| Capítulo 4
Come Out and Play
-Jajajaja…- Shiryou se rió en el total vacío
de aquella habitación de acolchado blanco. Su piel pálida
contrastaba terriblemente con su pelo y sus ropas negras, al igual
que la cadena alrededor de su cuello resaltaba también, prendido
a la pared como un perro.
Se sacudió repentinamente golpeándose contra la pared
donde estaba sentado en un arranque de ira -AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!!-
su grito furioso y desgarrado atravesó los pasillos pero
las correas ni tan siquiera se aflojaron -Ah… ah… ah...
AAAAAAAAAAAAHHHHHHH!!!!! - resopló agotado sólo para
gritar de nuevo. Llevaba al menos veinte minutos haciéndolo.
Enormes grilletes metálicos sujetaban sus manos unidas por
otra cadena. Podía abrir los ojos pero sabía que no
vería nada más que oscuridad, ya se había acostumbrado
a aquella venda negra que se los tapaba, pero sentía que
era mejor que lo matasen que permanecer así, sumido en aquella
locura cada día mas exacerbada -MATADMEEEEEEEEEEE!!! HIJOS
DE PUTAAAAAAAA!!! MATAAAADMEEEEEEEEE!!!- gritó de nuevo con
todas sus fuerzas sudando -MATADMEEEE… matadme… - repitió
una vez más ahora sólo murmurando dejando caer la
cabeza y riéndose en bajo una vez más -Os estoy viendo
cabrones- se rió desquiciadamente con aquella voz partida
y oscura -Vamos… mátame… matadme o yo os matare
a vosotros- gruñó arrastrando las palabras finalmente
-… sólo esperad... a que encuentre el modo…de
mataros… MATADMEEEEEEEEE!!!!- ordenó una vez más
respirando fuertemente.
Tama se dio una vuelta para un lado, sobre su espalda, y luego
para el otro. Estaba aburrido, y activo, luego de pasar tanto tiempo
sin moverse en la oscuridad. No le importaba mucho lo oscuro, podía
ver perfectamente de todas maneras, pero sólo la oscuridad
de aquel lugar lo asustaba, a veces parecía que se lo fuera
a tragar.
Se sentó en la cama, moviendo su cola tras de sí,
y abrazando el peluchito de un gato negro contra su pecho. Al menos
lo tenía a él, a Kotaro. Shisou sensei se lo había
dado para que no estuviese sólo. Y aunque no lo dejaba llevarlo
consigo, siempre lo estaba esperando luego. Sonrió, alzándolo
en el aire, y dejándose caer sobre la cama, su cabello fucsia
cubriéndole los ojos, y luego se metió bajo las sábanas,
quedando completamente tapado.
Una figura blanquecina de brillo celeste, no más grande
de dos palmos brilló en ese momento en la oscuridad revoloteando
y posándose tras la criatura que había bajo las sábanas,
observando la cola que se movía de un lado a otro rítmicamente.
Se abalanzó hacia delante amarrándola con ambas manos
y abrazándola contra su cara acariciándose con la
suave pelusa que la recubría, las mejillas.
Tama agrandó los ojos, sorprendido al sentir aquello, y
pegó un salto, sacudiendo su cola para liberarse de aquello,
y quedando fuera de la cama. Se giró, arrodillado, y aún
abrazando a Kotaro, para mirar al ser diminuto que había
caído en la cama. Su cola se tensó tras de él,
mientras le gruñía, más por susto que por otra
cosa.
La figura del chico se puso a cuatro patas sobre el colchón
mirándole con sus ojos negros fijamente, adoptando la forma
del peluche que veía en los brazos del chico gruñéndole
de vuelta tal y como el chico lo hacía con el rabo erizado.
El chico movió sus orejas felinas , con la mirada llena
de confusión. Miró a su peluche y luego a su imagen
exacta que le gruñía desde la cama, sin comprender.
Apretó más a Kotaro contra sí, lanzando un
último gruñido hacia la cama, antes de retroceder
hasta una esquina de su habitación, y recogerse allí,
mirando con recelo.
El Kotaro brillante saltó de la cama caminando como un gato
apoyando sus patitas de peluche reluciente dirigiéndose al
otro extremo de la habitación y allí se recogió
mirándolo con recelo de vuelta, inclinó la cabeza
a lado levantando las orejas y saltó correteando hacia él
rápidamente.
Shiryou tosió en su habitación agitadamente cansado
de gritar sin parar con la garganta dolida y la voz rasgada, incluso
sentía el sabor metálico de la sangre en su boca.
Se golpeó la cabeza repetidas veces contra la pared a su
espalda pero no lo conseguía, no se hacía daño,
se estiró hacia delante tratando de ahogarse con el grillete
en su cuello pero no lo conseguía, no podía apartarse
lo suficiente, habían cuidado bien de ello, por más
que lo intentase era inútil -Ven aquí- susurró
con aquella voz.
Tama se espantó más, pegándose a la pared
por un segundo, con el peluche enfrente como si este pudiese protegerlo,
y luego se abalanzó hacia un lado ágilmente, huyendo
de aquella criatura. No sabía qué era ni qué
quería, pero precisamente por eso, lo asustaba. Se resbaló,
cayendo hacia un lado y se hizo una bolita, enroscándose
completamente en el suelo, y apretando sus párpados, a la
vez que se cubría con su negra cola.
El brillante peluche se detuvo en seco cayendo con los cuartos traseros
al suelo y alzándose a cuatro patas creciendo hasta alcanzar
la forma de un tigre blanco. A través de sus manchas negras
podría verse la habitación perfectamente como si estuviesen
recortadas, se sentó frente a él observándolo
curioso.
-Jaki …- insistió el moreno observando en su mente
cómo su espíritu jugaba curioso con aquel nuevo chico.
Era la primera vez que lo visitaba, jamás podía parar
quieto -Vuelve…- trató de nuevo de ordenarle a la figura
luminosa que no parecía muy interesada en hacerlo.
El chico abrió uno de sus ojos, del mismo color que su cabello,
aunque mucho más oscuros, para ver si ya se había
ido. Se sobresaltó al ver aquel tigre blanco, y se sentó
de nuevo, echándose hacia atrás, gruñendo.
Miró la puerta, preguntándose si debía llamar
a alguien, pero sabía que nadie vendría de todas maneras.
Volvió a mirar a la criatura rápidamente, no fuese
a ser que lo atacara por andar distraído. Se arrodilló,
observándolo curioso al notar que se podía ver a través
de sus manchas.
El tigre acercó su rostro también, mirándolo
con curiosidad y adoptando la forma humana de nuevo, observándolo
con sus ojos negros fijamente y sin parpadear. Estiró las
manos hacia él, juntándolas y dejando que de ellas
saliesen mariposas diminutas.
Shiryou comenzaba a enfadarse en la habitación, notando
como su Jaki no quería venir "maldito espíritu
de mierda" renegó apretando las mandíbulas -Trata
de encontrar el modo de salir de aquí y déjate de
imbecilidades!- gritó de nuevo.
- Ah! – Tama sonrió, asombrado, siguiendo el vuelo
de las mariposas con la mirada. Se inclinó un poco hacia
delante, moviendo su cola con interés, ya algo pasado el
susto, y se acercó cautelosamente, oliendo al pequeño
espíritu, y esperando a ver si hacía algo más.
Jaki sonrió copiando su expresión y se levantó
de nuevo tomando la apariencia de Kotaro y sentándose de
nuevo, haciendo que varios como él, apareciesen llenando
cada vez más la habitación. Sonrió de nuevo
adoptando la forma de ser humano y abrazándose a uno de los
Kotaros luminosos como había visto hacer al chico con anterioridad.
El moreno en la habitación ordenó por última
vez la vuelta de su espíritu perdiendo la paciencia -Vuelve
Jaki … es la última vez que te lo ordeno.
La risa escapó de entre los labios del chico con orejas
de gato, deleitado ante el espectáculo ya habiendo olvidado
completamente el susto inicial. Abrazó más a su Kotaro,
extendiendo un dedo, queriendo tocar la cabeza del otro chico, intrigado.
- ¿Quién eres? ¿Te estoy imaginando? –
le preguntó como si un producto de su imaginación
pudiese tener personalidad propia.
El diminuto chico negó con la cabeza suavemente y se amarró
con ambas manos al dedo del chico de aspecto felino sonriendo, incapaz
de hablar.
Shiryou alzó la mano izquierda, una vez superados totalmente
los límites de su paciencia y estiró los dedos uno
a uno mientras contaba -Uno… dos…- con aquella profunda
voz,.Jaki se apartó atrás alzando la mano y marcando
aquella cuenta al igual que Shiryou -tres… cuatro- acabó
de contar el moreno sintiendo la total pérdida de conciencia
de su cuerpo.
Los gatitos de peluche comentaron a agolparse unos contra los otros,
saltando sobre la figurita humana y la silueta de Shiryou se alzó
completamente luminosa, salvo por la venda que cubría sus
ojos y lo cegaba, sólo podía ver a través de
los ojos de Jaki y para ello, no podían estar fundidos.
Tama alzó el rostro, un tanto sobrecogido por el súbito
cambio, y retirando su mano inmediatamente. - ¿Así
es como te ves en realidad? ¿Qué es eso alrededor
de tus ojos? – preguntó curioso, aunque tensando un
tanto la cola nuevamente.
-Ese era mi imp- dijo el moreno de profunda voz moviendo sus labios
aunque realmente no hablaba, sino que la voz se proyectaba telepáticamente
al chico frente a él, se volvió de espaldas a él,
deteniéndose entonces -¿Cuánto tiempo llevas
aquí?- preguntó interesado en saber si alguno de ellos
venía del exterior como él, aunque lo dudaba mucho
con ese aspecto a no ser que trabajase en un circo o en una tienda
de mascotas, absteniéndose de contarle el por qué
llevaba los ojos cubiertos.
- ¿Aquí? Unas horas, antes estaba en el tanque. No
me gusta el tanque, pero no importa porque tengo a Kotaro, ¿ves?
– le contestó, interpretando que le preguntaba desde
cuando estaba en su habitación, y le mostró al peluche,
sonriendo, aunque no estaba seguro de si lo podía ver con
los ojos tapados como los tenía. – Es muy bonito. Tú.....imp,
aunque me asustó.
El moreno que había girado la cabeza inconscientemente hacia
él, la torció de nuevo hacia la puerta -No veo nada,
sólo la oscuridad… lo que quiero saber es cuantos días,
semanas, meses, años o lo que sea, llevas aquí…-
preguntó en tono apagado -No te asustes, él no puede
hacer daño sin mí- dijo refiriéndose a Jaki.
- Oh! Yo veo en la oscuridad. – le respondió, como
si tuviese que devolverle el dato, aunque no comprendía por
qué no se quitaba la venda. Tal vez así podría
ver. – Yo llevo aquí toda mi vida. ¿Dónde
más iba a estar? – dejó escapar su risa como
si la pregunta fuese absurda, y de pronto, se recogió un
poco hacia atrás mirándolo con desconfianza. –
Pero tú tampoco me vas a hacer daño, ¿verdad?
-No puedo, mi cuerpo está encerrado en una de las habitaciones-
explicó, una vez más y como todos, aquel chico no
tenía idea de lo que había fuera, de que aquello sólo
era un edificio donde los tenían cautivos y que en el exterior
había libertad -Ves en la oscuridad, pero no ves a través
del cuero ¿no es así?- preguntó como para hacer
patente la obviedad aunque en aquel lugar nunca se sabía,
no se iba a molestar en tratar de explicarle que existía
algo más que aquel lugar y que podían ser libres si
se escapaban. Ya lo había hecho unas cuantas veces sin conseguir
nada -Yo no nací aquí… ellos me trajeron del
exterior, hace dos años, llevo la cuenta de cada día
que pasa en mi mente…
El chico negó con la cabeza. – Ah, no. – se apresuró
a contestar, recordando que el otro no lo veía. - ¿No
naciste aquí? – ladeó la cabeza, moviendo las
orejas, sin comprender. – Pero viniste aquí..... ¿Te
agrado? – se puso de pie, a la expectativa, ilusionado con
la idea de tener alguien con quien jugar.
El moreno se giró a donde provenía la voz, desencajado
por aquella pregunta, aunque por otro lado era la más normal
que le habían hecho desde que estaba en ese lugar -No te
conozco… Nací en el exterior ellos me trajeron, pero
no trates de comprenderlo, no lo harás.
- Hmmmmm.......-lo miró, aún tratando de comprender
a pesar de sus palabras, pero sin llegar a hacerlo. No sabía
a qué se refería con “el exterior”. Eso
era afuera de algo, ¿no? Pero ¿afuera de allí?
Sacudió la cabeza, saltando ágilmente hacia el frente
del chico, sonriendo. – Soy Tama, es mi nombre. – se
presentó.
Shiryou- dijo la figura de luz que no podía dejar de pensar
en que aquel era nombre de mascota -Tama… ¿te dejan
salir durante las comidas?- dijo preguntando al recordar que no
iba encadenado, sabía que algunos chicos tenían mas
libertades y comían en los comedores, a él simplemente
le obligaban a tragarse píldoras o bien le inyectaban líquidos
porque sabían que no comería.
- Ajá... ¿quieres comer conmigo? – ladeó
la cabeza, moviendo la cola amigablemente, ansioso.
-A mí no me dejan salir, haré que me dejen el próximo
día, pero yo no te veré y tal vez Jaki tenga que estar
escondido, así que tú tendrás que venir a buscarme.
Pero mi aspecto no será este, será como el de cualquier
persona, como tú, de carne y hueso ¿entiendes eso?-
preguntó preocupándose por dejar su cuerpo abandonado
durante tanto tiempo. Tal vez aquella era la manera de conseguir
matarlos, tal vez si conseguía que aquel chico lo ayudase
a escapar de su celda.
- Sí, entiendo. Te iré a buscar. – respondió
asintiendo y sonriéndole, alegre de que quisiese ser su amigo.
-Está bien, trataré de estar allí, no hables
de mí con nadie, mucho menos con los doctores, podrían
castigarme por salir de mi celda- dijo acortando la explicación
desprendiéndose del espíritu y regresando a su cuerpo.
Sonrió en la celda y se rió entre dientes mientras
en la habitación de Tama, la figura de luz se deshacía
en polvo brillante desvaneciéndose completamente.
- Ahhhhh!...... – exclamó el chico agrandando los
ojos, con una expresión de deleite en el rostro. - ¿Viste
eso, Kotaro? Estaba hecho de luz! – le preguntó al
peluche, alzándolo en el aire, como si le fuese a contestar.
Sonrió ampliamente, lanzándose a la cama de nuevo,
y metiéndose bajo las sábanas, girando hasta quedar
boca arriba, sujetándolas entre sus brazos.
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