que quieres hacer y lo que no?
-Jaken sensei lo que quiere es que no sienta dolor cuando visiono
y que no me canse- el chico sonrió -Además yo lo obedezco
porque quiero, nunca me han pedido que haga algo que realmente me
desagrade… A veces tengo miedo porque me mandan visionar gente
peligrosa y me hacen daño… pero eso no es culpa de
los senseis.
- ¿No? Pero ellos saben que son peligrosos cuando te envían
allí, ¿no es cierto? – lo miró de reojo.
No era algo tan extraño. Muchos de los otros chicos que había
conocido antes, parecían sentir lo mismo. Tal vez era él
el extraño. No conocía otro tipo de vida, sin embargo
rechazaba la única que conocía. – A veces me
niego a hacer cosas sencillas......sólo para llevarles la
contraria.
-¿Y qué ganas con ello? Los senseis se enfadarán
y te reñirán- anunció, porque eso era lo que
hacían con él, ya que nunca daba problemas reales
-Sé bueno hoy y así irás a volar ¿no
quieres? Por una vez ¿vale?- le sonrió mirándolo
a los ojos.
- No lo sé. Sólo lo hago. No espero ganar nada, creo.
Sólo...me causan dolor y me enfado y luego.....ya no quiero
obedecerlos. – alzó la mirada preguntándose
cómo no le molestaba que lo riñesen. – Pero
lo haré, por hoy. Si me mienten.......
-¿Qué haras si te mienten?- Kan se acercó
más a él para que le susurrara aunque probablemente
los oirían igual.
- A veces pienso en volverme más fuerte y.......matarlos.
Matarlos a todos, destruir este lugar. – le susurró,
aunque no veía la necesidad, y se quedó mirándolo,
esperando su reacción.
-A mí no me mates, somos amigos- le sonrió cogiéndole
las manos de nuevo -Yo querría que no matases a nadie, no
se siente bien- explicó acariciándole las manos con
las suyas y jugando con sus dedos -Ahora te he dado algo hermoso.
Cuando te sientas así, piensa en aquel ángel, te sentirás
mejor…
- ¿Somos amigos? – repitió, más bien
para sí mismo, mientras miraba las manos del chico jugar
con las suyas, y preguntándose por qué le importaría
si él mataba o no, aún si no lo mataba a él.
- ¿Cómo se sintió? Cuando mataste.......¿qué
sucedió?
-Me sentí aliviado porque me dejó de hacer daño-
confesó el chico sonriendo, aunque algo avergonzado por aquella
sinceridad -Y sí lo somos- decretó seguro de ello
-Pero no podremos vernos mucho si no te portas mejor ¿no
quieres verme otra vez? Aún tienes que darme una pluma- sonrió,
esperando que quisiera verlo de nuevo.
Aziel suspiró, apartándose un mechón de cabello.
– Comprendo – casi susurró. Tampoco era como
si tuviese deseos de matar todo el tiempo, sólo cuando le
hacían daño, cuando enfurecía. Lo miró
de nuevo, aún sin confiar del todo. – Nadie me habla
como tú. Nunca he tenido amigos. – le explicó,
sin admitirlo completamente aún, para añadir luego
como en una especie de compromiso a medias. – Tendrás
una de mis plumas.
-Bueno… eso es que sí quieres verme aunque sea un
poquito- el moreno sonrió levantándose y besándole
la frente como algunas veces había visto al doctor Jaken
hacerle a él. Se rió levemente pasándole la
mano por el cabello celeste. Lo cierto es que hacía ya rato
que quería hacerlo, aquel cabello parecía estar hecho
de algodones -Será mejor que me vaya a hacer las visitas
para el doctor Jaken, no quiero descuidar mis obligaciones.
El chico se llevó dos dedos a la frente, tocándose
en donde lo había besado, perplejo, y luego alzó sus
ojos dorados hacia los del chico. – Si te mueres, no podré
darte la pluma. – comentó seriamente, en su extraña
manera de decirle que tuviese cuidado.
- Me la darías en el cielo cuando tú también
te murieses- el chico sonrió dando unos pasitos atrás
-Sé bueno ¿quieres? Me gustaría verte volar-
apoyó la espalda contra la puerta esperando a que se la abriesen,
ya que era de seguridad.
- ¿Qué te hace pensar que iré al cielo? –
levantó una ceja, refiriéndose a su naturaleza mixta.
En realidad, era una broma, pero por su expresión nadie lo
diría. La cerradura sonó y la puerta se deslizó,
dejando el camino libre a Kan.
-Que eres bueno … y que yo quiero que así sea…
habrá muchos como tú- determinó aún
sonriendo y despidiéndose con una mano saliendo al exterior
sin saber a donde tenía que dirigirse ahora.
Aziel sonrió incrédulo, pasándose una mano
por el cabello, sin comprender aquella actitud tan alegre del chico.
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