Capítulo 6
Flesh and Blood
En aquella oscuridad lo único que podía verse era
la figura de un hombre de cabello negro encadenado por las muñecas,
el flequillo le rozaba las mejillas, tenía las rodillas heridas
de estar agachado y desnudo sobre la piedra. Hacía frío
aunque el no lo notaba ya.
A su espalda había una enorme cristalera por donde penetraba
durante todo el día la luz del sol y de la luna iluminando
su amplia espalda de piel oscura, más ahora estaba cerrada
completamente, solo era iluminada por la luz de algunos cirios que
se derretían invadiendo la sala con aroma a ceras, las heridas
se iban cerrando solas dejando marcas de sangre como única
muestra de haber estado allí.
-aahh…- la masculina y sensual voz de Jaken se escuchó
como la única muestra de que había alguien vivo en
aquella habitación y su largo cabello rubio brilló
en aquella oscuridad mientras su lengua se deslizaba suavemente
por la cadera del moreno -¿Qué ocurre Garou? ¿Acaso
no te di lo que deseabas? Deseabas que te sacara a la luz, te pasabas
el día rompiéndome la cabeza con eso y eso he hecho,
la luz te invade día y noche ¿no es así?- sonrió
alzándose hasta su cuello e inclinando la cabeza del moreno
apartando los mechones de cabello oscuro que interrumpían
la visión. En cuanto el se fuera, de nuevo entraría
la incesante luz, pero ahora no, porque Jaken no podía soportarla.
El moreno no hizo nada por liberarse del otro, tenía la
garganta seca y hambre, estaba terriblemente agotado, ya sabía
que era un caso inútil, nada podía hacer contra tan
poderoso ser, había perdido mucha sangre –ngh- ahogó
un gemido de dolor apretando los dientes y tensando los músculos
al notar como los afilados colmillos atravesaban su piel causándole
la terrible aunque embriagadora sensación de la perdida de
la vida, gota a gota se desvanecía, sentía que se
dormía, los dientes salieron de su piel lentamente y unas
finas gotas de sangre se derramaron de las heridas abiertas.
-¿Qué sucede? no tienes porque ocultar el placer
que te causan mis besos, mi adorable mascota…- el rubio sujetó
el cabello negro entre sus dedos tirando de este y levantándole
la cabeza inclinándosela hacia atrás rebelando los
ojos violetas del moreno que lo miraron con furia haciendo acopio
de todos sus esfuerzos a pesar de su debilidad -… Garou ¿estas
enfadado? ¿No ves que te necesito para alimentarme? ¿No
piensas en la cantidad de vidas que estas salvando? Eres un desconsiderado…
teniendo en cuenta que en cuanto se haga de noche tu estarás
perfectamente de nuevo…- dejo escapar una carcajada apretándole
las mejillas y lamiéndole los labios, el moreno se retorció
mordiéndole la mano con fuerza y haciendo que la sangre del
rubio manchase sus labios y bajase por su garganta, incluso aquel
sabor era refrescante cuando tan sediento estaba.
Pero el rubio no retiró la mano se limito a observarlo como
si fuera un animalito con una rabieta aunque entrecerrando un tanto
los labios por el dolor –suelta perro malo… o tendré
que castigarte- susurró mirándolo a los ojos de manera
intimidante y acariciando su pelo con la otra mano, el moreno lo
soltó escupiendo la sangre al suelo –no ensucies el
suelo… muy mal… - el rubio frunció el ceño
golpeándole el rostro al mayor que lo miró de nuevo
a los ojos con fiereza –a veces me cuesta diferenciar cuando
eres una bestia y cuando un humano… a penas se nota…-
dijo soltando las correas de sus manos de la pared para descolgarlo
y tomándolas en su mano.
El moreno quedó prendido del cuello a la pared y sujetas
sus muñecas por largas cadenas que el rubio se encargaba
de sostener firmemente a una distancia suficiente para que no pudiese
alcanzarlo –venga come… - dijo tirando de estas y haciendo
que el moreno cayese a cuatro patas al suelo chocando su cara contra
el recipiente de agua para perros. Al lado de este había
otro con comida también para dichos animales. El moreno se
apartó como pudo acuclillándose en el suelo y apoyando
las manos entre las piernas haciendo gala de su naturaleza mirándolo
fiero.
-jajajajaja…. ¿Qué haces? O mas bien ¿Qué
crees que puedes hacer así?- el rubio se rió mirándolo
con fingida lastima –esta bien no comas si no quieres…-
se encogió de brazos abriendo la puerta y saliendo de la
habitación –desde luego volveré mañana…-
dijo echándole una sonrisa y un ultimo vistazo desde la puerta.
El moreno se levantó y tuvo que echarse atrás al
notar como la cadena no daba de si y lo ahogaba clavando los bordes
en su piel, una correa de castigo para perros… eso era lo
que llevaba en el cuello, tenía hambre y sed, sabía
que no aguantaría y que como cada noche cuando la luna hubiese
salido se acercaría de nuevo a comer. Necesitaba carne y
sangre, realmente la necesitaba…
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